El cineasta Agustín Díaz Yanes clausura en la Universidad el ciclo ‘El cine y los toros’

Curso universitario sobre Cine y Toros. Sevilla, 6/8 febrero´2018

Una verdad esquiva

Cundió finalmente el pesimismo en la clausura del ciclo El cine y los toros, a cargo de un Agustín Díaz Yanes que ya sólo espera, en el mejor de los casos, “poder ir a las corridas tranquilamente”. Y es que el movimiento antitaurino, dijo el director de Oro y Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, forma parte no en vano de otro más amplio y “global”, que es el animalismo: “un lobby poderoso y bien organizado, llamado a ser uno de los más importantes de la vida civil en el siglo XXI, y que ha pasado de las aulas y los libros a la acción directa y a la presión sobre legisladores, centros de pensamiento y medios de comunicación”, afirmó con la estoica resignación del médico que le hace a un amigo del alma un diagnóstico funesto e inevitable. En consecuencia, añadió entrando ya en materia cinematográfica, dado que “el dinero es conservador”, nadie con el capital necesario quiere ya “meterse en el lío” de producir una película taurina que tendría “escaso público” y “protestas aseguradas”.

Pero es que, para colmo, sostuvo Díaz Yanes, hijo como es sabido del bandillero Agustín Díaz Michelín, tampoco estaría asegurado el éxito meramente artístico. “Los toros rechazan un poco al cine”, sostuvo en la que fue la última intervención del ciclo que organizaron desde el martes la Real Maestranza, la Fundación de Estudios Taurinos y la Universidad de Sevilla. Pero es que además, añadió, “salvo Sangre y arena y Fiesta, ninguna película taurina ha llegado realmente a un público amplio”. ¿Cuáles son las causas, se preguntó, que han privado a la tauromaquia del “nicho de prestigio” que en cambio sí tiene en el cine el boxeo, con el que el director y guionista encuentra numerosas similitudes, entre ellas, sí, “la sangre”? Una de ellas, se contestó, son los actores. “Los toreros no son como nosotros. Son seres diferentes. Piensan, vive, caminan diferente. Y para eso no hay maquillaje ni coaching que valga. Tampoco saben los actores vertirse de toreros, así que, al final, uno, al contrario que en Toro salvaje, donde Robert de Niro parece más Jake LaMotta que el propio Jake LaMotta, en una película taurina no ve toreros: ve actores disfrazados de toreros. Es decir, impostores”.

Tampoco ayudó demasiado que el grueso del cine taurino español se rodara bajo las condiciones del franquismo, dijo. “Siempre era lo mismo. El torero, un niño al que recogían unas monjitas. Luego se echaba una novia que parecía casquivana pero al final no, y después llegaba la gente en el tendido diciendo bobadas. Era todo así de epidérmico… Ay si se hubieran podido rodar esas historias del pueblo como hicieron los italianos con el neorrealismo. Cuando llegamos nosotros, con más libertad, eso no interesaba ya; y hoy, me temo, es ya una batalla perdida”.

Dado que “en el cine todo es mentira y en los toros todo es verdad”, Díaz Yanes considera el documental el género “más adecuado” para capturar algo de esa verdad huidiza. Eso logró, a su juicio, Torero (1956), el filme de Carlos Velo que “trasciende incluso el realismo” al mostrar “los tres miedos: al toro, al público y al miedo mismo” del matador mexicano Luis Procuna; pero también, desde la ficción, la “existencialista” El momento de la verdad (1965) de Rosi, Tarde de toros (1956) de Vajda o Juncal de Armiñán.


De historia, sueños y Hollywood a un rito imposible de representar

Diario de Sevilla, 8/02/2018. El ciclo El cine y los toros, en cuya organización intervienen la Universidad de Sevilla, la Real Maestranza y la Fundación de Estudios Taurinos y que hoy se cierra con su tercera jornada en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, trató ayer Temas y estilos del cine taurino: lucha de clases, realismo e identidades de género a través de varios especialistas y contó con las proyecciones y debates de las películas ¡Torero! (Carlos Velo, 1956), presentada por Javier H. Estrada y El Monosabio (Ray Rivas, 1978), por Francisco Gallardo.

A lo largo de la jornada los intervinientes desbrozaron parte de la amplísima relación entre el toreo y el cine, desde documentales que reflejan el sueño de la gloria de los maletillas al esplendor de Hollywood, la mujer torera, el cine taurino en el franquismo o la dificultad de reflejar el toreo en el celuloide.

Carlos Martínez Shaw, doctor en Historia, trató El cine taurino bajo la dictadura franquista. El ponente explicó que el franquismo hizo de los toros y del cine taurino un icono patrio en una época de nuestra historia que divide en tres etapas: la primera, sumida en valores como el nacional-catolicismo y el falangismo, entre los años cuarenta y primeros de los cincuenta del pasado siglo; una segunda, aperturista, en la que se filmaron las mejores películas, como Torero (Carlos Velo, 1956), Tarde de toros (Ladislao Vajda, 1956), Los clarines del miedo (Antonio Román, 1958), A las cinco de la tarde (Juan Antonio Bardem, 1961) y El momento de la verdad (Francisco Rosi, 1965). El autor, en este recorrido, cerró con una tercera etapa, coincidente con las últimas boqueadas del régimen, con un cine de menor calidad, con algunas excepciones como Torera, que protagonizó Angela, fallecida hace menos de un año y quien luchó varios años para acabar con la prohibición de que las mujeres pudieran torear, o El Monosabio.

Lázaro Echegaray, sociólogo y escritor taurino, realizó un análisis social a partir de varios documentales, entre ellos Juguetes rotos (1966), drama dirigido por Manuel Summers, con guión del propio director al alimón con Tico Medina. Partiendo de esas piezas, el autor trata la experiencia de vida de los maletillas, los aspirantes a ser toreros, y cómo sus anhelos están ligados a un cambio social tanto profesional como económicamente. En definitiva, puso sobre el tapete la lucha del individuo por el éxito social a través del toreo.

La escritora Muriel Feiner, en la exposición más extensa del encuentro de ayer, trató dos temas: Los Toros en Hollywood y La torera en la historia del cine. Del primer enunciado trató el gran interés del Hollywood de comienzos del XX por la Fiesta, por ejemplo las cuatro versiones de la popular Sangre y arena, y profundizó en varias películas. La primera, muda, lanzó a Rodolfo Valentino al estrellato. Además de por lo exótico para los norteamericanos, el acercamiento geográfico con México propició que palpitara con fuerza el toreo en ese cine. En algunas película intervinieron como protagonistas grandes figuras del toreo mexicano, como Carlos Arruza.

De hecho, hasta los años 60, muchos cineastas de Hollywood frecuentaron la plaza de toros de Tijuana. A partir de mediados de siglo, aseveró la periodista neoyorquina, ese interés de la meca del cine por la tauromaquia sucumbió por las presiones de la Sociedad Protectora de Animales.

En cuanto a la torera en la historia del cine destacó que entre la escasa representación de la mujer en el celuloide destaca la película Maravilla del toreo (1942), una biografía de Conchita Cintrón, y la reciente Blancanieves, de Pablo Berger (2012).

El profesor Manuel Grosso, bajo el sugestivo título Cine Taurino o de cómo filmar lo que no admite representación, partió de que en el mundo del toro no caben trucos y el cine es por sí mismo un truco. Los toros, afirmó el ponente, es el único espectáculo ritual que existe y es imposible que lo esencial, ese peligro desconocido que existe, se pueda representar en el cine. De hecho, como la mayoría de aficionados, Grosso dijo que la emoción y los sentimientos son distintos entre una corrida en vivo y ese mismo espectáculo en diferido.

Rafael de Paula, en cierta ocasión, me dijo que ese sentimiento, esa emoción que vive el torero y el público en una plaza de toros es como si bajara el Espíritu Santo, porque el toreo es mucho más que un espectáculo, es un ritual.


El idilio del cinematógrafo y la afición

Diario de Sevilla, 7/02/2018. Rodeado por los carteles contemporáneos que, gracias al empuje de Juan Maestre, comenzó a atesorar la Maestranza de Sevilla en 1994 , el profesor Carlos Colón repasó ayer la historia del cine taurino en España dentro del curso con el que, hasta mañana, la Universidad de Sevilla analiza los géneros y lenguajes cinematográficos de la tauromaquia. El crítico de cine y consejero editorial de Diario de Sevilla abordó un estudio cultural a partir del concepto de “tradiciones inventadas” que codificó el historiador inglés Eric Hobsbawm para expresar cómo las sociedades modernas en proceso de cambio emplearon como elemento de estabilidad símbolos, ritos y prácticas que, presentados como centenarios, a veces habían sido inventados o recreados en épocas muy recientes. “Si en la sociedad inglesa de fines del XIX que analizó Hobsbawm el fútbol fue el elemento de cohesión social, en la España de ese período el papel lo asumieron en gran medida la Feria, el Rocío y el impulso dado a los toros”.

Sin embargo, continuó, el cine en nuestro país tardó en recurrir a esas tradiciones inventadas y se demoró varias décadas en ofrecer contenidos de su propia cultura para fidelizar a un público que ya consumía cine francés, alemán, italiano, estadounidense o sueco-danés a principios del siglo XX. “El lenguaje cinematográfico se creó por la presión de una industria que necesitaba crear y fidelizar un público, no por razones expresivas ni estéticas. El western, por ejemplo, es la adaptación al cine de las historias del Oeste que hacían furor en la prensa y la literatura popular. Fue un proceso único y asombroso: como si Peggy Guggenheim pidiera a quienes dibujaban bisontes en Altamira que se dieran prisa porque tenía esperando museos y fundaciones donde exponer sus pinturas”.

Además de motivos económicos, en el retraso español a la hora de filmar historias que exploraban temas de la identidad participó el rechazo de los intelectuales de la generación del 98 hacia lo popular, la religión y los toros, que relacionaban con el fracaso educativo de esa España “devota de Frascuelo y de María”, según la codificó Machado en los célebres versos de El mañana efímero. “Por ello no fue extraño”, continuó el historiador del arte, “que el cine taurino despegara en los días de la generación del 27, que sí mostró su admiración y aprecio por el flamenco, los toros o por esa Semana Santa que atrajo a Sevilla al mismísimo Stravinski”. Es entonces cuando surgen hitos que culminan en 1936 en Morena Clara -“el mayor éxito comercial del cine español”- , “un cine popular cuyo aprecio es sólo reciente pues durante años lo moderno era ver a Buñuel, Saura o Camus pero no a Gil, Sáenz de Heredia o Vajda, el director de Mi tío Jacinto, mi película taurina española favorita”, aseveró.

El curso El cine y los toros continúa hoy a las 10:00 en el Aula XXX de la Facultad de Geografía e Historia (antigua Fábrica de Tabacos) con la ponencia de Carlos Martínez Shaw El cine taurino bajo la dictadura franquista. Francisco Gallardo (APC) presenta esta tarde el polémico film de Borau “El monosabio” y Abtonio Lorca (APC) disertará mañana sobre Disney y la tauromaquia.

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Algunas historias de cine y toros. Carlos Colón ubica la génesis del cine taurino en paralelo a la cultura

El Correo de Andalucía, 7/02/2018. Por Álvaro Rodríguez del Moral. La charla, más allá del esperado retablo de títulos y actores, se convirtió en una densa lección de teoría. Convenía descender a las causas antes de conocer los efectos. Fue la lección magistral del profesor, escritor y periodista Carlos Colón, enmarcada dentro del ambicioso ciclo El Cine y los Toros: Géneros y lenguajes cinematográficos de la Tauromaquia organizado por la Fundación de Estudios Taurinos en colaboración con la facultad de Geografía e Historia.

Colón, que viajó desde los balbuceos del cinematógrafo a la creación de la gran industria del cine, acabó aterrizando en un escenario apasionante: los años 20. En ese momento el cine se ímbrica en la floreciente cultura popular española. Son los años de la llamada Edad de Plata, que –casualidad o no– se solapan con el lanzamiento de los primeros títulos del cine español… y taurino. En 1916 ya se había estrenado, ajeno aún a ese espíritu tipista, la primera versión muda de Sangre y Arena. Aún hubo otra en 1922, con el mítico Rodolfo Valentino encarnando al diestro Juan Gallardo.

Sin solución de continuidad llegarían El Niño de las Monjas y la primera versión de Currito de la Cruz, ambas de 1925; El Relicario en 1927 y una nueva, y casi desconocida, versión sonora de Currito de la Cruz de 1936 que clausura este periodo el mismo año que la mítica Morena Clara, «se convertía en el mayor éxito del cine español en toda su historia», según recalcó el propio Colón. A partir de ahí, la lista de filmes taurinos se alarga, repitiendo algunas constantes: el chico que viene de la nada, se enamora de la mujer de clase superior y se redime –o se condena– a través de su triunfo o su fracaso, y hasta su muerte, en la profesión o en su nuevo medio social.

Es importante precisar los conceptos. Carlos Colón no quiso ubicar la definitiva génesis del cine español en el florecimiento de la Edad de Plata más allá de ese terreno de la casualidad pero sí desbrozó algunos tópicos en torno a algunos fenómenos como la reinvención de la Semana Santa, El Rocío o la Tauromaquia que el escritor situó a la vanguardia de la cultura y dentro de un terreno que definió como el de las «tradiciones inventadas». Las raíces de ese fenómeno que se sublima en los años 20 hay que buscarlas a mediados del siglo XIX. «Es el colofón de un proceso que había comenzado el siglo anterior», aclaró el profesor sin dejar de mirar al cine y su expresión como reflejos de la cultura popular, denostada en el 98 y ensalzada en el 27. «El desarrollo de la fiesta de los toros va a ser indisociable de la prensa popular de masas», añadió Colón precisando que «los toros se van a servir de los periódicos pero los periódicos también se van a servir de los toros». A partir de ahí, sin olvidar otros elementos de esa incipiente modernidad, tenemos que ubicar la presencia del fenómeno taurino en la historia del cine, que llega de una forma absolutamente natural. «El cine se va a ocupar inmediatamente de los toros, primero documentándolo o filmando las corridas», señaló Colón antes de afirmar que «reutiliza un tema que ya había sido muy elaborado por la novela popular o el folletín». Es el torero, protagonista anterior de melodramas u obras teatrales o populares, que ya era «una figura consolidada en la literatura popular española», explicó Colón antes de precisar que «lo que hace el cine es sencillamente incorporar una fiesta que llena cosos». En ese punto el profesor volvía a abrir la puerta de la modernidad de la propia fiesta taurina recordando que «los cosos monumentales son de finales del siglo XIX y comienzos del XX, crecen a la vez que la propia sociedad de las multitudes».

«Al cine le interesa documentar como torea Joselito o Belmonte pero le interesa más la apropiación de relatos en los que los toros forman parte como un trasfondo; casi todas las películas de toros en realidad no tratande toros; narran la historia del hombre surgido del pueblo, hecho a sí mismo, sus amores y desgracias… es el torero entendido como héroe trágico», completó el conferenciante. Desde esa idea, una historia que comparte tramoya, puede contemplarse desde perspectivas tan distintas como las de Vicente Blasco Ibáñez y Alejandro Pérez Lugín. Las dos novelas –Sangre y Arena y Currito de la Cruz– dieron origen a dos de las películas más representativas de esta prehistoria del cine taurino que no se puede entender sin otear el panorama literario que las alumbra. «Blasco es liberal y cosmopolita y Pérez Lugín está más próximo al costumbrismo», concluyó Colón.

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Cartel completo del ciclo:

El curso arranca el 6 de febrero en el Salón de Carteles de la Real Maestranza de Caballería y tendrá como eje central El cine taurino en la historia del cine mundial. Se iniciará con la conferencia de Adriana Martins (Universidade Católica Portuguesa de Lisboa) en torno a El cine taurino portugués: afinidades y peculiaridades de un género nacional (10:15). La jornada continuará con la intervención de Carlos Colón Perales (profesor titular de la Universidad de Sevilla; Grupo Joly), quien disertará sobre Los toros en el cine español. Un recorrido histórico (11:00). La primera proyección llegará de manos de Ramón Benítez (Filmoteca de Andalucía), quien presentará el filme, que posteriormente dará pie al debate, El Patio de los naranjos (Guillermo Hernández Mir, 1926), a las 12:30.

La reflexión Tauromaquia y Cinematografía: la imagen fílmica y la imagen pictórica abrirá la sesión de tarde de este primer día por parte de Fátima Halcón, a las 15:30. A continuación, La literatura taurina en el cine será tratada por Alberto González Troyano (Universidad de Sevilla), a las 16:30. Cerrará el encuentro ese día Andrés Luque Teruel, a las 17:45, con la presentación y exhibición de Sangre y arena (Rouben Mamoulian, 1941), con posterior debate sobre la película.

Temas y estilos del cine taurino: Lucha de clases, realismo e identidad de género será el título del segundo bloque, el 7 de febrero, que se impartirá en el Aula XXX de la Facultad de Geografía e Historia. Abrirá la sesión Carlos Martínez Shaw (catedrático de Universidad, UNED) con la conferencia El cine taurino bajo la dictadura franquista (10:00). Continuará la jornada, a las 11:00, con La irrupción del realismo en el cine taurino. Documentales y lucha de clase, por Lázaro Echegaray, profesor de la Escuela Universitaria de la Cámara de Comercio de Bilbao. Manuel Grosso Galván, profesor titular de la Universidad de Sevilla, hablará sobre el Cine taurino o de cómo filmar lo que no admite representación (12:00). La película ¡Torero! (Carlos Velo, 1956) será exhibida a las 13:15 y presentada por Javier H. Estrada, con posterior debate. Los toros en Hollywood. Un recorrido histórico. Cine taurino y cuestiones de género. La torera en la historia del cine será analizado por Muriel Feiner (16:15). La proyección de El Monosabio (Ray Rivas, 1978), presentada por Francisco Gallardo, a las 18:30, dará por terminado el encuentro de ese día.

El último de los bloques, el 8 de febrero en el Aula XXX de la Facultad de Geografía e Historia, se centrará en Bellas Artes y lenguajes cinematográficos en el cine experimental, de autor y en la animación. Antonio Lorca será el encargado de inaugurar este último día de curso con la ponencia Disney y la tauromaquia (10:00). Le seguirá, a las 11:00, el mano a mano entre Víctor J. Vázquez y el director de cine Juan Figueroa sobre el cine experimental contemporáneo. Ambos serán también los encargados de presentar y debatir, a las 12:15, sobre el filme Sobrenatural (Juan Figueroa, 2016). El experto José Morente disertará sobre Toreros y grandes faenas en el world cinema (15:45). Los Fundamentos de Tauromaquia en Tarde de toros (Ladislao Vajda, 1956) será el tema que introducirá Andrés Luque Teruel (16:45). La conferencia del director de cine Agustín Díaz Yanes sobre Cine y toros (18:00) dará paso a la clausura del curso a las 19:45.

Sobre estas líneas, José Lopez Vázquez es El Monosabio, película que en este ciclo universitario será presetanda por el periodista Francisco Gallardo, editor de PortalTaurino.