De toros y de toreros en la publicidad farmacéutica

Cromos coleccionables de las distintas suertes o de diestros famosos fueron utilizados en el pasado de forma habitual.

ABC, 19/03/2019. Por Lorena Muñoz. Fármacos y medicamentos como el Ceregumil, el diazepan, la aspirina y las pastillas para la tos del famoso Doctor Andreu tienen una íntima relación con el mundo taurino. Aunque cueste imaginarlo, todos estos productos farmacéuticos se valieron de la fiesta de los toros en el pasado para realizar publicidad.

Poco después de la Guerra Civil, el Ceregumil deFernández y Canivell S.A. de Málaga editó una serie de cromos dedicados a las suertes interpretadas por Manolete. En 1970, el Diazepan Prodes, un medicamento utilizado en depresiones y situaciones de angustia, publicó una serie de fotografías en color sobre las distintas suertes de la lidia.

«Todos estos ejemplos muestran el índice de popularidad que tenía la tauromaquia en el siglo XX», asegura Francisco Javier Puerto, doctor en Farmacia que ha publicado un artículo sobre el tema en la Revista de Estudios Taurinos. «La publicidad farmacéutica se valió de la fiesta los toros, cuando era más popular, para cumplir con su finalidad de llegar a la mayor cantidad posible de personas, como cualquier otro objeto de consumo».

Puerto, hijo y nieto de boticarios, dirige el Museo de Farmacia Hispana de Madrid y es miembro de la Academia de la Historia. El origen de este curioso artículo es su «vicio» por el coleccionismo que comparte con su mujer. Confiesa que tiene miles de objetos entre viejos envases, tarjetas postales, carteles, chapas y cromos.

Una de las piezas más curiosas de su colección es una serie de 96 cromos, litografías con las caras de los toreros más conocidos de finales del siglo XIX y XX. Cúchares, Frascuelo, Espartero, Lagartijo, Guerrita, Pedro Romero, El Tato, Paquiro, Mazzantini o Miguel Báez «Litri» sirvieron para publicitar la farmacia y droguería de los hijos de Carlos Ulzurrum junto al bálsamo Perichler para quemaduras.

«Las farmacias lo usaban para fidelizar a los clientes. Cuando ibas a comprar te iban dando un cromo cada vez y supongo que la gente se mataba por ellos», explica Puerto, quien adquirió esta colección pensando que sería única. «A precio de caviar Beluga» adquirió otra idéntica, que en este caso anunciaba las pastillas del doctor Andreu para la tos. En el reverso, «los papeles fumigatorios azoados» y los cigarrillos del mismo fabricante contra el asma, y la Mentholina, un dentífrico preparado también por el laboratorio catalán.

«Este hallazgo demuestra que estos coleccionables no solo se hacían para un fármaco o empresa sino que eran una propaganda habitual y popular no solo para farmacias sino para otras actividades económicas», subraya. Puerto, que no se considera un erudito en materia taurina, destaca la importancia de «la publicidad como parte de la memoria cultural colectiva» y apunta a la presencia de artistas que hicieron publicidad farmacéutica ya que «los laboratorios elegían a los mejores para dar a conocer sus productos».

Es el caso de Antonio Casero Sanz, pintor madrileño y colaborador de ABC y Blanco y Negro especializado en temas taurinos, que en 1965 hizo unas plumillas de las suertes del toreo para los laboratorios Amor Gil S.A. Otro colaborador de ABC, Bernardo Olabarria, realizó en 1971 una serie similar para los laboratorios Made, hoy extinguidos, para el lanzamiento al mercado de la Conductasa piriglutina, medicamento de acción neuro reguladora.

«Llama la atención la popularidad que tenía la fiesta de los toros en esa época y sobre todo cómo han cambiado las mentalidades y la sociedad en poco más de 40 años», subraya Puerto que se refiere también al uso de motivos religioso que hoy serían inviables. «No se trata ya de los toros que sufren una animadversión intolerable por parte de ciertos sectores sino de que la Ley actual y el Manual de buenas prácticas prohíben totalmente este tipo de propaganda y publicidad tan popular en otra época», argumenta.