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PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA

Sábado, 13 de julio de 2019

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de La Palmosilla.

Diestros:

Jose Garrido de verde botella y oro. Pinchazo y media. Aviso (silencio). En el cuarto, pinchazo recibiendo y descabello (saludos).

Luis David Adame de blanco y plata. Estocada caída (oreja). En el quinto, pinchazo y estocada (silencio).

Gines Marin de azul marino y oro. Pinchazo, pinchazo hondo y cinco descabellos. Aviso (silencio). En el sexto, diez pinchazos y tres descabellos. Aviso (palmas de despedida).

Tiempo: agradable

Entrada: lleno

Video:

Galería de imágenes:

Crónicas de la prensa:

El País

Por Antonio Lorca. ‘Brujito’, la casta indómita

El primer toro fue toda una sorpresa en cuanto salió por toriles. Solo 500 kilos de peso y una presencia impresionante, serio, muy bien armado, de preciosa estampa.

Remató con rabia en el burladero y lanzó astillas al aire, acudió con movilidad y buen estilo a las verónicas de José Garrido, que cerró la tanda con una media de rodillas, consciente el torero de que debía enviar un saludo afectuoso a los espectadores de sol.

El toro, Brujito de nombre, decepcionó en varas, donde manseó, con la cara alta y sin ninguna entrega, y obedeció sin gracia en el tercio de banderillas.

Sonaron clarines y timbales, Garrido tomó la muleta y el animal se transfiguró. Misterios del toro de lidia. Ese manso suelto y huidizo, levantó la cara, se creció en su amor propio y ofreció una lección magistral de lo que es la casta. Comenzó a embestir con fiereza, prontitud, codicia, agresividad e irregular fijeza. Garrido se estrenó con un molinete de rodillas, y ya con las suelas de las zapatillas en la arena, toro y torero protagonizaron una lucha sin cuartel, dura, bronca y emocionantísima. Un toro repetidor, incansable, que guardaba en sus entrañas un vendaval de casta, y un torero sorprendido ante un oponente tan exigente, que clamaba por una muleta portentosa y por un torero con sentido del mando y dispuesto a jugarse el tipo de verdad.

Garrido dio muchos pases, sorteó las complicaciones con acopio de voluntad, pero no supo o no pudo superar las dificultades de la casta, que es un problema para los que se visten de luces y casi una quimera superarla.

El torero las pasó canutas porque el toro no se cansaba de embestir, y solo al final de la larga faena mostró síntomas de agotamiento y quiso refugiarse en tablas. En fin, el espectáculo de la casta, tan dificultosa y tan emocionante.

Eso fue lo que sucedió durante la lidia de ese primer toro, que transcurrió entre una molestísima y agobiante polvareda, pues el ruedo no se había regado ante el anuncio de lluvias. Acertadamente, la autoridad ordenó que se asentara la tierra, y la corrida pudo continuar con más claridad, con menos casta, pero con la creciente movilidad de una corrida que ha dejado muy alto el pabellón ganadero de La Palmosilla.

Claro que la movilidad derrochada de estos toros, con más o menos nobleza, obliga a un esfuerzo extraordinario a los toreros y pone a prueba su capacidad, dominio y sentido artístico.

Otro toro de categoría fue el cuarto, el segundo de Garrido, otra máquina de embestir, más bondadoso que el primero, pero igualmente exigente. Otra vez muchos pases y la sensación de que allí faltaba algo importante, poderío, profundidad, ligazón… Conclusión: un lote para el análisis personal de José Garrido.

Luis David mató a su primero de una estocada baja y paseó una oreja en la tómbola de la capital navarra. Es un torero variado, vistoso, entregado, pero poseedor de una tauromaquia muy corta y superficial. Lo da todo, sí, pero es que tiene poco.

Con dos largas cambiadas de rodilla recibió a su primero, y se lució, después, en un quite por zapopinas. Puso banderillas con tan buena disposición como poco acierto y, muleta en mano, hizo una faena larga, insípida, aburrida e incolora ante un toro experto en seguir el engaño con insistencia y codicia, no exenta de nobleza. Y otro que se movió de principio a fin fue el quinto, más corto en su recorrido, pero igualmente dificultoso para el torero, que estuvo por allí con esforzada voluntad y poca gloria.

Debutaba un torero de la tierra, Javier Marín, que tomó la alternativa en julio de 2017 y esta era la octava corrida de su carrera. Un bagaje muy corto para un compromiso tan serio.

Dio muestras de un gran valor y no volvió la cara ante un lote muy duro, pero la realidad es inequívoca y su inexperiencia le pasó una lógica factura. Devuelto el tercero porque salió con el pitón derecho roto, el sobrero fue un señor de 625 kilos, manso, descastado y esaborío con el que Marín mostró tantas carencias como la plausible decisión de estar bien ante sus paisanos. Un quinario sufrió ante el complicado sexto —se salvó de milagro en una espeluznante voltereta—, una pesadilla para un debut jamás soñado.

El Mundo

La Razón

Por Patricia Navarro. Dos toros con estrella de La Palmosilla para una irrealidad

n Pamplona puede ocurrir de todo. Tan de todo, tan diferente, tan versátil que cabe que después de escuchar “Mi gran noche” del eterno Raphael y antes de que Garrido se fuera a por el toro con la muleta, pero a puntito, una petición de mano en una andanada de sol con final feliz reuniera abrazos a vista de pájaro a modo de felicitación. El momento. Tan dispar como el que le esperaba a Garrido ante “Brujito” que nada tenía acabado en “ito” ni el tamaño (y no era el peso pero la seriedad hablaba por sí sola) ni los pitones y mucho menos la casta (ita en esta ocasión, para los ortodoxos). Qué pedazo toro, en el sentido más extenso. Era de museo. De esos de “esto es verdad y además se ponen delante”. Y se puede añadir con el pecho henchido de los amantes del animal “Y además embiste” que eso es el verdadero milagro. Encastado el toro hasta su último aliento se rebasaba en la muleta de José Garrido, que quiso buscar el triunfo con los resortes sanfermineros y el toro pedía candela por abajo, muy de verdad y muy sometido. La faena fue un barullo que quería encontrar la solución en la vía rápida y las cosas así no siempre ocurren. ¡Ni en Pamplona! Por supuesto que es San Fermín y que ese toraco pesa, pero imperdonable a estas alturas del partido.

ABC

Por Andrés Amorós. Casta y movilidad de La Palmosilla en San Fermín

Esta Feria merece elogios por la impecable organización, los llenos diarios y, sobre todo, por colocar en el primer plano al toro, el animal totémico de Navarra (y de España). La excesiva benevolencia en los trofeos rebaja la categoría de una Feria: eso está sucediendo claramente en Pamplona. Lo único que parece importar es que el diestro clave la espada a la primera (el cómo, importa poco) y que el toro caiga enseguida. Si es así, aunque la faena haya sido sólo discreta, el público exigirá el trofeo. Si el diestro, además, ha recurrido a efectismos, pedirán dos trofeos y hasta el rabo… Desde mi profundo respeto a esta Feria del Toro, lamento mucho que baje de categoría y no veo síntomas de que eso vaya a cambiar.

Los toros de la Palmosilla, que debutan aquí, muestran una movilidad encastada que hoy no se suele ver: para los toreros, una papeleta; para los aficionados, un espectáculo.

El primero no para de embestir, exige mucho. Garrido le planta cara, en una porfía con más emoción que reposo. Han sobrado algunos molinetes de rodillas. Mata a la segunda. Ha sido el toro más encastado de la Feria (y uno de los que más, de la temporada). Se luce con el capote, en el cuarto, otro toro que va largo y repite, incansable, con más clase; otra pelea exigente, mal rematada. ¡Vaya dos toros con casta le han tocado!

Luis David recibe con largas de rodillas al segundo, muy andarín, que da tres vueltas al ruedo y, en vez de sujetarlo, aprovecha para dejarle pasar, con chicuelinas. Javier Marín se presenta con comprometidas saltilleras y Luis David replica por zapopinas; a ninguno de los dos se les ocurre intentar la verónica: ¡las modas! Vuelve Luis David a coger los palos (hace tiempo que no los tomaba) y lo hace con grandes saltos, a toro pasado. Comienza con los habituales cambiados, poco adecuados para un toro bondadoso pero justo de fuerzas. Mejora cuando manda más, en los derechazos, pero pronto recurre a los efectismos variados, vistosos. Mata bajo, al encuentro. Eso no impide los gestos triunfales (antes, eso hubiera sido imposible) ni la oreja. El noble toro merecía un toreo más clásico. Brinda el quinto a Román, al que sustituye: le da muchos muletazos, sin llegar a imponer su mando ni quitárselo de encima. Logra la estocada a la segunda.

Por primera vez torea como matador, en Pamplona, el cirbonero (de Cintruénigo) Javier Marín, discípulo de un gran profesional, Sergio Sánchez. Se anuncia con su segundo apellido, que coincide con el de dos diestros navarros de los años cincuenta, Julián e Isidro Marín. Javier es un personaje singular: ha estudiado Filología Hispánica, le apasiona viajar por Asia… Devuelto el tercero al romperse el pitón, el sobrero, grandón, empuja en el caballo (pica bien Chocolate) pero sale suelto, no para. Pone voluntad pero le baja poco la mano y no consigue el necesario dominio. Al matar, acusa el escaso oficio. En el último, muy serio, complicado, pasa momentos de apuro, al no lograr bajarle la cabeza. Sufre una voltereta y nos hace sentir miedo. Pasa un quinario, para matar. La mejor noticia: se libra de la cornada.

Los toros han sido los protagonistas de la tarde. No importa hablar de sus hechuras ni de su origen. Se les enjuiciará de modo muy distinto según el punto de vista. Es lógico que los toreros no quieran este tipo de toros, que exigen mucho esfuerzo. Igual de lógico es que los aficionados deseemos ver reses con esta casta y esta movilidad.

Postdata. Luis Fuentes Bejarano paseaba por Sevilla con sombrero de ala ancha y capa: una estampa taurina inolvidable. Tuve la suerte de acudir alguna vez a su tertulia, junto a la calle Tetuán (al lado de donde estuvo el histórico «Sport» y está el azulejo del Studebaker). Con orgullo me contaba que, una vez, en Madrid, pinchó cinco veces –pero arriba, realizando la suerte como se debe– y la afición le premió, cada vez, con una ovación. Con el buenismo y la ignorancia taurina actuales, eso sería imposible; sobre todo, en Pamplona.

13_julio_19_pamplona.txt · Última modificación: 2019/07/13 19:58 por paco

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