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PLAZA DE TOROS DE JEREZ

Tarde del sábado, 16 de mayo de 2009

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Núñez del Cuvillo, correctos de presentación y de juego variado. El segundo, muy bravo y noble, fue premiado con la vuelta al ruedo. El resto, flojos con nobleza. El quinto, manso. Pesos: 518, 541, 520, 505, 533, 471

Diestros:

Juan José Padilla: estocada trasera (saludos) y estocada (una oreja).

José Tomás: atravesada y descabello (dos orejas) y estocada desprendida (dos orejas).

Manuel Jesús El Cid: estocada tendida y tres descabellos (saludos) y estocada (dos orejas).

Saludó: Alcalareño de la cuadrilla de El Cid se desmonteró tras parear el primer toro.

Tiempo: tarde agradable.

Entrada: Lleno, no hay billetes

Crónicas de la prensa: Portaltaurino.com, El Mundo, Abc y La Voz Digital.

©José Tomas/El Mundo/La Voz Digital


Portaltaurino.com

Por Inma León. Tomás, inamovible del cetro del toreo

Con palmas por tangos desde los llenos tendidos han sido recibidos los toreros que han pisado esta tarde el ruedo jerezano en la 4ª corrida de la Feria del Caballo que ya mira de reojo la recta final. Una tarde en la que Tomás ha demostrado que hay toreo caro y del bueno para rato y que será difícil destronarlo del cetro que domina; El Cid ha cuajado a sus dos oponentes con un mando con la izquierda que ya la quisieran otros, y Padilla ha estado con ganas y muy voluntarioso.

Tomás ha estado cumbre, sereno, firme, nada precipitado y realizando una gran faena al segundo de la tarde en la que los enganchones han brillado por su ausencia. Con el capote empezó a calentar al público de Jerez con verónicas con una rodilla en tierra, llevándose al castaño Cuvillo al peto con galleos por chicuelinas y haciendo fácil lo difícil.

Después de recibir el astado una buena lidia sin un capotazo de más, el de Galapagar se plantó en los medios y pegó una serie de estatuarios sin mover un lazo de las zapatillas con la barbilla en el pecho y el toro arrancado de lejos y con transmisión. Con el ambiente propicio, Tomás se echó la muleta a la izquierda y pegó dos series de naturales largos y templados, rematando con una trincherilla idónea para el cartel de la feria del año que viene. Siguió por el pitón izquierdo muy templado y dando al toro el tiempo idóneo de recuperación y sin rectificar ni un ápice. Todo perfectamente medido, por eso está donde está, eso sí, pisando mejores terrenos. Con el derecho puso al público en pie e incluso éste pidió el indulto y sus dos orejas a pesar de que la espada hizo guardia.

Pero en lo chiqueros jerezanos esperaba una joyita, complicada y “mirona”, con la que Tomás ha demostrado lo que es una cabeza inteligente y un valor incalculable pisando terrenos imposibles, bueno posibles porque éste sí que los pisa. Un Cuvillo que salía suelto de capotes y no quería ver al peto ni en pintura.

Tras un buen par de Chacón en el sitio donde sabía que el toro apretaba, Tomás aguantó y tragó lo intragable hasta que lo fue metiendo en la canasta. No obstante, el toro comenzó a desarrollar peligro del malo y Tomás se tragó dos coladas que podrían haber terminado en cornada. Dios no lo quiso, mejor para todos. El de Galapagar sacó naturales de vértigo uno a uno con sudor y con casi sangre, ciñéndose hasta decir basta, llevándolo largo y empapado con la panza de la franela en la izquierda, a pesar de que el que venía de El Grullo no era nada claro. Terminó una faena de mérito basada en el valor por manoletinas ajustadísimas que pusieron a más de uno el corazón en un puño. Tras una buena estocada, concedidas dos orejas de ley y con más peso que el del toro. Si esta faena la hubiera hecho el año pasado hubiera salido por la enfermería, pero hoy era un día especial y Joselito el Gallo desde el balconcillo del cielo seguro que le ha echado un capote.

El Cid se ha gustado y gustado al respetable con el capote, echándole las bambas en el hocico y embarcándolo hasta el final. Con la muleta lo entendió a la perfección ya que le bajó la mano por el buen pitón derecho, pero sin obligarlo para que aguantara hasta el final del viaje porque el toro se caía. Por el izquierdo el Cuvillo, con mucha fijeza, se defendió más, aunque lo remató a cámara lenta y por abajo y con un pase de pecho de pitón a rabo. Tenía la oreja en el esportón pero no estuvo afortunado con el acero y todo se quedó en una ovación.

Con el último de la tarde, más anovillado, pero muy noble, aunque al igual que sus hermanos, falto de fuerza, el de Salteras aprovechó el pitón derecho por donde tenía más recorrido y transmisión, con el que El Cid ha estado asentado y templado, pegando dos circulares seguidos que levantaron al público y aguantando un parón gordo porque el toro ya estaba completamente parado. Esta vez acertó con el estoque y volaron los pañuelos incluidos los dos de la presidencia.

El ciclón de Jerez, con muchas ganas y muy voluntarioso, ha estado muy digno en el tercio de banderillas en el coso de su tierra natal. Con el primero, un toro achichonado que se caía, al que le sobraban cien kilos y con una embestida algo descompuesta, estuvo a la altura, aunque aquello no terminó de romper. Con el cuarto de la tarde, al que afixió desde el principio, basó su toreo en el valor comenzando la faena con rodillas en tierra y dando tres largas cambiadas. Padilla aguantó en este toro parones interminables y algún que otro derrote, que fue recompensado por el público con una oreja.

Tarde para no olvidar en el coso jerezano donde Tomás ha refrendado su título, El Cid la calidad y el empaque de su empaque y Padilla su valentía y sus ganas de agradar.


El Mundo

Por Carlos Crivell. Tarde histórica de José Tomás

José Tomás escribió una página gloriosa, una más, en la plaza jerezana. No es sólo que cortara cuatro orejas, fue la dimensión excepcional que ofreció desde que se abrió de capa en el segundo, hasta que remató su tarde con la estocada al quinto. El público vibró de entusiasmo en dos demostraciones distintas por la condición de los toros, pero que fueron dos monumentos al toreo. El de Galapagar justificó el ambiente que le sigue a todas partes, esa sensación de que es diferente, que cuando está sobre el ruedo está asegurada la emoción.

Sorteó en primer lugar un gran toro de Cuvillo, bravo y noble, sobre el qie cinceló una gran obra. Fue un torero pletórico, que ya en los lances rodilla en tierra ofreció el aperitivo de lo que estaba por venir. Llevó a toro al caballo en un hermoso galleo y quitó con vistosidad. El toro fue muy bueno, alegre, pronto y celoso, pero encontró un torero inspirado que cimentó su faena sobre la zurda en tandas cada vez más perfectas por el temple, la ligazón y la profundidad. Tandas de siete u ocho muletazos que siempre remató con pases de pecho o trincherillas toreras. Fue la faena cumbre, redonda, sin un pase de más y sin que faltara nada. Sólo sobró una estocada atravesada y un descabello que le impidió cortar el rabo. La plaza de Jerez estaba enloquecida ante una obra histórica, porque en los anales del toreo ya hay que inscribir la faena de José Tomás al toro Acusado de Núñez del Cuvillo.

Pero las emociones no habían acabado. El quinto fue manso y se le fue dos veces al pecho. Era de esos astados por los que nadie da ni un real. Tomás, impertérrito, asentadas las zapatillas sobre el albero, fue consintiendo al manso, lo enceló con su cuerpo y su muleta, hasta que el milagro llegó a Jerez, cuando el torero se explayó en tandas enormes que nadie sabía si eran ciertas o producto de su imaginación. Se pasó al de Cuvillo a milímetros sin mover un músculo, mientras la plaza asistía absorta al manifiesto rotundo de un torero único. De nuevo dos orejas, el clamor y la impresión que este año en los ruedos hay un José Tomás aún mejor, si ello era posible.

En la gran tarde de toros de la plaza jerezana hubo una gran alegría para los aficionados. El Cid se reencontró consigo mismo en una buena tarde. Toreó de forma espléndida con el capote, siempre a la verónica, en los mejores lances de la corrida. Era difícil salir a torear después de Tomás, pero El Cid lo hizo y además lo hizo de manera sensacional por el temple y la majestad que imprimió a sus dos faenas. Los dos astados que lidió fueron nobles y duraron poco. Si la faena al tercero tuvo fases muy templadas, la del sexto fue más intensa porque aguantó mucho para poder ligar los muletazos. Además, el de Salteras se gustó en pases de calidad suprema. Con el tercero falló la espada, pero con el sexto acertó y pudo acompañar a Tomás en la salida a hombros de la plaza.

Completó el cartel Juan José Padilla, que estuvo toda corrida hecho un torbellino de entrega y variedad, aunque ninguno de sus toros tuvo duración suficiente y Padilla alargó los trasteos demasiado para buscar el triunfo. Recibió al cuarto con tres largas, colocó banderillas, y lo puso todo a contribución para gustar a sus paisanos, pero ciertamente no era la mejor ocasión para su estilo torero, sobre todo cuando Tomás había revolucionado el cotarro y El Cid, recuperado tras Sevilla, se templaba tanto en dos faenas para responder al fenómeno.

El final, emotivo, vivió la salida a hombros de dos toreros diferentes, que bien podrían coincidir más veces para grandeza de la Fiesta.


ABC

Por Fernando Carrasco. José Tomás conmociona y El Cid se agiganta

En su primero, un toro de ensueño, esculpió el toreo de otra dimensión; el natural elevado a la máxima expresión. Y en su segundo asustó al propio miedo. José Tomás conmocionó ayer con dos faenas imposibles, la primera por cumbre y la segunda por valor inverosímil. Pero no sería justo que copase solo el titular de esta crónica. Porque El Cid reclamó su cuota en las letras grandes con una faena excelsa al último, agigantándose ante la hecatombe provocada por JT y negándose a quedar relegado a un segundo plano. Del triunfo de ambos también tienen su parte los toros de Núñez del Cuvillo. Sobre todo dos, el segundo, premiado con la vuelta al ruedo, y el sexto.

Las verónicas genuflexas con las que José Tomás recibió a «Asustado» prologaron lo que vendría después. Inició con estatuarios firmes en la misma boca de riego. Tenía tranco el cuvillo. Sin probaturas, muleta a la zurda. Cual genial escultor que estuviese realizando su obra cumbre, JT comenzó a cincelar naturales tremendos, arrastrando la muleta, llevando al animal embebido en ella, haciéndole sucumbir ante tanta rotundidad. Lentitud imposible, temple infinito y series de seis y siete naturales que morían en remates excelsos, enroscándose al toro. Luego, dos circulares de espaldas con la zurda engarzados con el molinete, para ir buscando el epílogo en un trincherazo sublime que derivó en varios derechazos, lentos y ajustados. Intercaló ayudados por alto y por bajo antes de irse detrás de la espada, que hizo guardia. Eso le privó del rabo.

Pero no quería dejar sin concluir su obra José Tomás. Por eso al quinto lo toreó con primor en verónicas a pies juntos. No era claro el toro y además miraba al torero. Fue haciéndose con el animal. Poco a poco, sin prisas. Colada tremenda al segundo muletazo y el de cuvillo que comienza a quedarse con la copla. ¿Que eso le importó a José Tomás? Nanay. Ahí que se puso, adelantando el engaño, exponiendo para, de nuevo, irse a zurdas y a pesar de otra colada, tirar de su enemigo, hacerlo pasar y romperlo en naturales intensos, escalofriantes. Asustaba al miedo JT. Asustaba al toro. Más cerca no pudo pasárselo. Más de verdad tampoco. Culminó todo con tres manoletinas de espanto. Otra estocada y otras dos orejas mientras la tensión volvía a sus constantes en el público enloquecido.

Muy difícil darle la réplica a José Tomás cuando torea en otra dimensión. Bueno, pues El Cid a punto estuvo de dársela en su primero, con una faena cuya primera parte fue muy templada y acompasada hasta que cuvillo fue apagándose. Pero ante el sexto, el de Salteras se agigantó de manera extraordinaria. Había perdido las manos el toro pero supo mimarlo al principio para, luego, hacerlo romper y cuajarle series diestras tersas, largas, arrastrando la muleta y rematando detrás de la cadera. Siempre dándole sitio, dejándolo respirar, se fue creciendo para llegar al toreo al natural, donde dejó una serie buena. Pero volvió a estallar el toreo con mayúsculas con la diestra, con un circular de frente que no ha acabado todavía enlazado con el de pecho majestuoso. Y luego en corto, aguantando y vaciando las embestidas sin inmutarse, para concluir con ayudados por alto y por bajo y un estoconazo. La respuesta de una figura del toreo. Padilla, con dos toros sin raza, cortó una oreja.


La Voz Digital

Por Pepe Reyes. Jerez se conmueve con la belleza lírica y la grandeza épica de José Tomás

Los muletazos, profundos y bellos, parecían violines cuya música fuera el mismo azul del cielo o el cansado oro de la arena. Inundados por un ventarrón estético de desmesurada plasticidad, los tendidos se sumían en la embriagadora frescura que sólo el toreo más puro y más bello puede provocar.

José Tomás, auténtico mito de multitudes, justificó ayer en Jerez los motivos de su cetro en la torería. Derramó la más exquisita de las poesías con su noble primer enemigo y escribió páginas de grandeza épica en la valerosa lidia del complicado quinto. Se hizo presente en el ruedo con una imagen del toreo a la clásica usanza: enjundiosas verónicas cargando la suerte y flexionada la pierna contraria. Prosiguió con un galleo relajado y garboso por chicuelinas, para dejar al toro en el caballo, y rubricó su completa labor capotera con un primoroso quite por delantales, plenos de armonía y plasticidad. Inició el trasteo del noble y bravo animal con estatuarios de impávida inmovilidad, rematados con un precioso cambio de mano. La faena, que parecía tallada a golpe de cincel, goteaba afán de excelsitud en cada pase y parecía quemada por todas las hogueras del toreo verdadero. Las tandas de derechazos y naturales se sucedían en progresiva superacíon de perfección y belleza. Circulares, pases de la firma, pases de pecho, ayudados por alto, por bajo…pero todo muy ligado, muy templado, exageradamente ceñido. Aunque la estocada disfrazó de guardia a su oponente, obra artística de tal magnitud hubo de ser recompensada con las dos orejas. Cuando el fragor ardiente de tales sensaciones aún abrasaban el coso jerezano, José Tomás engrandecería aún más su gesta en esta tarde inolvidable. Frente a un toro huidizo y corretón, que incluso se aquerenció en chiqueros durante el segundo tercio, el torero de Galapagar, relajado, majestuoso, lo retó impávido en el toreo en redondo. Aguantó cuantas miradas, probaturas y coladas le dedicó la res y, a fuerza de mantenerse firme, los muletazos cada vez se dibujaba más largos, más ligados, más macizos. Un torero valiente, estoico, casi de otra dimensión, había construido una artística faena a un toro de nula condición. Manoletinas escalofriantes constituyeron el emotivo preámbulo a una gran estocada.

No debe ser nada sencillo cumplimentar el último acto de un festejo tras la eclosión sucedida. Pero El Cid demostró su casta torera y fue capaz de firmar con el sexto una faena sobria, pulcra y elegante. Credenciales que ya había presentado en el tercero, al que dibujó verónicas de extremado gusto y suavidad aunque perdió trofeos por el mal uso de los aceros. Dos toros sosos, sin casta ni fuerzas, constituyeron el pésimo lote de Padilla, que sólo pudo destacar en lucidos tercios de banderillas y en arrebatadores pasajes de largas cambiadas o en muletazos de rodillas. Su estocada le valió la oreja.

El público volvió a salir de la plaza como antaño sucedía, dando pases calle Circo arriba. Y dispuesto a contar lo que había visto esa tarde: algo grande, muy grande.

Jerez Temporada 2009

jerez_160509.txt · Última modificación: 2012/02/08 18:54 (editor externo)

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