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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

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Viernes 1 de junio de 2012

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: toros de Adolfo Martín (con el trapío propio de su encaste, bravos en el caballo y encastados, con 5º y 6º reservones; 4º flojo).

José Luis Moreno. Silencio y pitos.

Juan Bautista. Ovación y silencio.

Iván Fandiño. Gran ovación y saludos tras aviso; silencio.

Entrada: lleno de 'no hay billetes'.

Crónicas de la prensa: Sur, EFE, Marca, La Razón, El País, El Mundo, Diario de Sevilla.

Sur

Por Barquerito. Las Ventas mima a Fandiño

En la corrida de Adolfo Martín vinieron tres toros de reatas buenas: un Sevillanito, un Madroñito y un Aviador. Primero, segundo y quinto de corrida. Dispar en hechuras, aunque en tipo todos los toros -sólo exageradamente alto el sexto-, fue corrida de variada condición. Mucho mejor la primera mitad que la segunda. La caballería puso su granito de arena para marcar el contraste: picaron bastante bien a los tres primeros, sangraron innecesariamente a cuarto y quinto, y los dos lo pagaron: se sentó el uno al quinto viaje, se echó el otro totalmente molido antes de llegar ni a pelear. El sexto, tardo en el caballo pero no al tomar capa de salida -bellas, felinas estiradas-, sangró lo suyo y no tuvo las calidades de los demás. Segundo y tercero fueron toros de buena nota.

Tan acompasadamente no había embestido por la mano derecha en toda la feria un toro como lo hizo el tercero. ¡Todos los viajes al mismo son! Fue toro mutante. Descarado, bizco y paso, un garfio el cuerno derecho, sedado en dos varas de fortuna -trasera la segunda, perfecta la primera-, estaba por ver, y pegado al burladero de capotes, cuando Iván Fandiño lo llamó desde el mismo platillo. Vino el toro atento y presto en ese galope compuesto tan de Saltillo. Y repitió, tras largos viajes, todas las bazas en que fue traído, llamado o soltado.

El ritmo fue la calidad de ese toro, que no tuvo por la izquierda ni parecido aire. Notoria la manera de teatralizar Fandiño la faena: brindis al público, pero con seña y guiño especiales al tendido 7; la apuesta por el toreo a la distancia y por abajo, encaje suficiente, mano templada; pausas gratuitas entre tanda y tanda y, con ellas, cambios de terreno; la elección caprichosa de tiempos sin variar distancias. Cuando la faena cobraba cuerpo parecía que Fandiño estaba más pendiente de la gente que del toro o de sí mismo.

Más acoplada la primera tanda que la segunda, y la segunda que la tercera. Y un error capital: atender a la petición que a voces le hicieron de que se echara la muleta a la izquierda. Protestó el toro, no hubo manera. Y entonces faena recomenzada sobre el canon primero, pero sin el gancho ni la cadencia. No pasó con la espada Fandiño el garfio jamonero del toro, su pala y punta derechas. Cuatro pinchazos, un metisaca, dos avisos. Pero lo sacaron a saludar al tercio. Juan Bautista toreó exquisitamente al segundo de la tarde. De capa: puro y despacio en el saludo a la verónica, airoso en el quite por las afueras o galleado con que llevó el toro al caballo. Antes del brindis, se sintió el runrún de acontecimiento tan de Madrid. Juan Bautista toreó bien de verdad: tan despacio como pedía la embestida al ralentí del toro. Apurar hasta el final las embestidas, que se iban apagando; calibrar la medida de los viajes y aguantar dos o tres paraditas a mitad de suerte; ajustar la faena en un solo terreno; acoplarse por las dos manos; improvisar de frente y sin ayuda; cinco muletazos de postre que dejaron cuadrado al toro; media estocada sin puntilla. Pues todo eso se valoró con racanería. Hubo gritos del repertorio reventón de las Ventas. Gente cabal hizo a Juan Bautista saludar. ¡Qué menos!

Tensa faena

La personalidad del toro que rompió plaza fue particularmente fascinante. De los que salen fríos y gatean o se frenan o distraen; fiero en el caballo, que derribó y saltó a escape sobre el caballo caído; fijo en un segundo puyazo severísimo; apalancado, incierto, tardo, escarbador, pero no probón; y, en fin, humillaba como el mejor cuando tomaba engaño. Hubo que tragar quina y José Luis Moreno volvió a probar que es un torero competente. No llegó a romper el toro pese al buen trato. Faena de hermosa tensión. Un pinchazo en la contraria con espantá y una buena estocada. El cuarto fue codicioso y salió de varas agonizante. Lo mató muy bien Moreno. Media sin puntilla. Juan Bautista volvió a torear de capa con primor al quinto, lo templó -ni un tirón- y lo sostuvo con toques y muletazos cadenciosos. Media estocada. Fandiño salió arreado en el último, el sexto que mataba en San Isidro. Más que nadie. Un tercio de varas teatralizado, un pinchazo y una estocada caída. Y se acabó San Isidro.

La Razón

Por Patricia Navarro. Fandiño, de la gloria a los infiernos

Ya había merecido la pena la tarde cuando Juan Bautista cogió la muleta en el segundo «Adolfo». Lo toreó delicioso el francés a la verónica, acompasando el temple del toro al de sus muñecas, con mágica lentitud y exuberante belleza. Los lances los cosió a una buena media. Pero quedaba más: llevar al toro por chicuelinas al paso y un quite de Fandiño a la verónica de culto. Replicó Bautista, en la plaza ya no cabía la expectación, se transpiraba la incertidumbre, la sensación de que iba a pasar algo grande. Quitó Juan por delantales y estábamos hundidos hasta las cejas en lo que ocurría en ese redondel de la gloria y el miedo. «Madroñito» fue toro de bandera: nobleza de otro hierro, exquisito temple mexicano desde que salió por la puerta de toriles, y una embestida que se antojaba eterna en la lentitud. Iba y lo hacía mucho más allá de lo que cabía esperar, rondaba lo soñado. Gran toro para abandonarse sin remilgos al espíritu del toreo. Juan Bautista estaba tan metido en la faena que hasta olvidó pedir permiso al presidente; remendó el error después de brindar al público. Lo esperábamos todo en la muleta, ya que antes de empezar, por lo que llevábamos entregado, tenía media oreja imaginaria en la mano. Y pasó que Bautista quiso de verdad, pero en dirección opuesta al lugar donde habitaba el triunfo en una plaza como Madrid. Se quedó al amparo del tercio, entre las rayas, acortó distancias con el toro y no llegó a ligar los muletazos para que aquello encontrara respuesta unánime en el tendido. Cuidó al toro pero cuando se apagó la cosecha no había sido suficiente. Imprimió torería en el remate de faena. Su puesta en escena había sido brutal. Qué lástima.

En el polo opuesto se desarrolló la faena del tercero, «Mulillero», en el que mucha fe tenía el ganadero. Y no se equivocó. Herrado con el número 13, cornipaso y con despampanante cara tuvo después un temple maravilloso y nobleza para llenar de argumentos la faena (por el pitón derecho). Iván Fandiño no se anduvo con probaturas, no probó más que la realidad en el primer muletazo desde el centro del ruedo y con la muleta en la diestra. La faena ya explotó ahí, porque se encajó con el toro y se hartó de muletazos limpios, templadísimos, ni uno tropezado en larga faena. Arrebato de toreo bueno que caló hasta los huesos. Durante el trasteo se creó una relación con el «Siete» que no alcanzó a explicar, desde el mismo momento que brindó al público. A lo que vamos, la faena creció como la espuma, basada siempre en la distancia: entre tanda y tanda se iba de punta a punta. Explosivas emociones. Y después, cuando había que embarcar el viaje lo hacía rebosándose de toro, llenándose, vaciándose, todo en uno. Y ahí, donde se dirimía la presumible batalla en obra de arte, arreció el viento, y lo salvó Fandiño con talento, el toque justo, la muleta arrastras. No se había puesto por el izquierdo y se pasaba la faena. Lo hizo al final, casi increpado, y el toro rebanó pronto el viaje.

Fallo con los aceros

En la espada tenía la gloria. Le costó cuadrarlo, gazapeaba el animal, y lo intentó recibiendo, pero la espada no entró y cuando encontró sitio, después, no fue el bueno. La maldición de la puerta grande de este San Isidro se confirma. No ha habido manera. El sexto no lo ofreció material. Reponía, hacía hilo, sin grandes pretensiones. Imposible, por deslucido, fue el quinto, que le tocó a Bautista. Más que flojo. El lote de José Luis Moreno tuvo poco que rascar. Ni los ánimos. El primero, tardo, noble y con media arrancada, le puso las cosas tibias y el cuarto, flojo y sin pasar, también. Qué cerca lo tuvimos ayer. Adiós San Isidro.

El País

Por Antonio Lorca. Nobleza obliga’

Parecía tan metido Bautista en la lidia del segundo de la tarde que, en cuanto sonaron los clarines que anunciaban el inicio del tercio de muleta, arrancó presto hasta el centro del ruedo para brindar la faena al respetable. Tan metido estaba que olvidó cumplir con el protocolo de pedir permiso al presidente, lo que hizo cuando el tendido 7 le llamó la atención. Se presagiaba faena de categoría. La verdad es que hasta ese momento todo le había salido de dulce: recibió al toro de salida con cinco verónicas muy templadas en las que animal metió la cara y anunció su calidad. Lo llevó al caballo en un estético galleo por chicuelinas; cumplió y blandeó el animal ante el picador. A continuación, su compañero Fandiño se lució de verdad es un precioso quite por tres verónicas templadísimas y suaves, lo que hizo que Bautista le respondiera con otro por delantales de menor nivel. Acudió con alegría ‘Madroñito’ en banderillas, con las que se dejó ver con enorme torería Curro Robles en un primer par excelente.

Después de la brillantez narrada, es normal que Bautista acudiera con ganas al centro del ruedo muleta en mano, y quien más, quien menos, esperaba que culminara lo que bien había comenzado. Pero no fue así. Y no es que estuviera mal, sino que su toreo no alcanzó la calidad el toro. Humillaba el animal en una embestida larga, y era evidente que Bautista no acababa de entrar en faena, con gracia insuficiente para que el encuentro explotara de emoción. Aunque parezca mentira, suele ocurrir. Sin saber muy bien por qué, la línea ascendente se rompe en un momento dado y ya no hay quién la arregle. Lo cierto es que la nobleza de ese toro segundo se quedó con la sola recompensa de la ovación en el arrastre, pero se llevó las orejas que, en buena lid, debiera haber ganado Juan Bautista. No estuvo, pues, a la altura de la noble embestida que ‘Madroñito’ le ofreció.

Un caso muy parecido es el de Iván Fandiño. Llegó a esta última corrida con el compromiso de acabar como el triunfador de la feria, pero se ha ido con más pena que gloria. Desfondado, quizá, pero tampoco respondió a la expectación creada ni a la nobleza que le ofreció el tercero de la tarde, muy blando en los dos primeros tercios, pero llegó a la muleta engallado y con la codicia y acometividad necesarias para que ambos -toro y torero- alcanzaran el triunfo. Fandiño lo lució en cuatro tandas de derechazos, citándolo desde lejos, dejando que el toro galopara hacia el engaño y humillara en el encuentro. Los muletazos tuvieron hondura y ligazón, especialmente las dos primeras tandas, pero a medida que el animal perdió recorrido, a la faena le faltó el clímax imprescindible para que aquello alcanzara la categoría de algo grande. No fue así; más bien una correcta faena con la derecha -por el lado izquierdo no tenía el animal ni un pase-, de más a menos. Y llegó la traca final: un mítin horroroso protagonizó Fandiño con la espada, y eso estuvo pero que muy mal.

José Luis Moreno pechó con el peor lote, y él tampoco se mostró suelto y sobrado; más bien, se le vio triste, apagado y precavido ante su primero, reservón y parado, y nada pudo hacer ante el inválido cuarto. Bautista aburrió soberanamente en el quinto, que se derrumbó dos veces, y Fandiño nada pudo hacer ante el áspero sexto.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Iván Fandiño tuvo la gloria en su mano derecha

Se colgó el cartel de “no hay billetes” para cerrar la feria. Última tarde que abrió un toro cárdeno oscuro, rematado y bajo de Adolfo Martín que se frenó en el capote de José Luis Moreno de salida, apretó en el caballo hasta derribar y se soltaba con alegría hacia la querencia. Insondables los comportamientos del toro bravo, y este sin serlo dejó en el caballo una huella equivocada. Echó el freno de mano en la muleta, se lo pensó, se reservó y no rompió nunca hacia delante, muy parado y de más corto viaje por del derecho. Moreno lo intentó en vano.

Qué bien colocó ya la cara de salida 'Madroñito' en el capote volado a la verónica de Juan Bautista. Galope bueno raro de ver en este encaste. Vuelo en los lances y un recorte genuglexo. El toro cumplió con creces en el caballo pero no le sobraba la fuerza. Bautista lo puso en largo en la segunda vara con revolera de majeza, que diría Suárez-Guanes. El quite de dos verónicas y media de Fandiño fue extraordinario. Obtuvo la respuesta del francés por ceñidos delantales. ¡Un tercio de quites! Bautista con las prisas de la miel en los labios de la calidad del de Adolfo Martín se fue a los medios y se olvidó de pedir permiso a la presidencia. Desgraciadamente, lo que apuntó el toro se fue viniendo abajo. Y eso que JB no lo atacó y más bien lo cuidó sobre la mano derecha con mucho temple. La llamita de 'Madroñito' se apagó. La faena se quedó en limpia y aseada, con un cierre de torería. Media estocada. La gente ovacionó al toro y pitó al torero inexplicablemente. Bautista pasó de los pitos y saludó la ovación que se impuso con justicia.

El tercero traía la cara muy abierta y las fuerzas contadas. Cornipaso y de desigual remate respecto a sus hermanos. Pero remontó. Iván Fandiño le concedió mucha distancia en el inicio de muleta y el toro se lo agradeció. Noble la embestida y generosa en reciprocidad. Encajado y toreando con la mano derecha con profundidad Fandiño. Dos series así, con el de Adolfo caminando entre ellas. En la tercera muy despaciosa la embestida y el toreo. Lentísimo un redondo y un pase de pecho de aguante. Y otra con los mismo argumentos y por la misma mano, que era esa, aunque pudiera parecer monocorde. Faena enteramente diestra. Por la izquierda al final a petición del público. El toro desabrido. Momentos de los que hacen perder la concetracion. Al menos lo mostró para que se quedaran contentos los listos del barrio. El de 'sevasintorear' volvió a dar el cante. La faena en ese final perdió empuje, sino antes, con muchas dificultades para cuadrarlo. En corto, le andaba el toro. Pinchó y en la siguiente la espada, en la suerte de recibir, pegó en una banderilla. Se había esfumado el triunfo. Ya daba igual.

Suelto y con amagos de querer saltar la barrera. Así se presentó el cuarto. Golpes de viento se levantaron. Flojeó tras dos serias varas. No remontaron ni el desfondado toro ni Moreno sin opciones.

En el quinto, cinqueño pasado, se repitieron los esquemas del cuarto, salvo en el caballo. No hubo nada que rascar, y menos cuando se echó nada más empezar la faena. Bautista se justificó.

El sexto no tuvo opciones.

Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Iván Fandiño vuelve a perder premio por fallar con los aceros

La última tarde de San Isidro 2012, con lleno hasta la bandera, acabó sin trofeos, con una corrida de Adolfo Martín que resultó desigual tanto en presentación como en su juego. Eso sí, bien armada. De la terna compuesta por José Luis Moreno, Juan Bautista e Iván Fandiño, destacó el tercero.

El diestro vasco tuvo en sus manos un triunfo importante, que tiró por la borda por los aceros. Si llega a acertar en la suerte suprema en la corrida de Alcurrucén y en la de ayer, se hubiera convertido en el triunfador de la feria, con dos puertas grandes. Pero sin espada, no hay paraíso.

Sucedió en su primero, tercero del encierro. Un toro cinqueño, bien presentado, corniabierto, casi cornipaso, que resultó muy encastado, tras decepcionar en los primeros tercios. Fandiño apostó muy fuerte y brindó al público; con protestas del 7. El torero, incomprensiblemente, dejó la montera en la arena, junto a tablas. En los medios, con la diestra y en la distancia larga, dibujó buenos muletazos en la primera tanda. Con mando, llegó a arrastrar la muleta por la arena en un par de series, con el público totalmente entregado. Cuando la faena perdía intensidad, el torero hizo caso al público e intentó torear con la izquierda. El toro se tiró al bulto en dos coladas impresionantes. El diestro se pasó de faena y le costó matar, perdiendo premio y escuchando dos avisos.

El altote sexto, también cinqueño, prometía pocas cosas buenas por su construcción. Cumplió en varas. Pero tras los dos primeros tercios, el burel midió y se revolvió con peligro por ambos pitones. Fandiño se la jugó en un trasteo pundonoroso, que comenzó sin probatura alguna, en los medios y con la zurda.

José Luis Moreno contó con el peor lote. Su primero, exigente, pero humillador, derribó aparatosamente a Manolo Burgos, al que a punto estuvo de aplastarle su cabalgadura. El diestro cordobés, con precauciones, no apostó fuerte y, al no adelantar la muleta, faltó ligazón y emoción en las tandas. Con el cuarto, que acusó un pésimo castigo en el tercio de varas y blandeó en la muleta, el trasteo quedó en un esbozo.

Juan Bautista no llegó a sacar todo el provecho al nobilísimo segundo, el más boyante del encierro. Con la capa brilló a gran altura, tanto en los lances de recibo a la verónica como en una media con sabor campero. Se picó en quites con Fandiño, quien dibujó espléndidas verónicas. Bautista apostó por delantales. La faena, que finalizó con la diestra, arrojando el estoque simulado a la arena, no pasó de entonada.

El quinto, un cinqueño descastacado, se estrelló contra un burladero de salida; algo que pudo acusar. Juan Bautista realizó una labor que no caló en los tendidos, con un astado descastado que acabó echándose en la muleta.

El espectáculo no llegó a romper; como no ha roto este San Isidro, en el que ningún torero de a pie ha abierto la puerta grande; algo que no sucedía desde hace más de medio siglo -en concreto, desde 1948-. Y no será por festejos: prácticamente un mes consecutivo de toros, marcado por un nivel muy bajo en los aspectos ganadero y artístico; con el contrapunto de que el público respondió.

Marca

Por Carlos Ilián. Fandiño destruye una faena exquisita

Iván Fandiño pidió matar los toros de Adolfo Martín, una ganadería a la que está muy unido. El vizcaíno sabe que le va ese tipo de toro. Y acertó, porque el tercero de la tarde tenía un pitón derecho de oro.

Por ese pitón cuajó los mejores muletazos de toda la feria. Siempre bien plantado y sin las trampas de algunas figuritas, fue desgranando los redondos infinitos, de temple y cadencia exquisitos.

Pero cometió un error imperdonable al no dejar ver el toro por el pitón izquierdo y que la gente advirtiera que no se dejaba, que por ahí no había nada que hacer. Cuando el público le recordó que no había intentado el toreo al natural y quiso rectificar ya era tarde. Esos muletazos finales se pasaron de rosca y luego para colmo le hizo caso a un bocazas que le pidió matar en la suerte de recibir. Todo un desaguisado.

Varios pinchazos, una puñalada en los bajos y hasta dos avisos. Se le iba el triunfo de su vida en Madrid y tal vez el que le habría convertido en el torero de la feria. Fandiño se había hecho el harakiri.

Otro gran toro de Adolfo fue el segundo. Le faltó fuerza y le sobró clase. Juan Bautista muleteó con gusto pero aquello tuvo la temperatura del hielo. El resto de la corrida de Adolfo sin fuerza y sin casta. Como el lote de José Luis Moreno, que toreó con exageradas reservas a su primero y abrevió en el otro.

©Imagen: Iván Fandiño durante la lidia de su primer toro. | lasventas.com

Madrid Temporada 2012.

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