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Plaza de Toros de Las Ventas

Jueves, 8 de junio de 2017

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Alcurrucén, 1º El Cortijillo, buenos en general

Diestros:

El Cid: Silencio y ovación.

Joselito Adame: Silencio y pitos.

Juan del Álamo: Oreja y oreja, saliendo por Puerta Grande.

Entrada: Tres cuartos largos.

Galería de imágenes: https://www.facebook.com/pg/PlazaLasVentas/photos/?tab=album&album_id=1317012201728222

Video: https://vimeo.com/220866714

Crónicas de la prensa:

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Puerta Grande: cumbre de Juan del Álamo y Alcurrucén

La marabunta transportaba a Juan del Álamo. De hombro a hombro por la calle de Alcalá. Como si todos los hombros fuesen los de Alcurrucén. Segunda Puerta Grande sobre su hierro en San Isidro 2017; nueve ya en su inalcanzable palmarés venteño. Jabatillo, Malagueño, Barberillo, Licenciado… Por citar los nombres propios más recientes de toros que han formado una lanzadera de toreros.

¡Ay, Licenciado! Otro para la nómina gloriosa de Alcurrucén en Madrid. Colorao, bajo, hechurado, tocado arriba de pitones, chato… Y esa forma de colocar el hocico hacia delante, entre series, como diciendo voy. Y sus cortitas manos juntas. Y el modo generoso de humillar y viajar desarrollado desde que se frenó en el capote. Como asustado. La alta nota obtenida en el caballo -el puyazo en la querencia fue un accidente al relance- se vio desbordada por la bravura tamizada de calidad, ritmo y son en la muleta. Juan del Álamo construyó sobre ellas su faena más redonda y exacta de su fértil trayectoria en el Foro. Desde los doblones rodilla en tierra de la obertura, las dos tandas de derechazos, las otras dos de naturales y la coda genuflexa de ayudados, el temple presidió la ligazón del todo. Perfecta la ejecución de la estocada. Y a la muerte de bravo de Licenciado, la plaza enloqueció. La poderosa petición pasó la frontera de la oreja. El presidente se atrincheró. Como si pensase que había faltado la serie rotunda que rinde de una tacada la Puerta Grande. O algo así. Del Álamo paseó su cumbre por el ruedo en medio de la apoteosis no una, sino dos veces.

Juan del Álamo salió a por todas ante el altón sexto, que atacaba con cojones. Por resumir. La fuerza desatada por sus arrancadas temperamentales las encajó Del Álamo con los dientes apretados y el valor mordido. La faena desprendía la emotividad de la lucha. El personal empujaba. Como el salmantino, que sabía lo que esperaba. El arco soñado del toreo a nada que entrase la espada. Y la espada entró. Una oreja y no como compensación al premio debido. O puede que sí. Da igual. Estuvo hecho un tío. Tremenda su raza final. A hombros se lo llevaron. Nueve toreros ya a lomos de Alcurrucén…

Si alguien pensó que Licenciado podía haber merecido el pañuelo azul, Antequerano le echó un pulso por la vuelta al ruedo en el arrastre. Que visto lo de la tarde anterior de Rehuelga no habría de extrañar… Núñez también es encaste minoritario. Por su encendida embestida, su elasticidad, su casta y repetición tras la muleta de El Cid, el cuarto alcurrucén deslumbró. Todo por abajo, incansables la prontitud, la fijeza, la profundidad. El tranco en la venida y en la despedida. Cid toreó raudo. Con escaso ajuste. Pinchó una vez y se difuminó su eco a la misma velocidad que la faena. Qué bárbaro Antequerano.

Joselito Adame se convertía ayer en el matador mexicano con más paseíllos en Las Ventas. Un total de 12 tardes jalonan su carrera. Por delante de Zotoluco (11) y Curro Rivera (10). Adame volvía después de arrancar una oreja el pasado 30 de mayo por la tremenda: el volapié afrontado sin muleta se convirtió en una de las escenas homéricas de la isidrada que ya agoniza. Como carta de presentación intervino por delantales en el montado toro de El Cid. Entre éste y el suyo, más bajo y armónico, se dieron patrones comunes: los dos se escupieron de caballo a caballo, ninguno humilló y tampoco se comieron a nadie. Algo más violenta la forma de soltar la cara al final del muletazo el del Cid que la orfandad de celo del de Joselito hasta que se rajó. Cid anduvo muy ligero y con escaso asiento y Adame, con oficio y muy abierto.

En el récord de México se quedó Joselito Adame con un quinto cinqueño que recorrió kilómetros en su abanta lidia y se movió en el último tercio con pistón y obediencia, sin descolgar a derechas y más entregado al natural en la ronda más notable de Adame. Que definitivamente se nubló con la espada. «Mejor sin muleta», dijo un guasón.

ABC

Por Andrés Amorós. Juan del Álamo, doctor con un gran «Licenciado» en San Isidro

Nos quejamos muchas veces –y con razón– de que no vemos toros bravos. Debemos valorar que, cuando salen reses excelentes, los diestros las aprovechen como merecen. Esta tarde, sólo Juan del Álamo lo consigue: abre la Puerta Grande al cortar una oreja a cada toro (en el primero, el presidente le niega la segunda y se gana una fuerte bronca). Ni El Cid ni Joselito Adame están al nivel de las reses de Alcurrucén que les tocan en suerte. (Algo parecido sucedió el día anterior, con los magníficos toros de Rehuelga y diestros más modestos). Uno de esta ganadería propició el triunfo rotundo de Ginés Marín. Los de este jueves dan, en general, un juego muy bueno: aunque algunos salgan abantos, como es propio de los Núñez, se vienen arriba, embisten largo y humillan; el tercero y el cuarto son magníficos; los demás, muy manejables,

Comparece por única vez en la Feria El Cid, tan querido por esta Plaza, donde ha actuado más de cincuenta tardes. Ha sido una primera figura, que está ya en la etapa final, con lo que eso suele significar, salvo casos excepcionales: queda el poso de la madurez, se ha perdido ya el hambre de la juventud. El primero tuerce algo la cabeza (¿un problema en la vista?) pero se viene arriba, como harán todos sus hermanos; tropieza demasiado la muleta de El Cid, que no acaba de confiarse. En otro tiempo, hubiera sido distinto… El cuarto, «Antequerano» (por el nombre, paisano de Pedro Espinosa, Muñoz Rojas y Cristóbal Toral) está al nivel de estos grandes artistas: acude al caballo galopando; repite con emoción, se quiere comer la muleta. El Cid aguanta el envite en algunos naturales, «marca de la casa», pero la faena va a menos. En la suerte contraria (¿por qué, con un toro tan bravo?), pincha, antes de la estocada.

En su anterior actuación, Joselito Adame arrancó una oreja con el alarde de matar a topacarnero, sin muleta. No repite esta tarde esa suerte ni esa actitud. En el segundo, manejable pero suelto, saludan Miguel Martín y Fernando Sánchez. Adame torea fácil pero en línea; le recriminan la postura y, esta vez, tienen razón. Cañabate hubiera dicho que parecía el funcionario que acude a la oficina a fichar. Y, esta vez, mata con precauciones. El quinto sale muy suelto pero también da buen juego. Joselito desperdicia embestidas haciendo el poste y, de nuevo, tira líneas, en muletazos sin compromiso. Sentencia mi vecino José María: «Otro toro desaprovechado». Las Ventas exige otra forma de torear.

No tuvo suerte Juan del Álamo en su anterior corrida. Sale el tercero manseando, abanto, y algunos protestan (¿por qué?) pero acaba dando un juego magnífico. Juan del Álamo lo sujeta muy bien, rodilla en tierra (surgen los primeros olés de la tarde). Logra derechazos suaves, templados, y naturales ligados, dejándole la muleta en la cara. Los ayudados finales, muy toreros, la gran estocada y la muerte espectacular, en el centro del ruedo, como un gran toro bravo, desatan el clamor: ha sido una faena justa, medida, clásica, emocionante. El presidente niega la segunda oreja (no sé por qué) y se gana una buena bronca. En el último, el más complicado, sale Juan a cortar como sea la oreja que necesita y el público le apoya: aguanta arreones y pitonazos, con ilusión novilleril y oficio de matador. La faena es imperfecta pero apasionada y de mérito. Mata con gran decisión, el toro cae rodado y la nueva oreja, forzosa.

Quizá lo más justo hubiera sido recibir las dos orejas en el tercero y una vuelta, en el sexto. Da igual: la salida en hombros es muy merecida. ¡Por fin, Juan del Álamo ha redondeado, en esta Plaza, lo que tantas veces había rozado! Ciudad Rodrigo, su pueblo, estará de fiesta. (Gonzalo Santonja debe de estar dando saltos). Se ha doctorado como maestro maduro lidiando a un gran «Licenciado». Ha sabido aprovechar la ocasión que la fortuna –y los hermanos Lozano– le han ofrecido.

El País

Por Antonio Lorca. Emocionante puerta grande para Juan del Álamo

El presidente fue muy exigente con Juan del Álamo al no atender la mayoritaria petición de la segunda oreja tras la muerte de su primer toro; y, quizá, tenía razón, pero se habían concedido trofeos tan baratos en esta feria que parecía injusta la extrema dureza del palco.

Pero el torero salmantino se propuso salir por la puerta grande y lo consiguió a base de pundonor, de entrega y de arrojo ante el deslucido sexto. Pero el público estaba con Del Álamo, y cuando se volcó sobre el morrillo como lo hacen los que deciden jugarse la vida de verdad la plaza se cubrió de pañuelos, y el torero vivió la experiencia mágica de ver la calle de Alcalá por encima de los demás.

Ya era hora de que Juan del Álamo dejara de ser el torero de orejas solitarias y protagonizara una tarde vibrante que le ayude a despegar definitivamente como figura de altos vuelos.

Se encontró, primero, con un manso de libro, como toda la corrida, que huía de su sombra, pero llegó a la muleta con una dulce embestida de altísima calidad. El comienzo por bajo, ganando terreno en cada muletazo, fue espectacular; el toro corroboró su bondad en la primera tanda con la mano derecha, y se entregó en tres más por el pitón izquierdo en los que destacaron algunos naturales y, especialmente, los pases de pecho. El público cantó de forma desmedida la buena labor del torero, que acabó con unos singulares ayudados por bajo. Mató de una estocada certera y llegó la gran bronca al presidente al negarle la segunda oreja, lo que obligó al torero al dar dos vueltas al ruedo.

La faena tuvo un pero: duró una exhalación; o, al menos, esa fue la impresión que dio. Faltó templanza, faltó largura en los muletazos, faltó que se recreara en la obra. Pero en comparación con otras orejas baratas…

Y en el sexto se jugó el tipo con entrega, pundonor, arrojo… Fue una labor deslavazada de un torero arrollador que no le perdía la vista a la puerta grande. Y la abrió con la ayuda de unos tendidos dispuestos a todo con tal de disfrutar.

Los mejores muletazos -lo que son las cosas- los dio El Cid ante el cuarto, un toro encastado, codicioso y repetidor, con el que dibujó dos tandas de naturales bellísimos, largos y de enorme hondura. Fue el mejor Cid de los últimos tiempos; pero pinchó, como siempre que torea bien, y se esfumó la oreja bien ganada. No ofreció, sin embargo, su mejor versión ante el deslucido primero.

Y Joselito Adame no tuvo su día. Apagado y derrotado se mostró ante el áspero segundo de la tarde, y anodino y sin garra ante el noble quinto. Los ajustados estatuarios iniciales no fueron más que un espejismo.

La Razón

Por Patricia Navarro. Puerta grande con honores

Se frenó en seco el toro nada más salir. Cuando Juan del Álamo se fue a pararle. Fue el momento del tú a tú. El dejadme solo. Ese encuentro venía endiablado porque “Licenciado” haciendo honor al encaste no es que saliera abanto, sino que manseó, se frenó y no sabía si salir huyendo y dar un triple mortal. Le costó pero a la cuarta vez que vio el trapo se desengañó y empezó a tomar el capote. Fue el mismo “Licenciado” que apretó en varas y salió suelto después. Pero qué toro nos esperaba. ¡Qué toro para engrandecer la tauromaquia en el ruedo de Madrid! Lo supo Juan del Álamo en un cambio de mano en el comienzo de faena rodilla en tierra absolutamente sublime. Vino el toreo después, como nos sobrevino el torrente de embestidas muy entregadas, surcando la nueva arena venteña, repetidor, noble y único. Pura expresión de embestida. Y con un toro así no es fácil que la faena no haga grietas.

No las hubo en el trasteo de Juan del Álamo. Compacto. Brillante en el prólogo, templado, ligado, bello y en un palmo de terreno el toreo diestro y así al natural. Armonía, dueño del ritmo y los tiempos. No cayó en lugares comunes. Ocurrió todo con el impacto de la belleza hasta el final de los finales, el ocaso de la faena, a dos manos, el remate y una estocada punto contraria cobrada en la rectitud y con una fuerza que se agarraba a la boca del estómago, el nuestro. A los mismo medios fue a morir el toro. En pie la plaza. El doble trofeo se le pidió. Una oreja solo concedió el presidente. Nuevo petardo. Un sindios esta plaza sin rumbo. Le dieron una ovación (apoyo moral) justo antes de salir el sexto (“ya que te la han robado, venga para adelante”). El público estaba con él. Lo que cortó en banderillas “Bocineto” fue anunciador de lo que estaba por venir. Qué oficio y cabeza la de Jarocho. A otro le vuelve loco. A fuego fue la faena. El alcurrucén era un huracán de casta, exigente y sin perdón. Hubo mucha verdad. Del Álamo no volvió la cara, puso los muslos a la par que el corazón. Y aquello fluía. Era el día. La tarde. La hora. Lo era todo. Por eso que cuando se perfiló en la suerte suprema. Qué momento. Cuánto iba en esas décimas. Se dilataban los segundos, los masticábamos, el silencio se hizo sepulcral. Sortear los pitones, la violencia del toro y meter la espada era obrar el milagro. Y se obró. Pareció tendida y de pronto el toro cayó fulminado. Respondía a aquello del día, la hora… Y al presidente no le quedó otra que abrirle a Juan del Álamo la Puerta Grande camino de la calle de Alcalá. Multitudinaria y con honores.

Honor tuvo también “Antequerano”, que cantó sus virtudes de salida. Y en el caballo. Buena nota la corrida de Alcurrucén. Bravo el toro. Y entregado en la muleta. Qué repetición y humillación tuvo en el engaño de El Cid. Lo vimos y hasta lo disfrutamos en la primera parte de la faena, explosiva, y ligada; después llegaron los desajustes en el tiempo y con el toro. Se diluyó el triunfo y la emoción en esa delgada línea que separa el éxito de una ovación con saludos. Con uno de El Cortijillo se las vio en primer lugar, que se había dejado, pero con su mansedumbre a cuestas.

Voluntad dejó Joselito Adame con un rajadito segundo y más de lo mismo con el quinto que se dejó hacer, aunque no llegaba ni uno ni otro a los niveles que habíamos vivido en la tarde de Juan del Álamo. Para él queda. Y nosotros.

madrid_080617.txt · Última modificación: 2017/06/11 20:22 por paco

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