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Plaza de Toros de Las Ventas

Lunes, 21 de mayo de 2018

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Novillos de Conde de Mayalde. Bien presentados, nobles, bravos y con transmisión, a excepción del primero y del quinto (desrazado el primero, encastado el segundo, manejable el tercero, con transmisión el cuarto, deslucido el quinto y encastado el sexto).

Diestros:

Pablo Atienza: de grana y oro, silencio y silencio tras dos avisos.

Alfonso Cadaval: de corinto y oro, ovación con saludos tras petición y silencio tras aviso

Toñete: de azul Rey y oro, ovación con saludos y oreja.

Destacaron:

Entrada: Dos tercios: 15.763 espectadores.

Imágenes: https://www.facebook.com/pg/PlazaLasVentas/photos/?tab=album&album_id=1644300405666065

Video: https://twitter.com/twitter/statuses/998662481680756736

Crónicas de la prensa

Portal Taurino

Por Alberto Bautista.Oreja para Toñete en el diluvio universal

La segunda novillada de la feria, dejó para el recuerdo una entonada actuación de Toñete frente a “Buzonero”, un meritorio novillo de Conde de Mayalde que en mitad de impertérrito aguacero, logró componer una labor nada sencilla pero llena de mérito y concepto. Paseó una oreja en mitad de la granizada, siendo éste el solitario trofeo para un encierro simplemente espectacular, porque la novillada fue para que al menos dos de los tres componentes de la terna hubieran salido en volandas por la calle de Alcalá, y es que el encierro del Conde de Mayalde fue para la hemeroteca. Novillada brava, con transmisión y de gran juego en líneas generales, con varios novillos que se fueron sin torear. El escalafón inferior se queja de las escasas oportunidades, esperando a Madrid como revulsivo y cuando llega el cónclave las esperanzas se diluyen, echando siempre la culpa al toro. Un esperpento. ¿Qué quieren para torear?

Visto lo visto, el único que dio la cara fue “Toñete” cuya entrega y compromiso se preveía, a tenor de sus destacadas actuaciones durante estas temporadas. Y tuvo que llegar el diluvio universal para que fluyera el toreo de mano baja, entre las dificultades meteorológicas. Jarreaba en Madrid, los estoicos aficionados entregados campaban a sus anchas en las gradas, todo eso unido con el clima y la condición del toro, pusieron en bandeja una oreja al mérito y a la decisión del navarro con el componente añadido de una estocada a ley a tenor del barrizal. Antes hizo su presentación en Las Ventas, dejando unos lances de recibo de bella factura al tercero un novillo de buena fachada que empujó en el peto. Sobrado se le notó al navarro en otra labor solvente y de mano baja. El fallo con los aceros le privó de tocar pelo, y saludó una ovación desde el tercio.

También Alfonso Cadaval pisó por primera vez el albero madrileño, aunque su paso fue testimonial al no aprovechar el lote de garantías que despachó. Para colmo le pidieron el trofeo tras pasaportar al segundo, un novillo huidizo en los primeros tercios, pero con calidad en sus embestidas, y todo en una labor donde el sevillano se enmarcó en el mar de pases correspondiente. La ovación al arrastre de “Extranjero” dio pie a la aparición de pañuelos, aunque la tímida petición echó al traste el excesivo botín, saludando finalmente una ovación desde el tercio. No pudo reeditar triunfo con el quinto, que acusó los accidentes acaecidos durante la lidia así como los golpes en los respectivos burladeros en otra deslucida y anodina actuación.

El menos placeado fue Pablo Atienza a tenor de sus dificultades ante el desigual lote que sorteó. Y eso que con el primero de floja y descastada condición, realizó una entregada y dispuesta actuación, pero la nula condición del novillo lo dejó todo en el aire. Además el del Conde de Mayalde tardó en caer y porfió con el descabello. El cuarto con hechuras de toro, lanzó tornillazos y se defendió. Con esos mimbres, Atienza echó en falta un mayor rodaje y acabó perdiéndole pasos a su oponente, en una actuación malograda con los aceros siendo silenciado en sus dos turnos.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Toñete se hace hombre bajo el diluvio

La oscuridad de las nubes negras precipitó la noche sobre Las Ventas. La tormenta desencadenó un diluvio de pedrisco en tromba, una catarata de granizo, el diluvio. Quedaba el último cartucho de una novillada de lujo del Conde de Mayalde. Tan buena y bien hechurada. Un pecado se antojaba que se arrastrase entera. De pronto Toñete se hizo hombre. Toñete fue Antonio. Y no sólo por las circunstancias. Sino por su toreo. Por el peso que ha adquirido. Por su evolución. Catalán hundía sus pies descalzos en el barrizal, acinturado y enfibrado, con el bravo utrero. Más toro que sus hermanos. Un par de veces clavó los pitones en el pantano. Empapada la muleta, no debía de ser fácil calibrar el toque. Ni nada. Los tendidos se habían desertizado. Sentía AC el calor de la masa de la sangre que fluía por sus brazos. El eco de los oles bajaba de las superpobladas gradas y andanadas. El Arca de Noé bramó cuando enterró la espada. La pañolada allí concentrada. Rodó la oreja de su gloriosa presentación en Madrid.

Toñete envolvió la clase del bonito tercero en temple. Desde el prólogo en el tercio. Y luego le concedió sitio. A la calidad del novillo le faltaba continuidad. Caro el trazo de los naturales espaciados. Pero la emotividad no trepaba. Los ayudados de despedida como elegante coda.

El otro debutante respondía al nombre de Alfonso Cadaval. Alfonso y Toñete se retaron en quites. Si éste interpretó gaoneras con suma limpieza, aquél respondió por chicuelinas de manos bajas. El novillo era una pintura. Con su carita colocada por delante. Cadaval se postró de rodillas sobre la boca de riego. Como obertura de faena. Los derechazos de hinojos surgieron largos y trepidantes. El galope y la repetición del utrero ponían emoción. Un motor revolucionado que provocaba un punto rebrincado. El sevillano lo entendió a su velocidad. Que no era poca. Limpio y sin apretarse. A la formal corrección torera le faltaron dosis de ambición. Metió el brazo con la espada y escuchó plácemes y una ovación el el tercio.

El otro gran novillo de la tarde fue un cuarto más altón. Como la segunda parte del notable envío de Mayalde. Pablo Atienza acudió a saludarlo a portagayola. Y después abundó en una extensa faena de querer mucho y decir poco. El descabello se fue a los dos avisos.

Tanto Cadaval como Atienza no cruzaron la raya de la discreción con un novillo bondadoso y un mansito. Tan amables. Cuando Antonio Catalán cruzaba de noche la laguna venteña, ya había dejado atrás el diminutivo.

El País

Por Antonio Lorca. La novillería, un muy serio problema

Una novillada como la vivida en la plaza de Las Ventas sí que es un serio motivo de preocupación. No hay relevo para la fiesta de los próximos años; al menos, esa es la impresión que se obtiene después de comprobar cómo unos novillos elegidos con mimo, bonitos de hechuras, recogidos de pitones, nobilísimos y santurrones de principio a fin se van con las orejas al desolladero; y lo que más grave, que tres novilleros, supuestamente punteros, ofrezcan una pobre imagen y sean incapaces de emocionar a la parroquia. Solo Toñete paseó una oreja, pero fue un galardón a su esfuerzo más que a su toreo al aguacero que soportó porque la faena de muleta se desarrolló bajo una gran tormenta en forma de diluvio universal, con el ruedo convertido en una piscina y los tendidos vacíos.

Pero el agua no evitó la desesperanza.

Bajo el pomposo nombre de Conde de Mayalde salieron seis bombones, unos más dulzones que otros, para paladear el toreo. Pero ahí se detecta el primer problema: novillos artistas requieren toreros con embrujo, y esta terna no está embrujada. Los tres novilleros tienen oficio y dan capotazos y muletazos de muchos colores, pero en ninguno de ellos destaca la hondura, el empaque… Los tres aburrieron mientras los novillos embestían una y otra vez; y eso es lo grave…

Atienza se encontró con un novillo de ensueño en cuarto lugar. Le hizo una faena interminable -hasta nueve tandas por ambas manos-, lo había recibido de rodillas en los medios con una larga cambiada, y acabó con bernardinas y un suplicio con la espada, de modo que escuchó dos avisos. Y lo que destacó de verdad fue la casta y la movilidad de su oponente, incansable en el tercio final, con clase para hacer una ganadería. Su primero fue un tonto joven -al ser lidiado como novillo se ahorró un año de bobaliconería-, manso y rajado, al que le robó algunos muletazos de buen trazo, pero no llegó a decir nada.

Cadaval tiene aire de torero sevillano; buen corte, buenas maneras, apunta bien, dibujó pasajes sueltos, pero no acabó de redondear nada. No consiste en tener buen gusto, -se supone que valor posee-, sino en ser capaz de dar ese paso -difícil, sin duda- que separa una petición minoritaria de una oreja con fuerza.

Trazó la verónica con gracia en su primero, con el que comenzó de rodillas en el centro del anillo la faena de muleta. Tres derechazos, y, ya de pie, un pase del desprecio y otro de pecho hicieron albergar una esperanza que no cuajó. La calidad del novillo, no exento de cierta aspereza, le permitió lucirse en un trasteo intermitente por ambas manos, de más a menos, que acabó vacío de torería.

También embistió el quinto, con cierta sosería, sí, pero con nobleza, y Cadaval se puso pesado y aburrido.

Toñete no dijo nada ante el bonancible tercero; un suave comienzo por alto, algún natural suelto y muchos pases sin contenido. Se vino arriba en el sexto al tiempo que arreciaba la tormenta, y entre su buen ánimo, la categoría del novillo y el empuje de un numeroso grupo de entusiastas partidarios enjaretó una faena de meritorios muletazos en un barrizal y con una muleta que debía pesar un quintal. Paseó una oreja de pocos quilates que no salva una tarde en la que los extraordinarios novillos mojaron las orejas, y de qué manera, a tres novilleros supuestamente punteros.

ABC

Por Andrés Amorós. Toñete corta una oreja bajo el diluvio en San Isidro

En la segunda novillada de la Feria, se lidian reses del Conde de Mayalde, que han triunfado reiteradamente en Gijón. Las de esta tarde tienen movilidad, son manejables. Los tres diestros muestran buenas maneras, están correctos: decir eso de unos novilleros no es gran elogio. A los tres les falta más dominio. Asi suele suceder ahora, en las novilladas. En el último, Toñete se sobrepone al diluvio y corta una oreja.

El segoviano Pablo Atienza procede de una ilustre dinastía, nada menos que 18 picadores. En México debutó con caballos; de allí vino directamente a Las Ventas. Lidia suave y templado al primero, manejable pero que dice muy poco; con la espada, hace guardia. Recibe a portagayola al cuarto. Se luce Fernando Sánchez, con los palos, igual que en el primero (y tantas tardes). El novillo protesta, Atienza muestra sus buenas maneras, en una faena larga y desigual; como prolongó demasiado, escucha dos avisos.

Debuta aquí el sevillano Alfonso Cadaval, hijo de César, el famoso humorista, gran aficionado; además de torear, estudia Periodismo. Debutó en Olivenza, hace dos años, cuando tenía 21. Busca la profundidad del toreo clásico. Se muestra firme y valiente en el segundo, que embiste con brusquedad y emoción. Mata con decisión: petición. El quinto sale con pies pero cae, después de varas, se apaga. Brinda a su hermano, lo intenta, pero la faena no cuaja. Mata defectuoso.

También se presenta Toñete, hijo de un conocido empresario de hoteles; ha toreado bastante, diez festejos, este año: el líder de los novilleros. Se le ve con oficio, muy puesto. En el tercero, de menor presencia, con clase, muestra soltura con capote y muleta: un trasteo más correcto que brillante, mal rematado.

Bajo un diluvio de granizo y viento, el sexto derriba, embiste bien. Toñete muletea con gusto y mérito, por las circunstancias climatológicas. Mata caído: oreja. Ya lo anunció Bob Dylan: «Una gran lluvia tenía que caer». Y, antes, la Biblia: «Sentados junto a los ríos de Babilonia…»

La Razón

Por Patricia Navarro. Toñete y su feliz diluvio universal

Toñete lo hizo suave, fácil, sobrado… Como si estuviera de vuelta a pesar de que estábamos ante su presentación en Madrid. No pareció. Luego las cosas no rodaron como deben rodar en Las Ventas. El de Conde Mayalde, que era el antagonista en cuestión, tuvo buena condición, pero anodino, sin sumar en las cuentas, pasaba por allí con nobleza e incluso repetición, pero sin transmisión y las buenas condiciones que mostró el novillero se fueron diluyendo por el camino. Y la espada, que se puso en cruz. Lo del sexto fue un más difícil todavía. Al filo de la épica a cada paso por las condiciones tan adversas que se fueron desarrollando. Cayó la mundial de pronto. La tormenta amenazaba en el horizonte. Pero en cuestión de segundos se resolvió en un diluvio universal que a punto estuvo de convertirse en la tormenta perfecta y acabó en un final feliz. Pasando por la épica. No hubo otra. A Toñete le tocó demostrar sus muchas ganas de ser torero y hacerse fuerte ante las dificultades. En los minutos que fueron desde que salió el sexto novillo por toriles hasta que comenzó el último tercio, el ruedo era un auténtico barrizal que acabó siendo una piscina. No importó. Le llovía sobre la cara casi con la misma intensidad que el entusiasmo. Aprovechó la nobleza del toro, que se dejó hacer, dejó muletazos rotundos por ambos pitones, verticales y con buen concepto y se tiró a matar de verdad. La misma que tuvo todo. El premio fue de oro. Ganado. Y mojado. Dio la vuelta a un tarde que había entrado en desconexión.

Alfonso Cadaval estuvo serio con un segundo que transmitió mucho, porque repetía y tenía carbón. No era fácil. De rodillas comenzó la faena y seriedad imprimió de principio a fin. La pre tormenta comenzó en su faena al quinto, con remolinos de viento, que hicieron muy complicado el toreo. Fue noble el toro, menos mal, pero la faena no acabó de despegar.

La desconexión real había ocurrido en el cuarto. Pablo Atienza se fue a portagayola a ganarse el todo por el todo y fue novillo bueno después de Conde de Mayalde, pero se cortó la comunicación entre las partes y la faena no conectó y pasó con discreción. Firme se había mostrado con un primero que colocaba muy bien la cara, pero se rajó antes de lo deseado. El final feliz fue bajo la lluvia… ¡Qué lluvia! Tormenta tropical.

Madrid Temporada 2018.

madrid_210518.txt · Última modificación: 2020/03/26 12:26 (editor externo)