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Plaza de Toros de Las Ventas

Viernes, 25 de mayo de 2018

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Núñez del Cuvillo

Diestros:

Juan Bautista: de azul marino y oro. Estocada (silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada en la suerte de recibir (saludos).

Alejandro Talavante: de plomo y oro. Gran estocada (dos orejas). En el quinto, dos pinchazos y estocada (saludos). Sale a hombros.

López Simón: de azul cobalto y oro. Pinchazo y estocada (oreja). En el sexto, estocada (oreja). Sale a hombros.

Destacaron: Talavante desoreja a “Cacareo”, y López Simón da una tarde de auténtico coraje y pases una oreja de cada uno de su lote, en un festejo con la climatología adversa. Buen encierro de Núñez del Cuvillo.

Entrada: 22636 espectadores

Imágenes: https://t.co/MapsPIxk7U

Video:http://www.movistarplus.es/video/san-isidro-25-05-2018?id=20180525230846&p=1

Crónicas de la prensa

Portal Taurino

Por Alberto Bautista.

Doble puerta grande en Las Ventas

Tarde grande en Madrid. Alejandro Talavante logró su cuarta puerta grande en Las Ventas tras firmar un auténtico alboroto al segundo de la tarde en una labor de entrega total. Encomiable en la muleta fue el toro de Cuvillo con el que bramó Madrid al compás del extremeño quien pechó frente a un toro de buen tranco y de encomiable transmisión. En banderillas puso en aprietos a Trujillo, y fue Talavante el que le salvó de la cogida. La difícil facilidad una vez más. Brindó al compañero convaleciente Paco Ureña, y comenzó una entregada faena sobre ambas manos breve cuya virtud fue claramente la nobleza y la movilidad.

El inicio de la labor con doblones por bajo sucumbió a los tendidos frente a un toro que respondió siempre humillando y llevando la embestida muy sometida. Fue tras ese inicio, cuando Talavante logró mantener una faena para la hemerotca con tandas entregadas y el alboroto para la posteridad. Dos orejas, la segunda excesiva pero una faena de magia y composición, con el sello personal del extremeño. La magia del toreo.

A la salida del quinto el estado del albero hacía intuir lo peor pero las cuadrillas decidieron continuar con el festejo. Saltó un colorado de armónicas hechuras con el que Talavante se estiró toreando de capa. En la muleta tuvo clase y nobleza pero carecía de la transmisión del segundo. Tres tandas prendieron la mecha, pero el falló a espadas - dada el estado del ruedo- lo dejaron todo a medio camino. Era lo de menos, porque Talavante ya había dejado su sello personal de empaque y torería en una feria para enmarcar. Tres tardes, tres orejas y una puerta grande, que por encima de trofeos conforman su evolución, magisterio y estado de gracia.

A Talavante le acompañó un Lopez Simon, que recordó en muchos momentos al Alberto de 2015. Asentado, con quietud con la inteligencia precisa y el estoico valor que le aupó al cetro del toreo hace ya tres temporadas. De la mano de Curro Vázquez el de Barajas va quemando etapas de engrandecimiento personal y de sueños. Su segunda comparecencia en San Isidro fue de auténtico infarto, y una vez más saliéndose por los fueros.

Una oreja de Ley cortó del sobrero de Conde de Mayalde inválido y rajado, con el que se fajó y cobró a Ley. Dos feísimas volteretas - la segunda espeluznante cuyos segundos se hicieron interminables, fueron los argumentos de peso para que el de Barajas a base del estoico esfuerzo, se pusiera de manera entregada a ligar tandas de mucha despaciosidad y mano baja. Otra vez más, el López Simón de 2015. Labor de infarto y de enfermería que fue rubricado con una estocada de rápido efecto. El público en pie.

Otra arrampló del sexto, tras una faena de disposición y constancia como bases principales de una actuación que contó en todo momento con el refrendo en los tendidos. Despachó al jabonero de una estocada - desde muy largo asemejándose a Manzanares, y aunque la estocada cayó baja el efecto fue fulminante asomando los pañuelos.

Por su parte Juan Bautista volvió a poner en entredicho una tarde más, su currículum francés de gloria y champagne y fue el convidado de piedra de la tarde. Al primero le dejó una faena anodina con el que abusó del pico, y se pasó gran parte de la labor entre enganchones y trapazos. Emergió la lluvia y el público no le dio importancia a la actuación, con el que fue silenciado. En el cuarto, otro Cuvillo serio por delante y astifino, tiró pases en medio de una tromba incesante de agua entre las embestidas desclasadas de su oponente. Faena de tiralíneas de cara a la galería sin exponer nada, y con una sola tanda de empaque y precisión. El público abandonaba los tendidos en vista de la que caía y el francés saludó una ovación.

Viernes 25 de mayo de 2018. Plaza de toros de Las Ventas (lleno en tarde lluvia copiosa y entoldada. 22.636 espectadores). Feria de San Isidro - décimo octava de abono. Corrida de toros de “Núñez del Cuvillo” (3º bis Conde de Mayalde) - desiguales de hechuras pero de buen juego en líneas generales a destacar segundo y sexto - (deslucido el primero, de extraordinario tranco el segundo, manso con peligro el tercero, manejable el cuarto, noble el quinto y con transmisión el sexto) para Juan Bautista de azul marino y oro (silencio y ovación con saludos), Alejandro Talavante que sustituyó a Paco Ureña de verde manzana y oro (dos orejas y silencio) y López Simón de azul marino y oro (oreja y oreja). Alejandro Talavante donó sus honorarios a una asociación benéfica de Extremadura por determinar.

El País

Por Antonio Lorca. Talavante y López Simón, por la puerta grande

Se acabaron las penas. La feria de San Isidro ya tiene la foto del triunfo: dos toreros por la puerta grande. ¡Viva la tauromaquia!

Y se confirma el peor pronóstico: la plaza de Madrid ha perdido el norte; inutilizada la exigencia, desaparecido el toro bravo y encastado y menospreciado el torero heroico, se imponen el público farandulero, el torete artista y el diestro de inspirada concepción.

Pero ahí queda para la historia la gesta de un Talavante embrujado y un López Simón vapuleado, en una tarde tormentosa y lluviosa, que no hizo más que aumentar la generosidad extrema de unos tendidos bondadosos.

Pero las cosas como son: Alejandro Talavante —que estuvo ausente con el capote toda la tarde— es dueño de unas muñecas prodigiosas, posee un altísimo sentido del temple, una muy notable inspiración artística y derrocha embrujo, creatividad, personalidad.

Su comienzo por bajo, al segundo de la tarde, la rodilla flexionada, arrastrando la muleta en cada encuentro, largo y templadísimo cada uno de ellos, y el toro embebido en el engaño, fue todo un monumento a la torería.

A continuación, un par de redondos y, por sorpresa, un cambio de manos sin solución de continuidad del que apareció un natural milagroso, a paso de palio, eterno, circular, sobrenatural… Y hubo dos tandas más con la zurda, una de ellas a pies juntos, de alta tensión. Mató de una estocada y el paseó las dos orejas.

El problema es que hubo un pequeño detalle que no debe pasar inadvertido: el toro era un animal justito de trapío, manso en el caballo y que desplegó en la muleta una bondad infinita, como un corderito, de docilidad perruna. No hubo sensación de riesgo en momento alguno y aún no se sabe por qué este público tan dadivoso no pidió el indulto.

En dos palabras, para que haya toreo debe haber un toro. Y la conjunción de un animal que imprima respeto y torero poderoso y artista es el germen de la emoción profunda que este viernes no ha existido. El quinto, otra pera almibarada, pero el toreo del extremeño fue de baja tensión.

López Simón llegó a su segundo compromiso en esta feria en horas bajas, y ha tenido las agallas de cambiar el curso de su carrera. A cambio se llevó dos volteretas impresionantes, pero ha recuperado la confianza.

Inseguro, precipitado y con las ideas poco claras se le vio al inicio de faena al noble sobrero del Conde de Mayalde. Un pase cambiado a mitad de su labor fue la antesala de la mejor tanda de redondos de toda su actuación; y, a continuación, con la muleta en la izquierda, una voltereta inesperada y una tremenda paliza de la que salió conmocionado. Con el público a favor, pasional y un poco alocado el torero, aún trazó estimables redondos antes de volcarse materialmente en el morrillo del toro y conseguir una gran estocada de la que salió otra vez por los aires.

Otro torete bueno fue el sexto y López Simón vio entreabierta la puerta grande. Animoso y templado fue el inicio por bajo y aprovechó las excelentes condiciones del animal para protagonizar una irregular y deslavazada labor, quizá, con más cantidad que calidad, pero emotiva y entregada. Mató bien y paseó el pasaporte del éxito. Si al torero le sirve para encaminar el futuro, bienvenido sea, pero tampoco fue lo suyo de puerta grande.

Y Bautista interesa poco, esa es la verdad. Le sobra el oficio, pero su toreo es mudo. Cayeron las primeras gotas durante el último tercio del primer toro y la gente no le hizo ni caso. Una tromba de agua le acompañó en el cuarto, intentó captar la atención de los espectadores, pero el agua era abundante y la torería insípida.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Doble Puerta Grande para Talavante y López Simón

El ruedo aún traspiraba la humedad de las tormentas nocturnas, y el cielo oscurecido de nubes negras amenazaba con más. En la arena todavía había surcos de El Juli y Licenciado. Otra torrentera. Alejandro Talavante cogió la sustitución del lesionado Paco Ureña. Y ese gesto de volver a dar la cara en Madrid se lo agradeció la plaza con una calurosa ovación. Núñez del Cuvillo lidiaba su segunda corrida en San Isidro. Y Talavante también. Cacareo cayó en sus manos. De tan notable reata en cuvillo. Ensillado o de lomo quebrado, bajo, de buena cara y sobresaliente y templada calidad. Las apuestas tienen recompensa. El toro llegó a la muleta sin notas especiales. Ni en el caballo ni en banderillas, cuando apretó a Juan José Trujillo hasta sacarle el aliento. El quite de Juan Bautista fue providencial. Como la providencia se apareció en el lento clasicismo de Tala. Desde la colococación al embroque. ¡Y la expresión! La faena tuvo prólogo y epílogo calcados. Genuflexa la figura, la embestida en cosida en su derecha. La serenidad como poso entonces y después. En la ligazón y en la despaciosidad. Un cambio de mano convertido en eterno natural catapultó un ole inmenso. Como en aquella lejana tarde de Sevilla de 2007. El toreo diestro pasó a ser zurdo.

Enfrontilado, a pies juntos el inicio de una serie, cargada la suerte siempre, la izquierda talavantista fluía con delicioso compás. La reunión bellísima de quien se embraguetaba en cada lambreazo. Como si la cintura fuera a partirse siendo junco en su verticalidad. No había arrebatos ni camisas rotas. Ni guiños a la marabunta. La torería brotaba calma. Íntima. Sólo un golpe para la galería. Mirando al tendido. As usual. Y cobró en dos tiempos la estocada. La plaza se entregó sin el apasionamiento del 16-M. Cuando la petición se frenó extrañamente en la oreja. Ahora no hubo topes y la marea de pañuelos no cesó. La misma serenidad constante de la obra de Alejandro Talavante rindió al palco. Y la Puerta Grande. La quinta de su carrera. Probablemente, la más madura y la menos arrebatada.

A López Simón le devolvieron el toro titular de Cuvillo y le soltaron un sobrero del Conde de Mayalde. Bastorro, grandón, 600 kilos de boyanconas intenciones. Simón cogió el aire a su embestida noblota y dormida por el derecho. La templanza de pronto se rompió en un cambio de mano. El toro se le quedó debajo y lo levantó como a un muñeco. Un palizón terrorífico en el suelo. Los pitonazos silbaban por su rostro. Por el cuello. Por la yugular. Sobre el cráneo, una estampida de pezuñazos. El torero de Barajas quedó maltrecho. Retorcido como un guiñapo. Cuando lo recogieron las cuadrillas, la pálida luz de su gesto doliente asustaba. Por el boquete de la taleguilla no asomaba la sangre. LS consiguió recuperarse para volver al toro. Y seguir por el pitón que se daba. Por el derecho, o sea. La fibra para continuar se manifestó en nuevos redondos que incluso mejoraban lo anterior. Enhiesta siempre la planta. Desistía la embestida de su celo y amagaba con irse a toriles. Era el momento de matar. Pinchó una vez el matador. Que en el siguiente ataque se volcó sobre la testuz. Otro volteretón crujió su osamenta. La emotividad del trance entregó el trofeo al pundonor. Y no sólo.

Cuando Juan Bautista afrontaba su segundo turno, se abrieron las compuertas del cielo. El diluvio universal inundó el ruedo. Bajo la cortina de agua, Bautista trataba al cuarto de Cuvillo. Más fino que el suyo anterior. Tan bruto por fuera como por dentro. Pero este Lincenciado se prestó sin terminar de humillar. Y en esas condiciones todo lo que JB hacía adquiría un mérito tremendo. Bajo sus pies un lodazal; sobre su cabeza, el mar. Tuvo que cambiar la muleta de tanto que pesaba. Pinchó antes de cobrar la estocada. Y saludó una ovación.

Talavante volvió a estar a su nivel con un quinto que se dejó sin excelencias. Sobre un pantano. El acero se encasquilló y no redondeó su gran tarde.

La mejor versión de López Simón con el último. Un jabonero no bonito pero a más. Enganchando las embestidas como nunca. Descalzo sobre un barrizal. Y templado. Estocada y oreja. Otro repoquer de Puertas Grandes.

ABC

Por Andrés Amorós. Talavante y López Simón, por la Puerta Grande bajo el diluvio

Bajo el diluvio, salen a hombros Alejandro Talavante, que corta dos orejas al tercero, después de una gran faena, y López Simón, con una y una, como premio a su valor. Dos toreros por la Puerta Grande de Las Ventas: una estampa insólita y feliz. La emoción del buen toreo nos compensa de la mojadura y de toda la incomodidad. Propician los triunfos los buenos toros de Cuvillo, en su segunda presencia en esta Feria.

Me acompaña, esta tarde, mi amigo Andrés, que, últimamente, se ha convertido en un aficionado entusiasta. Recojo yo, entre comillas, algunos de sus comentarios.

Continúa triunfando en su tierra francesa Juan Bautista pero Las Ventas se le resiste, por la sensación de frialdad que dan sus muy correctas faenas. (He recordado la generalización –injusta, por supuesto– del escandaloso novelista Henry Miller: «Pasión era algo que echaba de menos en Francia»). Lidia con corrección y naturalidad al primero pero «dice muy poco», no conecta con el público. En el cuarto, ya bajo el diluvio, la gente valora el esfuerzo; muletea compuesto y fácil; mata a la segunda, en la suerte de recibir. («Un torero ha de apasionar»).

Lesionado en el campo Paco Ureña, se plantea la difícil papeleta de la sustitución. Es un buen gesto que la acepte una figura como Talavante. Se le recibe con una ovación. En el segundo, se luce con los palos Trujillo. Brinda al ausente Ureña. El toro, bien lidiado, va a mejor. Los doblones iniciales ya entusiasman; el cambio de mano hace que las palmas echen humo; los naturales vuelven loca a la Plaza. («Son naturales derramados, melancólicos»). Con «Cacareo», no ha tarareado, sino logrado el canto grande, como un gallo de pelea. Y mata espléndidamente, despacio: una faena completa, bien estructurada y armoniosa. («Una sinfonía: ha mostrado lo que vale y por qué ocupa su lugar»). El quinto ya chapotea en los amplios charcos. El toro protesta, se desentiende, pero Talavante, sin probaturas, liga enseguida derechazos, manda mucho al natural. Mata a la tercera. («¡Torero bueno!»).

De la mano de Curro Vázquez, intenta López Simón recuperar la primera fila. Logra esta vez un importante triunfo por la vía del valor y la épica. Devuelto el tercero por flojo, el sobrero de Mayalde cumple mejor en el caballo que en la muleta, distraído. Alberto se queda quieto, vertical. («Después de una gran faena, no es fácil…»). El toro lo prende y hace por él; parece estar herido pero se queda en el ruedo; sigue mostrando su valor sereno y mata a tumba abierta, sufriendo una nueva voltereta: oreja. («Ha sido muy dramático. Ha logrado algo importante para él, para su moral»). El sexto, «Galiano» (como los gazpachos manchegos), sale suelto pero va a mucho mejor, no para de embestir. López Simón se dobla bien, muy firme y decidido, lo va metiendo en la muleta, liga naturales y logra la estocada. La gente está con él: la oreja le permite compartir la salida triunfal con Talavante. («Se lo merece, le ha costado lo suyo. También hay que premiar el sacrificio»).

Bajo el diluvio, han salido a hombros por la Puerta Grande dos toreros. Ha demostrado Talavante su calidad de primera figura; López Simón, su estoico valor. A mi amigo Andrés le ha entusiasmado Alejandro y le ha emocionado Alberto: las dos caras de la Fiesta. Mi amigo Andrés es argentino, artista y se apellida Calamaro.

La Razón

Por Patricia Navarro. Talavante y López Simón alcanzan el repóker

Dicen que «el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones». El de la gloria, también. Que se lo pregunten a Alejandro Talavante. Cinco Puertas Grandes en Madrid cinco. Ahí es nada. De otras tantas presume ya también López Simón. La última de ambos, ayer mismo. Había asumido el reto de la sustitución del herido Paco Ureña con un órdago a la Grande. A la Puerta, claro. Había puntuado en la primera de sus tardes isidriles el pacense, pero, bajado el telón a su feria, volvió a izarlo con el mejor de los motivos. Un tercer paseíllo donando sus motivos a los más necesitados de su Extremadura natal. El gesto tuvo recompensa. Un “Cacareo” a la altura de su alcurnia -a otro del mismo nombre y hierro desorejó Morante en Bilbao en 2011- para soñar el toreo. “Directito” a las quinielas al toro de la Feria. Bien hecho y estrecho de sienes, salió suelto del peto y esperó para apretar a la querencia en banderillas. Comenzó en los medios Talavante por doblones. Atacando de verdad al toro, encelándolo. La muleta, muy baja, a un palmo del suelo. Las dos posteriores, en redondo, de buen trazo, mucha expresión. El cambio de mano, sin enmendarse, atornilladas al suelo las zapatillas… Aún está terminando. Larguísimo. Casi circular. Siguió por ese pitón, donde el excelente toro -con fijeza, ritmo y mucha transmisión- aún tenía más profundidad. Hubo dos tandas mayúsculas. Echando siempre los vuelos y enganchando con el toro ya sin inercias, pero con idéntica clase. Otro cambio de mano excelso. Todo muy reunido y con la figura erguida. Pleno de naturalidad. Como la tanda -de seis, siete, muletazos cada una de la faena- con la zurda final a pies juntos antes del epílogo, de nuevo, de rodilla genuflexa. La buena estocada, hundiendo el acero hasta la empuñadura al ralentí; letal. Dos orejas. Con los deberes hechos, Talavante dejó una faena medida a un quinto fuerte, con pecho y serio. Tandas cortas, porque al toro, que soltaba además la cara, le costaba a partir del tercer muletazo, pero de nuevo con pureza y calando en el tendido. Meritorio también en un ruedo anegado. Pinchó por dos veces y el tercer trofeo quedó en saludos.

Por dos veces nos dejó sin aliento López Simón en el tercero. Le cortó una oreja de cruda épica. Se lo sacó a los medios y, allí, donde más pesan los toros, toreó aprovechando las inercias de un toro con movilidad y nobleza, pero al que le faltó una brizna de entrega en el final del viaje. López Simón, como pez en el agua, se manejó de cine toreando sobre los talones, sin perderle pasos. Hierática figura. Así ligó y ligó. Hasta que en una tanda, se paró el toro a mitad del

embroque y le rebañó con el pitón para echarse a los lomos. Tremenda la paliza, con el toro enseñado con el diestro desmadejado en el suelo, aunque, por fortuna, las astas no encontraron carne. Siguió en la cara y, tras un pinchazo, se volcó sobre el morrillo para hundir la tizona antes de volver a sufrir otra voltereta. La epopeya fue de oreja. Otra más sumó del sexto, tras volver de la enfermería. Encastado el jabonero, otro toro importante, con prontitud y fijeza, lo quería todo por abajo. El de Barajas echó la moneda al aire y buscó el quicio de la gloria corriendo la mano en un trasteo que tuvo emoción y toreo ligado. Fue la clave del éxito. La estocada, algo tendida, fue suficiente para que doblara y la marea blanca de pañuelos le enfilara Alcalá arriba.

Previamente, rompió plaza -entre una lluvia tímida- un colorado atacado de kilos, holgadamente por encima de la tonelada. Le faltó celo siempre. Ni una miga de transmisión. Ni en el quite por delantales de Talavante -para hacerse presente en la tarde- ni en la faena de Juan Bautista, fácil y sin apreturas, faltó mayor reunión, en una faena sin relieve ante el soso “Cuvillo”. Insípido trasteo. En el cuarto, empezó a jarrear. El diluvio mundial. El tercero de lo que va de semana en Las Ventas. Noé habría hecho horas extra. Bautista buscó aprovechar la movilidad manejable, pero sin entrega, del Cuvillo dejándolo a su aire. Cuando le exigió más, en la última serie, el toro respondió y dejó un puñado de buenos derechazos. La estocada, a la segunda, en el sitio y en la suerte de recibir. Saludos. La gloria fue para sus compañeros. Ambos tuvieron mano ganadora. El repóker ya es suyo.

Madrid Temporada 2018.

madrid_250518.txt · Última modificación: 2018/05/25 23:55 por paco

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