Herramientas de usuario

Herramientas del sitio


madrid_300917

Plaza de Toros de Las Ventas

Sábado, 30 de septiembre de 2017

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Puerto de San Lorenzo de desiguales hechuras; extraordinario el 1º; y un sobrero de Santiago Domecq (3º bis)

Diestros:

Miguel Ángel Perera: de tabaco y oro. Estocada perpendicular, atravesada y suelta y dos descabellos. Aviso (oreja). En el cuarto, pinchazo y estocada (oreja). Salió a hombros.

Juan del Álamo: de rioja y oro. Dos pinchazos y estocada casi entera (silencio). En el quinto, estocada. Aviso (saludos).

López Simón: de marfil y oro. Pinchazo, media estocada tendida y descabello. Aviso (silencio).

Entrada: tres cuartos largos

Galería de imágenes:

Video: http://vdmedia_1.plus.es/topdigitalplus//20179/30/20170930215729_1506802014_video_2096.mp4

Crónicas de la prensa:

ABC

Por Andrés Amorós. Miguel Ángel Perera, por la Puerta Grande de Las Ventas con la bandera española

Desde la mañana, todos los que hablan conmigo, por cualquier motivo, comienzan diciéndome su gran preocupación: así estamos… Por las calles de Madrid, veo a mucha gente, camino de la manifestación patriótica, enarbolando la bandera roja y gualda o envolviéndose en ella, como símbolo de libertad y de respeto a la ley. ¿Les hará algún caso la alcaldesa a estos madrileños? No lo espero. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Muchos no querían ver lo que venía, se hacían ilusiones; otros no lo han sabido evitar. No aprendemos y todos lo vamos a pagar. ¿Habrá que llegar hasta «el fondo del vaso» para que se reaccione?…

Por la tarde, varias veces corea el público de Las Ventas el grito espontáneo de «¡Viva España!» Con la bandera roja y gualda, sale a hombros Miguel Ángel Perera, después de cortar una oreja de cada toro. Con el mejor lote, demuestra una enorme seguridad.

Después de una mala temporada, El Puerto de San Lorenzo lidió una gran corrida, en Salamanca. Esta tarde, varios toros (1º, 4º y 6º) mansean pero luego resultan muy manejables, embisten con clase, aunque, al final, se rajan.

Este año, el salmantino Juan del Álamo ha vivido las dos caras de la moneda taurina: abrió (¡por fin!) la Puerta Grande de Las Ventas y vivió, en primera fila, la tragedia de Fandiño. Vive una tarde difícil, ingrata. El segundo blandea pero corta, embiste con brusquedad y busca, por la izquierda. El diestro no lo ve claro en ningún momento. Es un problema de cabeza, más que de valor. El quinto es incierto: sí que embiste pero es pegajoso y algo rebrincado, hay que dominarlo. Juan lo intenta pero no se entiende con él y todo queda a medias. Recuerdo a Gerardo Diego: «Todo en la vida es casi y es apenas…»

Quietud y aguante

Muy irregular ha sido la temporada de López Simón; con los sabios consejos de Curro Vázquez, su nuevo apoderado, debe depurar su estética. El tercero, un sobrero de Santiago Domecq, recibe mala lidia. El diestro le da mucha distancia pero los muletazos resultan destemplados. Todo lo hace a base de quietud y aguante, pasa varios sustos, falta mando. Mata entrando de lejos, a paso de banderillas. El último, muy suelto, barbea tablas pero mejora mucho, en la muleta. Después de doblarse, Alberto se mete en su terreno, con valor, en una faena desigual: sí liga por la derecha. Mata mal y es despedido con cariño.

La apuesta de Perera, acudiendo a Madrid en Otoño, después de una segunda parte de la temporada muy buena, resulta un completo éxito. El primero sale frío pero, en los quites, demuestra su gran calidad. Ambel y Curro Javier ponen a la gente de pie, con una lidia ejemplar. (Decía Eugenio d’Ors: «Sólo una cosa te será contada: la Obra Bien Hecha»). Perera lo entiende a la perfección: reposado, tranquilo, con mucho mando, liga naturales lentos con interminables pases de pecho y circulares completos. Una faena de dos orejas, que se queda en una por la espada. El cuarto da un juego bastante parecido. Es suelto y gazapón pero saca gran nobleza cuando Perera lo luce, llamándolo siempre de lejos, con firmeza y seguridad; lo lleva prendido a la muleta, sin dejarle irse. Aunque pincha, corta otra merecida oreja. Ha tenido el final de temporada soñado. Me cuenta Gonzalo Santonja que su mujer, Verónica, acude a verlo torear: «Está más tranquila en la Plaza que en casa». Y me comenta un vecino: «Cuando ves cosas así, dan ganas de volver a los toros».

Por la Puerta Grande sale Miguel Ángel Perera, exhibiendo la bandera roja y gualda. En días tan negros como éstos, falta nos hacen momentos de alegría, de orgulloso y legítimo patriotismo. Nos hacemos la ilusión de que puede ser una señal de esperanza para lo que representa esa bandera… Dios lo quiera.

Posdata. Bastantes poetas catalanes han escrito sobre el toro bravo; entre otros, el gran pianista Ricardo Viñes, Eugenio d’Ors, Guillermo Díaz-Plaja, Félix Ros, Salvador Espriu, Mario Cabré, Celia Viñas, Lorenzo Gomis, Cristina Lacasa, Enrique Badosa, María del Carmen Feria… Salvo que viajen fuera de su región, los jóvenes catalanes actuales no podrán vivir esta fuente de poesía. Pero sí tendrán que vivir muchas cosas infinitamente peores…

La Razón

Por Patricia Navarro. A Perera le llega su dulce Otoño

Casi es más fácil que te toque la lotería a que una corrida de Madrid comience así. Javier Ambel nos enseñó el toro en el capote. Le abrió los vuelos y el toro de El Puerto de San Lorenzo trepó tras él, se abría. Se presentía aquello. Buenos augurios. Hay días que están en la piel. Se desmonteraron Curro Javier y Barbero y Perera, su matador, estuvo perfecto. Y el toro creció. Así es el toreo. La tauromaquia. Una suma o una resta. Si fluye, si las cosas van a favor del toro, se multiplica aquello, se retroalimenta, viene la magia, el disfrute, el sentido, los matices. Y nos vino todo de lleno. Sin desórdenes. Sin huecos ni espacios en blanco, porque Miguel Ángel entendió al animal en una ecuación perfecta y el temple fue infinito y sobre él sostuvo toda la faena. Plena. Ligada, mandona sin llegar a doblegarle, porque el toro, en el fondo se quería ir, y se fue, pero vencida la faena, antes tuvo franqueza y repetición, y un trasteo tremendo por ordenar. Por ambos pitones lo cuajó el extremeño en un toreo despacioso, hondo, profundo y lento. No faltó una coma. Cada una en su lugar. Por eso, tras la estocada, y a pesar del doble toque de verduguillo, paseó un trofeo.

Tenía la puerta a medio abrir en el cuarto. ¿Cuántas veces ocurre eso en la vida? Muy pocas. Se le veía a Perera consciente de ello. De todo. Y “Tanguistero” vino a entregarle un invierno dulce. Tenía el de El Puerto una prontitud fuera de lo común. Estaba siempre con el torero. Quisiera. O no. No le dejaba respiro. Ni tiempos muertos. Ni reponerse entre tandas. Miguel Ángel cogió esa vereda para el triunfo que además es camino seguro en Madrid. En la distancia larga, muy de lejos, le esperó siempre. Y ahí, después quiso coser los viajes del toro, que ya acudía con otro temple, sin furia, más reposado. Y volvía a la carga casi antes de haber acabado la serie anterior. Un no parar. Perera montó toda la faena, al revés del 99% de sus habituales, en la distancia, interesó en todo momento, aunque quizá faltó un poquito más de rebozarse con el toro más allá de los encuentros furtivos en busca del diámetro perfecto. Un pinchazo precedió a la estocada y la petición de trofeo fue mayoritaria. La Puerta Grande de Madrid para Perera. El abrazo para la cuadrilla. La recompensa. Las mil vueltas del reloj en busca del pase perfecto, la hora y el día en que la conquista volviera a hacerse realidad.

Juan del Álamo lo tuvo imposible con el primero de la tarde, un toro peligroso por el izquierdo y que tampoco le importó soltar la cara por el derecho. Un tanque de 633 kilos fue el quinto, una enormidad, encastado pero de buena condición. Cumplió De Álamo pero sin salirse del pelotón.

López Simón no acabó de centrarse con un tercero que iba y venía sin grandes alegrías ni tormentos pero otra cosa fue con el sexto, que mansito tenía mucho que torear. López Simón le buscó las vueltas y se las encontró en un toreo cimentado sobre la verdad. No era justo que la espada se le cruzara. En esta travesía del desierto de la vida se había encontrado. A Perera se lo llevaron a hombros, la oscuridad había atrapado el cielo de Madrid. Otra cosa debe ser la gloria, a pesar de que camino de la calle de Alcalá en esa puerta grande le esperara algo cercano a un tormento. Los sueños, de vez en cuando, se cumplen.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Puerta Grande para un inmenso Perera

Venía Miguel Ángel Perera con la hierba de la madurez en la boca. Y la ambición incontenida de coronar en Madrid una remontada monumental. Desde finales de julio. Cuando la agenda casi en blanco se fue llenando de contratos, sustituciones y glorias. Golpe a golpe, verso a verso. Azpeitia, Huelva, San Sebastián, Albacete, Salamanca… Todo estaba en juego sobre el tapete de Las Ventas. Hay una justicia poética que no siempre funciona, pero que ayer quiso colocar a “Caracorta” en el destino de Perera. Un regalo divino que Miguel Ángel agradeció con una faena memorable. De Puerta Grande si la espada no se interpone en el camino con una trayectoria -perpendicular, atravesada y suelta- sin muerte. El descabello redujo a una oreja de categoría el hondo temple de una obra magna.

“Caracorta”, que apareció en el ruedo con sus cuajadas hechuras dibujadas por el lápiz de la armonía, se desperezó frío y apático. Cuando abandonó el caballo con cumplida corrección, ya se intuyó su lenta calidad. MAP la cató en un quite de despaciosas tafalleras que se intercalaba con las chicuelinas de pulso. La media verónica cayó con la cadencia de sus muñecas. Como respuesta Juan del Álamo que se había atrevido también por el palo de Chicuelo.

Javier Ambel enseñó la calidad de la embestida en una lidia exacta, y Curro Javier se enseñoreó sobre los palos. Como teloneros del concierto que habría de surgir, lo bordaron.

Miguel Ángel Perera lo vio nítido, brindó al público y se puso a torear. A torear de verdad. La mano derecha inició suave la partitura y enseguida explotó a cámara lenta toda la profundidad ligada de la tauromaquia pererista. Extraordinaria la frondosa serie de cinco y un eterno pase de pecho. A la que siguió otro repóquer cosido a un cambio de mano interminable. Cuando sonó la hora de la izquierda, tres series fueron creciendo en la bamba su muleta como una marea de naturales inmensos. La tercera sublimó el toreo: la muleta a rastras, ralentizada como una llama constante, inacabable el incendio. La cintura y el cuerpo entero de Perera se iban con la majestuosa manera de planear de “Caracorta”. La clase y la profundidad, que ya está escrito, como una sola escultura. Cuando el torero en plenitud de Extremadura, apostó por la ligazón extrema como despedida fundió en una pieza la trinchera, el circular, ese circular que cogía al superlativo toro El Puerto y lo soltaba en el más allá. Del trance, un tropiezo, un revolcón, un ¡ay! entre tantos oles. Costó cuadrar la suerte y la muerte. La colocación del acero y el susto de “Caracorta” que huyó a esperar la cruceta a la puerta de toriles. Que un asunto de matarifes cerrase la Puerta Grande raya la crueldad. Pero así fue.

No definitivamente, pues en el cuarto Miguel Ángel Perera dictó una lección de distancias y superioridad incontestables. Desde la impactante obertura de péndulos increíbles. Un lío mayúsculo. Los muchos metros con los que Perera lució la buena condición del toro lo mejoraban. Aquella velocidad la reducía en su jurisdicción. La seducción del temple, del poder de su mano derecha, la conexión de hacerlo todo por abajo y en un palmo de terreno. A izquierdas la embestida se abría como anunciando el final rajado que luego sería. No era cosa de la colocación del torero, como los más listos denunciaban a voz en grito. La coda ligada a ultranza disparó de nuevo la catarata de pasión. Un pinchazo y una gran estocada. La oreja, llave de la salida a hombros, hacía justicia a la inmensidad de Perera.

El resto de la tarde se resumió pronto. Juan del Álamo se desdibujó con un toro dañado y orientado. Pero se recompuso con un torazo de 633 kilos.

López Simón fue voluntad y tesón con un viejo y montado sobrero de Santiago Domecq que, por pura morfología, no descolgó nunca en su vulgarón comportamiento.

madrid_300917.txt · Última modificación: 2017/10/01 19:01 por paco

Herramientas de la página