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Real Maestranza de Sevilla

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Jueves, 1 de mayo de 2014

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Montalvo, bien presentados con diferente juego, bravos y encastados en general. Pitado el primero, aplaudido en el arrastre el cuarto.

Diestros:

Antonio Nazaré. Estocada atravesada y baja (silencio); pinchazo, estocada (saludos desde el tercio).

Juan del Álamo. Pinchazo, metisaca, pinchazo, estocada tendida, aviso, descabello (saludos desde el tercio); estocada (saludos desde el tercio).

Diego Silveti. Pinchazo, estocada tendida (silencio); estocada (silencio).

Presidente: Fernando Fernández-Figueroa.

Tiempo: soleado y agradable.

Entrada: media plaza.

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Crónicas de la prensa:

Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Comenzó la Feria 2014, con calor como estaba previsto y con media plaza escasa. Hoy se han comprobado dos cosas fundamentales de esta Feria: La bajada real del abono, que se nota especialmente en los tendidos 4, 5 y 7. Y que habiendo cientos de miles de turistas, nacionales y extranjeros, en las calles -ha sido el día de más turistas del año- a casi ninguno le ha dado por ir a la Maestranza a ver una corrida de Feria, para un día que pueden. Eso es así, porque el cartel era atractivo, como los de preferia de otros años. Buena corrida de Montalvo, seria, grande, bien hecha, varios cinqueños. Alguno se rajó pero hubo varios que se dejaron y algunos que lucieron embestida y codicia. Antonio Nazaré tuvo el peor, el primero, y otro noble y templado al que instrumentó bellísimos naturales, pero marró con la espada. Juan del Álamo, dispuesto toda la tarde, gustó mucho en su presentación en Sevilla. Poderoso, de trazo largo de muleta, decidido y capaz, también estropeó un triunfo -que tendrá en esta plaza- con la espada. Diego Silveti pasó por Sevilla una vez más. Aunque se ha criado taurinamente por aquí, evidencia mucho en su toreo las diferencias con el toro mexicano. A lo mejor, el día que se adapte…En fin, que la corrida estuvo bien, no nos aburrimos, aunque pudo ser más triunfal. Y hubo poco público, de lo que, aparte de los del abono, no se le puede echar la culpa al G-5.

Lo mejor, lo peor

Por Sandra Carbonero

Lo mejor: De Salamanca a Sevilla. Hoy ha comenzado por fin la Preferia en la ciudad hispalense. La Feria de la Juventud (como la denominó Pagés) que empieza a dar sus frutos. La espada ha sido el condicionante para que ni Juan del Álamo ni Antonio Nazaré remataran la tarde con triunfo. El salamantino ha dejado una gran sensación. Lástima que no podamos disfrutar de él otra tarde esta Feria, pero seguro que cuando vuelva en San Miguel se le esperará con ilusión. Del Álamo ha ratificado todas las expectativas y esperanzas que hay en él para esta temporada. Estuvo muy firme con el exigente segundo. Lo mejor llegó al natural. Tres series con mucho gusto y mérito terminaron de convencer a la Maestranza. El quinto se rajó demasiado pronto, dejándonos con la miel en los labios. A Nazaré no le dio opción alguna el que abrió plaza, pero al cuarto lo toreó con mucha profundidad. El público de Sevilla le empieza a exigir y en otro momento, tras el pinchazo, hubieran aflorado los pañuelos. Silveti dejó algunos detalles de su toreo mexicano, pero le faltó apretar.

Lo peor: En el recuerdo siempre. Es imposible en un día como hoy, 1 de mayo, no concluir cualquier artículo o crónica sin dedicarle unas palabras a un torero de plata eterno como es Montoliu. 22 años después sigues presente en Sevilla y entre la afición. No hubiera estado de más haber guardado un minuto de silencio en recuerdo y homenaje.

Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Álamo, frescor de savia nueva

Bajo un sol primaveral cuyos rayos amenazaban con el duro verano en el asfalto de Sevilla y media entrada en los tendidos de la Maestranza, la imagen de Juan del Álamo, cuyas raíces toreras han crecido en expresividad artística, fue lo más significativo de lo acontecido en la arena dorada de la Maestranza, en la primera corrida del ciclo continuo de la Feria de Abril. La corrida de Montalvo, en conjunto bien presentada, con distintas dosis de mansedumbre en los primeros tercios, estuvo marcada por la nobleza en la muleta.

Juan del Álamo, frescor de savia nueva, quien ya sorprendió por su enorme valor desde su debut, toreó con seguridad y belleza y cuajó la mejor faena de la tarde, jaleada y aplaudida por el público; pero que no remató con la espada, por lo que no ganó premio. Una oportunidad partida, quebrada, por ese rayo acerado de la tizona. El colorao segundo, bien armado, con cuajo, mansote en los primeros tercios acometió con buen tranco en la muleta. Del Álamo se había lucido a la verónica en los lances de recibo. Y comenzó con la franela, de largo, citando con la dietra para una serie de hasta cinco muletazos ligados al de pecho. Otra más en ese son y saltaron los sones de un pasodoble.

El público comenzó a vitorear los muletazos del salmantino, quien con la mano izquierda se recreó en una serie de mano baja y otra con naturales suaves. Tras un buen cierre, genuflexo, alargó más la faena y le costó una barbaridad cuadrar al toro. Hubiera sido faena de premio, al menos de un trofeo, si ejecuta bien la suerte suprema. Entró de largo y con agallas, pero tras un metisaca, precisó de un par de pinchazos, una estocada y un descabello. El posible premio se esfumó. El público, contento, le tributó una fuerte ovación.

Con el quinto, manso y noble, Del Álamo anduvo listo, recogiendo al toro con toques cuando buscaba la querencia. De nuevo sonó la música, que cortó por lo sano cuando el toro se rajó totalmente y entableró. Aquí, mató de manera impecable al primer envite. Antonio Nazaré se las vio en primer lugar con un castaño bien armado, bajo y largo, que tras un primer tercio en el que se entregó mucho –lo picó muy bien José Antonio Flor–, sangró en exceso y se apagó de inmediato, prácticamente en el inicio de una faena iniciada con una buena apertura.El cuarto toro, de pinta negra, también bien armado, derrochó nobleza. El diestro nazareno, en los medios, comenzó con tres buenas tandas diestras, aplaudidas. Se arrancó la música. Con la zurda alargó los muletazos y logró una serie al natural de nota. La faena no llegó calar totalmente en el tendido y fue ovacionado.

Diego Silveti también anduvo en esa línea correcta, aunque le faltó más intensidad a su quehacer. Con el noble tercero, el trasteo resultó porfión, destacando una tanda diestra. Ante el que cerró plaza, manso, pero manejable, Silveti, tras dos péndulos marca de la casa, realizó una labor estimable, pero que no llegó a redondear. Logró lo mejor con la izquierda; siendo cogido por el ese pitón y continuando el torero al natural.

ABC

<img src="http://www.portaltaurino.com/images/criticos/fdo_carrasco.jpg"/>Por Fernando Carrasco. Juan del Álamo cae de pie en la Maestranza

El salmantino Juan del Álamo, que ha hecho su presentación en la plaza de toros de Sevilla, ha sido el diestro más destacado del tercer festejo del abono y primera corrida del ciclo continuado. Ha podido cortar la oreja del encastado segundo, al que le ha realizado una faena de mucho peso, pero el fallo a espadas ha dejado todo en una gran ovación.

También ha estado bien, aunque sin terminar de rematar, el sevillano Antonio Nazaréante el cuarto, el toro más bonancible de la corrida de Montalvo. Ésta ha tenido trapío y tres de ellos, al menos, han servido para el triunfo.

Nazaré se ha estrallado con su primero, el toro más parado de toda la tarde. Un «tío» de 598 kilos con el que el de Dos Hermanas sólo ha podido mostrar ganas, puesto que se ha quedado siempre a mitad de las embestidas.

El cuarto ha sido un astado con cadencia en sus embestidas y con nobleza. Ha brindado al público y hasta mediada la faena Nazaré no se ha sentido a gusto de verdad. Antes, algo acelerado y sin embraguetarse del todo. Los mejores momentos los ha dejado toreando al natural, asentado y con clase. Un pinchazo previo a la estocada ha dejado todo en una ovación. Muy buen corte

Buena disposición de Juan del Álamo nada más abrirse de capa ante el segundo, un señor toro con más de cinco años al que le ha dejado un ajustado quite por chicuelinas. Luego, centrado, ha aguantado mucho las embestidas del animal, que ha querido huir, y la faena ha ido a más siempre, con series ligadas y despaciosos muletazos, sobre todo al natural.

Faena de mucho peso, alargando siempre la embestida y rematando con ajustados pases de pecho o trincherillas abrochadas, así como los remates por bajo finales. Una pena que haya pinchado hasta en tres ocasiones porque tenía la oreja en la mano.

Al quinto lo toreó con gusto a la verónica y el comienzo de faena ha tendio mucha enjundia. Le ha dado siempre sitio y el de Montalvo se ha tragado tres series diestras. Al tomar la pañosa con la zurda «ha cantado la gallina» el animal y se ha rajado. No ha podido hacer más.

Diego Silveti ha estado aseado y pulcro con su primero, que se ha desplazado con nobleza pero al que no le ha cogido la medida ni el ritmo. Faena de altibajos, algo parecido ante el sexto, un toro soso que ha ido a menos, como el trasteo del mexicano.

ABC

<img src="http://www.portaltaurino.net/archivos/18961328200600.png"/>Por Andrés Amorós. La ocasión de los montalvos en Sevilla

En este 31 de abril -dicen, con guasa, algunos sevillanos- comienza la serie continuada de corridas de toros de la Feria de Abril. Con un gesto de responsabilidad que le honra, Enrique Ponce ha anunciado que reaparece de su grave cornada en Sevilla, el sábado.

Muchos toreros van a disfrutar de una oportunidad única: van a matar, en la Maestranza, una corrida elegida para las figuras. ¿Sabrán aprovecharla? Sólo de ellos depende. Vuelven a esta Feria los toros de Montalvo. Lucen excelente presentación; son serios, astifinos y, en general, nobles.

Se luce Antonio Nazaré en verónicas y buenos ayudados en el primero pero el toro se para por completo: nada que hacer. El cuarto, muy incierto en los primeros tercios, rompe a muy bueno. Nazaré luce su buen gusto en naturales que hacen sonar la música pero no «revienta» por completo la faena. Mata a la segunda y todo se queda a medias.

Se presenta aquí como matador el salmantino Juan del Álamo. El segundo va largo, un poco a regañadientes. El diestro, muy firme, liga buenos derechazos, traga al natural. Dos remates por bajo, muy toreros, levantan el entusiasmo. Tiene la oreja cortada pero no lo ve claro al matar. Un toro así, en Sevilla, ¡hay que matarlo bien! El quinto también tiene casta y largo recorrido. Juan enseguida hace sonar la música: lo engancha por delante, corre bien la mano. Otra vez se ve venir el triunfo pero el toro se raja y todo se difumina. Esta vez sí logra la estocada: ¡eso, en el otro!

El mexicano Diego Silveti suscita simpatías por pertenecer a una ilustre dinastía pero no tiene su tarde. En el tercero, el trasteo, voluntarioso, no remonta. Intenta justificarse con valor en el último, manejable. Lo recibe con cambiados, muletea sin el mando necesario, es prendido sin consecuencias en un natural. Se tapa con la espada.

Antonio Nazaré sigue apuntando sus buenas cualidades pero debe apretar más. Juan del Álamo deja buena impresión pero tendría que haber cortado el primer trofeo de la Feria. No vuelve a Sevilla hasta San Miguel. Va a recordar esta tarde: ha rozado la ocasión pero no ha llegado a amarrar con fuerza el triunfo…

El Correo de Andalucía

Por Álvaro Rodríguez del Moral. Una buena corrida de toros

Comenzó el ciclo continuado de festejos con un Sol de justicia y un clima más veraniego que primaveral. Y lo hizo marcando la pauta del nuevo universo que puebla ahora los tendidos de la plaza de la Maestranza. Había curiosidad por saber como se comportaría la taquilla en el serial feriado después de las buenas entradas conseguidas en Resurrección y en la novillada de intermedio pero ayer no llegó a alcanzarse la media plaza. Eso sí, aún es pronto para saber si ésa será la constante en los once espectáculos que restan en la cartelería. Lo que sí está claro que la geografía humana que se sienta en los escaños regionalistas del coso del Baratillo ha variado radicalmente de nómina y hasta de esencia. Los tendidos 1 y 3 aún mantienen su propio carácter aunque las bajas son cada vez más sensibles. Algunas gradas y varias posiciones de Sol y Sombra también dibujan las caras de siempre pero los tendidos pares de Sombra no se parecen ni en lo más remoto a su pasado reciente. El ambiente, la propia atmósfera de la plaza ha cambiado. No sabemos si también su carácter tradicional.

Pero hay que volver al toro, única verdad irrenunciable de este hermoso espectáculo que siempre brinda algún contenido. Y fue el toro, abierto en presencia y comportamiento, el que marcó el argumento de un festejo en el que -con o sin los triunfos que se escamotearon- mantuvo siempre el interés. Hubo cuatro ejemplares, casi cinco, que tuvieron un fondo más que interesante. La gente vibró más con la emotividad de la embestida -un puntito rajada- del segundo. Pero no se puede olvidar la templada calidad -algo falta de fibra- del cuarto o el buen aire del animal que hizo tercero. El envío -serio, hondo y cuajado- venía de los campos de Salamanca y estaba marcado con el hierro de Montalvo, uno de las divisas más cargadas de historia de la cabaña brava española y heredera de aquellos toros colmenareños de Martínez que marcaron la carrera del gran Joselito El Gallo.

El nombre del primero, Civilón, recordaba algunas de las aristocráticas reatas que confluyen en la divisa charra y evocaba viejas historias de lumbre y chimenea. Castaño de capa y cuajado como un bloque de granito, se hizo de rogar para traspasar la puerta de chiqueros pero fue el único que no hizo honor a su estirpe aunque no le faltó cierta fibra en los primeros tercios. Antonio Nazaré lo recibió muy decidido con el capote aunque el animal comenzó a echar el freno desde los primeros compases de su lidia. El toro empezaba a enterarse, a pararse en seco y también protestó en el caballo embistiendo como un gato rabioso en los capotes de los hombres del diestro de Dos Hermanas. Lo picó con autoridad y suficiencia José Antonio Flor y terminó de definir por completo sus intenciones en el tercio de banderillas, que afrontó esperando a los de plata.

Nazaré lo sometió por bajo en el inicio pero el toro de Montalvo pasaba sin entrega, enterándose de la película hasta pararse por completo. El diestro de Dos Hermanas aún intentó un infructuoso arrimón pero sólo quedaba matarlo, lo que hizo de un bajonazo que bastó.

Parecía que las tornas iban a cambiar radicalmente ante el cuarto, un ejemplar que mostró su calidad desde que salió por la puerta de chiqueros. Bravo en el caballo, se dejó gran parte de sus fuerzas embistiendo con los riñones en el peto. Hubo dos puyazos que hicieron sangre pero también hubo un tercero, al relance de un quite de Juan del Álamo y con el caballo en retirada, que sobró por completo. Nazaré brindó al público y pudo comprobar la bondad del toro de Montalvo desde los primeros muletazos a pesar de cierto aire rajadito y distraido que no terminó de concretarse.

La faena, templada y elegante, fluyó con suavidad sobre ambas manos pero el motor mermado del animal restó algo de conexión con los tendidos de la plaza, que no llegaron a entrar por completo en la labor del diestro sevillano. A pesar de todo la calidad de su faena siempre fue patente: en los largos muletazos diestros; en los sedosos naturales y en los excelentes remates de cada serie. Un pinchazo inoportuno precedió a una estocada fulminante. Pero apenas había pañuelos y Antonio Nazaré -con gesto de estupor- tuvo que contentarse con saludar una cálida ovación. ¿Qué pasó? ¿Qué falló? ¿Qué clavija faltó por conectar? ¿Habría cortado esa oreja en otro momento, con otro ambiente? Nunca lo sabremos…

Pero la sorpresa de la tarde llegó de la mano del debutante. El diestro salmantino Juan del Álamo llegaba a Sevilla con aura de torero futurible y en trance de lanzamiento. Derrochó ganas de ser y estar y mostró que esos avales pueden servirle para abrise hueco a corto plazo. Para él fue el ejemplar de mayor emotividad del envío de Montalvo, un imponente y astracanado colorao con pelo invernal que fue templado de salida por el capote de su matador. Del Álamo se lo dejó crudo en varas. Lo quería entero para la muleta y el toro evidenció ese castigo aliviado con una embestida vibrante y poderosa que se impuso a los amagos de rajarse. El bicho había roto en la muleta y el diestro charro le enjaretó una primera serie diestra de trazo rotundo rematada con un gran pase de pecho. Fue el inicio de una labor entregada que caló desde el primer momento en el tendido. Pero Juan del Álamo aún no había domeñado por completo la embestida de su enemigo y tuvo que aguantar la brusquedad de las primeras arrancadas antes de relajarse definitivamente en la segunda parte de su importante faena.

Esa segunda y definitiva fase de su labor fue dictada al natural. Hubo hasta tres series de trazo líquido y brillantes remates que terminaron de poner al público en pie. Habría sido el momento de irse a por la espada pero aún prolongó la faena y pinchó antes de agarrar una estocada tendida que enfrió todos los entusiasmos y escamoteó el trofeo. Del Álamo no se arredró y luchó contra la mansa condición del quinto en una esforzada faena que necesitaba llevarle por donde no quería ir sin quitarle la muleta del hocico para evitar que tomara la puerta de su querencia. El torero, inasequible al desaliento, se mostró siempre muy por encima aunque no pudo evitar que se rajara por completo.

Cerraba el cartel el diestro mexicano Diego Silveti que, definitivamente, no tuvo su tarde. El torero azteca sorteó en primer lugar un animal de embestida templada con el que nunca llegó a entenderse. Las lagunas de colocación, los tirones en los muletazos y la falta de compromiso impidieron el acople. La gente se acabó dando cuenta y afrontó la lidia del noble y soso sexto con cierto mosqueo. Silveti volvió a enseñar demasiadas carencias en un trasteo inconexo que certificó su falta de sitio. Cuidado…

La Razón

Por Paco Moreno. A una espada del triunfo

Entretenido comienzo de Feria de Abril con dos toreros, Antonio Nazaré y Juan del Álamo, que dejaron excelentes momentos con las telas, malogrados en ambos casos con los aceros. Pocas opciones le ofreció «Civilón», toro que abrió la Feria de Abril 2014, a Antonio Nazaré. Un animal reservón y falto de raza que acabó parándose muy pronto. El torero de Dos Hermanas estuvo muy dispuesto y porfió mucho en su faena de muleta, que fraguó fundamentalmente sobre la mano diestra. Al menos estuvo seguro y con oficio.

El cuarto tuvo clase y buena condición, más aún en el último tercio. Nazaré lo aprovechó y compuso una labor llena de temple y dulzura, además de inteligencia. Supo administrar los tiempos de respiro para que el animal aguantara. La oreja era segura, pero el pinchazo previo restó méritos. No obstante, excelente labor.

Excelente fue la tarjeta de visita de Juan del Álamo en su presentación en La Maestranza. Se lució a la verónica en los de recibo a su primero y en un quite por chicuelinas. Importante, luego, con la muleta. El toro, con buenas hechuras para embestir y aleonado, tuvo raza y se desplazó con vibrantes acometidas. El mirobrigense se lució primero en tandas de derechazos y después con la zurda. Conectó muy pronto con los tendidos merced a su firmeza pero, sobre todo, por el temple y mando que aplicó a la lidia, salpicada de finos adornos. Lo estropeó con el manejo de la espada. Curiosamente, al quinto, le recetó el volapié que faltó antes. Ahora, por desgracia, su faena tuvo un primer tramo muy interesante con muletazos en redondo largos y profundos, pero luego el animal se rajó y no pudo lograr el triunfo.

Silveti sorteó un tercero con nobleza y cierta movilidad, pero le faltó chispa. El azteca se intentó adaptar a la condición de la res y planteó la faena con suavidad y temple. Faltaba la emoción necesaria. Estuvo bien, sin apreturas, pero no levantó el vuelo. El trasteo al sexto, que se dejó hacer sin codicia ni emoción, tuvo buenas trazas. Tampoco rompió la faena, pero el diestro de dinastía volvió a estar aseado.

El Mundo

Por Carlos Crivell. Notable regreso de Montalvo a Sevilla

La vuelta de Montalvo a Sevilla casi una década después se saldó con la dignidad de una corrida de toros impecablemente presentada, de juego variado y con varios toros con las orejas colgando. Así se viene a una plaza de toros de la categoría de la Maestranza. De entrada, las hechuras. Una seriedad que se acompañó de un juego variado con algunas reses de calidad.

El aficionado cabal comprendió bien al salmantino Juan del Álamo. El primero de su lote exhibió casta. Álamo se colocó bien, abrió el compás muy despatarrado y trazó el camino a seguir por el de Montalvo, que se comía la muleta. Tres tandas con la derecha, dos con la izquierda y una más con la diestra con mayor arrebato. Los remates por bajo con trincherillas resultaron muy bellos. El torero acertó a fijarlo a su muleta cuando el animal amagó con irse a las tablas. Era una faena de premio que se perdió en varios pinchazos.

El otro toro de la tarde fue el cuarto, de mayor clase, de menos casta que el segundo, pero mucho más templado en sus embestidas. Antonio Nazaré estuvo torero y elegante en una labor muy templada por ambos pitones, pero que no acertó a contar bien al tendido.

El mexicano Diego Silveti también tuvo toros para el triunfo. Al tercero le dio muchos pases, todos correctos, pero sin enfadarse. El mismo Silveti tuvo alguna posibilidad con el sexto, animal quebrantado en una voltereta y que embistió de forma cambiante dentro de un fondo de gran nobleza. De nuevo fue Diego un torero sereno, elegante en las formas, aunque muy poco expresivo.

Además de todo esto, el primero fue el garbanzo negro y Nazaré se lo quitó pronto de encima. Álamo tropezó con un toro rajado en quinto lugar. De nuevo abrió el compás con la derecha y hubo ciertas esperanzas de una faena grande. Todo se hundió con la izquierda cuando ya el toro se fue a vivir a terrenos cercanos a las tablas. Para colmo de males, la música cesó en la mitad de una tanda, lo que en Sevilla es un toque de atención, feo toque, pero que indica que las cosas no van por buen camino.

El País

Por Antonio Lorca. Estos toreros no ligan

Habría que preguntarles a Juan del Álamo y Antonio Nazaré si han ligado alguna vez; o, mejor, si saben lo que es ligar, porque a lo peor se jubilan vestidos de luces sin alcanzar el significado de tan importante verbo en el toreo.

Desde luego, lo que han dicho en la Maestranza es que lo desconocen, porque, en caso contrario, ambos hubieran alcanzado un triunfo de época. Lo que puede dar de sí un verbo… Pues, sí señor. Ligar en el ruedo —no parece que sea necesaria tal explicación—, no se refiere a entablar relaciones amorosas, que no es el toro una idílica pareja de baile; ligar es ejecutar los pases sin interrupción y unirlos en tandas largas y palpitantes. Sin ligazón—este es el sustantivo más torero— no es posible la emoción, y sin esta, ya se sabe, no tiene sentido el triunfo.

Otra vez, porque no es la primera, Antonio Nazaré se encontró en la Maestranza con un toro de bandera, el cuarto de la tarde —el primero había sido un marmolillo—, rebosante de nobleza y templanza. Y Antonio, que es un buen torero, dibujó pases de buen trazo y derramó gotas de miel por los labios del público, Pero no ligó tandas preñadas de pasión, no se rompió con el toro, lo hizo bonito, pero no estalló, y, al final, una historia de amor que se presentía maravillosa, murió desgraciada. Era un toro de dos orejas, y el triunfo quedó reducido a una ovación. No tiene perdón este buen torero; que alguien le enseñe a ligar y a romperse. De lo contrario, nunca alcanzará el clímax que toda ligazón persigue.

Compañero del mismo aula parece Juan del Álamo, un torerazo que el pasado año demostró en Madrid que quiere ser figura. Debutaba como matador en Sevilla, y encandiló a los pocos sabios que quedan en los tendidos meciendo los brazos con garbo en las verónicas con las que recibió a su primero. Se ajustó, después, en un quite por chicuelinas, brindó al respetable y se esperaba pelea de postín entre un torero cabal y un toro de encastada nobleza. Muy dispuesto y templado inició la faena, y cerró la primera tanda con un pase de pecho eterno de pitón a rabo. Poderoso, valiente, enrabietado con el triunfo… Pero también demostró que no sabe lo que es ligar. Le pudo la aceleración, le faltó reposo; tres naturales grandes y una preciosa trincherilla, otro dos más, pero no se gustó, ni se sintió, y llegó el desencanto. Hubo buen toreo, pero no esa tanda maciza, que descoyunta el cuerpo y el alma del torero, del toro y del público. Y tampoco estuvo a altura del quinto, otro bueno que se rajó a mitad de faena, aburrido, quizá, de su torero aparentemente conformista. Que no olvide Del Álamo que la suya ha sido una oportunidad de esas que se pierden y no vuelven. Otro animal como ese segundo, que derrochaba calidad de toro bravo, no se le volverá a aparecer en la Maestranza.

Y no se le pueden negar las buenas intenciones a Diego Silveti, pero su concepción torera dista mucho de llegar al corazón de los tendidos. Al menos, eso se constató ayer. Su primero era muy soso, pero no menos que el propio torero; y el sexto iba y venía con nobleza y tras un ilusionante pase cambiado por la espalda con el que inició su labor todo se desmoronó como un azucarillo. Por cierto, Silveti, para no ser menos, tampoco ligó. En una palabra, una buena corrida de toros para toreros a medio gas.

Entre la autoridad y los toreros hubo ayer un olvido imperdonable: se cumplían 22 años de la muerte en esta plaza de un torero llamado Manolo Montoliú. Lamentablemente, no se guardó el preceptivo minuto de silencio, como recuerdo y homenaje. Era el año 1992, viernes de feria, y el primero de la tarde le partió el corazón en el encuentro de un par de banderillas. Descanse en paz.

Toromedia

Del Álamo y Nazaré se acercan al triunfo

El primero de la tarde permitió a Nazaré dar tres o cuatro verónicas de salida y a continuación quedó bastante parado. El torero se dobló bien en el inicio de la faena y sacó al toro al tercio, donde volvió a pararse en redondo. Probó con la zurda pero no tuvo colaboración alguna de un animal que acusó su exceso de kilos. Mató de media baja.

El cuarto no permitió lucimiento con el capote y peleó con bravura en el caballo. La faena del debutante Juan del Álamo comenzó con tres buenas series por la derecha que fueron a más, destacando el temple de la tercera. Sonó la música y hubo una serie más por el derecho que tuvo calidad y otra al natural en la que tragó mucho. Faena interesante a un buen toro que pudo haber acabado en triunfo pero el de Dos Hermanas pinchó antes de dejar una estocada. Ovación.

Bien con el capote Del Álamo en el segundo de la tarde, tanto en el recibo como en un quite por chicuelinas. Con la muleta se mostró muy firme desde la primera serie, teniendo mucho mérito la segunda con mano baja y tragando, y también la tercera. La faena subió de nivel cuando toreó al natural en una primera tanda de mano baja y mando y en la segunda, también muy buena. Perdió con la espada el que pudo ser el primer triunfo de la tarde. Tres pinchazos, estocada y descabello. Ovación.

De nuevo se mostró animoso Del Álamo en el quinto con el capote y de nuevo hizo sonar la música después de dos series con la muleta. En la tercera enceló y recogió bien la ya huidiza embestida del de Montalvo, que ya en la cuarta se rajó por completo, truncando la faena por mucho que el torero lo intentó. Mató de estocada y fue ovacionado.

Silveti estuvo a punto de ser prendido en el quite que hizo a su primer toro. El de Montalvo se dejó y Silveti se sintió más cómodo al natural aunque le costó conectar con el tendido. Lo logró un poco más en una última serie con la derecha, atacando más al toro. Pinchazo y estocada. Silencio.

Silveti comenzó con buen tono la faena al sexto, con pases cambiados por la espalda en los medios y bonitos muletazos por bajo. Cuando hizo el toreo fundamental volvió a tener problemas para conectar, sufriendo un susto al ser volteado cuando toreaba al natural. Siguió intentándolo tanto con la zurda como con la derecha sin conseguir que la faena remontara. Mató de estocada.

La Gaceta de Salamanca

J. Lorenzo. Del Álamo, otra ovación en Sevilla

Juan del Álamo tuvo el triunfo en la mano en el toro de su debú en la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla, donde se enfrentó a un buen toro de Montalvo, al que le realizó una interesante, valiente e inteligente faena que conectó muy pronto con los tendidos. Faena firme, bien trazada y que tuvo buena y rápida conexión. Hubo aromas de torero poderoso y artista. Del Álamo cayó muy bien al público sevillano.

El diestro salmantino alargó demasiado la faena, hecho que no le ayudó para entrar a matar. Tres pinchazos previos a la estocada dejaron sin el trofeo que tenía en la mano. Un descabello más cuando sonaba el aviso fue el anticipo de una sonora ovación que recibió desde el tercio.

Con el primero, un toro de nombre “Civilón”, parado y a la defensiva, Antonio Nazaré nada pudo hacer en una faena breve. Silencio.

No tuvo ni la emoción ni la intensidad la faena al quinto de la tarde de Juan del Álamo en su segundo toro en Sevilla. Un astado de Montalvo, que tuvo un bravo comportamiento en el caballo y que empujó con fijeza y de bravo en el equino.

Mantuvo esa condición en las cuatro primeras tandas, en las que el diestro salmantino corrió la mano baja y con firmeza. Volvía a sonar la música, pero mediado el trasteo de tajo el toro y todas las ilusiones se fueron por el precipicio. A este, lo mató con contundencia de certera estocada, por lo que saludó la segunda ovación en la tarde de su debut en Sevilla como matador de toros.


© Juan del Álamo. Fotografía de Empresa Pagés.

Sevilla Temporada 2014.

sevilla_010514.txt · Última modificación: 2020/03/26 12:14 (editor externo)