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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

Jueves de Corpus, 7 de junio de 2012

Corrida de novillos

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Novillos Montealto (descastados y mansos en general; pitados en el arrastre; 1º, devuelto a corrales por inavalidez manifiesta)).

Diestros:

Sergio Flores. Dos pinchazos, estocada caída, aviso (silencio); pinchazo, estocada casi entera caída (silencio).

Rafael Cerro. Estocada tendida (saludos desde el tercio); media estocada tendida que escupe, pinchazo hondo, aviso, dos descabellos (vuelta al ruedo).

Juan Ortega Pardo. Estocada caída (saludos desde el tercio); media estocada (saludos desde el tercio).

Presidenta: Ana Isabel Moreno.

Tiempo: soleado y agradable.

Entrada: algo menos de media entrada.

Crónicas de la prensa: ABC, Toromedia, Diario de Sevilla, SER, Firmas.

Lo mejor, lo peor

Por Juan Carlos Gil.

Lo mejor: la disposición de Rafael Cerro

El novillero extremeño luchó contra el viento y cierto aburrimiento que impregnó toda la tarde. A pesar de que la tarde estaba de capa caída el chaval tuvo arrestos para plantarse en la puerta de los chiqueros de rodilla. Se llevó una voltereta y se levantó como si tal cosa. Y luego bamboleó los brazos con soltura, temple y empaque en un puñado de verónicas que fueron de lo mejor de la tarde. Con la muleta también mostró una gran disposición y firmó dos actuaciones firmes, decididas en las que destacaron algunos pasajes por con la diestra en el quinto. Como muestra de sus ganas y de su afán por agradar dejó dos bernardinas y dos cambios de mano de mucho gusto.

Lo peor: el viento

Cuando no puede ser, no puede ser y además es imposible. Con el viento soplando fuerte no se pueden ver los novillos ni los novilleros pueden mostrar sus cualidades. Es una pena porque el segundo de la tarde tuvo calidad y temple en la embestida y se desplazó con clase en las telas de Rafael Cerro. A causa del viento, el trasteo se desarrolló en las rayas de picadores y a la segunda tanda se rajó. ¡Qué lástima!

ABC

<img src="http://www.portaltaurino.com/images/criticos/fdo_carrasco.jpg"/>Por Fernando Carrasco. Un Corpus venido a menos

Poca historia en la novillada programada con motivo del Corpus Christi. Una tarde venida a menos tanto por el tipo de festejo —menor— como por lo acontecido en el ruedo, donde los novillos de Montealto, cogidos con alfileres en cuanto a casta, no terminaron de romper. Mejores quinto y sexto, aunque este último se lastimó al principio de faena.

Las ganas del mexicano Sergio Flores el pasado año no se vieron ayer. Está más curtido pero anduvo algo pulcro. Vio cómo devolvían el primero y saludó con verónicas estimables al sobrero. Le dieron en el caballo y llegó al tercio final cabeceando, sin entregarse. El manito estuvo por allí pero allí no pasó precisamente nada del otro mundo. La «mascá» que se llevó al entrar a matar fue de las que duelen.

La cosa no mejoró en el cuarto, que fue a menos en sus embestidas y pareció contagiar a Flores, que vio cómo se rajaba y aculaba su enemigo. Tarde gris del azteca.

Rafael Cerro mostró ganas y firmeza en su lote. Dos largas cambiadas en su primero e inicio de faena de hinojos. Puesto en su quehacer, anduvo con buen son hasta que su oponente cantó su tendencia a rajarse. A partir de ahí, tan sólo la voluntad en pasajes encimistas.

Se llevó un «tarantantán» espeluznante al recibir a portagayola al quinto, que lo arrolló. Enrabietadas las verónicas luego. El astado tuvo más clase que sus hermanos y poderdante de Ortega Cano le adelantó la muleta y corrió la mano. La faena tuvo intermitencias, mejor al natural y quizá le faltó algo más de ligazón. Pero la disposición del chaval fue buena. Lástima de la espada. La vuelta sobraba.

Se presentaba el sevillano criado en Córdoba Juan Ortega. Tiene buenas maneras. Se dobló de forma muy torera ante su primero, que no terminaba de romper. Hubo momentos, al natural, de buen nivel, aunque demasiado aislados. No ayudó mucho su enemigo, cada vez más corto y gazapón. Alargó mucho el trasteo.

El sexto tenía buena condición y así se vio tras la primera serie. Pero se lastimó la hincar los pitones en el albero y ese nivel apuntado ya no pudo seguir. Una pena porque esbozó Ortega buenos naturales pero sin continuidad…

Toromedia

Al mexicano Sergio Flores no le dio tiempo de tantear al primero de la tarde porque fue devuelto tras el segundo puyazo. Ante el sobrero, del mismo hierro, Flores enjaretó una serie de verónicas de buena técnica y cierto temple. El mexicano lo intentó por ambos pitones, pero el viento, que molestó al torero, y la condición del animal, que cabeceaba tras cada muletazo, hicieron que la faena no llegara a más. Fue prendido el mexicano al entrar a matar, por fortuna sin consecuencias. A esta estocada le precedió un pinchazo. Palmas.

Con el cuarto, de preciosas hechuras, Sergio Flores se mostró muy firme en todo momento. Con la pañosa ligó dos series por la diestra de trazo largo y mucho gusto. Por el pitón izquierdo, el novillo protestaba más. El trasteo bajo de intensidad cuando volvió a torear en redondo. Mató de estocada y su labor fue silenciada.

Rafael Cerro salió a por todas en el segundo. Lo recibió con dos faroles y un puñado de verónicas con mucha torería. El extremeño brindó su faena al público y comenzó de rodillas en el tercio ligando una serie con temple y un cambio de manos sobresaliente. Estuvo muy firme en todo momento, toreando con mucho gusto hasta que el novillo terminó rajándose. Mató de estocada algo tendida y fue ovacionado.

El extremeño fue arrollado por el quinto de la tarde en su recibo a portagayola. A pesar del impacto, el novillero se levantó de manera inmediata y buscó al animal para darle una gran tanda de verónicas de bella factura. Cuidó a su oponente en la muleta consciente de su escasa fuerza. Estuvo muy voluntarioso Rafael intentándolo por ambos pitones, pero destacó sobretodo por el izquierdo. Acortó terreno en el tramo final de la faena por bernardinas y falló con la espada. Esto no fue óbice para dar una vuelta al ruedo.

Juan Ortega, que se presentaba ante la afición sevillana, recibió al tercero por verónicas de buena técnica en el centro del ruedo. Con la muleta, el de Montealto, muy desrazado, le ofreció pocas posibilidades de lucimiento. Ortega lo intentó por los dos lados pero la faena no alcanzó vuelo. Mató de estocada certera y fue ovacionado.

El burraco que hizo sexto no permitió que Ortega se luciera con el capote. Al animal le costaba acudir a la muleta por lo que, a pesar de la voluntad del novillero, el trasteo no llegó a mayores. Sólo destacaron un par de naturales al final de la faena que arrancaron los aplausos del respetable. Mató de media efectiva. Palmas de despedida.

Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Rafael Cerro, un torero con calidad

El extremeño Rafael Cerro se impuso con calidad a su lote, de la ganadería de Montealto, que envió un encierro en conjunto bien presentado y de juego deslucido.

Cerro estuvo a punto de conseguir un trofeo del quinto novillo -mansote y manejable- que se esfumó por el fallo con la espada. El novillero realizó una faena en la que prevaleció el gusto ante un toro que se apagó pronto. Apostó fuerte desde el comienzo. Se fue frente a toriles para una larga cambiada de rodillas, de la que salió volteado, quedando todo en un susto. De pie, muy bien en un ramillete de verónicas que abrochó con una media a la cadera. También se gustó en unos delantales. Comenzó su faena en los medios y con la diestra. La primera tanda no pasó de entondada por el viento. Con el animal en las rayas, dibujó otra buena serie. Con la izquierda, hubo mayor calidad. Ligó naturales en una serie que caló con fuerza en el público. Luego, descendió la intensidad, con el animal a menos. A lo largo de la faena, hubo excelentes pases de pecho y bellos y variados remates, como un pase del desprecio, otro de la firma y trincherillas. El epílogo, con unas bernadinas de infarto (por lo ajustadas) elevó la emoción. Se preveía premio. Pero el torero no hizo la cruz -que diría Rafael el Gallo- al entrar a matar y pinchó. Otro pinchazo hondo y dos descabellos acabaron con la posible petición de oreja. Sin embargo, el novillero se marcó una vuelta al ruedo, pese a protestas de varios aficionados de la sombra.

Cerro se las vio en primer lugar con un novillo manejable, con tendencia a tablas. Muy dispuesto, lo recibió con un farol de rodillas y sumó otro, también de hinojos, en las rayas. Faena basada en la diestra. El torero volvió a echarse de rodillas para una primera tanda entonada. Ya de pie, en las rayas, aguantó las dudas del burel, en una serie en la que dibujó templados derechazos. Cerró con otra en la que sorprendió con un cambio de mano. El ejemplar de Montealto se rajó y refugió en tablas. Y todo quedó en una fuerte ovación tras una estocada.

El mexicano Sergio Flores cumplió con oficio ante un lote complicado. Su primero fue sustituido por inválido. Saltó un sobrero del mismo hierro, que resultó incómodo, ya que acometía topando por el pitón derecho y echaba la cara arriba por el izquierdo. Lo mejor fueron los lances de recibo a la verónica. La faena no pasó de aceptable. Y en la suerte suprema: susto de órdago. El animal le pegó un testarazo tremendo al torero, que no afortunadamente no tuvo mayores consecuencias.

Con el descastado y deslucido cuarto, Flores concretó un trasteo porfión e insulso. Sacó algunos muletazos estimables por el derecho. Por el izquierdo era tarea difícil, pues el animal lanzaba tornillazos.

El sevillano Juan Ortega, que se presentaba en esta plaza, supuso una grata sorpresa. Merece la pena verlo de nuevo. Tiene un concepto del toreo muy bueno y apuesta por el temple y la despaciosidad. Ante el tercero, que se apagó pronto y acabó más parado que el caballo de un retratista, ganó terreno a la verónica con buen aire. En el trasteo se alternó algún desarme, con una colada escalofriante y varios muletazos de muy buen corte. Se jugó la vida en una estocada en la que el novillo le puso los pitones en el cuello.

Con el burraco sexto tampoco tuvo una oportunidad clara. El novillo, que humillaba, apenas si tenía recorrido. Ortega, tras una templadísima apertura, dibujó algunos derechazos y naturales lentísimos, hasta que el animal se aplomó.

SER

Por Paco García. Rafael Cerro da la única vuelta al ruedo de la tarde

Desde 1983 no se celebraba una novillada en la Maestranza en la festividad del Corpus Christi y lo cierto es que la de este jueves no va a pasar precisamente a la historia.

Se han lidiado novillos de Montealto, el primero sobrero de la misma ganadería, correctos de presentación y de escaso juego a excepción del potable quinto, que duró algo más.

ergio Flores pechó con un primer novillo, sobrero, manso y flojo que no le dio opción alguna y sí un tremendo susto al cogerlo de fea manera, por fortuna sin consecuencias, al entrar a matar. El cuarto se aplomó enseguida y el mexicano insistió en vano.

Rafael Cerro hizo lo más destacado de la tarde. Estuvo por encima del rajado segundo y aprovechó las potables embestidas del quinto, que duró algo más. A éste lo recibió a portagayola, siendo volteado sin consecuencias, y con la muleta cuajó varias series por ambos pitones, aunque faltó algo de reposo. Bernardinas finales y remates por bajo que hubieran puesto la oreja en sus manos de no fallar con la espada.

El sevillano Juan Ortega estuvo muy dispuesto ante su insulso primer novillo. El que cerró plaza apuntó alguna posibilidad, pero el animal clavó el pitón en el albero en el arranque de faena y se afligió pronto, dejando el chaval algún muletazo estimable con la mano izquierda.

La próxima cita en la Maestranza será el domingo de la semana que viene, día 17, a las 20:00 horas. Se anuncian para la ocasión novillos de El Cahoso para Pascual Javier, Gómez del Pilar y Tulio Salguero.

Firmas

Por Francisco Javier Quintana. Los toros del Corpus en Sevilla. Una cuestión de fe

Hacia 1245 la monja agustina Juliana de Mont Cornillón, devotisima del Santísimo Sacramento, vió mientras oraba ante el sagrario una gran luna llena manchada de negro. Inmediatamente lo comunicó al obispo de Lieja, que de acuerdo con los teólogos de la diócesis interpretó la visión como la existencia de un obstáculo que impedía la contemplación de Dios Sacramentado, por lo que Roberto Thorete, que así se llamaba el buen obispo, ordenó la celebración de una fiesta solemne que permitiera que el Señor se mostrara públicamente ante los fieles.

Algún tiempo después, en 1263, el clérigo Pedro de Praga peregrinó a Roma para pedir ante las tumbas de Pedro y Pablo la gracia de la fe, pues dudaba de la transubstanciación. Antes de llegar a Roma hizo parada en la localidad de Bolsena y mientras celebraba misa en la basílica de Santa Cristina quiso Dios disipar sus dudas: al partir el Pan en la consagración la Hostia manó sangre y manchó los corporales. Inmediatamente intervinieron los doctores de la Iglesia; San Buenaventura, doctor seráfico, certificó el milagro, el Papa Inocencio IV, que había sido archidiácono de Lieja cuando el milagro anterior, instituyó la fiesta del Corpus Chisti y Santo Tomás, doctor angélico, compuso el oficio solemne.

Celebra la Cristiandad católica la fiesta el domingo de infraoctava aunque lo tradicional era celebrarlo el jueves primero después del domingo de la Santísima Trinidad, tradición que mantienen Toledo, Granada y Sevilla, que fiel a la significación del Jueves Eucarístico, celebra también una tradicional corrida de toros en este día. Sin embargo, como Pedro de Praga, los propietarios y arrendatarios de la Plaza de Toros deben estar pasando una crisis de fe taurina y, no atreviéndose a suprimir del todo la fiesta, han decidido que haya función pero con unos celebrantes poco solemnes, más bien baratitos. A pesar de los pesares no han dejado de acudir un buen número de devotos y creyentes, al menos esos que habitualmente asisten a las muchas estaciones de penitencia y alguna que otra función de gloria que tienen lugar en el coso anejo a la capilla del Baratillo. Junto a ellos, una mayoría de gentiles de varias naciones deseosos de comtemplar un milagro que les abra el entendimiento taurino.

Aunque el espítritu anima la fe y la fe mueve montañas, ayer el viento descomponía las telas y los novillos de Montealto fueron flojos, algunos abantos e inciertos, otros tendían a pararse, cuando no a rajarse descaradamente, y solo alguno se movió algo como para decir que valió. Fueron en general bonitos, y aunque hubo algunos chicos hubo otros dignos de una corrida de toros en plaza de segunda, sobre todo el castaño y montado quinto y el burraco sexto. En general, auténticos becerros de oro, falsos ídolos, que fueron derribados por la Ley de la puya, auque precisamente ayer no vieramos ningún puyazo de ley. Repasemos brevemente uno por uno.

El primero era negro axiblanco, bragao, pequeño, flojo de remos y fue devuelto por claudicar en varas. Le sustityó como primero bis un hermano clónico sin morrillo, abanto en los primeros tercios al que dieron mucha leña y salió suelto de la segunda vara, fue incierto en banderllas, de embestida descompuesta en la muleta, gazapón y calamocheante. El mexicano Flores no hizo nada de merito y nos aburrimos mucho, entró mal a matar pinchando dos veces y al tercer intento se llevó un buen tornillazo en el pecho. El cuarto fue un castaño montadito y muy guapo, el de más trapío de la corrida, al que le hizo Cerro un quite por gaoneras. Flores porfió en un intento de faena que el toro, muy descastado, no tenía, colocandose muy bien y todo eso para citar, pero el castañito tenía las patas de plomo. No me acudero que hizo Flores para matarlo, pero si de que yo di tres o cuatro bostezos antes del arrastre.

El segundo novillo se parecía sospechosamente al primero y primero bis, tanto que de llamarse Lázaro aseguraríamos que lo habían resucitado. Recibió dos afarolados de rodillas junto al tercio por parte de Rafael Cerro y salimos de dudas y comprobamos que era otro novillo diferente al ver como se rajaba cuando quiso Cerro torearlo junto a las tablas, pues si aquellos fueron flojos, este simplemete era manso. Se fue Rafael a recibir al quinto a portagallola, no le dió tiempo a mover los brazos y resultó arrollado. Esto siempre pone al público de parte del torero, esperemos que a Rafael no se le ocurra usar el recurso a menudo. Este novillo embestía más que los demás y esto le valió al extremeño para sacarle una tanda de naturales buena pero la faena fue a menos a medida que se apagaban las fuerzas y los chispazos de casta del toro. Se adornó Cerro con bernardinas, mató de media tendida y ya que la caridad empieza por uno mismo se regaló por su cuenta una vuelta al ruedo. El público más relajado aplaudió mucho, para escándalo de los observantes.

Juan Ortega es de Sevilla pero recriado en Córdoba; esto dio mucha conversación durante sus dos faenas, a falta de otras cosas más emocionantes que comentar. El tercer novillo de la tarde era otro de los negros berrendos clónicos, un poco más alto, embestía con la cara a media altura, al paso y lanzaba gañafones. Ortega estuvo ahí tragando y aguantando algún desarme; le reconocemos el valor. El sexto, burraco y con presencia de toro, se quedó sin fuerzas después de un puyazo y de clavar los pitones en la arena sin llegar a completar la voltereta, aguantando todo el peso de su cuerpo sobre la cerviz. En la muleta no pasaba y se quedaba buscando los pies. En fin, que el cordobés sevillano se llevó lo peorcito de lo malo. Mató de un pinchazo delantero y caído.

Finalmente, el milagro no tuvo lugar. Los faltos de fe se fueron decepcionados y aburridos. Los tocados por la gracia volverán, no necesitan milagros, pues creen sin haber visto, perseveran en la fe y esperan que algún día, aunque sea al final de los tiempos, se manifeste el verdadero arte taurino.

Esto es lo que ví y así lo cuento.

Como después de la devoción viene la diversión, nos fuimos a refrescar el gaznate.


©Imagen. Rafael Cerro, vuelta al ruedo/Toromedia.

Sevilla Temporada 2012.

sevilla_070612.txt · Última modificación: 2020/03/26 12:19 (editor externo)