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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

Tarde del domingo, 10 de mayo de 2009

Corrida de novillos

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Novillos de Villamarta (desigualmente presentados, mansos; el 4º fue devuelto a corrales por debilidad manifiesta).

Diestros:

Dámaso González hijo: Media estocada trasera y caía, aviso, 4 descabellos (silencio); pinchazo, media estocada (silencio).

Juan Luis Rodríguez. Pinchazo, estocada entera (oreja); estocada (saludos desde el tercio).

Ernesto Javier “Calita. Dos pinchazos que escupe, estocada desprendida (silencio); pinchazo, estocada (saludos desde el tercio).

Presidente: Gabriel Fernández Rey.

Tiempo: Soleado y fresco al final.

Entrada: Media plaza.

Crónicas de la prensa: El Mundo, ABC.


Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Comenzó el ciclo de novilladas, y no fue con buen pie. Esperemos que sea un buen presagio. Una mansada de horror, del primero al séptimo, puesto que hasta el segundo que fue ovacionado en el arrastre por el público inexperto, fue manso y rajado. Y lo del público es curioso en estas novilladas: es el del abono, pero no es el del abono. Me explico: ocupan las localidades abonadas, pero en más de un cincuenta por ciento son invitados gratuitos de los abonados. El porcentaje de mujeres sube al cincuenta por ciento también. El niño de Dámaso no dice nada y eso que estaba su padre en el callejón y él estaba en Sevilla. El otro de Albacete, un tal Rodríguez, ése sí es bueno. Tiene oficio, calidad, voluntad de agradar y carga la suerte. Cortó una oreja a su rajado segundo a base de embarcarlo en el trapo que no quería y estuvo muy por encima del mansísimo quinto. El mexicano Calita, que lleva Emilio Moreno, tuvo un lote espantoso, peor aún, y nada pudo hacer.Y la cosa duró tres horas, lo que debería estar prohibido y ser un delito, pero alguien lo consiente. Por qué se devolvió al cuarto. Tal vez por su nombre, “Urcolaneto”, porque no encontré otro motivo.


Lo mejor, lo peor

Por Carlos Javier Trejo.

De nuevo, un torero de Albacete llama a la puerta de la Real Maestranza. Excelente imagen la que ha dejado Juan Luis Rodríguez. Sorteó en primer lugar un manso con el que clavó las zapatillas, muy asentado, le dejó la muleta en la cara y le sacó series de estimable calidad. Mano baja mucha inteligencia en el trasteo de Rodríguez, imprimiendo mucho mando a un novillo que siempre se quería ir pero que gracias a la firmeza del joven novillero albaceteño pareció mejor de lo que era en la realidad. Mató tras un pinchazo y cortó una merecida oreja que lo postula para cubrir alguna de las vacantes que aun quedan en el abono. Nos gustaría verle que mejor ganado.

Lo peor de la tarde el ganado, una lamentable mansada de “Villamarta”. Mansos que huían de los trastos de manera escandalosa, idéntico comportamiento de los seis novillos más el sobrero. Parece que ni con las novilladas cambia la tónica vivida los días de Feria. Dámaso González dejó una pobre imagen en Sevilla. Para nada se le veía oficio a este novillero de dinastía que había toreado 40 novilladas la temporada pasada que esconde su chaparrita estatura tras una enorme muleta. “Calita” no tuvo suerte en el sorteó y pechó con el peor lote, voluntarioso y con ganas, poco pudo hacer ante tal material. Feo detalle del alguacil, incomprensible la decisión de obligar al picador (en el 4º bis de la tarde) a dar la vuelta al ruedo casi completa estando en la puerta de chiqueros, provocando un tiempo muerto que no beneficia a nadie.


El Mundo

Por Carlos Crivell. Rodríguez triunfa con una mansada

La novillada tuvo dos noticias. De un lado, una novillada muy mansa de Villamarta, pero no mansos corrientes, sino de los que echan a correr y no hay quien los pare. No se recuerda en Sevilla un lote tan manso como el que salió por los chiqueros. A cada manso lidiado le superaba el siguiente, cuando parecía que ya era algo imposible. Esa condición de los astados fue la responsable de un festejo de larga duración. La lidia se convirtió en un afanoso y farragoso asunto, los capotazos a destajo tomaron la plaza y todo fue lento y cansino.

Sólo la intervención de Juan Luis Rodríguez abrió un paréntesis en este espectáculo. Rodríguez fue el protagonista de la segunda noticia. El novillero de Albacete demostró condiciones sobradas para caminar con suficiencia entre los coletudos.

La faena al segundo, novillo aquerenciado en las tablas, pero que al menos obedeció al los engaños del albaceteño, fue un prodigio de conocimientos y buen gusto. Con una buena dosis de valor, acertó a ligar los muletazos con un temple exquisito, de forma que al manso no le quedó más opción que embestir a la muleta. Entre las tandas de toreo fundamental, intercaló adornos bellos y pases de pecho de gran entidad. La impresión fue la de un chaval con evidentes condiciones para esto del toreo.

Lo confirmó en el muy manso quinto. Lo sacó con el capote con sabiduría y temple para rematar con media muy torera. Con el público de su parte, Rodríguez se estrelló contra el muro de un novillo que huía siempre. A pesar de ello, anduvo torero y nunca le llegó el agua al cuello.

Dámaso González pasó por Sevilla sin dejar ninguna huella. Con el que abrió plaza no se centró, movió muchos las zapatillas y no se percató de que el animal tenía faena. El cuarto fue un sobrero del mismo hierro. El titular recibió una lidia espantosa y se derrumbó. El sobrero fue otro gran manso. Dámaso demostró ahora algún oficio con un marcado estilo campero, pero realmente no fue suficiente tarjeta de presentación en su debut sevillano. Es algo muy corriente. Estos hijos de toreros famosos tienen más facilidades para torear. En general, casi ninguno alcanza el nivel medio para llegar a destacar. Y los padres, padres al fin y al cabo, parece como si tuvieran una venda que les impide ver la cruda realidad y sufren en los callejones. Si no fueran sus hijos, seguro que sabrían aconsejarles cuál debería ser el camino a seguir.

Entre tanto manso, Calita se llevó el lote de condición más lamentable. El tercero se rajó de salida y no permitió más que algunos pases sueltos sin posibilidad de ligazón. El sexto, un burraco que merecía los honores de una carrera rociera, más de lo mismo. El mexicano se fue a las tablas a dejar patente sus ganas para robar pases de imposible calidad a un animal que añoraba la dehesa. Aún así, Calita debió mostrar una cara más firme.

En definitiva, casi tres horas en un desfile de mansos de Villamarta con la nota agradable del triunfo de un chaval llamado simplemente Juan Luis Rodríguez.


ABC

Por Lorena Muñoz. Una oreja a la seriedad de Juan Luis Rodríguez

La primera de las novilladas de abono continuó con la tónica ganadera de la feria por mucho que nos pese. El encierro de Villamarta resultó descastado y los seis novillos que salieron al ruedo mansearon desde el principio en los engaños aunque con distintos matices. El segundo, que metió la cara con nobleza y embistió con transmisión, encontró en Juan Luis Rodríguez a un novillero dispuesto e inteligente que rubricó una seria faena. El astado se quiso rajar siempre pero el albaceteño le dejó la muleta puesta y consiguió momentos de gran profundidad y plasticidad que conectaron con los tendidos. Hubo momentos vibrantes y llenos de pinturería que supo rubricar con una estocada tras un pinchazo sin soltar. El pañuelo blanco asomó con curiosa celeridad en el palco lo que le permitió pasear la única oreja del festejo.

Rodríguez no pudo rematar en el quinto, al que lidió muy bien con el capote en la salida y al que acabó persiguiendo por el anillo. El de Villamarta tuvo idéntico comportamiento al de sus hermanos de camada aunque prometió un poco más cuando metió la cara con buen son en el capote. Una lidia desastrosa y su condición hicieron el resto. El de Albacete calentaba muñecas mientras observaba el tercio de banderillas pero sólo consiguió ligarle unas tandas en la puerta de chiqueros. Rodríguez fue ovacionado y se postula como candidato para ocupar uno de los puestos a designar de las próximas novilladas.

Que la novillada no fuera buena y que gran parte del público aplaudiera lo que no era, no salva de la quema al debutante Dámaso González. Su primero era soso y sin transmisión pero pidió algo más de un novillero que toreó la pasada temporada 42 festejos. De hecho, lo brindó al público pensando que habría faena, pero se perdió en un trasteo largo, en el que quiso hacer muchas cosas pero no cuajó en nada. Recibió al cuarto con una larga de rodillas en el tercio pero fue devuelto por falta de fuerza. Una lástima ya que este ejemplar apuntaba algo más de clase. Con el sobrero enjaretó algún muletazo estimable de mano baja pero poco más, dado que este novillo también huía de los engaños.

Calita pechó con el peor lote de la tarde. El tercero dio pocas opciones al mexicano que mostró disposición ante un animal distraído que no quería saber nada de capotes ni de muletas. Se quedó parado y se negó a embestir. En el sexto, después de casi tres horas y con abandono masivo de los tendidos, consiguió una ovación después de mostrarse firme con otro astado, que acabó rajado y quedándose a mitad del muletazo. A esas alturas de la ya noche, lo mejor era irse a por la espada. Varios derribos de picadores, algunos pares de banderillas y una voltereta completaron la crónica de un festejo sin demasiados momentos brillantes.

Sevilla Temporada 2009

sevilla_100509.txt · Última modificación: 2020/03/26 12:19 (editor externo)