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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

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Domingo, 14 de abril de 2013

Corrida de rejones

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Ganadería de Fermín Bohórquez (bien presentados, con juego desigual).

Caballero rejoneador:

Diego Ventura. En solitario. Cinco pinchazos, rejón de muerte (silencio); rejón de muerte trasero (silencio); rejón de muerte (oreja); rejón de muerte, rueda sin puntilla (oreja); pinchazo, rejón de muerte (fuerte peticion de oreja); rejón de muerte, rueda sin puntilla (dos orejas). Salió por la Puerta del Príncipe.

Sobresalientes: Sergio Domínguez y Andrés Romero.

Presidente: Fernando Fernández-Figueroa.

Tiempo: soleado, caluroso al principio.

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, Diario de Sevilla, El Correo de Andalucía, La Razón, El Mundo, EFE, Toromedia.

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Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Segunda encerrona consecutiva en dos días. Creo que esto no ha pasado nunca en la Maestranza, al menos en los últimos tres siglos, antes sí era frecuente. Y, como la de ayer, se resolvió en el último toro, con faena cumbre, dos orejas y salida por la Puerta del Príncipe del lisboeta de la Puebla del Río. Pocos chavales habrán estado más predestinados como Diego Ventura a ser una figura del rejoneo. Lo tiene todo: tradición familiar, afición sin límite, entorno y ambiente vital…Y, lógicamente, capacidad y arte y una gran cuadra de caballos. Como veinte que ha llevado hoy a la Maestranza, su plaza, de la que ha salido en triunfo más veces que nadie ya. Y lució a sus mejores monturas, a “Nazarí”, a “Morante”, que reaparecía, y sobre todo a “Pegaso” que fue el héroe de la tarde. Tarde completa en que el triunfo pudo ser aún mayor si los rejones hubieran sido más certeros y la presidencia menos cicatera. Sobró algún exceso en los adornos en forma de mordisco que siempre se le critican, pero mereció esa Puerta del Príncipe tan conocida por él. Buenos colaboradores los toros de Bohórquez, que parecen enseñados para este arte singular del rejoneo. Y en el recuerdo de este triunfo tal vez estuvo ese caballo valiente, “Califa”, que murió hace unos días y no pudo rematar su última faena en Sevilla.

Lo mejor, lo peor

Por Sandra Carbonero

Lo mejor: Ventura príncipe rejoneador. Bonita tarde la vivida hoy en La Maestranza y más, para los amantes del caballo. Diego Ventura ha abierto la Puerta del Príncipe, saliendo en hombros tras despegar la tarde definitivamente a lomos de Pegaso, que puso los tendidos en pie. Mención aparte, merece el caballo Morante, que tras dos años de ausencia en la cuadra de Diego, volvió cosechando un éxito total, y con sus característicos bocados al toro. La buena actitud del hispano-luso se presenció desde el paseíllo, donde sacó a todos sus 20 caballos con él, o incluso en el tercero, recibirlo con la garrocha. En el cuarto, compartió lidia con los dos sobresaliente, Sergio Domínguez y Andrés Romero, dejando ambos un buen nivel en Sevilla.

Lo peor: Lío en los tendidos. Cierto es, que el público que acude a los rejones es un público diferente al de las corridas a pie. Es un público predispuesto al triunfo, más alegre y bullidor, que hacen que el silencio maestrante sea más traslúcido. Por eso, cuando empezó a oírse cierto jaleo entre los espectadores no pareció raro hasta que la policía comenzó a correr por los tendidos de sol, llevándose a dos hombres con ellos. ¿Qué ocurrió? Sea lo que fuere, revolucionó durante un largo rato esos lares.

El Mundo

Por Carlos Crivell. Pegaso, al rescate de Diego Ventura

Como el día anterior, la tarde se salvó en el sexto. Diego Ventura volvió a ser el de siempre y redondeó una actuación vibrante con ese buen sexto de Bohórquez. Gracias a esa gran faena, rematada de forma perfecta con el rejón de muerte, el caballero portugués pudo abrir la Puerta del Príncipe, que hasta ese momento estaba cerrada.

El salvador de Ventura fue el caballo Pegaso. No había salido en toda la tarde este joven equino, algo que no deja de ser extraño. Es un caballo de unas condiciones excepcionales. Además de su preciosa estampa, Pegaso cita andando hacia atrás para luego quebrar muy en corto cuando el toro ya se ha arrancado. Fue un prodigio. La plaza se vino arriba como antes no había ocurrido. No se entienden los motivos por los que no explotó más a este gran caballo. A raíz de la salida de Pegaso, la faena ya estaba consumada, la plaza era un clamor y el rejón de muerte fue fulminante y acertado por primera vez en toda la corrida. El presidente, que se había negado a darle la oreja del quinto tras un pinchazo, no tuvo ahora ninguna duda al conceder el salvoconducto para la salida triunfal. Se lo debe a Pegaso. Antes de la salida de este caballo triunfador, la tarde caminó por senderos de extrema corrección, momentos buenos, fallos puntuales, desaciertos en el rejón final y algunos alardes alejados del rejoneo.

La corrida de Bohórquez fue buena de verdad. Exhibieron temple y cadencia en las embestidas para que las cabalgaduras pudieran lucirse. Con estas corridas se explica que el encaste de Murube se haya apoderado de los festejos de rejones de lujo.

De todas las cabalgaduras que pisaron el ruedo, además del mencionado Pegaso es preciso mencionar a Nazarí, que volvió a dar un curso de flexibilidad en el toreo a dos pistas. En las piruetas estuvo acertado Ordóñez. Sacó a Remate para poner banderillas al violín y dos pares muy buenos a dos manos al tercero. Aunque se anunció que serían veinte caballos, y es posible que así fuera, el peso de la corrida lo llevaron algunos muy contados. Se echó en falta a los ya desaparecidos Distinto, Revuelo y, muy especialmente, a Califa, con el que Diego de forma invariable mataba a los toros. La falta de este equino no la ha resuelto Ventura.

Había anunciado algunas novedades y apenas las hubo. Fue vistosa la salida inicial de todos los caballos, así como algunos de los ejercicios de doma que hizo el caballero. Por lo demás, casi nada. Sacó la garrocha con Buena Vibra en el tercero. Invitó a poner banderillas en el cuarto a los sobresalientes. Fue muy generoso Diego porque la mitad de la lidia la protagonizaron Andrés Romero y Sergio Domínguez. Hubiera sido un detalle que los hubiera invitado a dar la vuelta al ruedo con la oreja.

Aunque es muy celebrado por algunos sectores, no puede obviarse algo que no resulta nada agradable. El caballo llamado Padilla se arrodilla lejos de los toros como simple alarde. Es algo que Ventura debe reconsiderar, porque la imagen no resulta agradable; es como un sometimiento absurdo del animal ajeno al arte del rejoneo. Algún sector de la plaza se lo recriminó. Y volvió a los ruedos Morante en el quinto. Ya se sabe que la mayor cualidad de este caballo son los mordiscos a los pitones, o las divisas, de los astados. La gente lo jalea con clamor, pero ya ha quedado claro que eso tan celebrado está lejos del buen rejoneo.

Hubo detalles muy buenos en este encuentro de Ventura con seis toros. No deja de ser curioso que este caballero es más aclamado por sus detalles extrataurinos y apenas le aplauden cuando hace las cosas con arreglo a los cánones eternos del toreo a caballo. Paró de forma admirable a casi todos los toros, templó mucho a dos pistas, procuró casi siempre realizar las suertes en los terrenos de afuera huyendo de las tablas, se adaptó al Reglamento para no poner más banderillas de la cuenta, en fin que su tarde tuvo mucho contenido torero, lo que ocurre es que el personal solo se agita con las exhibiciones de los caballos cuando están lejos del toro, como ocurre con ese galope a tres manos que muestra el caballo Oro cuando cita al toro.

El desconocimiento general de estos temas ha llevado al toreo a caballo a una situación muy drástica. Las orejas no se piden por cómo haya sido el desarrollo de la lidia, sino que solo se piden si el toro muere del primer rejón. Los rejones suelen caer muy traseros y bajos, pero eso no importa. A Ventura le falló la muerte en los dos primeros toros. Califa no tiene todavía sustituto, aunque a partir del tercero sacó a Colorao que cumplió. La salida por la Puerta del Príncipe se puede considerar justa. Esa faena final al sexto, con el caballo Pegaso como gran estrella, le rescató en una jornada que hasta el final no se decantó en triunfo. Pegaso fue la estrella.

El País

Por Antonio Lorca. El triunfador fue ‘Pegaso’

Con el permiso de Diego Ventura no sería arriesgado afirmar que el triunfador de la tarde fue Pegaso,su caballo estrella, que salió en el tercio de banderillas del sexto de la tarde, y fue la suya una exhibición de torería como difícilmente imaginarse pueda. Cita al toro de frente, a lo lejos, se acerca con paso quedo y firme, y cuando su oponente arranca, el caballo anda hacia atrás y se lo deja llegar hasta el mismo pecho, momento en que lo muletea con temple para que el caballero clave la banderilla. Y así hasta tres veces para gozo de los espectadores que, puestos en pie, aclamaron aquel dechado de sensibilidad.

Se cuenta, pero eso hay que verlo. Ciertamente, el mérito es del caballero Diego Ventura, pero el que levantó la tarde, que no acababa de remontar el vuelo, fue ese caballo que, en poco más de tres minutos, cambió la cara del festejo.

Porque Ventura cortó cuatro orejas y salió por la Puerta del Príncipe, pero la encerrona no consiguió el objetivo previsto. Pasaba el tiempo y el público no entraba en faena. No hubo rabo, como pretendía el rejoneador; pero tampoco esa conexión tan necesaria con los tendidos; no surgió la emoción que desprende este rejoneador. Todo muy bien, muy bonito, pero frío. No fue Ventura ese caballero alocado de otras tardes ni sometió a su cuadra a una carrera de obstáculos; fue el Ventura más clásico y solemne, y es evidente que el público de hoy valora más otros elementos.

No es noticia que este hombre ha alcanzado un nivel extraordinario de madurez como caballero y torero; conoce todos los registros y secretos; y su cuadra es excepcional. Y así lo demostró, por ejemplo, ante los dos primeros toros, sosos y manejables como toda la corrida, a los que templó maravillosamente a dos bandas, especialmente a lomos de Nazarí, que es un maestro en esta suerte. Pero no acertó con el rejón de muerte y ya se sabe que esa es condición fundamental para conseguir los trofeos. A la misma altura brilló en los dos siguientes y solo el acierto a la hora de matar le permitió pasear una oreja de cada uno. El presidente del festejo, Fernando Fernández-Figueroa, se equivocó gravemente y no le concedió la oreja del quinto que solicitó la mayoría de la plaza, y la verdadera emoción surgió cuando salió Pegaso, una actuación excelsa que rubricó a continuación Milagro, quebrando en un palmo de terreno. Ovaciones y pitos

¿Qué pasó para que no se produjera la apoteosis esperada? Pasó, primero, que el rejoneador se mostró frío y solemne, y esa no es la imagen que el público tiene de su toreo a caballo. Incluso el paseíllo, al paso, y una exhibición de doma de alta escuela en presencia de los veinte caballos preparados para la ocasión, resultó un cuadro tan bello como indiferente. “Este no es mi Diego”, dirían algunos.

Había dicho que sería innovador y no fue cierto. Bueno, se puede apuntar que recibió al tercero con la suerte de la garrocha y el toro atropelló al caballo; se cambió de chaquetilla antes de la lidia del cuarto (dejó la campera y se colocó otra de terciopelo azul profusamente bordada en plata); banderilleó a ese toro con los sobresalientes Sergio Domínguez y Andrés Romero; sacó a un caballo de nombre Padilla que anda de rodillas, lo que no acabó de gustar al personal; puso alguna banderilla al violín, y reapareció Morante, famoso porque muerde a los toros.

Pocas innovaciones cuando lo que el público demandaba era que apareciera de una vez el Ventura espectacular, experto en acrobacias y carreras espectaculares. No fue así y lo que hubo fue un gran rejoneador que no encontró, quizá, ese toro encastado que le permitiera exprimir su técnica y conocimiento, y la tarde fue decayendo poco a poco hasta la salida de ese caballo con feo nombre de camión y que merece un apelativo más torero.

Hubo Puerta del Príncipe, pero también podría pensarse que las encerronas en esta plaza están gafadas. Diego Ventura es un rejoneador que goza de una madurez artística incontestable, y a punto estuvo ayer de irse de vacío. Algún gafe anda por aquí…

Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. 'Pegaso', alas al éxito de Ventura

Hasta el momento ningún rejoneador se había encerrado con seis toros en la Maestranza. Ovación de gala en la presentación en el ruedo de una veintena de caballos, bien enjaezados, con lazos, castañetas y crineras para un reto trascendente. Una pléyade de este precioso animal, que desde la antigüedad dio alas al hombre. Como alas le dio para el éxito a Diego Ventura su Pegaso -de su hierro, lusitano, de cuatro años y tordo rodao- quien ante el sexto toro logró los momentos más espléndidos y emotivos del espectáculo.

Diego Ventura, en una actuación de menos a más, en la que comenzó con cierta frialdad, muy lejos de su habitual espectacularidad, logró abrir la Puerta del Príncipe por octava ocasión en su carrera, tras lidiar un encierro de Fermín Bohórquez, manejable en su conjunto, al que cortó un total de cuatro orejas -dos de ellas al último toro-.

Como sucedió el día anterior con Manzanares, lo mejor llegó en el postre. Cuando un torero se enfrenta en solitario a seis astados, se precisan cuatro orejas para abrir la Puerta del Príncipe. Ventura, tras haber cortado dos en los cuatro toros anteriores, tenía el desafío de no fallar en el último acto y desorejar a Tornillero. Le apretó las clavijas.

El rejoneador recibió una ovación por parte del público, que le insufló moral. Y en esta ocasión fue desgranando y conjugando toreo clásico y espectacularidad para imponerse a un buen toro de Bohórquez, al que paró de manera soberbia de salida, enroscando su embestida en la de su cabalgadura. Toreo al hilo de tablas, con un recorte inverosímil por los adentros y ovación estruendosa. Con Pegaso, los tendidos vibraron y las palmas echaron humo. Después de andar hacia atrás, jinete y caballo se marcharon hacia el toro, para prender en un quiebro fabuloso que puso al público de pie. En una de las suertes, el toro enganchó al caballo por el pecho, pero Pegaso voló sin que el astado le metiera el asta. Ventura mató de rejón certero y fue premiado, merecidamente, con las dos orejas, pasaporte para la gloria del torero.

El rejoneador abrió plaza con un astado bueno, pero flojísimo, ante el que se lució en el toreo de costado en una actuación que cerró de manera desacertada en la suerte suprema.

Con el manso y manejable segundo, elevó el listón en banderillas sobre Nazarí, recorriendo más de la mitad de la plaza con un temple soberbio. Gustó en el toreo a dos pistas, aderezado con piruetas, cortas que clavó al violín y adorno del teléfono. Mató con un rejonazo en dos tiempos, con el toro aplomadísimo.

En el tercero, Ventura apostó por el toreo campero, con un guiño a Javier Buendía, al recibir en la misma manga de toriles, garrocha en mano, al de Bohórquez, un ejemplar que salió con muchos pies y que dio buen juego. Valor y aguante en la carrera. Luego, le clavó dos rejones de salida para bajarle los humos. Entre lo más meritorio, un par a dos manos, montando a Remate. El acierto en el primer envite en la suerte suprema le sirvió para cobrar el primer trofeo.

Con el manejable cuarto, Ventura invitó a los sobresalientes Sergio Domínguez y Andrés Romero, quienes dieron la talla en banderillas. El protagonista montó a Padilla, que avanzó y retó al toro de rodillas, entre los aplausos del respetable. Un alarde de monta que no debería haber alargado tanto. Cerró con un caracoleo, tras prender las cortas. Mató al primer encuentro y fue premiado con otra oreja.

El festejo creció en el tercio de banderillas del quinto, con un Nazarí, con solvencia, y un Morante, que reaparecía y aportó la máxima espectacularidad, lanzando mordiscos al toro en los embroques de las suertes. Hubo petición mayoritaria, que el presidente, sin atenerse al reglamento -el primer trofeo es potestad del público-, no concedió. Bronca al usía, entre tanto el rejoneador se marchó al portón de caballos, por el callejón.

De nuevo, el espectáculo terrenal se tintó celeste en el cierre. Pegaso, como aquel mitológico caballo alado, se fundió con Ventura -convertido en el héroe Belerofonte-, que fue sacado a hombros por la Puerta del Príncipe.

El Correo de Andalucía

Por Álvaro Rodríguez del Moral. Ventura abre la Puerta del Príncipe

Ventura no falló y logró abrir su enésima Puerta del Príncipe. Lo hizo controlando los tiempos; haciendo lo que quería y cuando quería y mostrándose generoso en todo momento: con su amplísima cuadra e incluso con los sobresalientes, a los que invitó a compartir los primeros tercios de la lidia del cuarto, un toro bisagra que de algún modo cambió el signo de la tarde.

Hasta entonces todo había ido transcurriendo con brillantez aunque quizá sin esa excepcionalidad que sella las salidas por la ansiada Puerta del Príncipe. Pero no se puede decir, ni muchísimo menos, que el jinete de la Puebla del Río no saliera a darlo todo desde que templó al primero de la tarde con Chalano, galopando de costado y marcando las claves de lo que iba a ser toda su actuación: temple infinito, una renovada y más reposada puesta en escena y un dominio de todos los terrenos, de todos los embroques, de todas las batidas y hasta la última pirueta que lo han convertido en el último virtuoso del arte ecuestre.

Las piruetas en la cara o los quiebros que llevó a cabo con cheque calentaron el ambiente pero el rejón de muerte no funcionó en la lidia de este primero. Tampoco estuvo atinado despenando al segundo, al que despachó de un rejonazo trasero y contrario después de una labor completa y compleja en la que brillaron esas galopadas a dos pistas en las que llegó a recorrer el ruedo por completo.

La salida del tercero constituyó el particular homenaje de Diego Ventura al maestro Javier Buendía, tantas y tantas veces a hombros en el festejo matinal del Domingo de Farolillos. El rejoneador recibió al toro a punta de garrocha evocando el aire del campo bravo. La trepidante velocidad del toro, su celo y el exquisito temple de Ventura hicieron el resto. Su faena, cuajada siempre a milímetros de los pitones, vivió su cumbre en un par a dos manos que precedió un rejonazo contundente que ponía en sus manos una valiosa oreja. Cambiaba el signo de la tarde.

Una tarde que terminaba de lanzarse con la salida del cuarto, que Ventura, después de calzarse una chaquetillas bordada, supo compartir con los sobresalientes, sus amigos Sergio Domínguez y Andrés Romero, que lo bordaron compartiendo los palos. No terminó de encajar el alarde de poner al caballo Padilla de rodillas. Pero no importó, la lidia se lanzó y Ventura supo meterse a la gente en el bolsillo escenificando otro íntimo homenaje personal al clavar siempre al violín en memoria del recordado rejoneador Ginés Cartagena. Cambió un nuevo rejonazo por una oreja maciza. La cosa se estaba lanzando.

Pero Ventura vivió su propia sima después de acabar la lidia del quinto. El presidente Fernández no supo estar a la altura de las circunstancias y negó el trofeo que estaba pidiendo la plaza mayoritariamente. Antes se había mostrado sobrado con Demonio y había cosechado una enorme ovación al hacer reaparecer al mítico caballo Morante, al que no se le ha olvidado lanzar esos controvertidos mordiscos que generan división de opiniones.

Tampoco importó demasiado que no cayera esa oreja. Dueño de la situación, Ventura terminó de sentenciar la tarde cuajando de cabo a rabo al sexto, especialmente en esos palos colocados a caballo parado, reculando hacia las tablas que levantaron un auténtico clamor. Las batidas por dentro, la pulverización de los terrenos de montura y toro y la excepcionalidad del caballo Milagro hicieron el resto. Ventura no había fallado y cumplía el objetivo. Con las dos orejas en la mano se lo llevaron por la Puerta del Príncipe.

La Razón

Por Paco Moreno.«Pegaso» propicia la octava Puerta del Príncipe de Ventura

El rejoneador hispano-luso Diego Ventura llegó muy dispuesto a La Maestranza. Nada más romperse el paseíllo, sacó al albero sevillano a la veintena de equinos que había preparado para esta encerrona. Ahí estaban los caballos toreros y su jinete hizo gala de una excelente doma. Bonito prólogo. No podía empezar mejor.

Tampoco desmereció el final. Había perdido algún trofeo por el rejón de muerte y ahí estaba el temor. Aún en juego la Puerta del Príncipe. Pero no erró. Con el caballo «Colorao» se fue muy de verdad y enterró el acero en el morrillo del encastado toro de Bohórquez. Detalles importantes había dejado en su faena, principalmente con un caballo muy joven, «Pegaso», con el que llegó la apoteosis y la sorpresa. Citó muy despacito, acercándose a la cara del toro, dejándose ver. Y cuando la res acometió, jinete y caballo retrocedieron hasta llegar el quiebro. La banderilla en todo lo alto. Quiebros inverosímiles con «Milagro». La tarde ya estaba cerrada. «Pegaso» de rejoneo y «Milagro» hecho realidad.

La primera oreja de la tarde llegó en la lidia del tercer toro, después de una labor completa. Diego Ventura recibió al toro a portagayola y aportó sabor a la suerte al utilizar la garrocha. Eligió a «Remate» para las banderillas a dos manos y dejó el rejón y las cortas para «Colorao».

En el cuarto, compartió lidia y las ovaciones siguientes con los dos sobresalientes de la corrida: Sergio Domínguez y Andrés Romero, que clavaron con acierto. La tarde se vino arriba y ya en solitario, Ventura finalizó con las cortas y un desplante muy cerca de la cara del toro.

Pudo y mereció premio también en el quinto. Petición del público hubo, pero el presidente no quiso atenderla y fue abroncado. Y es que Diego Ventura había entusiasmado de nuevo al respetable gracias a un rejoneo tan espectacular como puro. El entusiasmo se generalizó cuando sacó a «Morante», que reaparecía en esta tarde tras dos años de ausencia por una lesión. Con este caballo banderilleó en la corta distancia, y a la salida de la suerte, el equino mordía al toro. Como si no hubiera pasado el tiempo. El primero de Bohórquez tuvo nobleza y bondad. Le faltó algo de chispa y de codicia en las acometidas, pero resultó manejable para el rejoneador. A lomos de «Cheque» llegaron las banderillas al quiebro con cite corto y piruetas de infarto en la misma cara del toro. Se repitió la historia ante el segundo, pero ahora las cortas fueron al violín para cerrar con el desplante del teléfono. Lástima el rejón de muerte. Ese mismo que le arrojó a la gloria en el sexto.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Diego Ventura abre la Puerta del Príncipe

El segundo gesto en solitario en dos días lo protagonizaba este domingo Diego Ventura a caballo. Y dos orejas al último toro de Bohórquez le izaron en volandas por la Puerta del Príncipe tras cortar una al segundo y al cuarto de fermín Bohórquez.

Diego Ventura invitó a los 20 caballos, 20, a hacer el paseíllo. Los dispuso a uno y otro lado del ruedo y empezó a 'caballear' con galopes y frenadas (doma vaquera) en los medios como si arengara a la tropa de equinos antes de la batalla. Un espectáculo de cuadra.

Los mayores clamores de la tarde esperaron a 'Pegaso' a última hora. Al sexto de la tarde. Ventura necesitaba dos orejas. Una maravilla los embroques, los quiebros con el pecho a la espera en marcha atrás, con todas las ventajas para el toro. La Maestranza se erizó como nunca antes de que apareciese el caballo aladao. Tremenda la triada de reuniones. Ventura apretaba el acelerador con aplomo para dejarse llegar tanto la embestida. Las batidas sobre “Milagro” sobre la misma boca de riego sostenían una faena superior que por si misma significaba la Puerta del Príncipe. Y así fue.

Antes, el caballero había paseado un trofeo del segundo, con el que despertó al personal con un saludo a portagayola garrocha en mano de tremenda vibración. Otra más paseó del cuarto. Con éste, en banderillas sacó a 'Padilla' y abusó de arrodillarlo. Una y otra vez. Hasta que la peña le llamó al orden. Quedaba feo. En el ruedo compartían y alternaban lidia los sobresalientes: fino y distinguido Sergio Domínguez, más descarado y bastote Andrés Romero. Los tres caballeros se alternaron. Y finalmente a lomos de 'Paín' Ventura se volcó en una estocada arriba.

EFE

Por Paco Aguado. Otro esfuerzo en solitario

Un nuevo “monólogo” torero se vivió hoy en la Maestranza, en este caso del rejoneador Diego Ventura, que, ahora sí, logró rematarlo con esa ansiada salida en volandas por el umbral de la plaza que da al río Guadalquivir.

Para conseguirlo tuvo que hacer el jinete sevillano un sobre esfuerzo durante la lidia de los tres últimos ejemplares, una vez que la tarde transcurrió apenas sin premios hasta llegar a su ecuador.

Aunque en el paseíllo, llevados por sus mozos de cuadra, Ventura sacó al ruedo los veinte caballos que tenía dispuestos para su actuación en solitario, echó mucho en falta a “Califa”, ese gran caballo castaño de último tercio que murió de un infarto hace apenas unos días.

En el toreo a caballo, tanto o más que en el toreo a pie, es fundamental matar a la primera para cortar orejas, y Ventura no las cortó de los dos primeros toros precisamente por eso, por no acertar con el acero definitivo sobre dos equinos que no le ayudaron a ejecutar bien la suerte.

Las dos fueron faenas estimables, con méritos sobrados para el corte de orejas por el temple y el valor de sus caballos, y de especial brillantez fue la que le cuajó al segundo toro, que galopó con mucha clase tras las monturas.

La única oreja concedida en esa primera parte del festejo fue la que Ventura paseó del tercero, al que recibió a portagayola con la garrocha. Fue ese el astado de menos clase de la corrida, y la faena la menos vibrante de las seis, pero premiada por haber sido, hasta entonces, la única rematada de un único rejonazo.

La lidia de los tres últimos tuvo otro color, y también la chaquetilla de Ventura, que cambió la campera gris marengo con que hizo el paseíllo por otra de terciopelo bordada con adornos de plata.

Como si el cambio de vestuario marcara una nueva corrida, Ventura mantuvo su capacidad lidiadora y la emoción de los embroques, sólo que está vez encontró, tal vez inesperadamente, la colaboración de un caballo nuevo, “Colorao” de nombre, en ese decisivo último tercio.

Y con el repentino sustituto de “Califa” pareció encontrar sobre la marcha el sitio de la muerte de los toros y, de paso, el camino hacia las orejas.

Una más le cortó al cuarto, con el que compartió el tercio de banderillas con los dos rejoneadores que salieron como sobresalientes, el riojano Sergio Domínguez, clásico en sus formas, y el valiente onubense Andrés Romero, que hizo lo más vibrante.

Pese a la mayoritaria petición, el presidente se negó a concederle la del quinto, con el que, tras dos años en el dique seco por una lesión, hizo reaparecer a “Morante”, el caballo famoso por morder los pitones de los toros.

A la salida del sexto, Ventura necesitaba exactamente sus dos orejas para conseguir el objetivo de esa siempre ansiada Puerta del Príncipe, y fue así como echó el resto sobre dos de las nuevas estrellas de su cuadra, “Pegaso” y “Milagro”.

Los dos tordos le ayudaron a clavar banderillas con mucho ajuste y emoción, hasta que, de nuevo “Colorao” se echó encima del toro para que Ventura lo tirara a tierra de un fulminante rejonazo y, con ello, le cortara las dos orejas que buscaba.

Toromedia

Diego Ventura abre la Puerta del Príncipe

Diego Ventura se ha mostrado variado y muy centrado y ha resuelto con éxito su gran reto de matar seis toros en solitario en Sevilla. Ha cortado cuatro orejas que pudieron ser más si no hubiese fallado con el rejón de muerte en los primeros toros y el presidente hubiera atendido la petición mayoritaria en el quinto. Se trata de la octava ocasión en la que el rejoneador de la Puebla sale a hombros por la Puerta del Príncipe.

Al primero lo paró con Demonio dejando un sólo rejón de castigo. En banderillas comenzó con Chalana batiendo muy bien al pitón contrario y galopando de costado con mucho temple. Puso dos buenos palos. Con Cheke puso dos banderillas al quiebro adornándose después con vistosas piruetas. Concluyó su labor poniendo cortas con Remate y pinchó, perdiendo el primer triunfo de la tarde.

Al segundo lo paró con Maletilla, encelando muy bien a un toro que en principio salió suelto. En banderillas fue un prodigio de temple con Nazarí, llevando al toro cosido al estribo en galopadas de costado que llegaron mucho al público. Puso dos banderillas haciendo las cosas muy bien. Siguió con Ordóñez clavando dos palos y adornándose con ceñidas piruetas a la salida. Terminó de nuevo con Remate colocando cortas al violín y esta vez mató de rejón casi entero y el toro tardó en caer, enfriándose el ambiente. Fue ovacionado.

Al tercero lo paró con la garrocha montando a Buena Vibra, aguantando los arreones del toro que salió con muchos pies. En banderillas comenzó con Oro, adornándose a pie cojito antes de clavar, dejando dos palos a un toro que tuvo complicaciones. Sacó a Remate para poner dos grandes pares a dos manos. Esta vez sacó a Colorao para matar y acertó al primer intento, cortando la primera oreja de la tarde.

En el cuarto colocó un rejón de castigo a lomos de Girasol e invitó a Andrés Romero y a Sergio Domínguez a poner banderillas, dando ambos buen espectáculo. Ventura clavó todas las banderillas con el caballo Padilla y fueron todas al violín en homenaje a Ginés Cartagena, poniendo primero al caballo de rodillas. Mató de forma fulminante, el toro cayó sin puntilla y cortó otra oreja.

Al quinto de la tarde lo paró con Demonio y en banderillas comenzó con Nazarí galopando muy bien de costado y clavado dos banderillas buenas. Sacó a Morante, que reaparecía después de dos años de inactividad y se mostró recuperado dando sus habituales bocados al toro. Recibió una ovación de gala. Cerró con Colorao con cortas y mato de pinchazo y rejón. Hubo petición de oreja. Ovación.

Al último de la tarde lo paró con Buena Vibra templando mucho y doblándose muy bien con el toro en un palmo de terreno. En banderillas comenzó con Pegaso galopando de costado y metiéndose por los adentros sin espacio. El segundo par andando hacia atrás fue espectacular e hizo estallar la plaza. El siguiente fue igualmente portentoso. Con la yegua Milagro completó una faena muy buena con dos quiebros espectaculares. Cerró de nuevo con Colorao y cortó dos orejas que le abrieron la Puerta del Príncipe.

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Sevilla Temporada 2013.


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