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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

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Tarde del Domingo, 15 de mayo de 2011

Corrida de novillos

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Novillos de Juan Antonio Ruiz Espartaco (de diferente presentación, justos de fuerza y buen juego en general; los mejores, 3º y 4º, enrazados).

Diestros:

Juan del Álamo. Pinchazo, estocada tendida y caída, descabello, aviso, descabello (silencio); pinchazo que escupe, estocada (saludos).

López Simón. Pinchazo que escupe, estocada desprendida (silencio); estocada (silencio).

Rafael Cerro. Pinchazo que escupe, estocada desprendida (oreja); tres pinchazos, estocada desprendida, aviso, tres descabellos, aviso, tres descabellos (silencio).

Presidente: María Isabel Moreno.

Tiempo: Soleado con temperatura agradable.

Entrada: Menos de media plaza.

Crónicas de la prensa: Diario de Sevilla, ABC, El Correo de Andalucía, El Mundo.

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Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Era la tarde de San Isidro, con ferias en Madrid, Jerez, Osuna y alguna más. Minutos antes del paseíllo ascendió el Betis, lo cual fue noticia en la plaza y en el universo bético. Después salieron los novillos de Espartaco. De inmejorable presentación, cuajados, de lujo para esta primer novillada del abono. De juego desigual, aunque el tercero fue muy bueno y el cuarto lo pudo ser. Este último parecía el mejor del encierro pero tres volteretas lo dejaron maltrecho y se acabó pronto. El sexto fue otra incógnita, por la fuerza con que atacaba al caballo, pero allí se acabó. El salmantino Juan del Álamo está preparado, pero no pudo apenas demostrarlo más que en detalles. Al madrileño López Simón le tocó el peor lote y se fue de vacío. El extremeño Rafael Cerro apunta muy buenas cosas, porque tiene temple, calidad y sentido artístico. Cortó una oreja de mérito a pesar del pinchazo. Y en el último lo pasó mal, con su apoderado Ortega Cano pegado a él en el callejón, para acabar con el parado animal.

Lo mejor, lo peor

Por Juan Carlos Gil.

Lo Mejor: la esperanza de Rafael Cerro

Los novilleros deben presentarse en las plazas de responsabilidad como la de Sevilla con ansias de triunfo, con ganas de agradar y con un enorme espíritu de sacrificio. Estas virtudes deben adornar el talante de los espadas del escalafón inferior como muy bien demostró el extremeño Rafael Cerro. Al primero de su lote, un magnífico ejemplar de Espartaco, bajo, estrecho de sien, brocho y de dulce embestida por ambos pitones. Su matador lo entendió a la perfección y rápidamente lo sacó al tercio, le dio sus tiempos para que el utrero se viniese arriba y le dejó la muleta en la cara para ir sacando con mucha paciencia algunos naturales de mucho temple. Quizá le faltó ligazón porque el novillero no le quiso apretar desde el principio, lo cual, permitió que durara un poco más. Temple, ritmo y buen compás despendieron los naturales que, aprovechando la inercia del pupilo de Espartaco, se sucedían sin solución de continuidad. En la última tanda sorprendió el chaval pues se quedó en la media distancia con la mano diestra y obtuvo una serie de derechazos maciza, honda y muy bien rematada con un pinturero pase de pecho.

Aunque se tiró a matar muy derecho en el primer envite no consiguió la estocada, sin embargo, en la segunda ocasión cobró un buen espadazo que le hizo acreedor de un apéndice. Este triunfo le debería dar mucha moral para los graves compromisos que le esperan a lo largo de la ilusionante temporada que le espera.

Lo peor: los volatines del cuarto de la tarde

En el toreo casi todo es cuestión de suerte. Se sortean los toros por la mañana, los toreros se desean suerte en el patio de caballo y a los pases de capote y muleta se les llama genéricamente suertes. Y esa suerte fue la que no le acompañó al salmantino Juan del Álamo. Al primero le faltó raza para seguir los engaños y al bueno del cuarto, un novillo precioso de hechuras, bajo, con cuello, bien rematado por detrás y de pechos imponentes, tres volatines lo quebrantaron en exceso. Fue una pena porque era el novillo del sexteto. Embistió humillado, largo, repetidor y con muy buen son, mas, las volteretas no le dieron nada más que para diez arrancadas acarameladas. Su matador está cuajado, somete mucho a los animales y necesita brío en sus oponentes. Las hadas estaban de vacaciones y nos privó de una buena faena.

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Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Cerro rememora a Ortega Cano

El extremeño Rafael Cerro, triunfador de las novillladas nocturnas de promoción en la Maestranza del año pasado, es un torero con un gran potencial artístico, con el temple como una de sus mayores virtudes. En su actuación de ayer en la plaza de Sevilla -que registró media entrada, en tarde soleada- plasmó una actuación muy rica en matices ante el único novillo -el tercero- que dio buen juego, dentro de un encierro de Juan Antonio Ruiz Espartaco, muy bien presentado, pero de pésimo comportamiento en su conjunto.

Rafael Cerro se lució con unas saltilleras -lance que recuerda en su ejecución a la manoletina-, que constituyeron un auténtico homenaje a su creador, el mexicano Fermín Espinosa Armillita. Ahí Cerro ya nos pareció colina destacada; recibiendo una gran ovación del público. Pero el jovencísimo torero -tan sólo 18 años- demostró que ha crecido y mucho a la vera del maestro Ortega Cano. Cerro manejó la muleta con una soltura más propia de un torero cuajado que de un incipiente novillero. En las afueras, con el inconveniente de un molesto vientecillo, hilvanó sendas tandas en las que un pase de pecho fue un auténtico hálito de belleza. Pero Cerro, que ya a esas alturas apuntaba a montaña torera, rememoró a su mentor en una serie con la izquierda en la que girando su cintura y sutilmente su muñeca llevó embebido al novillo a su antojo en una serie de naturales suaves y templadísimos. De largo, enganchó al novillo en otra tanda que remató con ese singular pase de pecho, bajo, con el que el cartagenero remató tantas y tantas series. Otra vez tomó distancia, adelantó la muleta y embarcó al toro con la diestra en una serie ligada y magnífica, toreando hacia adentro y que remató con otro excelente pase de pecho, que también fue un homenaje a Ortega, que en ese momento saltó en el callejón como un resorte. Posiblemente, el cartagenero, en ese momento, se quitaba unos cuantos años de encima; viéndose en el espejo de su pupilo. Rafael Cerro, en un epílogo de nota, se marcó dos muletazos por bajo con mucho empaque. En la rúbrica fue a por todas y se tiró a morir. El novillo le cogió feamente a la altura de la cadera, sin calarle, a cambio de un pinchazo arriba. En el siguiente envite mató de certera estocada para cobrar una merecida oreja.

El sexto fue un novillo encastado y duro -derribó a picador y cabalgadura-. Tras la caída, le zurraron fuerte la badana y llegó aplomadísimo a la muleta. El animal, tardo y parado, acometía para defenderse. Cerro, que había dibujado muy buenas verónicas, concretó un trasteo porfión que remató pésimamente con los aceros, escuchando dos avisos.

Juan del Álamo, que abría la terna, ya no es aquel tierno novillero que debutara en Sevilla en las de promoción. Es un torero que está a las puertas de la alternativa. No se ahogó con el manso primero, que lanzó tornillazos por doquier, de todo tipo y medidas, como si fuera un maestro ferretero. Las dificultades de este novillo fueron grandes, pues unas veces lanzaba el tornillazo al comienzo del muletazo, en otras a mitad de viaje y la mayoría de las veces en el remate. Del Álamo, en las afueras, realizó una labor meritoria por ambos pitones, pero con los aceros flaqueó.

El cuarto era todo un toro por su trapío, un ejemplar que la mayoría de las figuras que pasaron por la Feria de Abril no vieron ni en pintura. El animal se quebrantó de salida en un volteretón tremendo. Y para más inri hincó en varias ocasiones los pitones en la arena. Del Álamo, en las afueras, consiguió un par de tandas meritorias por el lado derecho y le resultó dífícil lucirse con un astado sin franqueza. Acabó en cercanías.

López Simón, un novillero madrileño que debutó el pasado septiembre en Sevilla, volvió a dar la misma imagen. Es un torero de calidad, que en ocasiones recuerda a Talavante, y que tiene como una carga el preocuparse en exceso de la estética, hasta el punto de que algunas suertes las ejecuta de espejo. Pero entre sus virtudes, se encuentra un valor sereno -¡ojo, cuando atornilla las zapatillas!- y temple. Con el manso segundo, que medía mucho, se intentó justificar en una labor en la que le faltó mando. Con el quinto, que tenía unas buenas herramientas, pasó un mal trago al desarmarlo el novillo. Se tiró de cabeza al callejón. Con la franela, en el mismo platillo, sorprendió con una serie de rodillas, en las que empalmó media docena de derechazos templados. En la faena, en la que posiblemente faltara estructura e incluso medida, en función del astado, el madrileño intercaló varios muletazos magníficos en una labor que acabó en cercanías.

La novillada, de excesivo metraje -dos horas y media-, arrojó como balance ese toreo de épocas pretéritas de la mano de un Cerro que apuntó a montaña cuando rememoró a José Ortega Cano.

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ABC

Por Lorena Muñoz. Cerro confirma sus buenas maneras

Las dos comparecencias de Espartaco como ganadero hasta la fecha en la Maestranza se habían saldado con notable. La tercera, no estuvo a la altura de temporadas pasadas en cuanto a juego, y sólo llegó a interesante con un buen novillo, el tercero, y un sexto, que hizo una buena pelea en varas. La suerte fue para Rafael Cerro que inauguró el casillero de trofeos de las novilladas con una excelente faena en la que mostró muy buen concepto del toreo.

Temple, cadencia y mucho reposo hubo en la labor de Cerro, al que se le vio muy asentado a pesar de que acaba de debutar con caballos. Destacó una serie al natural y la ligazón con la diestra. Al entrar a matar pinchó arriba y se quedó prendido por la chaquetilla unos angustiosos segundos. A la segunda dejó una estocada arriba que le valió una oreja que pidió todo el tendido, incluido su apoderado Ortega Cano desde el callejón.

No pudo refrendar su triunfo con el último del encierro dado que topó con un novillo muy parado que se vació en el tercio de varas y que no le ayudó en nada en la suerte suprema. Pinchó en repetidas ocasiones y erró con el descabello por lo que acabó escuchando dos avisos.

Había muchas ganas de ver a Juan del Álamo que fue uno de los destacados de la temporada pasada y ya dejó una grata impresión en las novilladas de promoción de hace tres años. Sorteó un lote desigual ya que el primero le dio pocas opciones en la muleta a la que embestía a empujones y dando tornillazos por la falta de fuerza. Acusó el castigo en varas y manseó en los engaños. Fallón con el descabello intentó justificarse alargando en exceso la faena de ahí que escuchara un aviso. En el cuarto, un astado noble pero justito de fuerzas, consiguió algunos muletazos aislados de buen trazo pero no consiguió hilvanar series completas. Llegó a sonar la música pero no trascendió.

López Simón tuvo nulas posibilidades con el segundo de la tarde con el que se ajustó a la verónica y cuidó con mimo en el peto. Pero al tercio final llegó punteando siempre los engaños y en ningún momento lo llevó toreado, aunque siempre mantuvo la pose. Con el soso y flojo quinto, estuvo voluntarioso y no consiguió acoplarse después de una buena labor de la cuadrilla con los palos. Alargó sin sentido su labor y fue silenciado.

El Correo de Andalucía

Por Álvaro Rodríguez del Moral. Rafael Cerro revalida su crédito cortando una oreja en Sevilla

Sobre el papel era uno de los mejores carteles de novilleros que se pueden montar en estos tiempos de restricciones. También había interés por comprobar el juego de los novillos de Espartaco, que ésta vez no lidió un encierro tan completo como el del pasado año aunque sí soltó un ejemplar de revolución, el tercero, y dos o tres novillos más que habrían brillado más y mejor con otros planteamientos distintos.

La verdad es que el resto del envío de los cerrados de Majavieja tuvo mejor comienzo que final, al igual que algunas de las actuaciones de los chicos acartelados ayer, de una manera especial el madrileño López Simón, que no es capaz de sacudirse el baño de almíbar ni la pose de Lladró mientras navega en una peligrosa indefinición técnica y estilística que le impidió acoplarse al noble ejemplar que hizo quinto. Siempre al hilo, muchas veces detrás de la mata, no fue capaz de resolver la papeleta ni en ese ni en el más peligroso sexto.

Mucho más solvente y capaz, el salmantino Juan del Álamo tuvo muy pocas opciones con el bruto ejemplar que rompió plaza. Pero el cuajado novillero charro se templó y anduvo siempre por encima del cuarto, un torete potable y algo mansurrón al que toreó con limpieza y trazo largo sin ser capaz de conectar con la parroquia, que se mostró fría.

Afortundamente pudimos sacudirnos el aburrimiento del larguísimo festejo con el excelente y boyante juego del tercer novillo de la tarde. Rafael Cerro ya se había lucido en un quite por saltilleras que remató con una templadísima media aunque le costó acoplarse a las arrancadas alegres y humilladas de su oponente. En cualquier caso, el extremeño supo ir a más para sacar lo mejor de sí mismo en una labor progresivamente atemperada en la que a veces le costó bajar la mano. Con el engaño en el lado izquierdo nos empezamos a poner de acuerdo y una serie diestra bien hecha y mejor dicha sirvió para amarrar la oreja y enseñar la verdadera medida de sus posibilidades. La espectacular cogida en el primer envite con la espada no arredró al novillero que volvió a montar el acero echándolo abajo de un espectacular espadazo que amarraba el triunfo. Dicho lo bueno, también hay que pedirle mayor sentido de la mesura. Era absurdo intentar torear al aplomadísimo sexto, que se dejó las fuerzas poniendo al caballo patas arriba. <img src="https://www.plazadetorosdelamaestranza.com/images/stories/galeria/temp2011/15may/_mg_4140.jpg"/>

El Mundo

Por Carlos Crivell. Rafael Cerro, otro extremeño que apunta alto

La novillada de Espartaco no tuvo nada que ver con la de hace un año. Esta vez salieron los malos, los que no tenían ni clase ni fuerzas, novillos, ya toros por sus hechuras, que frenaron a un terna que despertaba ilusiones entre los aficionados. Sólo se dejó torear el tercero, algo que aprovechó muy bien el extremeño Rafael Cerro para volver a dejar constancia de sus posibilidades. El resto, unos mansos, otros parados, todos sin calidad.

Cerro tiene un buen concepto torero. Con el capote se gusta en la verónica fundamental. Se gustó en un quite por saltilleras. Domina más la muleta. La faena al tercero tuvo dos virtudes. Le supo dar tiempo al novillo y acertó en las distancias. Como le imprime a su estilo un aire muy clásico, los pases surgieron limpios y bellos, bien ligados, con algunos remates de pecho enormes por el trazo y el sentimiento. Toda la gama de adornos le salió bordada, sobre todo unos ayudados finales que abrocharon esta faena. Salió prendido del primer encuentro al matar, por fortuna sin consecuencias. Se llevó una oreja muy justa.

El sexto fue un toro que se pegó al piso y apneas embistió. Se llamaba ‘Rajadito’. Una vez más las reses hacen honor a su nombre. Aunque Cerro porfió, fue inútil lograr nada más que muletazos sueltos, que el animal tomó de forma violenta. Ahora falló mucho con la espada.

Juan del Álamo está en las puertas de la alternativa. El que abrió plaza era manso y rajado. Al salmantino no se le pudo juzgar, aunque con la espada no anduvo muy acertado. El cuarto se dejó algo más, lo que permitió al novillero instrumentar algunos muletazos de buen corte, aunque todo resultó muy deshilvanado. Alargó su labor y acabó embarullado.

López Simón se fue como vino. El primero de su lote, segundo de la tarde, fue manso y no se dejó torear por el lado derecho. La faena por el pitón zurdo fue embarullada por los cabezazos del animal. No hay nada que reprocharle al joven torero. Con el quinto pudo estar mejor. Lo recibió con cuatro derechazos de rodillas en el centro del ruedo. Ya enhiesto, López Simón toreó con una tremenda frialdad, los pases surgieron sin que casi nadie se percatara. Alargó la faena, estuvo voluntarioso, pero es posible que ese novillo tuviera una labor de mayor intensidad.

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©Rafael Cerro (2), Juan del Álamo, López Simón, Rafael Cerro/Empresa Pagés.

Sevilla Temporada 2011.

sevilla_150511.txt · Última modificación: 2012/02/08 18:58 (editor externo)

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