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Real Maestranza de Sevilla

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Domingo, 15 de junio de 2014

Corrida de novillos

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Novillos de Javier Molina (bien presentados, descastados en general; los mejores, 1º y 5º).

Diestros:

Mario Diéguez. Debutaba en plaza. Pinchazo hondo (ovación); estocada caídsa (saludos desde el tercio).

Tomás Campos. Se despide de novillero. Estocada caida y tendida, aviso, tres descabellos (silencio); estocada entera (saludos desde el tercio).

Juan Pablo Llaguno Romero. Media estocada caída, cuatro descabellos, aviso, descabellos (silencio); estocada (silencio).

Presidente: Fernando Fernández-Figueroa.

Tiempo: soleado; caluroso al principio, agradable después.

Entrada: menos de media plaza.

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Crónicas de la prensa:

Lo mejor, lo peor

Por Sandra Carbonero

Lo mejor: Debutantes y veteranos. Retomábamos hoy las novilladas tras el parón por la festividad del Rocío con un cartel variado. Tomás Campos cerraba en la Maestranza su etapa como novillero con caballos. El próximo domingo se doctorará en Badajoz de manos de Morante, El Juli y Perera. Corrida monstruo. El extremeño ha dejado patente que está sobradamente preparado para dar este paso. El quinto de Javier Molina fue de los pocos que se dejó. Pero la ilusión duró poco, ya que terminó rajándose. Aún así Campos dejó unas series templadas y con ligazón con la diestra. Mario Diéguez recibió al primero en el tercio, cerca de chiqueros, para sorpresas de todos. Dejó detalles de torería y buen gusto, pero le faltó emoción y calado en los tendidos. Por su parte, Juan Pablo Llaguno se ha presentado en la Maestranza sin suerte, mostrando sus ganas y su toreo mexicano.

Lo peor: Recuerdos pasados. Tarde de poco fuelle y desilusionante. Aún tenemos en la memoria la novillada triunfal del 1 de junio. Ojalá todas fueran así. Nos queda una novillada, más el mano a mano que se presentará mañana entre Borja Jiménez y José Garrido con novillos de Fuente Ymbro. Un auténtico regalo para el aficionado.

El Correo de Andalucía

Por Álvaro Rodríguez del Moral. Diéguez, Campos y Llaguno se van de vacío en Sevilla

El infierno de la tarde no era la mejor invitación para cruzar el Arenal achicharrado y buscar asiento en el ladrillo caliente de una plaza que se había tomado un descansito por imperativo rociero después de la apoteosis compartida del primero de junio. El calor condicionó el ambiente, el aforo y hasta mandó a la enfermería a una niña pequeña, desvanecida como un pollo de gorrión en un tendido de la ancha solanera. A pesar de todo, el encierro de los Molina –abierto de capas, hechuras y comportamiento– tuvo algunas teclas que tocar. Los hubo malos, sin paliativos, como el cuarto y el sexto. Pero también los hubo potables en distintas medidas y calibres, como los que saltaron en primer, tercer y quinto lugar. ¿Qué pasó después? Intentaremos contarlo…

Debutaba en su tierra el coriano Mario Diéguez, que llegaba precedido de cierto ambientito, especialmente después de su buen paso por Madrid. Pero las expectativas quedaron parcialmente defraudadas a pesar de los atisbos de personalidad y de algún toque de originalidad, como esa extraña forma de esperar al toro de salida entre las rayas, a un lado del portón de los chiqueros. Pero hay que dejar a un lado esas cuchufletas:el novillo se mostró algo brusco en la lidia y sorprendió a los hombres del novillero de Coria del Río pero acabó rompiendo en la muleta. Diéguez se puso y hasta enseñó la calidad de su oponente, que se deslizaba por el izquierdo. Pero la falta de confianza interior impidió que la faena llegara a tomar vuelo. El cuarto le permitió taparse de puro malo: embistió pegando frenazos y enterándose, buscando al torero por debajo del engaño en una faena sin brillo y sin rumbo.

A Tomás Campos, otro valor de la rica cantera extremeña, se le suponía el mejor y más contrastado oficio de los actuantes. Pero el segundo de la tarde fue un auténtico quebradero de cabeza para el novillero pacense. Cambiante, informalote e imprevisible, era capaz de coger la muleta embistiendo por abajo y hasta de abrirse en los embroques antes de pararse en unos y distraerse en otros. La espada funcionó con contundencia y Campos tuvo la ocasión de desquitarse brevemente con el quinto ejemplar de Javier Molina, que protagonizó la anécdota de la tarde al arrebatarle la espada de ayuda con la pelambrera del rabo, arrastrando el estoque un buen tramo de la faena. Con o sin la espada colgando, el novillo se abrió con importancia en los primeros embroques de una labor que tuvo temple, cadencia y firmeza en su fase central. Fue un pasaje muy corto; justo antes de que el novillo, progresivamente distraido y rajado, acabara renunciando a la pelea. La espada, una vez más, volvió a funcionar con autoridad.

Cerraba el cartel el mexicano Juan Pablo Llaguno, un muchacho al que ya se había visto por estos lares en calidad de novillero sin picadores. Emparentado con la familia González Sánchez-Dalp, repitió punto por punto la impresión que dejó en aquellos festejos de promoción. Había gustado con el capote recibiendo al tercero pero con la muleta en la mano evoca el aire de los toreros de los años 50. Lo que pasa es que al muletazo moderno le hace falta una mayor definición en el trazo y sobre todo mayor resolución y remate, sobre todo con novillos tan aprovechables como ese tercero que no terminó de apurar. El sexto, que se paró con peligro sordo, le dejó escenificar un arrimón después de volver a torear con planta perfilera, muleta suelta, remate por alto y aire arcaizante –evoca a su ilustre pariente– pero muy alejado de las exigencias actuales.

Toromedia

Ovaciones para Mario Diéguez, Tomás Campos y Juan Pablo Llaguno

Mario Diéguez se fue a recibir a su primer novillo de forma curiosa, muy cerca de chiqueros, pero en el tercio, toreando a la verónica con voluntad pero sin mucha limpieza. Dejó detalles en el comienzo de faena y demostró buen gusto en la primera serie al natural. Después el novillo se acostó por este pitón y cambió a la derecha, dejando un par de series con compostura que fueron lo mejor de su actuación. Siguió por ese pitón pero la faena se fue diluyendo. Mató de media. Ovación.

En el segundo de su lote, Diéguez lanceó voluntarioso en el tercio. Con la muleta el novillo se paró mucho y terminó por no pasar, reponiendo e imposibilitando el lucimiento del muchacho, que pecó de insistencia ante un animal sin opciones. Mató bien.

El segundo de la tarde embistió con brusquedad y no dejó a Tomás Campos lucirse de capa. Brindó a Diego Urdiales y se encontró con un novillo mansón y sin fijeza al que le tragó con firmeza tanto con la derecha como al natural. Hizo una faena de mérito, muy por encima de las condiciones de su oponente. Mató de estocada y tres descabellos. Silencio.

En el quinto se dio la curiosidad de que en el arranque de la faena se enredó el estoque de ayuda en el rabo del novillo, permaneciendo así buena parte de la faena. Fue el novillo más manejable y Campos le dio buenas series por la derecha hasta que el animal se distrajo y empezó a desentenderse. De nuevo hubo mucha firmeza en la labor del extremeño, que aguantó mucho al natural hasta que el de Molina se rajó por completo.

Juan Pablo Llaguno gustó en el recibo de capa al tercero, al que dio buenos lances ganando terreno y rematados con buena media. A la muleta el novillo llegó brusco y cuando logró atemperarlo le dio buenas series con la derecha. Cuando cambió a la izquierda, el novillo estaba ya desentendido y rajado y le impidió redondear. Estocada delantera. Silencio.

El sexto fue un astado bastante parado al que le Llaguno sacó algunos pases por el lado derecho a base de insistencia. Por el izquierdo tuvo más complicación. Cuando se paró por completo, el mexicano se pegó un arrimón antes de dejar una buena estocada y de esa forma concluyó la tarde en Sevilla.


sevilla_150614.txt · Última modificación: 2020/03/26 12:23 (editor externo)