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Real Maestranza de Sevilla

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Martes, 21 de abril de 2015

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de El Pilar (correctamente presentados, nobles y con diferente juego; 1º, 2º y 3º, buenos; mansos, pitados los demás).

Diestros:

Finito de Córdoba: estocada trasera, dos descabellos (saludos desde el tercio); media estocada tendida (silencio).

José María Manzanares: pinchazo, estocada caída (silencio); pinchazo, estocada en su sitio (silencio).

Daniel Luque: estocada tendida y trasera (saludos desde el tercio); tres pinchazos (silencio).

Banderilleros que saludaron: Curro Javier y Luis Blázquez, de la cuadrilla de Manzanares, en el 2º; Abrahan Neiro, de la cuadrilla de Daniel Luque, en el 5º.

Presidente: Gabriel Fernández Rey.

Tiempo: soleado, caluroso al principio.

Entrada: lleno con huecos.

Incidencias: José María Manzanares tuvo que ser atendido en la enfermería de deshidratación por gastroenteritis y tuvieron que administrarle suero; corrió su turno del 5º al 6º puesto en el orden de lidia.

Video resumen del festejo: http://www.canalplus.es/toros/videos/sevilla/

Crónicas de la prensa:

Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Gran expectación ante la corrida del martes de farolillos. Por los diestros y por los toros, entre los que había otro “Niñito”, hermano de aquel de El Pilar que triunfó en la feria de 2014. Y la cosa empezó muy bien pero acabó bastante mal. Los tres primeros sirvieron y los tres segundos mejor que no hubieran salido. El primero sirvió para Finito dejará aroma para un rato por la Maestranza. Toreo primoroso, estético, de chispa, de ángel, y, sobre todo, de originalidad, de sello propio. Nos dio igual que no acertara a la hora de los aceros. El segundo fue bueno, pero no tanto como algunos hacen ver, pegó parones, llevó la cara muy arriba a ratos y Manzanares, tal vez mermado, no completó la faena. El tercero, bueno pero con problemas, fue para Luque que redondeó tampoco en su mala relación con la plaza sevillana. Lo demás fue anécdota, hasta los dos litros de suero que pusieron a Manzanares para que saliera al final. Yo me quedo con lo de Finito, repasen el video y vean qué estética…Ah y también con la labor de ese gran banderillero que es Curro Javier, el niño del Pincho, de Sanlúcar…qué bueno es.

Lo mejor, lo peor

Por Sandra Carbonero

Lo mejor: La esencia de Fino. La musas de la inspiración cordobesa se posaron sobre la Maestranza. Vimos a un Finito en estado puro con el que abría plaza. Alborotó los tendidos con el recibo de capote con mucho gusto. Con la muleta hubo pasajes de auténtica torería. Con la diestra toreó con la mano baja y brotaron derechazos ligados y con temple. Al natural, hubo una tanda toreando con mucho sabor y despacio sudas. El descabello le privó de conseguir trofeo. Mención especial merece la extraordinaria tarde que tuvo la cuadrilla de Manzanares y la suerte de varas al bravo segundo.

Lo peor: Tres toros tres. La corrida estuvo dividida en dos partes. Los tres primeros toros con grandes cualidades y los tres últimos mansos y descastados. Manzanares desaprovechó la suavidad de la embestida del segundo, sus arrancadas de largo y su fijeza. Tuvo que pasar a la enfermería por una gastroenteritis y salió a matar al sexto corriéndose turno. A Luque le tocó un tercero con muchas teclas que tocar pero no consiguió la brillantez necesaria.

Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Apuntes al natural de Finito

Apuntes al natural de Finito

En una tarde espléndida y con los tendidos de la Maestranza abarrotados -casi lleno- el espectáculo no llegó a romper, con una corrida de El Pilar, en su conjunto mansa, pero que ofreció tres ejemplares con nobleza en la primera parte que no llegaron a ser aprovechados. Finito, Manzanares y Luque, cada uno a su estilo, llegaron incluso por momentos a ponerse pesados -ahí quedaron los tres avisos repartidos a uno por coleta para la terna-.

Dentro de lo que ofreció la terna destacaron algunos pasajes de Finito ante el que abrió plaza, un colorao de correcta presentación, corretón de salida, que se propinó un costalazo tras un tercio de varas de trámite. Portilloso manseó en banderillas. Pero tomó bien las telas. Finito, apuntó un par de verónicas, con el capote tan recogido, que parecieron medias. Con la derecha no llegó a acoplarse en varias tandas de desigual intensidad. En alguna otra sí hubo mando. Con la izquierda -el mejor pitón del astado- alargó el trazo del muletazo en una serie con enjundia. Fue lo más auténtico y deslumbrante de la tarde. El público se rompió las manos y arrancó la música.

Pero Finito dejó su obra en sólo esos bellos apuntes al natural, porque apostó de nuevo por el otro pitón y la faena cayó en picado. Y ya descendió casi en intensidad otra tanda con la izquierda. Hubo adornos con el empaque propio de un torero veterano y de excelente corte, como algún pase del desprecio o un ayudado de escándalo para preparar al toro en la suerte suprema. Fino no anduvo fino con los aceros y todo quedó en una gran ovación.

Con el cuarto, Niñito, que en nada recordó al toro del mismo nombre de este hierro -el toro más completo de la pasada feria-, Finito concretó un trasteo sin interés ante el manso animal.

Manzanares tuvo en suerte, en primer lugar, un ejemplar con transmisión: el segundo, otro colorao ojo de perdiz, bien armado, que peleó de manera espectacular en varas, dando en el primer envite cabezazos y derribando a Barroso, quien lo picó muy bien en un segundo puyazo. El toro resultó andarín. Manzanares se peleó al comienzo del trasteo con desigual fortuna, limando algunas asperezas. Pero continuó en un trasteo que resultó larguísimo y pesado y que acabó de manera monótona. Únicamente, con anterioridad, destacó en un par de verónicas y una media suaves.

El alicantino ingresó en la enfermería donde fue tratado por una deshidratación. Por ello, se cambió el turno y lidió el que cerró plaza. Aquí se las vio con un toro alto, que acabó parado tras acometer a regañadientes, pese a la buena brega de Curro Javier. Manzanares, tras embeberlo en el capote, insistió en las rayas en una labor porfiona y sin frutos.

Manso y noblote fue el tercero, de bella lámina. Luque realizó una labor estimable en la que los mejores momentos nacieron cuando con la izquierda tapó la cara al manso y lo llevó toreado. El cierre por luquecinas calentó al público. Todo quedó en una fuerte ovación tras no acertar al primer envite con los aceros.

Con su otro oponente, alto, que en su mansedumbre dio media vuelta al ruedo junto a tablas y busco pronto toriles, Luque comenzó la faena con firmeza, con muletazos a pies juntos. Ya junto a chiqueros, con el toro convertido en un marmolillo y el público pidiendo la hora, cortó el trasteo al tiempo que se encendían las luces.

El resultado artístico no correspondió a la expectación en una corrida en la que brilló especialmente al natural Finito de Córdoba. Únicamente sucedió en una serie de alto voltaje. Brilló a medias.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. El sueño de Finito que no fue y lo que Manzanares desperdició

Era de esos toros de El Pilar que nadie ve. O hablo por mí. 'Portilloso'. Largo, ensillado, montado, colorado encendido, casi retinto, más seria su visión de perfil que de frente. No había hecho nada en los tercios preliminares como para apostar por él ni todo lo contrario. Suelto de salida y como desentendido. Finito de Córdoba lo recogió de original modo, como con tres medias verónicas con el capote arrebujado. Por su altura encampanada trotaba el toro. Por ahí la cara en el peto. Pero en un capotazo de Álvaro Oliver excesivamente mandón, o violento, el toro clavó los pitones en la arena con intención de tomar los vuelos.

Ya se decantaría el vino en todo su rojo y profundo esplendor en un derechazo por abajo, más allá de la firma, del prólogo de Finito. Runrún de presagio después del ole. Y el presagio fue una hermosa serie por la misma mano preñada de clase. Un broche de campero recorte, un apunte de Ruano. La siguiente tanda no adquirió el mismo calado por su linealidad, y sin embargo al natural Portilloso siguió con carácter y a fondo los vuelos de la muñeca de Juan Serrano antes de ser muñecazo. Espléndida la promesa del veterano. Sonaba a gloria Manolete en el aire de la banda del maestro Tejera. Córdoba la Sultana se asomaba a Sevilla. Mas no pregunten por qué el Fino, como le dicen, no siguió al natural y se enredó con la mano de la cuchara. Los oles seguían como si a la plaza le hubieran puesto el piloto automático. Y al torero también. Un natural quizá, un cambio de mano de categoría. La cabeza sobre el corazón, la técnica sobre la clase. Qué pena. Aun así si cae el toro -lo que hubiera sido milagroso por lo tendido de la espada- hubiera sido posible la oreja. Otras ha habido de pan en melón. Da igual ya. 'Portilloso' se arrastró entero entre ovaciones. Otra para Finito por el sueño que no fue.

Bravo de verdad en el caballo demostró ser el segundo representante de El Pilar. Ideal por cómo se abría en los vuelos desde su aparición en el capote de José María Manzanares y por su temple. Derribó por los pechos en la espléndida suerte de varas que protagonizó Barroso, que se empleó en el siguiente encuentro como el toro: 'Alambrisco II'. Bizco del izquierdo, bajo, enmorrillado, un tacazo de amabilidad y bondadosa expresión. Daniel Luque sólo tuvo que mecerse a la verónica en el quite para que la embestida cogiese la leve onda como la seda. Así de fácil planeaba. La media valió la pena. Como el tercio de banderillas de Curro Javier y Blázquez. De chapó. Hoy sí.

Su jefe de filas no lo vio por ningún lado en una faena tediosa y eterna como el infierno. Qué malamente anduvo Manzanares entre interminables paseos para tan soberbio y pronto toro. ¿Cómo un torero que cautivó en 2011 por sus formas puede ahora citar con la mano derecha presentada así -la punta del estaquillador mirando a la Giralda- y ofrecida de tal modo -como una pantalla Imax 3D- constantemente a la defensiva? Es el mismo torero del otro día, no se equivoquen, pero puesto en evidencia por un toro que en su izquierda (una sola serie por siete de telonazos diestros o siniestros) portaba el Paraíso… Le pegaron el cante en 'su' Sevilla. No se ajustó nunca ni en espacio ni en velocidad, destempladísimo y arrítmico con el ritmo de la embestida. Pasó el matador, que esta vez no se tapó ni por la espada, a la enfermería aquejado de una gastroenteritis. No valen excusas con tan excelente toro. Glorioso arrastre. Hasta el sexto -se corrió turno- no regresó.

Entre tanto, Daniel Luque hizo cosas con un tercero hermano de 'Alambrisco II', que se llama igual con un número romano menos. Guapas las hechuras. Luque apuntó cosas con el capote y con la izquierda, pero el toro careció de continuidad después de amagar con rajarse. Nobleza tuvo toda y más. Y Daniel de Gerena tampoco es un dechado de constancia. Hasta el encendido final por luquecinas bajo el sol aguantó la santidad. Un saludo desde las rayas como premio de consolación.

Bajó el tono de la corrida de Moisés Fraile en su segunda mitad con un cuarto sin potencia ni fuerza que Finito ya se encargó de enseñar y un quinto manso que directamente se fue a chiqueros en vez de tras la muleta de Daniel Luque.

Sonaron los clarines del último toro y 'reapareció' José María Manzanares ya rehidratado de sueros. Hondo y acodado el castaño ejemplar de El Pilar que viajó en el capote de Curro Javier. Enorme el subalterno. Doblóse Manzanares con el toro y la muleta al caer contra el albero sonó como un telón. Brutota la embestida en son a las hechuras. No despegó ni por las voces. Un recuerdo para 'Alambrisco II', en desquite y en justicia, ganadero.

El País

Por Antonio Lorca. La dictadura del toro moderno

El ambiente olía a triunfo. Primer día de farolillos, la manzanilla que comienza a hacer estragos y la presencia de un querido hijo pródigo al que todos tutean y llaman Josemari. Pero, ya se sabe: tarde de expectación, tarde de decepción. Pero, ¿por qué? Si estaba todo preparado para que la Maestranza vibrara con esa emoción tan descafeinada que parece sentir el público generoso… Si los toros estaban elegidos con mimo para que colaboraran (este sí que es un verbo antitaurino) con los artistas. Parece inexplicable, pero lo cierto es que el festejo se precipitó por la pendiente del desencanto, primero, y el más absoluto aburrimiento, después.

Habría que concluir que la culpa fue de los toros, que es lo primero que se dice hoy entre los taurinos y el supuesto periodismo de vanguardia.

Pues, no, mire usted por dónde. Hubo tres toros que se fueron con las orejas al otro barrio por incompetencia de los artistas del cartel.

El ganadero se había esmerado en la elección de sus pupilos. Toros bien hechos, guapos y armónicos, que se dice ahora; justos de todo, de bravura, casta y fuerza, y sobrados de nobleza, eso sí. El referente del toro moderno, ese que se cría en el campo al gusto milimétrico de las figuras, y que tanto asombra a los públicos de hoy.

Y salieron tres toros, los tres primeros, para cortarles las orejas, para torear sin miedo, con gracia, sin ser molestado, y crear esa obra de arte uniforme que viene diseñada desde el hotel. Y los tres se marcharon de esta vida con sus carnes intactas, orejas incluidas.

Manzanares, protagonista indiscutible, no tuvo su tarde. Al parecer, sufre una gastroenteritis, que le obligó a visitar la enfermería tras la muerte de su primero y a correr el turno de su segundo mientras era atendido por los médicos.

Serían los efectos de tal padecimiento, pero lo cierto es que ofreció una imagen superficial y anodina. Le tocó en suerte el mejor toro del encierro, el segundo, y lo desaprovechó dejándose enganchar la muleta, citando al hilo del pitón, siempre fuera cacho, despegado y en línea recta, sin encontrar el camino que el toro exigía. Al sexto, más descastado, lo muleteó periféricamente, sin gracia alguna.

Finito, que se estrelló ante el muy inválido cuarto, creyó tocar la gloria con los dedos porque se le cantó su faenita al muy noble primero. Tiene este torero clase para regalar, pero lo que le falta es corazón para colocarse en el sitio que requiere el buen toreo. Aprovechó el viaje del animal para dar derechazos bonitos, pero escasos de torería, y mejoró con la zurda en una tanda de naturales hondos que supo a muy poco.

Luque hizo un buen planteamiento con capote y muleta, pero deja caer el percal y no se embragueta en el encuentro; y con la franela quiso hacer un toreo depurado y con fundamento, pero le falta mejor colocación y menos encimismo. Justificado estuvo en su segundo, que era un muermo.

Conclusión: que torear es algo muy serio. Tanto es así que hay que poseer un don y sentir en el alma aquello que se hace. Torear no es dar pases, sino desbrozar un misterio; no es contentar a un público bullanguero, sino llegar al alma de los más veteranos y sabios. Y el toro de hoy, el que salió en la Maestranza, es el producto de laboratorio ideal para que ese milagro sea posible. Tan ideal como exigente; si te asalta un mareo, has reñido con tu mujer o te traicionan los biorritmos, el toro bondadoso, que es un dictador implacable, gana la pelea. Como ha ocurrido en Sevilla…

La Razón

Por Patricia Navarro. Una mágica tanda de Fino y tres toros tres

Si a Fino se le ocurre repetir esa tanda de naturales… Sí, esa que nos sobrevino después de dos diestras y nos atrapó con asfixia. Si lo hace, si lo consigue, si nos lo regala se hubiera caído Sevilla sin remedio. Aquella tanda, la tanda a partir de ahora, lo tuvo todo. Largura, intensidad en un viaje cargado de emoción porque el toro iba entregado y sin fin y una calidad sublime, que le es innata a Finito de Córdoba. Antología en una serie de naturales. Después de que esos muletazos nos pasaran por encima no hicimos otra cosa que esperar el milagro de nuevo. El torero siguió por la derecha y estaba bien, pero más sucio el muletazo, menos redondo y sin esa misteriosa fuerza que nos iguala a todos ante la emoción. Cuando el toreo te agarra, te hace presa y te descuartiza si quiere. Dejó un cambio de mano soberbio y la torería que tiene sólo por estar y en estos tiempos en los que se premia la vulgaridad vale madre, pero tenía un toro importante enfrente. Uno de El Pilar bravo, repetidor y entregado. Y eso que abría tarde. Gran toro, grandiosa tanda al natural. Si lo llega a repetir…

«Portilloso» puso el listón alto, pero no quedó ahí. Salió un segundo y un tercero. Uno para cada uno para echar a andar. Manzanares se las vio con el siguiente. Y meció con suavidad los brazos a la verónica, ya descolgaba el toro, con todo lo altón que era. Bravo en el caballo llegó a la muleta con muchos matices, pero sumando buenos. Nobleza y repetición, aunque había que empujarle un poquito más. Bien José Antonio Barroso a caballo y Curro Javier y Blázquez con los palos. Un filón. Y llegó la hora de la verdad. El toro tenía una tecla clave: a más suavidad en las telas, embestida más larga y entregada. De esas veces que el toreo es caricia. Manzanares picó de aquí y de allá, pero el guiso quedó sin hacer.

El tercero tuvo una calidad tremenda, sobre todo por el pitón zurdo. Qué manera de embestir con entrega, humillado y profundidad. Y eso que pasó por el caballo como un simulacro y amagó con rajarse en los inicios. No se acordó después. Había que buscárselo pero lo entregaba sin rechistar. Daniel Luque aparentó en algunos muletazos iniciales, descubrió al toro pero luego se quedó a la espera, siempre a la espera, y así el toreo no logró esa continuidad que merecía.

A partir del cuarto fue otra corrida. Manzanares se fue a la enfermería aquejado de una gastroenteritis y regresó para matar al sexto. No fue bueno el toro ni lo superó la faena. Un deslucido cuarto no dio opciones a Finito de Córdoba y el quinto, con el que se desmonteró Abraham Neiro, se rajó y no valió para nada.

Tres toros tres. Si invertimos el orden, que también hace, y sobre todo las prioridades… Tres toros, tres.

El Correo de Andalucía

Por Álvaro Rodríguez del Moral. Notas cordobesas

Sonó Manolete y nos quitamos mil años de encima. La memoria voló a otros tiempos, a otros mundos -seguramente a otras ilusiones- y nos condujo de la mano hasta aquella edad de oro de los novilleros en la que Finito rompió en promesa de torero grande. Posiblemente nunca fue capaz de aprovechar los talentos que le había regalado la providencia pero sí dejó -para deleite y recuerdo- algunas piezas de recreo que aún nos alimentan.

La de ayer era su vuelta a Sevilla después de varios años ausente, espoleado por este otoñal rejuvenecimiento que le ha llevado a firmar faenas aquí y allí que nos hacían maldecir la falta de decisión en tantos momentos clave. Pero Finito venía a torear. Y el primero de la tarde, un serio ejemplar muy en el tipo de la vacada charra de El Pilar le permitió querer siempre y poder casi siempre. El Fino ya rompió la baraja enroscándose al animal con tres medias verónicas que pusieron punto y aparte. Premioso y suelto en la lidia, el animal quedó visiblemente quebrantado después de una monumental costalada. Pero no iba a importar. El mejor Finito le enjaretó tres muletazos de los suyos que amarró con un remate inclasificable; hubo una más, algo más atropelladita y un nuevo muletazo de fantasía.

La gente supo verlo y se metió de verdad en la faena, que prosiguió trufada de calidad, personalidad -también algún altibajo- por ambas manos mientras arrancaba Manolete, ese Amarguras de los pasodobles taurinos que también saludó una excelente serie al natural que nos hizo frotar los ojos. ¿Será posible, a estas alturas? Pues fue posible, hubo imaginación, esfuerzo y esa imperfecta expresión que convirtió el trasteo en arte. ¿Apuró al toro Finito? Y qué más da… Si el acero hubiera entrado pronto y bien habría cortado una oreja de oro viejo. Habría sido un poco de todos… El cuarto de la tarde, que no tenía clase ni recorrido, no era el mejor material para el trabajo de un orfebre. Ya teníamos bastante.

El caso es que en la corrida hubo otros dos toros cargados de posibilidades y le tocaron ¡ay! a un Manzanares en busca de su propio hilo que hizo el paseíllo mermado de facultades. Después de matar al segundo tuvo que pasar a la enfermería aquejado de un cuadro de gastroenteritis y deshidratación y no salió -después de correrse el turno- hasta que los clarines anunciaron la salida del sexto. El Manzana sorteó el lote de la corrida y su complicado momento no le permitió reeditar las grandes obras que en este mismo ruedo le hemos visto. Dicho esto merece la pena hacer un alto. Hoy se habla de Josemari como una especie de farsante pero conviene recordar las tardes apoteósicas que le convirtieron en la gran figura que es. Y no es la primera ni la última que atraviesa un bache que, como tantos, superará para resurgir recrecido.

Volviendo al hilo del festejo, hay que destacar la templanza y la clase del capote del alicantino en sus dos toros. Al segundo, que derribó a Barroso, también le recetó Luque un puñado de lampreazos que revelaron su excelente momento. Con ese animal, Manzanares se empleó en un largo trasteo en el que hubo tantos esfuerzos como falta de resolución. El diestro de Alicante sobó y sobó la embestida del toro de El Pilar pero la faena nunca tomó vuelo y la espada -esta vez- se atascó. Tampoco pudo ser con el sexto, descubierto para el gran público en el capote cósmico de Curro Javier. El Manzana volvió a pasar mucho tiempo en la cara con continuo cambio de terrenos sin terminar de verlo claro. Le queda una.

Nos quedamos con ganas de ver a Luque con otros toros. El joven matador de Gerena transmite buenas sensaciones; seguridad en la cara de los toros; compostura natural y ese estado de gracia que hace brotar el toreo como una prolongación de la yema de los dedos. Da gusto ver a Luque manejando el capote: en los lances de recibo; en la brega y la lidia o en esos detalles -hay que anotar una hermosa tijerilla o un capotazo completamente circular que paró al quinto- que le hacen un intérprete indiscutible del toreo de capa. Pero Daniel no tuvo toros aunque exprimió al máximo al manso y rajado que hizo quinto. El joven diestro toreó con bellísimo trazo al natural antes de meterse entre los pitones y rematar su labor con las ceñidas luquecinas, marca de la casa. No había venido a pasearse pero no tuvo ninguna opción con ese quinto que hizo cosas muy raras de salida y acabó rajándose por completo.

ABC

<img src="http://www.portaltaurino.net/archivos/18961328200600.png"/>Por Andrés Amorós. Finito de Córdoba deja su sello en un festejo que duró solo tres toros

Tarde accidentada por la indisposición de José María Manzanares, que tras estoquear al segundo de la tarde, primero de su lote, tuvo que pasar a la enfermería. Una gastroenteritis hizo que le tuviesen que administrar suero y su segundo toro, quinto de la tarde, lo mató en sexto lugar.

Al margen de esta cuestión, la corrida de El Pilar-Moisés Fraile, triunfadora el pasado año en este coso, fue de más a menos. Buena condición en los tres primeros, sobre todo los primeros tercios del segundo, y mansos y descastados los tres últimos. Los mejores momentos los firmó Finito de Córdoba en el que abrió plaza.

Precisamente, ese primero fue alto de agujas, un «tío» con mucha seriedad. Tres medias verónicas con el sello del cordobés sirvieron para comprobar la bondad del de El Pilar. Inicio de faena a pies juntos por alto para dejar una primera serie con clase aunque aprovechando las embestidas del animal.

Más embraguetado en la segunda, surgió un ramillete de redondos con profundidad. Le daba respiro el Fino entre serie y serie hasta que llegó el toreo al natural, donde vimos la dimensión en tres muletazos en los que alargó mucho el viaje. Otra más igual. Y los remates por bajo y los cambios de mano. Le faltó más consistencia al trasteo pero hubo mucha profundidad en lo que hizo. Estocada y descabello y fortísima ovación.

Otro cantar fue el cuarto, un toro que cabeceaba y tenía medias embestidas. Sin clase y sin raza. Se puso Juan Serrano pero no pasó prácticamente nada.

Buenas las verónicas de recibo de Manzanares al segundo, un toro que derribó en el caballo y que tuvo prontitud en sus embestidas. Gran tercio de banderillas de Curro Javier y Luis Blázquez, que saludaron.

Llegó con boyantía al tercio final el toro. Manzanares corrió la mano ligando. Dos series en las que el astado repitió y tomó la muleta del alicantino, que lo pasó sin obligarle en demasía. Ya al natural la cosa cambió: Manzanares se puso más en corto y el toro, que pedía distancia, protestó. Machacón a partir de ahí el torero, la faena se fue diluyendo. Faltó la conjunción.

A su segundo, con el rostro muy pálido el torero, lo capoteó con más voluntad que acierto. El astado tuvo un muy buen tranco en los tercios de varas y banderillas -cumbre, de verdad, bregando Curro Javier-, pero en la muleta Manzanares no le cogió el aire ni el toro se empleó. Uno por otro, aquello no funcionó.

Daniel Luque dejó algunos lances a su primero, que brindó viendo cómo se desplazaba el animal. Tras el primer muletazo el astado huyó a chiqueros. La principal virtud de Luque fue mantenerlo lejos de aquellos terrenos. Estuvo muy firme, seguro en serie de mucho poder y quedándose quieto. Iba el toro pero siempre mirando de reojo las tablas. Estuvo muy por encima el de Gerena.

El sexto -lidiado en quinto lugar- fue un manso de libro que no dio ni una sola opción al torero desde que salió por la puerta de chiqueros.

Toromedia

Finito hace la mejor faena de la tarde

Finito dejó dos buenas medias verónicas en el toro que abrió plaza que despertaron los primeros oles. En la primera serie hubo dos derechazos muy buenos que conectaron rápidamente y un remate de trinchera que terminó en cambio de mano de una forma muy original. Lo repitió como remate de la segunda serie, también buena. Al natural dio una tanda que terminó de calentar el ambiente. Volvió a la derecha y bajó de nuevo la mano para someter al de El Pilar. Hubo una última serie al natural con muletazos de buen trazo y mató de estocada, pero el toro tardó en caer. Tuvo que descabellar dos veces y eso le privó de un posible triunfo.

No hubo lucimiento con el capote en el cuarto y tampoco en la faena de muleta. El de El Pilar estaba justo de fuerza y claudicaba cuando el torero le forzaba. Finito lo intentó por el lado derecho pero no logró ningún momento brillante debido a lo deslucido que era el toro.

Manzanares dio tres verónicas y media muy buenas y templadas en el recibo a su primero. El toro fue bravo en el caballo, derribando en la primera vara y empujando seriamente en la segunda. Luque le hizo un buen quite a la verónica. En banderillas se desmonteraron Curro Javier y Luis Blázquez. Manzanares se lo llevó a los medios y comenzó toreando ligado con la derecha. En la segunda serie el toro pareció desinflarse. Al natural el toro miraba y tenía más complicación. El de El Pilar fue acrecentando el defecto y le hizo tragar al torero. Manzanares no dio su brazo a torcer y siguió hasta exprimir todas las arrancadas de su oponente. Extendió mucho la faena y mató de pinchazo y estocada.

El diestro alicantino tuvo que entrar en la enfermería aquejado de mareos por una desidratación. Más repuesto, salió de la enfermería aparentemente y recibió al sexto con lances ganando terreno. Este fue otro toro que llegó a la muleta sin fuelle y sin demasiada raza pero Manzanares lo supo consentir y le dio muletazos estimables con la derecha. Mató a la segunda y fue silenciado.

Daniel Luque estuvo templado con el capote en el tercero, un toro que emprendió la huida a chiqueros después del primer muletazo. El torero de Gerena planteó la faena en los medios y ahí poco a poco se fue desinflando el de El Pilar. Estuvo firme Luque, dándose un arrimón al final de la faena. Como colofón hizo la 'luquesina', muletazo en el que cambia la muleta por la espalda y torea con el envés ligando los muletazos sin moverse. Mató de pinchazo y estocada y fue ovacionado.

Luque toreó en quinto lugar porque Manzanares estaba siendo atendido en la enfermería. Este toro fue manso de salida, barbeando tablas y salió suelto del caballo. El sevillano firmó un bonito comienzo de faena y el toro buscó rápidamente su querencia. Allí se refugió y no quiso embestir. Pinchó reiteradamente y fue silenciado.


©En la imagen de Toromedia, Finito de Córdoba.

Sevilla Temporada 2015.

sevilla_210415.txt · Última modificación: 2015/04/22 06:05 por paco

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