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Real Maestranza de Sevilla

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Viernes, 24 de abril de 2015

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Núñez del Cuvillo (bien presentados, bravos y nobles, con excelente juego todos excepto el 1º, soso; el mejor, el 2º, llamado Encumbrado).

Diestros:

Francisco Rivera Ordóñez “Paquirri”: de nazareno y oro. Estocada caída y trasera (silencio), estocada tendida y trasera (silencio).

José María Manzanares: de catafalco y azabache. Pinchazo hondo, descabello, aviso, cuatro descabellos (saludos desde el tercio); dos pinchazos, aviso, pinchazo hondo, estocada tendida (vuelta al ruedo).

David Galván: de verde esmeralda y oro. Pinchazo, estocada casi entera tendida y trasera (palmas); pinchazo, aviso, pinchazo hondo (vuelta al ruedo).

Banderilleros que saludaron: Rafael Rosa y Luis Blazquez, de la cuadrilla de Manzanares, en el 2º; Curro Javier, de la cuadrilla de Manzanares, en el 4º.

Incidencias: el banderillero Juan García, de la cuadrilla de Paquirri, fue cogido por el cuarto y atendido en la enfermería de “cornada cerrada en cara posterior de muslo derecho que interesa a planos musculares con una trayectoria ascendente de 10 cms. Se procede bajo anestesia raquídea a desbridaje, limpieza, hemostasia y colocación de drenaje. Pronóstico: Menos grave que le impide continuar la lidia siendo hospitalizado. Firmado: Octavio Mulet Zayas”.

Presidente: José Luque Teruel.

Tiempo: soleado, agradable.

Entrada: lleno con huecos.

Video resumen del festejo de Canal Plus Toros: http://www.canalplus.es/toros/videos/sevilla/

Crónicas de la prensa:

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Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Lleno este viernes de Feria de variado público – aficionados, manzanaristas y del cuore- que disfrutó de lo lindo, aunque al final del festejo no se había cortado ni una oreja. Les recuerdo que hace 100 años la Prensa de Sevilla pedía al gobernador civil que no dejara entrar en la Maestranza esa bárbara costumbre de otras plazas de dar despojos de la res. Pues bien, Núñez del Cuvillo echó una espléndida corrida de toros, muy buena para el torero, o sea para el lucimiento y el espectáculo, con un “Encumbrado” que nos recordó mucho a Arrojado. A Paquirri se le nota la ausencia y que ya no es aquel chaval, ni como persona ni como torero, que tomó la alternativa hace 20 años. Aseado sin más con nobles toros. Manzanares pudo abrir la puerta del Príncipe por cuarta vez porque si acierta con los aceros – cosa rara ese fallo en él- habría cortado, sin duda, cuatro orejas. Dos faenas templadas, de gusto, del gusto de Sevilla. Al primero lo debió matar recibiendo y al otro al volapié. Y lo hizo al revés. Pero ahí queda eso y una vuelta clamorosa que la Maestranza le obligó a dar. David Galván algo frío en el primero no se calentó hasta que el sexto lo volteó: ahí sacó casta y valor y pudo cortar trofeo también. Para que además no faltara emoción quinto y sexto dieron sendas tremendas volteretas a los coletudos por error o confianza. Y Manzanares II de Sevilla volvió a triunfar, en el patio de su casa, aunque no cortara orejas esta vez.

Lo mejor, lo peor

Por Sandra Carbonero

Lo mejor: De vuelta a la cumbre. Cuvillo ha vuelto a la senda que nunca debió perder. Un encierro muy completo que ha marcado la diferencia. Encumbrado nos recordó a su hermano Arrojado en manos de Manzanares. Otra vez, el alicantino volvió a tener entre sus telas un sensacional ejemplar de Núñez del Cuvillo. Encumbrado mostró sus grandes cualidades, en el capote humillando y metiendo la cara con clase y en el caballo, su bravura. José María Manzanares enjaretó una faena de menos a más. Con la diestra es por donde tuvo más intensidad la faena llevándolo muy templadito. La espada fue su talón de Aquiles porque muy posiblemente tenía en sus manos las dos orejas, mismo premio que hubiera tenido del quinto de no errar otra vez. Con este, se llevó un gran volteretón. Fue una faena con pasajes cargados de plasticidad, pero fue al natural cuando ya terminó de romper. Otro trofeo pudo pasear del sexto David Galván, que fue cogido feamente. Tras este susto, vimos a un torero más seguro y valiente. Clavó las zapatillas en el albero logrando que el toro pasara una y otra vez con los pitones pegados a la taleguilla. Si la tarde fue de Cuvillo, la Feria sin ninguna duda ha sido de un hombre de plata: Curro Javier.

Lo peor: Una fecha señalada. También sufrió otro percance el banderillero de Rivera Ordóñez, Juan García tras parear al cuarto. Paquirri volvía en el año del 20 aniversario de alternativa a la plaza donde la tomó. Seguramente no fue como lo soñó, porque al igual que sus compañeros tuvo material para triunfar, pero en cambió no se acopló con el buen cuarto.

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El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Manzanares pincha una gran corrida de Cuvillo y la Puerta del Príncipe

Un 23 de abril de 1995 Francisco Rivera Ordóñez se convertía en matador de toros en Sevilla, la misma plaza que este viernes recibía su regreso supuestamente conmemorativo con un silencio frío de calculada medida. Ni una palma al romperse el paseíllo 20 años después. Tampoco Rivera despertó las ovaciones con el bondadoso y rematado cuvillo de su reaparición sevillana. El toro rasgó su capote antes de ser picado muy trasero y excesivamente sangrado. En la media altura paso la muleta de RO como en un pacto de no agresión. La faena de grueso trazo se apagó conforme a la embestida. La estocada se hundió por donde los puyazos y siguió reinando el silencio.

Por el contrario, José María Manzanares se dejó enterito en el caballo al lindo toro de Cuvillo que nada más salir colocó la cara con clase en la onda de las verónicas de amplio vuelo. Pronto, alegre y bravo 'Encumbrado' en las chicuelinas de mano baja del quite, replicado por David Galván con otro por el mismo palo. Manzanares brindó a los médicos que le habían atendido el otro día de la gastroenteritis como los agradecimientos que suelen hacerse cuando regresa el matador de una cornada.

La faena transcurrió en los medios con generosa distancia. Composición, empaque y limpieza en las series de redondos más que poso. Manzanares se engalanó en un cambio de mano marca de la casa. La plaza deliraba de pasión. Al natural el toro se desplazaba con un metro más de tranco: tres y el de pecho. La siguiente ronda, tras un respiro eterno en el que el toro se puso a escarbar por no fumar, de nuevo diestra, adquirió la mayor plenitud y consistencia de todas. La Maestranza se había vuelto a llenar por cuarta vez para ver a su torero y se entregó por completo al nuevo y lento cambio de mano antes de despedir la faena por naturales ligeros y adornos toreros.

Quiso José María Manzanares matar en la misma boca de riego para asegurar las orejas, pero se arrancó muy vivo 'Encumbrado' al toque y del encuentro quedó un pinchazo hondo y sin muerte. El descabello reiterado y el aviso difuminaron definitivamente los trofeos de un cuvillo que a algunos recordó a 'Arrojado'. Qué recuerdos. Larga es su sombra.

Otras hechuras diferentes traía el tercero de más amplia cara. David Galván brindó el toro al público, al cielo y a Manzanares. Pero el cuvillo sin clase ni voluntad para humillar ni romper hacia delante no merecía tanto brindis. Ni uno. Galván se encasquilló en una faena premiosa.

Manseó el serio cuarto de Cuvillo, que fue buen toro. En banderillas hizo hilo hacia los adentros con Juan García hasta alcanzarlo por salva sea la parte, sin que nadie cortase el viaje. Se escapó de milagro. Rivera desde el percance de Olivenza no ha vuelto a coger los palos. Hace bien. La faena alternó las manos sin que fluyese el toreo desde una colocación en la que es francamente difícil que aparezca. Una voz del sol pegó el cante de lo que sucedía: “¡Cuánta vulgaridad!” Rivera desde la trinchera se dejó enganchar por el leve punteo de la noble embestida incontables veces.

Ya con el hondo y castaño quinto se podía afirmar que Álvaro Núñez había lidiado una gran corrida. Que se suma a las de Valencia y Castellón. Cuvillo ha vuelto por sus fueros. El pitón derecho del toro fue de aquella manera por su encastada profundidad. Manzanares toreó en tandas medidas que en el segundo y tercer muletazo lograban su cenit sin alcanzar nunca el cuarto. Bramó el público y la faena cobró más emoción aún cuando el torero fue levantado del piso en un desplante sin consecuencias. Más tropa que capotes al quite. Por la izquierda el toro no era igual, así que JMM apostó por la continuidad con el mismo gran eco incondicional. Se empeñó en entrar a matar en la suerte de recibir cuando el toro no lo pedía ni lo quería (el suyo anterior sí valía para hacerlo). Y pinchó por dos veces. Y otra más al volapié ya sin fe. Adiós a otras dos orejas, que cambió por una sentida vuelta al ruedo. Su mayor éxito de Abril es sin duda la gente que ha movido en póquer de llenos.

Un firme David Galván fue volteado por el sexto afortunadamente sin consecuencias. Enormes los pases de pecho de una faena de valor que acabó en las distancias cortas con el noble toro, que siempre se resistió por el izquierdo, a menos. Pinchó y dio la vuelta al ruedo.

El Correo de Andalucía

Por Álvaro Rodríguez del Moral. La transfiguración de Manzanares

El momento definitivo de la corrida llegó en esas raras conjunciones que sólo se pueden ver, oír y palpar en Sevilla. El aire cálido de abril había dado paso a la brisa de la marea, abrazada por esa luz crepuscular que encontró su mejor envoltorio sonoro en el pasodoble Suspiros de España. Era uno de esos instantes mágicos que valen por toda una Feria y Manzanares ya había encontrado el acople con un quinto al que había cuajado con el capote. Pero antes, el gran Curro Javier -que escaló todas las cumbres de plata- lo había cuajado con los palos. El animal puso resultar algo tardo en el primer muletazo de cada serie pero acabó enseñando una excepcional codicia y un galope continuado a toro arrancado.

El alicantino ya estaba cuajándolo pero el desplante que siguió a un trincherazo de libro acabó convirtiéndose en una aparatosa cogida de la que salió sin mirarse. Ahí explotó definitivamente la faena, retomada con una serie por el lado izquierdo que se explayó en un ramillete de naturales de creciente compostura y ritmo que cosió con un sensacional pase de pecho. A esas alturas ya se habían terminado los prejuicios y las palmas echaban humo. Manzanares tenía las dos orejas en las manos pero la espada se empeñó en encallar, primero recibiendo y luego a volapié.

Y es que el Manzana había tenido muy cerca la Puerta del Príncipe, puesta en bandeja por el mejor lote de una gran corrida de la ganadería de Núñez del Cuvillo a la que algunos también habían querido enterrar a la primera de cambio. A los más escépticos les costó liberarse de algunos prejuicios para gozar en plenitud con el faenón de un Manzanares recobrado y el sobresaliente juego de ese Encumbrado que saltó a la plaza en segundo lugar y resultó de revolución.

Manzanares lo había bordado por verónicas y en una larga de damasco. Chocolate se agarró algo trasero. El toro hacía cosas de bravito y el capote genial de Curro Javier volvió a ser la mejor brújula. Josemari quería marcha y volvió a bordarlo con dos chicuelinas y media verónica que se enroscaron al gran toro de Cuvillo. Había buenas sensaciones en el aire y el artista levantino brindó a los médicos que le habían atendido de la deshidratación que sufrió en su tercer compromiso. La faena subió pronto de revoluciones por redondos y entró en velocidad de crucero después de un pase de pecho completamente circular que amarró el galope del toro al piso. Hubo una nueva serie que estalló en un largo cambio de mano mientras el toro seguía brindando un bravo galope que lo ha convertido ya en el mejor ejemplar de la Feria. La faena también creció al natural y un nuevo cambio ligado a un escultural pase de pecho hizo subir todas las revoluciones.

Manzanares escenificó una larga pausa que se resolvió con el momento más trepidante e intenso de la faena. Hubo un molinete para desenredar la tensión y un desplante convertido en escultura que terminó con los complejos de muchos. Lo estaba bordando y hasta un propio de los altos del Sol se animó a recetarle un fandango. Se lo llevó a los medios después de tomar la espada de acero y aunque los bríos del animal pedían la suerte de recibir se decantó esta vez por el volapié aunque el acero se empeñó -como lo haría en el quinto- de aguarle una fiesta que sí debe gozar en su fuero interno. Enhorabuena.

También gustó -y mucho- el sincero esfuerzo y el enorme arrimón que protagonizó David Galván con el complicado sexto. Después de un largo sobo que acabó en cogida, el gaditano se metió muy de verdad entre los pitones hasta ganar la partida por completo a su enemigo. Se jugó el pellejo a cara de perro y podía haber cortado una oreja que la rebelión de los aceros se emperró en dejar en una valiosa vuelta al ruedo. Había pulverizado así las cautelas despertadas después del insulso trasteo enjaretado al tercero, que se movió siempre mucho aunque quizá no siempre bien.

Volvía Rivera a Sevilla en el vigésimo aniversario de su alternativa. Se templó con el capote y toreó sin molestar al soso y blando ejemplar que saltó en primer lugar. En cambio no llegó a entenderse con el cuarto, que después de desconcertar en los primeros tercios -cogió muy feo a Juanito García, incapaz de llegar a la barrera- acabó rompiendo en la muleta sin que llegara el acople con su matador, que aún arrastra las secuelas del doloroso golpe recibido en Olivenza.

Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Manzanares y Sevilla, continúa el idilio

Continúa el idilio de Sevilla con Manzanares. Los aceros, que no entraron en los primeros envites, dejaron una más que probable Puerta del Príncipe en una memorable vuelta al ruedo en el quinto toro, que pidió el público, con el diestro emocionado, casi llorando, en su inicio y que cerró en los medios, agradeciendo desde el corazón las innumerables ovaciones y los oles que durante esas dos actuaciones le habían dedicado. Todo ello sucedía con una corrida desigualmente presentada y en conjunto de buen juego de Núñez del Cuvillo, que también sacó nota alta en su retorno a la Maestranza.

Manzanares, quien se jugaba su última carta, de las cuatro con las que había apostado como pilar del la Feria de Abril, no tuvo la suerte de su anterior ocasión con la espada, pero hubo buenos pasajes de su toreo artístico, con clase y elegancia.

Manzanares se enfrentó en primer lugar a Encumbrado, castaño, al que cuidó en varas y que embistió con prontitud, alegría, recorrido y nobleza. El diestro plasmó un ramillete de verónicas y una larga en la que prevaleció el temple y la estética. Y se marcó, con sabor, un par de chicuelinas. Galván respondió con otro quite por ese palo. Manzanares brindó su preciosa faena al equipo médico. Una faena que fue creciendo en intensidad y que tomó fuerza en una serie diestra, con ligazón, que desembocó en un interminable pase de pecho. Luego, otra templada. Y con la zurda firmó naturales con suavidad para empapar la embestida del animal en otra serie con ligazón, cambio de mano, molinete y pase pecho, todo ello hilvanado con hilo de oro. Quiso redondear la obra matando en los medios y, tras un pinchazo arriba, se perdió con el verduguillo.

Con el castaño quinto, con un gran pitón derecho, Manzanares volvió a deleitar al público con una faena que fue a más, tras un percance. Lo saludó con buenas verónicas. El toro tardó en acudir a un segundo puyazo. En la muleta tardeó al comienzo. En la primera parte, en una serie diestra de mano baja, abrochada con un trincherazo, fue cogido. La plaza soltó un grito de espanto y la música enmudeció. De las siguientes series, por ambos pitones, más cortas, brilló una con la derecha, con muletazos de mano baja, otro cambio de mano esplendoroso y un pase de pecho. Con un toro que tardeaba, increíblemente, apostó por la suerte de recibir y pinchó dos veces. Luego, al volapié, atacando muy lejos, otro más y estocada definitiva. Vuelta al ruedo clamorosa.

Francisco Rivera Ordóñez Paquirri, que volvía a Sevilla al cumplirse dos décadas de su alternativa, fue silenciado en su lote. Paquirri, que abría plaza, con un ejemplar flojo y noble, elaboró un trasteo superficial por los dos pitones, abusando de toques hacia afuera. Con el cuarto, flojo, pero nobilísimo, estuvo por debajo de la buena condición del animal, que cogió e hirió al banderillero Juan García en un par de banderillas. Rivera Ordóñez no llegó a confiarse.

David Galván puso la entrega. Al tercer astado, bajo, le faltó poder. Galván, que brindó al cielo y a Manzanares, se perdió en un trasteo porfión, con muletazos de uno en uno, salpicado de varios enganchones. Con el sexto, bien armado y con un pitón izquierdo peligroso, de nuevo faena voluntariosa, que cobró altura a raíz de que el toro lo lanzara por los aires. Afortunadamente, no lo caló. El público, emocionado, se entregó con el torero, que terminó en un arrimón impresionante, con los pitones lamiendo los muslos. Luego, con la espada, falló; incluso en uno de los envites, a topacarnero, estuvo a punto de ser herido. Dio una vuelta al ruedo por su entrega sin reservas.

Manzanares, en un corrida interesante de Núñez del Cuvillo, ofreció por momentos una versión estética de grandes quilates y se despidió como base del abono sin haber conseguido esa Puerta del Príncipe que ansían todos los toreros y que estuvo cerca de descerrojar en el idilio que mantiene con el público de Sevilla, que lo ha hecho suyo.

El País

Por Antonio Lorca. La perfecta corrida moderna

El ganadero Núñez del Cuvillo ha vuelto a reencontrarse con el toro artista, ese que durante años ha buscado para deleite de las figuras y gozo de los públicos toreristas. Así, ha vuelto a la Maestranza por la puerta grande, porque la suya ha sido la perfecta corrida moderna: pareja de hechuras y presentación, con celo en el caballo, larga en banderillas y repetidora en la muleta con exquisita bondad y nobleza. El toro soñado para el torero y el espectador del siglo XXI. Si tuvo un defecto es que fue blanda y, en consecuencia, su paso por el picador fue un mero trámite. Pero no fue tontuna, porque hasta tres volteretas se sucedieron por un exceso de confianza: el subalterno Juan García y los matadores Manzanares y Galván volaron por los aires sin consecuencias. A pesar de ello, fue una corrida carente de épica y desbordante de estética.

Hubo, eso sí, seis toros de triunfo. Paradójicamente, no se cortó una sola oreja, pero eso es harina de otro costal. Los tendidos vibraron y los taurinos buscaron en su agenda el teléfono del ganadero para hacer cola en la finca a partir de mañana.

Volvió, al menos, la ilusión del toro que embiste y busca con tesón los engaños; volvió la alegría del toro que galopa y obedece al cite con prontitud. Volvió el toro, no ese poderoso y desafiante, bravo y con fiereza, pero el toro de hoy que permite el lucimiento de los toreros.

Se lució y mucho Manzanares, que cayó de pie en esta corrida, elegida con mimo para él. El toro artista para el más moderno galán del toreo actual. Se encontró con el segundo de la tarde, un auténtico bombón, excepcional para la muleta elegante del alicantino, y lo toreó a placer, sin apreturas, como quien se está deleitando con eso, con un bombón de chocolate. La Maestranza se lo pasó pipa, hasta un fandango se abrió paso entre la generalizada alegría, y el torero volvió a decir que sabe estar a la altura de estos oponentes tan sabrosos. Mató mal y se esfumaron las dos orejas que tenía ganadas. Por cierto, la faena, bonita, muy bonita, pero pulcra y fría, porque faltaron la fiereza del toro y la pasión del torero. Otro buen oponente fue el quinto, con el que se confió en exceso y el animal se encargó de reprenderlo con una voltereta. La labor no tuvo el fondo de la primera, pero la gente estaba dispuesta a darle la pata si hubiera sido preciso. No lo fue porque volvió a fallar con los aceros. El que sí triunfó otra tarde fue Curro Javier, glorioso con el capote y las banderillas.

Reapareció Rivera Ordóñez y tal como vino se fue. Desaprovechó dos toros, y Sevilla lo aguantó y despidió con un silencio ensordecedor. A buen entendedor…

El tercero, David Galván, dio la impresión de padecer miedo escénico. La corrida le vino grande y solo después de la voltereta que sufrió en el sexto pareció despertar; pero ya era tarde.

La Razón

Por Patricia Navarro. La gloria en la mano y el milagro al acecho, pero el éxito se esfumó

Es difícil imaginar un toro más rotundo de cualidades para el toreo que «Encumbrado». Ya estaba predestinado por el nombre. Otra cosa fue la realidad. Una ovación le acompañó en el arrastre. Migajas para lo que había ganado el toro en el ruedo. Son esas cosas que ocurren y que te devuelven la fe. Ahí estaba el Cuvillo en vivo y en directo. Manzanares le meció bien las manos en las verónicas de recibo aunque lo mejor fue una larga, tan toreada, y en la que el toro ya marcó ahí, justo ahí, que viajaría al más allá. Y al infierno si era necesario. Quitó por chicuelinas e intervino Galván también, pero el galope explosivo de un toro claro, noble, entregado y con una embestida un metro y medio más larga de lo habitual nos deleitó después. Era el toro para soñar el toreo, despertar la improvisación. El reto estaba en disfrutar esa joya de la corona que había caído en suerte. José María Manzanares envolvió la faena con un empaque innato y sin fisuras. Soberbio de veras fueron los cambios de mano, algunos en dos tiempos, infinitos, templado y tan lentos que cabía una vida entre el principio y el final. También algunos pases de pecho. Entre una cosa y otra, en la partitura de la faena se apuntó el temple y la ligazón impoluta, pero hay matices, la manera de citar, el ajuste en el encuentro, esos pequeños detalles en los vive el toreo, que impiden que la gloria sea gloria aun en el infierno de esa espada que esta vez no entró. Y mira que es raro. Con el quinto, que fue toro importante también, «Rosito» de nombre para el recuerdo, que no quiso caballo pero sí muleta, sufrió una cogida al inicio que marcó lo que vino después. Antes Curro Javier expuso una barbaridad en un par muy a la espera el toro. Cuando hizo presa de Manzanares es verdad que le lanzó con violencia un metro para arriba, pero luego tuvo entrega en la muleta, repetición y profundidad en el viaje. Manzanares, repuesto de la cogida, se enfibró más en la siguiente tanda; perdió la armonía al natural y se encontró en la última, cosida a un pase de pecho monumental. En dos ocasiones intentó matar recibiendo, lo ha bordado otras tantas veces, ayer no.

El toro más complicado y sobre todo con menos entrega del buen encierro fue el sexto. Perdonó la vida a David Galván, a pesar de que la cogida fue espantosa. Tiró después de ese abismo el torero por el pundonor y aunque no hubo toreo como tal sí quiso en un arrimón, de péndulo más péndulo hasta conseguir conquistar al público sevillano. El tercero lo brindó al cielo, en el nombre del padre, y a continuación al hijo: José María Manzanares. El Cuvillo tuvo movilidad y prontitud pero dio la sensación de que toro y torero iban a ritmos distintos y se nos apegó la monotonía.

Rivera Ordóñez volvía a la Maestranza. Brindó a su mujer el cuarto, manso a rabiar, pero que tuvo toda la bondad del mundo y las ganas de embestir en la muleta. No hubo nada nuevo bajo el sol como tampoco con un primero, noble pero de escasa transmisión, que pasó por demás en el caballo. Enhorabuena ganadero, con la de veces que les caen las culpas de las desgracias. Si los toros hablaran.

ABC

<img src="http://www.portaltaurino.com/images/criticos/fdo_carrasco.jpg"/>Por Fernando Carrasco. El mal manejo de la espada le cierra a Manzanares la Puerta del Príncipe

Que José María Manzanares falle en la suerte de matar no es habitual. Y este viernes, en el undécimo festejo del ciclo continuado de la Feria de Abril de Sevilla lo ha hecho en sus dos toros, circunstancia ésta que le ha privado salir a hombros por la Puerta del Príncipe, pues tenía las orejas cortadas en sus dos enemigos.

El de Alicante ha cuajado dos faenas, sobre todo la del primero de su lote, en las que ha puesto a todo el público de acuerdo. Es verdad que ha sido el mejor toro, pero también lo es que Josemari lo ha toreado a placer [vea la mejores imágenes del festejo].

La corrida de Núñez del Cuvillo ha sido buena en su conjunto. Ha bajado algo más el primero, noble pero soso. Sin embargo, el segundo ha sido extraordinario y buenos el resto. Se ha movido y repetido en el tercio final. Mereció más.

Abría plaza Rivera Ordóñez «Paquirri» que volvía a torear en Sevilla tras su retirada. Anduvo suelto manejando el capote. El de Cuvillo, toro noble que tomaba el engaño, le faltaba humillar algo más. Faena correcta de Francisco Rivera pero sin apreturas. Por el izquierdo se fue quedando más corto.

El cuarto, mansón en el caballo, le pegó una fea voltereta al subalterno Juan García a la salida de un par, siendo atendido de una cornada de 10 centímetros en el muslo derecho. El toro llegó a la muleta con buen son. Iba y venía y aunque Rivera Ordóñez se lo llevó a los medios, las series resultaron insulsas. Buen pitón izquierdo del de Cuvillo. No mandó el torero y le faltó acoplarse. Era toro de posibilitar triunfo.

Se estiró Manzanares en su primero en tres verónicas lentas y temopladas. Bien Chocolate picando y Rafael Rosa y Luis Blázquez en banderillas. El toro se venía de largo, con un tranco excelente. El alicantino le dio distancia y se lo dejó llegar de lejos para engarzar series ligadas y acompasadas. Relajado el torero, iba desgranando su toreo. Es verdad que le falta cargar algo más la pierna contraria pero luego lo suple ralentizando la embestida. Los cambios de manos y los pases de pecho resultaron extraordinarios también. Hubo conjunción de verdad. Dejó un pinchzazo hondo y cuatro descabellos. Gran toro y gran faena.

Al quinto también lo veroniqueó bien. Otro toro repitiendo y con motor. No era fácil porque tardeabaantes de arrancarse. Pero Manzanares le adelantó el engaño y esta vez sí que se embraguetó mucho más. La faena cogía vuelos y nivel hasta que en un derechazo le pegó al diestro una feísima voltereta, lanzándolo por los aires. Se levantó y se fue con rabia a la cara del toro para cuajar los mejores momentos del trasteo, emocionante y pletórico de profundidad.

Se empeñó en matar recibiendo -hasta en tres ocasiones pinchó- un toro que, como escribíamos, tardeaba. Ahí perdió la oreja. O las dos, quien sabe. La vuelta al ruedo fue clamorosa.

David Galván tuvo un primer toro de Cuvillo algo sosote pero noble y tomando el engaño. La faena careció de mando y no acabó de cogerle el aire ni el ritmo a las embestidas.

El sexto también fue un buen toro aunque algo distraído de salida. Pero en el tercio final fue de largo. También había que llevarlo muy toreado para que no cabecease. Como no lo hizo, protestaba y le punteaba el engaño. Quería Galván y en ese querer el toro se lo echó a los lomos, zarandeándolo dramáticamente. Menos mal que no pasó nada. Enrabietado, se pegó un arrimón importante entre el benplácito del público. Hubiese cortado la oreja de no marrar con el estoque.

Toromedia

Manzanares hace dos buenas faenas y pierde el triunfo con la espada

Manzanares ha aprovechado su cuarta comparecencia en la feria para formar dos buenas faenas que pudieron terminar en triunfo rotundo de no ser por la espada, que en esta ocasión no le funcionó. El torero alicantino aprovechó muy bien a sus dos toros para hacen un toreo de calidad y ritmo lento que entusiasmó al público de Sevilla. Su balance fue de vuelta al ruedo. Por su parte, David Galván también dio una vuelta al ruedo en el sexto por mostrarse valiente y entregado con un toro que le llegó a coger, por fortuna sin consecuencias. Rivera Ordóñez también se fue de vacío.

José Mari Manzanares volvió a conectar con el público de Sevilla en una tarde en la que cuajó dos faenas en las que brilló lo mejor de su toreo. De no haber sido por la espada, el torero habría logrado abrir la Puerta del Príncipe después de protagonizar una tarde completa. El otro nombre propio de la corrida es el de David Galván, que también se acercó al triunfo en el sexto.

Rivera Ordóñez, que reaparecía ante la afición de Sevilla, comenzó la faena toreando con suavidad con la derecha en una primera serie. Ayudó también al toro en la segunda tanda, ya que el de Cuvillo era noble pero estaba justo de fuerza. Al natural dio muletazos con buena compostura pero poca emoción por la condición sosa del toro. Mató de estocada. Silencio.

Al cuarto lo recibió con limpieza con el capote e hizo un quite destacable por verónicas. El toro manseó en el caballo y se fue suelto. En la muleta se dobló bien con él y se lo llevo a los medios, donde dio una primera serie templada. En las dos siguientes el toro soltó la cara y descompuso el toreo de Rivera. Al natural lo intentó pero tampoco por ahí la faena subió de tono. Siguió toreando hasta apurar al de Cuvillo y mató de estocada y fue silenciado.

Despacio y con mucha compostura toreó Manzanares a su primer toro a la verónica, rematando con una bonita larga a una mano. También hubo un buen quite con dos lances y media y otro de Galván por chicuelinas de buena factura. Siguió un buen tercio de banderillas a cargo de Rafael Rosa y Luis Blázquez, que saludaron motera en mano. Manzanares brindó al equipo médico y comenzó en los medios citando de lejos para ligar una serie excelente. La segunda también fue buena rematada con bonito cambio de mano. Cambió a la zurda y hubo dos naturales larguísimos. Con la siguiente tanda puso la plaza de pie, toreando largo y muy despacio. Hubo una más y, cuando todo parecía encaminado a un gran triunfo, entró a matar en los medios dejando un pinchazo hondo y tuvo que descabellar varias veces. Perdió toda opción de triunfo. Hubo ovación al toro y también para el torero.

Al quinto lo toreó bien con el capote de salida. Curro Javier protagonizó un gran tercio de banderillas, teniendo que saludar. Manzanares le dio sitio al de Cuvillo y ligó bien la primera serie. La segunda fue más redonda y vibrante. Y la tercera, más cuajada, resultando prendido por el toro, que lo levantó en peso. Por fortuna no tuvo daño. Siguió como si no hubiera pasado nada y toreó muy bien al natural. Terminó con otra buena serie diestra. Lo quiso matar recibiendo dos veces y pinchó, perdiendo un nuevo triunfo. Se confirmó su mala tarde con el acero.

David Galván brindó al cielo y a Manzanares su primer toro y se dobló bien en el inicio de la faena. Se lo llevó a los medios y ligó dos series con la derecha que no llegaron al tendido porque el toro no acababa de entregarse. También lo intentó al natural, sin lograr que la faena tomara vuelo. Mató de pinchazo y estocada.

Galván firmó un bonito comienzo de faena en el sexto, sobresaliendo un cambio de mano. El toro fue un poco mirón por el lado derecho y el diestro gaditano estuvo firme hasta que el toro se fue desinflando. También resultó cogido en la fase final de la faena, reaccionando con raza y logrando calentar los tendidos con un toreo de cercanía en el que aguantó mucho con gran mérito. Pinchó pero a pesar de ello se le pidió la oreja y tuvo que dar la vuelta al ruedo.


©Fotografías de EFE y de Marcelo del Pozo/Reuters.

Sevilla Temporada 2015.

sevilla_240415.txt · Última modificación: 2015/04/25 12:51 por paco

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