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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

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Tarde del domingo, 25 de abril de 2010

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Miura (de diferente presentación y juego desigual; el 5º devuelto a corrales por debilidad en los cuartos traseros; 5º-bis de Conde de la Maza. Difíciles y con peligro en general).

Diestros:

El Fundi. De verde y oro. Estocada baja (saludos desde el tercio); pinchazo, aviso, pinchazo, estocada entera un poco trasera (saludos desde el tercio) .

Juan José Padilla. De azul marino y oro. Estocada casi entera un poco tendisa (saludos desde el tercio); estocada desprendida (palmas).

Rafaelillo. De grana y oro. Dos pinchazos, media estocada, descabello (saludos); pinchazo, aviso, estocada, aviso, tres descabellos (silencio).

Presidente: Anabel Moreno.

Tiempo: Soleado. Temperatura agradable.

Entrada: Lleno con huecos.

Crónicas de la prensa: El Mundo, EFE, Marca, El País, Diario de Sevilla, ABC.

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© El diestro José Pedro Prados “El Fundi” da un pase con el capote a su segundo astado durante la corrida de la Feria de Abril de Sevilla celebrada esta tarde en la Plaza de Toros de la Maestranza. EFE/Julio Muñoz. El Fundi ejecuta un pase de pecho ante un difícil ejemplar de Miura. KIKO HURTADO/Marca.


Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

La miurada fue una más: toros con dificultades, dos que se dejaron y uno que fue devuelto. Los toreros, los mismos de siempre, los que se apuntan a ésta porque es lo que hay si quieren venir a Sevilla. Se agradeció que no pusiera banderillas El Fundi, pero Padilla no nos hizo ese favor en el segundo. El Fundi puso voluntad en su dificil primero y se le fue la oreja del codicioso cuarto por la espada. El bonito sardo, de nombre Macuco, embestía metiendo la cara y fue de los más aprovechables. Al igual que el que cerró plaza, un toro de los potables de Miura, al que Rafaelillo, echándole valor, pudo cortar la oreja, pero mató mal a los dos suyos. Tan mal que la presidenta le perdonó el tercer aviso en el que cerró plaza. Este pequeño murciano torea como los tenistas, dando un grito en cada pase. A Padilla no se le vio tan decidido como otros años. Nada pudo hacer en el segundo y en el sobrero del conde tardó en confiarse. Dejó que le dieran tela marinera en el caballo - el toro que se ha llevado más castigo de la Feria- y no era para tanto el condeso. Bien a caballo Antonio Muñoz y Alventus y con los palos José Mora. Se acabó la Feria, hasta aquí hemos llegado.


Lo mejor, lo peor

Por Juan Carlos Gil.

Lo mejor: El buen hacer de la técnica

Los toros de Miura, en la mayoría de los casos, exigen una lidia del siglo XIX por su comportamiento. Se enteran rápido de donde está el torero, tienen media arrancada a media altura, miden a los toreros como para dejarles helados y se revuelven en un palmo de terreno en busca del matador. La lidia canónica consistiría en doblarse toreramente por la cara, buscarle los riñones a los morlacos, machetearlos de pitón a pitón… y si se puede, intentar matarlos a la primera por arriba… porque si no aprenden a una velocidad pasmosa y esperan con la gaita levantada para intentar cazar al espada. En los tres primeros toros, El Fundi, Juan José Padilla y Rafaelillo intentaron ligar los muletazos, cruzarse, echarles los vuelos de la muleta al hocico y correr la mano hasta detrás de la cadera. La resultante no fue lucida: enganchones, tragantones, medios muletazos rematados en los cielos y pases de pechos dados con todas las precauciones imaginables. A pesar de las complicaciones, sí hay que apuntar que Padilla toreó bien a la verónica al primero de su lote, al que embarcó con gusto y le endilgó cuatro verónicas mecidas y rematadas con dos medias.

Hubo dos toros que se dejaron más y que ofrecieron alguna oportunidad de triunfo. El sardo que hizo cuarto y el sexto. El Fundi se dio cuenta mediada la faena que debía lanzar la moneda. Apostó y obtuvo una serie larga de naturales poderosos, templados y hondos. Acertó en el cambio de pitón, y con la diestra las series fueron tan cortas como intensas. Si lo hubiera matado habría tocado pelo. Igual que Rafaelillo en el que cerraba el ciclo continuado de festejos. Porfió, se fajó valeroso por los dos pitones y aguantó dudas del toro escalofriantes.

Hay que dejar constancia, en honor a la verdad, el gran puyazo de Antonio Núñez “Alventus” a un toraco de más de 600 kilos del Conde de la Maza. El ejemplar del Conde, alto de agujas, largo y muy pesado apretó para dentro con todo. El picado le echó valor, tiró el palo perfecto, se agarró arriba y lo aguantó incluso con la cabalgadura apoyada en el estribo.

Lo peor: La ingratitud de la espada

El buen hacer muletero hay que refrendarlo con la espada. A los dos toreros se les escapó una oreja por no tener afilada la tizona… y ¡caramba! esta malajá le resta mucho mérito y contratos a los dos. Quizá no tantos a El Fundi… pero Rafaelillo no puede navegar igual con una oreja en Sevilla que sin ella… Otra vez será, pero esta oportunidad ya se ha ido.

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© Rafael Rubio 'Rafaelillo', en un natural al sexto toro de Miura/Diario de Sevilla


Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Rafaelillo, a golpe de corazón

La corrida de Miura, variada en su presentación, dio dos oportunidades para el triunfo. Fueron el cuarto toro, segundo para José Pedro Prados El Fundi, y el sexto, con el que cerraba actuación Rafael Rubio Rafaelillo. En ambos casos, los diestros acariciaron premio, que se les esfumó por el fallo con la tizona.

Rafaelillo, fue de los tres espadas el que con más intensidad llegó al público y quien apostó más fuerte. En el que cerró plaza se enfrentó a un astado con aspereza, que por el derecho llegó a entregarse y por el izquierdo se quedaba muy corto. El murciano, en los medios, concretó una faena muy valerosa y bien concebida. El pequeño torero en estatura, pero gigante de corazón, apostó fuerte. Consiguió tres tandas con entidad con la diestra. También afloraron algunos naturales estimables. Hubo un desplante a tiempo y precioso cuando ya había metido en el cartucho al miura. En la suerte suprema no encontraba los terrenos apropiados ni era capaz de cuadrar al toro. Perdió mucho tiempo en ello. Luego, falló con los aceros y adiós trofeo.

Con el galafate tercero, un cárdeno con malas ideas, se la había jugado de verdad anteriormente. En el capote dibujó un arriesgadísimo farol de rodillas. Con la muleta aguantó que el toro se le tirara al cuerpo en varias ocasiones, cuando lo citaba con la zurda. Por el derecho, el astado se revolvía en una loseta. Para colmo, el toro esperó al espada con peligro en la suerte suprema.

El Fundi tardó en confiarse con el imponente sardo saltó en cuarto lugar. Embestía bien por el pitón derecho y aún mejor por el izquierdo. El torero de Fuenlabrada tardó en centrarse, aunque le cogió el aire casi al final de una labor en la que hubo una buena tanda por cada lado. La faena resultó demasiado larga y el diestro de Fuenlabrada, que es un matador excepcional, pinchó en esta ocasión un par de veces antes de la estocada definitiva. Ovación para el toro y para el torero.

En el que abrió plaza, no tuvo opción alguna. El animal derrotó en el capote, en el caballo y en la muleta, echando la cara arriba en banderillas. El madrileño aguantó una colada escalofriante por el pitón derecho. También otra embestida al pecho por el izquierdo. Porfió. Eso fue todo. Y se volcó en una estocada muy meritoria.

Juan José Padilla dio fiesta a su aire al cárdeno segundo en una faena que brindó a Ruiz Miguel. Lanceó bien el jerezano a la verónica y el toro metió la cara. Pero ya tras un tercio en el que Padilla prendió los rehiletes con facilidad, el miura comenzó a orientarse. En la muleta la transformación había sido total. El toro comenzó a medir y la labor del torero resultó porfiona y sin frutos.

El quinto titular, muy flojo, fue devuelto. En su lugar se lidió un sobrero de Conde de la Maza. Un tío, con 610 kilos. Le zurraron muy fuerte la badana en varas. El toro empujó en un primer puyazo larguísimo y cumplió en otro. Padilla cedió el honor de las banderillas a su cuadrilla. El toro no seguía mal la muleta por el pitón izquierdo. El torero intercaló algunos muletazos meritorios en una labor que no llegó a calar al respetable.

Cierre. Se apagaron las luces de la Feria de Abril, en una tarde en la que el mayor brillo corrió a cargo de un Rafaelillo, a golpe de corazón, muy entregado, quien fue el que más carne echó en el asador, en una desigual miurada en la Maestranza.


ABC

<img src="http://www.portaltaurino.com/images/criticos/andres_amoros_bn.jpg"/>Por Andrés Amorós. Tipo de festejo: Miura

Conmocionados todavía por las noticias de la cornada de José Tomás, acudimos a ver los miuras. Quizás eso y la leyenda de la ganadería han ayudado a que se valoraran los esfuerzos de los diestros, esta tarde.

En las entradas de toros sevillanas aparece un recuadro con este rótulo: «Tipo de festejo». Y, debajo, según los días: «Corrida de toros», «novillada» o «rejones». Excepto hoy, que reza solamente «Miura». Es admirable cómo un nombre propio se ha convertido en algo genérico, por su fama.

Antes, las corridas de Miura las mataban las figuras: siempre, Pepe Luis, gran amigo de don Eduardo. No sólo él: en 1951, Luis Miguel torea cinco corridas (de las ocho que tiene la Feria) y exige torear la de Miura…

Eran otros tiempos. Ahora, lidian estos tres toros tres matadores especializados en corridas «duras». Los tres merecen respeto, ante todo, pues lo hacen con digna profesionalidad. Y El Fundi y Rafaelillo habrían cortado la oreja al cuarto y al sexto, los más bonancibles, si hubieran acertado con la espada. El primer miura busca por los dos lados. El Fundi no pierde los papeles, que ya es bastante; lidia a la antigua. Le va sacando lo poco que tiene y el respetable lo valora.

Naturales suaves

El cuarto, sardo, de hermosa estampa, hace floja pelea en varas pero embiste luego con nobleza. El Fundi consigue series de naturales suaves y, al final, también de derechazos. Como la música arranca muy tarde, cuando la faena ya está concluida, la prolonga y le cuesta matarlo: a la tercera agarra una gran estocada, marca de la casa. Padilla banderillea a su primero con trabajo y lo brinda al maestro Ruiz Miguel, especialista en estos toros. (Desde un burladero los ve otro triunfador con ellos, Limeño). El miura tardea, se queda corto y, sobre todo, aprende muy rápido, hace hilo. El quinto es un sobrero del Conde de la Maza, alto, largo, con el que hace un gran tercio de varas Alventus. En la muleta, a veces, parece dormirse. Acaba rajado. Padilla consigue tandas aceptables por ambos lados pero el público se ha puesto de parte del toro.

Rafaelillo recibe a los dos con largas de rodillas. Su primero es desconcertante: alterna embestidas suaves con saltos como de tigre. El diestro está muy voluntarioso y traga pero pasa las de Caín para matarlo.

El sexto parece arrastrar una mano. Lo aguanta bien la presidenta. Este miura tiene una embestida sosa, sin demasiados problemas, que Rafaelillo va alargando por los dos lados. Consigue emocionar al aguantar un parón y bajar mucho la mano. Al final, el miura no iguala y, después de la estocada, barbea las tablas. Se salva in extremis del tercer aviso. No nos hemos aburrido, con los miuras y con tres valientes lidiadores. El público ha estado esta tarde mucho mejor que la anterior (peor, sería casi imposible).

Los toros son efímeros, como todo lo que merece la pena, escribe en un bello artículo Alberto García Reyes. Concluye la Feria y nos despedimos con pena: ¿De la Feria? De Sevilla.

Cantaba Rafael de León: «Adiós, Sevilla querida,/ ¿cuándo te volveré a ver?» Volveremos: ¿cómo no vamos a volver? Lo decía Luis Cernuda: «Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida?»


El País

Por Antonio Lorca. Plan de defensa

Ante los toros de Miura, antes que soñar con una faena de arte, los toreros estudian un plan de defensa como mejor ataque. Porque anunciarse con ellos más bien parece una declaración de guerra en toda regla. Con los miuras en el ruedo, todo es diferente; diferente el espectáculo, la tauromaquia, los toreros y parte del público, que es consciente de las dificultades y valora como debe lo que es una lucha sin cuartel. Se acabaron las florituras y las posturas flamencas; se necesitan guerreros con un corazón grande y pleno conocimiento de la técnica del toreo. Algo así como los tres toreros de ayer, merecedores de todo respeto por su decisión de ir a la guerra en tiempos de borregos enfermizos.

Salieron seis toros bien armados, aunque no eran los pitones sus mejores armas, sino sus intenciones, casi todas malas, aunque es verdad que dos de ellos -cuarto y sexto- mostraron una cara más amable.

Así las cosas, la estrategia es la siguiente: unos capotazos iniciales para un análisis rápido y somero del plan del enemigo; a continuación, la caballería, en la que todos flaquearon; después, la infantería, con los garapullos en las manos, ante la que ninguno acudió con alegría, y, finalmente, el cuerpo a cuerpo entre toro y torero. Y ahí el peligro acecha, faltan sentidos para estar alertas y toda precaución es poca.

Que se lo pregunten, por ejemplo, a El Fundi, un consumado maestro, con mando en plaza, poderoso y suficiente, que se las vio, en primer lugar, con un peligroso enemigo, de pésima condición, duro y áspero, al que sólo a base de conocimiento pleno de la situación pudo vencer. Pero tomó el torero la izquierda y el gañafón del toro fue directo al corazón. Era un aviso para que no se confiara.

Lo mismo le ocurrió a Padilla -otro arreón al corbatín- con su intoreable primero, al que veroniqueó con soltura, y nada pudo hacer con la muleta. En honor a la verdad, el jerezano pone en jaque una técnica más tosca y es habilidoso en el alivio; se coloca en terrenos poco apropiados y muy despegado del toro. Tampoco le ayudó el quinto, un sobrero serio, con cuajo, que derrochó genio en el caballo y que no le facilitó la labor.

Y Rafaelillo, listo como el hambre y valeroso, también supo a lo que sabe un pitón en el cuello, como se lo indicó el tercero. Estuvo muy decidido con el manejable sexto, al que muleteó por ambos lados con gallardía y arrestos, pero a punto estuvo de que se lo devolvieran al corral, porque el gazapeo final del animal impedía que pudiera consumar la suerte del descabello.

De cualquier forma, la pelea más decorosa se produjo en el cuarto, entre un toro sardo, precioso, más noble que sus hermanos, que se encontró con un maestro llamado Fundi, que lo toreó primorosamente por naturales, en una refulgente demostración de dominio y torería.

La guerra fue intensa y emocionante. Funcionó el plan de defensa, pero los toreros tuvieron que emplearse a fondo para no perder la pelea. Es lo que tiene el toro que no es un cordero cariñoso; es lo que tiene la fiereza; es lo que tiene esta fiesta tan dura para algunos. Un año más, honor y gloria a estos toreros.


El Mundo

Por Carlos Crivell. Tres valientes en la clásica miurada

La clásica corrida de Miura que cierra la Feria fue una perfecta muestra de los toros de Zahariche. En el tipo de la casa, sin un gramo de grasa, altos y vareados, la corrida tuvo de todo. El comienzo fue de alarma general. Los toros, que no tenían muchas fuerzas, echaban la cara arriba y recortaban los viajes. Eras los «miuras» con guasa de siempre, cuya lidia sólo está al alcance de toreros muy preparados.

Pero entre tantas coles salió la lechuga, que fue el sardo cuarto, toro de embestida pastueña y larga, un toro para torear a gusto. El quinto no aguantó en la plaza y se fue a los corrales. El del Conde de la Maza era más amplio que los de Miura y se dejó a medias. El sexto, en fin, fue un toro muy en el tipo de la casa, que dejó arrancadas potables pero que lo aprendió todo muy pronto.

Los lidiadores se llevaron el respeto de la Maestranza, aunque a la postre los logros alcanzados pudieron ser mayores. El Fundi pasaportó con apuros al primero, complicado para cualquier matador de nuestros días, más si lo que se intenta es darle los clásicos pases con la derecha y la izquierda.

En el buen toro cuarto, El Fundi estuvo bien, pero tardó en centrarse con un toro que pedía sitio y distancia sin esperar ni un segundo. La faena, con altibajos, fue de tono intermitente. El torero madrileño no está en la plenitud de hace varios años, porque entonces ese toro no se hubiera ido al desolladero con la orejas. Algunos muletazos con la diestra tuvieron más hondura y largura. El toro era de pitón izquierdo y por ahí no lo exprimió. Tampoco es el matador de antaño con la espada. Con el respeto debido a una carrera y a un señor torero, el toro de Miura se llevó la ovación en el arrastre, mientras José Pedro sólo saludaba en el tercio.

Juan José Padilla hizo el paseíllo con el capote liado y una montera normal. Estuvo hecho un jabato toda la tarde. Sólo mató uno de Miura, el segundo, al que lanceó de forma clásica con verónicas de buen gusto. Se lució con las banderillas en tres pares vistosos y le echó valor al toro en una faena con habilidad en la provocó al animal a la voz y con las zapatillas. No había otra forma de instrumentar los pases, aunque todo duró muy poco. El de Zahariche le puso los pitones en el pecho para dejar claro que todo había finalizado. No le gustó el sobrero del Conde de la Maza. Al menos no lo trató con la delicadeza precisa para que llegara franco a la muleta. No le puso banderillas y parecía resignado, pero el animal le regaló algunas arrancadas por la izquierda que Padilla aprovechó a medias. Tal vez pensó que también estaba errado con la A con asas.

Esa faena al quinto resultó insuficiente según lo que el astado pregonó al final. No era un toro de carril, pero tenía otra faena.

Lo del diestro Rafael Rubio «Rafaelillo» es muy meritorio. Su escasa talla es un problema añadido a las dificultades de las corridas en las que suele anunciarse. Su paso por Sevilla en esta de Miura ha sido de una dignidad tremenda.

A sus dos astados los recibió en tercio con largas afaroladas. Los lances del saludo al tercero tuvieron sabor y enjundia. El animal empujó en varas de forma mentirosa, porque todo era genio.

Se la puso por la izquierda de entrada y el toro le puso los pitones en el pecho. Fue el saludo del animal a un torero pequeño pero con una raza enorme. Allí se quedó, a merced de los cabezazos del Miura, que sólo querían cazar la presa. En uno con la derecha, el toro le lanzó un hachazo a la axila de la que se libró de milagro de un serio percance. La cara del torero era la expresión del sufrimiento. Para colmo, el toro miureño se puso a la defensiva y Rafaelillo pasó un quinario para matarlo.

Al menos, el sexto fue un toro de Miura del que se puede contar que fue manejable, lo que no quiere decir que fuera un compendio de virtudes. El bueno había sido el toro sardo lidiado como cuarto.

Rafaelillo se fajó con un torero de cuerpo entero para lograr pases de emoción incontenida. Se la dejó siempre colocada en la cara y así fue consiguiendo que el viaje del animal se prolongara, para quedarse en el sitio a la hora de ligar los de pecho. No cabe más gallardía ni más arrestos.

Hasta la banda se despidió de la Feria con el último pasodoble. La gente estaba por la labor, pero el murciano no anduvo atinado con la espada. El toro se puso en Miura de toda la vida y se amorcilló después de la estocada tendida, se entableró y llegaron dos avisos como pudieron llegar los tres. Hubiera sido injusto que después de jugarse la vida, el toro se fuera vivo a los corrales. Rafaelillo recibió el homenaje debido a su valor.


EFE

Por Juan Miguel Núñez. Toreros de raza

La típica corrida de Miura, muy dispar en su comportamiento. Los malos, un suplicio. Los buenos, con la peculiaridad en contra de que fueron también muy cambiantes. Corrida que más allá de no perdonar errores exigió un gran esfuerzo a los toreros.

“Fundi” tuvo que ingeniárselas para robarle muletazos aislados al toro que abrió plaza, que se colaba con descaro por los dos pitones. A base de “sobarle”, que es hacer el toreo sobre las piernas, procurando llevarle muy tapado, le pegaba uno, dos, y ya está. Las series, necesariamente cortas para evitar que el toro “se orientara” más.

El cuarto se desplazó mejor, aunque otra vez al tercer muletazo había que andarse listo. “El Fundi” se sintió más seguro para pegarle pases con cierta enjundia. Pero el ritmo de la pelea lo marcó siempre el toro, ahora bien por el izquierdo, ahora mal, y más de lo mismo por el otro pitón.

Tuvo fibra la faena, hasta el punto de hacer sonar la música. Pero al no meter la espada a la primera perdió el posible trofeo.

Padilla puso también mucho empuje con un lote nada propicio. Su primero, de medias y espaciadas embestidas, volviéndose cuando no había terminado de pasar. El esfuerzo del torero sirvió cuando menos para no pasar mayores agobios.

Toro mentiroso, el quinto bis. Un torazo de seiscientos diez kilos, el de más peso y volumen en la feria. Empujó en varas, pero previamente había que meterlo debajo del caballo, pues nunca quiso ir por su cuenta. Padilla lo toreó bien de capote en el recibo y en un quite por delantales.

Mala lidia mientras lo banderillearon, lo que hizo dudar al torero, que salió con la espada de verdad, y sin embargo optó finalmente por plantarle cara. Una pelea muy seria y arriesgada, con el toro repartiendo gañafones a diestro y siniestro. Al final ganó el torero, como lo prueba que el animal acabó en tablas “rajado” por completo.

“Rafaelillo”, temerario y muy capaz. Se escapó por pelos en su peligroso primero, un “miura” a la caza del hombre en todo momento.


Marca

Por Carlos Illián. Tres gladiadores y el toro de hace un siglo

Una miurada clásica, es decir para poner los pelos de punta. Algún toro, como el cuarto y el sexto, tuvieron un punto de recorrido, pero porque delante estaba El Fundi, o en otro caso Rafaelillo, dispuestos a jugársela para robarles las embestidas. Especialmente importante fue la faena de El Fundi en el cuarto. Faena de maestro veterano y curtido, de torero entero. Es de esas faenas que merecen premio. Se han cortado orejas en esta feria por cuatro monadas a una borrega. Y El Fundi, por necesitar de dos pinchazos antes de la estocada, se va de vacío. Una injusticia. Y me acuerdo de la orejita de Castella, de una o dos de Manzanares y se me revuelven las tripas. A ambos me habría gustado verlos con el primero de Fundi y hasta con el cuarto. No les pegan ni un pase.

Y no menos importante ese Rafaelillo que se jugó la vida con el tercero, un asesino. Parece increíble que le haya robado algún pase con la izquierda. Mejor fue el sexto, y Rafaelillo lo toreó largo, sin aspavientos. Y cuando digo mejor no afirmo que fue una perita en almíbar. Era todo un Miura, al que no se le podía dudar ni un ápice. Perdió la oreja con la espada, a punto de escuchar el tercer aviso. Una pena porque Rafaelillo tuvo la recompensa a su esfuerzo entre las manos.

Padilla se llevó otro lote imposible. Dos mulos. El de Miura, sin embestida y el mastodonte de la Maza, un caballo disfrazado de toro. Así se popne punto final a una feria larga, con algunas cosas buenas y este cierre, de toreros de verdad y toros de otra época. Que alguna vez asomen las figuras con ellos, como se usaba anteriormente. El maestro Pepe Luis Vázquez ha matado muchas de Miura. Las figuras de ahora se pelean por la tonta del bote de cualquier cría toras.


Sevilla Temporada 2010

sevilla_250410.txt · Última modificación: 2012/02/08 18:58 (editor externo)

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