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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

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Tarde del Sábado, 25 de septiembre de 2010

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Alcurrucén (de diferente presentación, algunos anovillados; sin clase ni fijeza).

Diestros:

El Cid. Estocada trasera (saludos desde el tercio); estocada entera (saludos desde el tercio); pinchazo, estocada (silencio) .

Daniel Luque. Municipal y descabello (silencio); estocada (silencio); estocada (saludos).

Presidente: Francisco Teja.

Tiempo: Soleado.

Entrada: Más de tres cuartos de plaza.

Crónicas de la prensa: Diario de Sevilla, ABC, El Mundo.

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©Manuel Jesús El Cid y Daniel Luque. Mano a mano/Empresa Pagés. Abajo, el sobresaliente Antonio Fernández Pineda/Diario de Sevilla.

Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Los Núñez de Alcurrucén estuvieron bien presentados, todos menos el sexto, que era casi un novillo con pitones astifinos, eso si. Por cierto, se llamaba igual que el segundo, podían ser gemelos -lo cual es raro, pero no imposible- pues ambos llevaban el seis en la paletilla. De juego regular, mansones, yendo a menos, pero algunos sirviendo, porque tenían su genio en la muleta y propiciaban cierto lucimiento. Por ejemplo, en otros tiempos El Cid les hubiera cortado orejas a los tres que le tocaron en un mano a mano sin sentido. Ni hay competencia alguna posible entre el de Salteras y el de Gerena, ni llevan una temporada ambos como para medirse en una justa como ésta. Queda dicho a El Cid le va costar mucho remontar y más en Sevilla, que lo hizo grande. Dani Luque también necesita remontar y casi lo logra en el sexto, el posible gemelo. Quiso toda la tarde pero eso no basta. En el segundo estuvo irregular, el cuarto era muy soso y en el que cerró plaza - que la gente quiso echar por falta de trapío, pero el presidente, coherente, no lo devolvió, pues lo había aprobado- nos dejó sus mejores pases. Sin ser una corrida de gran triunfo, se dejó, pero los toreros se fueron de vacío en un enfrentamiento sin causa ni motivo.

Lo mejor, lo peor

Por Juan Carlos Gil.

Lo mejor: la actitud

Una corrida de toros que sin ser buena pedía el carnet de torero. Correosa, quedándose debajo cuando no se le rompía hacia delante y distrayéndose en cuanto perdían los engaños. Con todo, me gustó la disposición de Daniel Luque en el último. Un toro estrechón que se tapaba por la cara pero con dos puntas muy astifinas. Con ese material se jugó los muslos sin trampa ni cartón y arrancó naturales de mucha exposición. Como las dos series estuvieron rematadas por debajo de la pala del pitón la emoción llegó rápido al tendido. Además hay que apuntar que Luque estuvo sensacional con el capote. Le echó bien los vuelos y meció la verónica con gusto y muy encajado. El Cid dejó la impronta de un torero recuperado pero que todavía no llega a lo que fue porque eso es muy complicado. Sí aguantó lo suyo y robó naturales muy buenos y acompasados al primero y arrastró la muleta en el quinto, al que tuvo que tragar lo indecible. Qué pena que se fueran las orejas por los altibajos… porque dejó muy buen sabor de boca.

Lo peor: un mano a mano sin pelea

El planteamiento de la corrida fallaba porque ninguno de los dos toreros querían pelearse y no lo hicieron en toda la tarde. No hubo quite, salvo uno de Luque al segundo suyo y otro que invitó a Pineda. La competencia que podía presumirse se deshacía porque los toreros están en etapas diferentes. Uno viene y el otro aunque quería comerse al mundo no ha aguantado el tirón.

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El Mundo

Por Carlos Crivell. Mano a mano desangelado en septiembre

El mano a mano no parece la corrida más indicada para la Maestranza. En abril, Perera y Luque naufragaron en un festejo marcado por el mal momento de ambos lidiadores. La empresa había conformado los carteles de septiembre en febrero con un tino asombroso. En una terna, quienes habían triunfado a lo grande; en la otra, los que habían salido escardados. El devenir de la temporada confirmó que el cartel de hoy era la bomba de año (antes de que Manzanares se cortara la mano de forma absurda en Utrera).

El otro cartel tuvo la baja de Perera y se quedó en un duelo de dos sevillanos que llegaban con la moral alta, porque han recuperado el sitio y el prestigio en el tramo final de este enrevesado año de 2010.

Los comentarios se congratulaban de la vuelta de Alcurrucén, que en San Miguel del pasado año soltó una buena corrida de toros. Las dudas llegaban por los toros del cartel de esta tarde, aunque ésa es otra película. La de Alcurrucén fue una corrida de San Miguel, dicho ello sin ningún sentido peyorativo. Hay un nivel en abril y otro en septiembre, ya en los toros y su presencia, ya en las exigencias del tendido.

Por una corrida de San Miguel debe entenderse un lote de presentación muy justa. Algunos, tal como el sexto, nunca debió salir al ruedo sevillano. La presencia fue la mínima necesaria para Sevilla. Ese detalle no hubiera tenido importancia si las reses hubiera dado buen juego. La corrida fue, básicamente, mansa. Dentro de la mansedumbre, hubo toros que embistieron para que los resultados hubieran sido diferentes.

El Cid y Daniel Luque fueron toreros de septiembre, es decir, que han mejorado respecto a su imagen en la Feria, aunque todo sin llegar a un tono alto, sobre todo el de Salteras.

El Cid parece ahora un torero más firme que antaño. Las dudas en la colocación han desaparecido. Sin embargo, en su lote hubo dos toros que merecían una labor más completa. El primero fue un manso con movilidad. El planteamiento con la izquierda fue atrevido. La faena pecó de poco ambiciosa, sobre todo cuando se echó la franela a la diestra. Debió aprovechar al toro mientras embestía con celo. Era faena de diez pases y una estocada, pero pases de verdad.

Algo parecido ocurrió con el segundo de su lote, otro manso encastado, al que hay que asignar a Manuel Jesús el mérito de creer en el toro en las tandas del comienzo con la muleta muy baja. Fue un toro con un punto de agresividad emotiva. La faena tuvo interés en la primera parte, luego la tarde volvió a la inercia de la nada. También se esperaba una labor más intensa en el de Salteras. El quinto fue muy malo por falta de casta.

Daniel Luque dejó una buena impresión. Tampoco es el torero de abril. Hay una ambición nueva, una decisión plausible, al tiempo que mantiene los conceptos básicos de su tauromaquia, que son el buen gusto y la elegancia. Toreó bien a la verónica a sus reses. Dejó detalles preciosos, como algunos pases por bajo y las trincherillas. La sosería del segundo fue un muro insalvable. Estuvo en la cara del toro y surgieron pases sueltos plenos de belleza.

Al cuarto, segundo de los que mató, el de Gerena le aguantó parones con firmeza. La insistencia fue decisiva para conseguir algunas tandas insospechadas.

El sexto fue protestado. A esas alturas no se sabe si era por chico, por inválido o por cansancio del personal. Era todo y sólo cuernos. Luque estuvo hecho un torero de cuerpo entero, situado en el sitio para tirar con temple, siempre dejando la muleta colocada para que el burel, que parecía de mármol, acabara por meter la cabeza a regañadientes. Luque se justificó de sobras. Está claro que para el sevillano septiembre es un mes más torero que el de abril.

A pesar de todo, fue un mano sin gracia. Ni los toros rompieron ni los toreros, por un motivo u otro, encandilaron.

Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Insulso mano a mano sin trofeos

Por la ausencia de Miguel Ángel Perera, convaleciente tras la operación de una vértebra por percance, el cartel de ayer lo dejó la empresa Pagés en un mano a mano entre El Cid y Daniel Luque, que resultó un enfrentamiento de guante blanco, con nula tensión en cuanto a rivalidad. Ambos diestros se enfrentaron a una corrida de Alcurrucén, desigualmente presentada, que decepcionó en cuanto a su juego, con una gran dosis de mansedumbre. Con el añadido de un vientecillo molesto en la primera parte de la corrida para el desarrollo de la lidia, el resultado acabó siendo más bien pobre en lo artístico y se saldó sin trofeos.

¿Ha recuperado El Cid el sitio que perdió en primavera en esta misma plaza?… Hubo momentos en que apuntó esa recuperación de la que hablan algunos, pero le faltó redondear. Ante su primero, un animal manejable por el pitón izquierdo y mironcete por el derecho, voló con buen aire el capote a la verónica. En los medios brilló en dos series al natural y se arrancó la banda de música. Ahí quedó todo, porque el tono bajó por el otro pitón.

El mansísimo tercero tuvo como virtud la humillación en la muleta, tras una excelente brega de El Boni, que recibió una ovación de órdago, cuando lo recogió de salida, ante la mirada de El Cid. El saltereño, que apostó fuerte ante el brio del burel, destacó con la diestra, en otra faena amenizada por un pasodoble y que descendió al natural. Trincherillas con mucho sabor en el epílogo y varios muletazos de pecho profundos, aderezaron una labor que caló por momentos en el público, quien alentó al sevillano.

Con el incierto quinto, tras un comienzo prometedor de faena en una tanda ligada con la diestra, la labor de El Cid perdió relieve.

La voluntad de Daniel Luque, más entonado que su compañero, no fue suficiente para triunfar. Ante el segundo, que se desentendía de la muleta, impactó con un inicio de faena en una loseta, ligando muletazos con la diestra. Luego, con el toro totalmente rajado, robó muletazos con habilidad. Durante el trasteo esbozó algunas trincherillas y pases del desprecio meritorios.

Ante el complicado cuarto, imposible para el lucimiento, el diestro de Gerena hizo un esfuerzo lidiador notable. Con este toro cosechó una ovación el sobresaliente, Antonio Fernández Pineda, en un quite por chicuelinas de excelente corte.

Con el público enfadado por el transcurso del aburrido espectáculo, las protestas arreciaron ante el corniveleto sexto, un animal muy chico. El presidente lo mantuvo entre protestas airadas. De uno de los tendidos de sol salió un grito sorprendente: “¡Presidente, Zapatero!”, que algunos espectadores acompañaron con risas. Luque, porfión, brilló en algún cambio de mano que le sirvió como recurso para ligar. Consiguió cuajar una serie con la diestra y robar algunos naturales de calidad; uno de ellos ligado a un pase de pecho interminable. Como interminable resultó, por insulso, este mano a mano sin tensión en cuanto a rivalidad, marcado por una corrida mansa y deslucida de Alcurrucén.

ABC

<img src="http://www.portaltaurino.com/images/criticos/andres_amoros_bn.jpg"/>Por Andrés Amorós. El Cid cabalga

El maestro don Gregorio Corrochano explicaba la competencia de Luis Miguel y Ordóñez: «Están de acuerdo en lo fundamental. Como Carlos V y Francisco I, los dos quieren París; es decir, mandar en la Fiesta».

En ese tipo de rivalidades debe basarse un mano a mano. ¿Se dan esas mismas circunstancias entre El Cid y Daniel Luque? Cualquier aficionado sabe que no.

Tal como está el cartel, más que en un «mano a mano», se queda en un «tres y tres»: la posibilidad de ver en un toro más a El Cid «resucitado» y a Daniel Luque.

Ha recuperado El Cid su seguridad, la confianza en sí mismo, su alegría al torear. Su primero tiene recorrido pero sale suelto. Unos buenos ayudados lo ahorman. En el platillo, dibuja grandes naturales. Por la derecha, el toro se raja, no deja redondear la faena. Mansea el tercero en el capote del Boni, buen lidiador. Manda mucho El Cid con la derecha, aguanta coladas y logra series vibrantes, además de clásicas, con un toro que ha roto en la muleta. La estocada hasta la mano corona una seria faena.

Embiste de lado y huye el quinto, que hace fea pelea en varas. Brinda al público. Logra meter en la muleta a un toro rebrincado, mirón, incierto. Faena de mérito a una res nada fácil, que se raja descaradamente.

Sigue siendo Luque una «gran esperanza», en una línea irregular. Al segundo, que embiste «esaborío», lo brinda al público, muletea decidido pero el toro se desentiende: faena voluntariosa, sin más, mal rematada.

Lancea con temple al cuarto, que se apaga pronto. Otro muleteo insulso, sin unidad, con un toro que transmite poco.

Protestan mucho al sexto, escurrido, astifino, también manso. Pero embiste. Al final, consigue Luque algún buen muletazo, aguanta mucho: se justifica.

Los toros de Alcurrucén han manseado pero han ofrecido posibilidades. Los dos diestros han mostrado su momento actual: irregular, Luque; muy recuperado, serio lidiador, El Cid. Tiene razón el maestro Antonio Burgos: después del «polvo, sudor y hierro» del comienzo de temporada, de nuevo «El Cid cabalga».

Sevilla Temporada 2010

sevilla_250910.txt · Última modificación: 2012/02/08 18:58 (editor externo)

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