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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

Tarde del domingo, 26 de abril de 2009

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Jandilla (desigualmente presentados. 1º y 3º desrazados hasta el extremo, manejables 4º y 5º).

Diestros:

Finito de Córdoba: De azul rey y oro. Dos pinchazos y 5 descabellos (silencio); pinchazo, media estocada caída y trasera y descabello (pitos).

Morante de la Puebla. De tabaco oscuro y blanco): estocada al encuentro (saludos desde el tercio); estocada casi entera (oreja).

Sebastián Castella. De azul y oro. Se echa el toro y se apuntilla (pitos al toro); estocada (aplausos).

Saludó: .

Presidente: Gabriel Fernández Rey.

Tiempo: Sol y nubes. Fresco.

Entrada: Hasta la bandera.

Crónicas de la prensa: El Mundo, ABC, Diario de Sevilla, El País.

©Morante de la Puebla/ABC/El País/La Razón


Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Señores, el torero de Sevilla se llama Morante de la Puebla. Es el que la emociona, la hace penar y sufrir. Y la hace gozar con su arte inimitable. En esta tarde estuvo importante: decidido en todo momento, artista, inspirado…La sosería de su primero, con el que estuvo muy bien, evitó un triunfo más importante. Y la sosería del Niño de Tristán, que hace tocar a la banda cuando le parece. En su segundo hizo una faena de gran mérito y aunque el toro se rajó allí estuvo para exprimirle todo lo que en gotas y esencia de arte podía darnos. Castella tuvo mala suerte, el primero se le echó y hubo que apuntillarlo. Y el último se rajó de arriba abajo, de poco sirvió esa tanda de estatuarios que nos dejó en la retina. Los toros de Jandilla, mal presentados, salvo el sexto, blandos, sosos, mansos y rajados. El mejor fue el tercero, pero le tocó a Finito de Córdoba, que ni es finito ni es de Córdoba, sino asustadito y de Sabadell. Está fuera de esto desde hace muchas temporadas. Pero sigue toreando, porque lo pone Matilla, a cambio de lo que sea, por delante en los carteles, para tapar las vergüenzas de otros. Si él quiere seguir arrastrándose así, que lo haga. Pero que, por respeto, no lo haga en Sevilla, por favor. Que no venga más.


Lo mejor, lo peor

Por Carlos Javier Trejo.

Se cortó en la Maestranza la oreja de mayor peso en lo que llevamos de abono. Apéndice obtenido por un gran torero de arte que esta vez ofreció una gran dimensión de valor. Morante de la Puebla dibujó dos verónicas que dejaron la miel en los labios al respetable, una media tras un quite por chicuelinas que el mismo Belmonte la hubiera firmado. Pero fue con la muleta, y tras un torero inicio de faena por alto con algunos remates donde empezó la sinfonía. Derechazos con el mentón hundido, los riñones encajados, muleta a rastras y muy despacio. Pero lo mejor vino cuando el toro se paró y se negó a embestir. Nos encontramos ahí al mejor torero que combina el arte con el valor. Aguantó el de la Puebla, muy cruzado siempre, tragó en los parones, acariciando a veces los pitones. Destellos de la escuela sevillana y sabor añejo en los remates. Tras una estocada casi entera en todo lo alto paseó una oreja de peso.

Algunos de los toros de hoy fueron la más clara expresión de la degradación de la bravura hasta los límites extremos. 1º y 3º terminaron echándose a mitad de faena, teniendo este último que ser apuntillado sin que Sebastián Castella pudiera entrar a matar. Muy descastado el encierro de Jandilla. Aun así el 4º de la tarde tuvo nobleza en sus embestidas, pero nos encontramos con un Finito de Córdoba desconfiado, abusando del pico, con la “patita” hacia atrás, siempre despegado, ofreciendo una imagen lamentable como últimamente nos tiene acostumbrados. ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar los aficionados esa actitud de Juan Serrano?. Castella no tuvo suerte en su lote, sólo pudo dejar algunos detalles en el 6º con vibrante y estático inicio de faena marca de la casa pero el toro se rajó pronto. Quizás ahí, con el toro rajado en tablas, era donde tendría que haberse justificado más el francés.


El Mundo

Por Carlos Crivell. Morante, un artista muy valiente

El arte cotiza caro. Morante destila arte grande en cada gesto. Siendo tan expresivo en su torería, el de La Puebla es un torero muy valiente. Ayer cortó una oreja – para este tipo de toreros los trofeos no tienen la misma medida –, pero lo más importante fueron sus arrestos de valor para lidiar a uno de Jandilla que, sin ser malo, se pensó mucho las arrancadas. Morante es un artista, eso no es nada nuevo, pero su valor es incuestionable. Y eso sí es noticia.

La corrida de Jandilla estuvo marcada por el infortunio. También por una presentación muy desigual. Nada que ver el primero y el tercero con el cuarto y el sexto. Es muy desafortunado que un toro se muera en el ruedo, como le pasó al primero de Castella; también es penoso que el mejor astado de la suelta, el cuarto, no se encuentre en el ruedo con un matador puesto y dispuesto. Finito desaprovechó al de Jandilla de forma clamorosa. Y también es muy poco afortunado que salga un gran toro por sus hechuras, el sexto, y sea tan manso.

En el plano torero la corrida fue de Morante. Salió dispuesto a torear, como plasmó en los lances del saludo al segundo; con el capote lo bordaría en el quinto, con una de sus verónicas y la media del remate al quite por chicuelinas que se inscriben entre lo mejor del toreo sevillano.

No acabó de entenderse con el segundo en una labor de mano derecha de buen trazo y remate incompleto. Acabó citando a golpe de zapatillas.

Con el quinto toreó en redondo con la profundidad que posee este diestro. Cada pase era un castigo para el de Jandilla, tan justo de raza que acabó rajado. Pero antes la Maestranza saboreó el toreo de filigrana en los de la firma, la trincherilla y los de pecho. Entre tanto arte, valor puro y duro para aguantar miradas y parones. No importó un desarme por insistir en uno de pecho sin solución. La plaza comprendió al torero y la oreja fue el premio. Al margen de trofeos, quedó la sensación de su buena puesta a punto en las formas y el fondo, así como su valor casi impropio de quien tiene el sello del arte.

La tarde fue ingrata para Finito y Castella por distintos motivos. El de Córdoba fue la imagen del desánimo. Con el toro bueno de la tarde se dio un atracón de muletazos sin sello, en general rápidos y con un visible movimiento de zapatillas que chirriaba ante la calidad del Jandilla, que en banderillas se puso a galopar y salvó el honor de su ganadería. El sello de Finito se pudo entrever en algún que otro muletazo, pero todo fue insuficiente. El toro se vio mucho y a Finito lo que se le vio fue su ligereza de piernas. Con el que abrió plaza, una ruina de toro por su falta de raza, estaba justificado que abreviara. Finito pasó por la Feria y no dejó ninguna huella.

También fue una tarde ingrata para Castella. El francés está en buen momento. En esta primera corrida de la Feria lo ha tenido todo en contra. No es habitual que un toro se tumbe a mitad de faena y se muera sobre el ruedo, al menos así pareció que le había ocurrido al de Jandilla. Cuando se esperaba una faena grande con el bello sexto, el toro renunció a su genética y a sus ancestros para dar un verdadero concierto de mansedumbre. Pasó por este festejo casi inédito, apenas se pudo vislumbrar su estilo en los valientes estatuarios del comienzo de la faena del citado sexto, un prodigio de quietud y estoicismo. Castella no tiene suerte en Sevilla. En la mente del aficionado queda el recuerdo de su faena a un toro de Zalduendo con dos orejas al esportón. Ha pasado el tiempo y no ha pasado nada. Le queda otra, como a Morante, así que todo se mantiene en alto para esa cita en la Maestranza.


ABC

Por Zavala de la Serna. Valor, torería y arte, ¡vivo está Morante!

Valor, torería y arte, ¡qué más quieren de Morante! José Antonio de La Puebla ha salido vivo de la victorinada y se ha crecido de moral y se ha asentado en su concepto. Análisis freudiano hago: en El Cid se ha dado el caso contrario. Qué buena tarde de toros dio ayer el genio sevillano. Las zapatillas atalonadas, suelto de brazos y muñecas, temple sereno, menos arrebatado que otras veces, más fluido. La muleta muy natural. En tres cruces de conversación coincidimos varios: cosas de Antonio Bienvenida. Los cambios de mano por delante, por ejemplo. La faena al quinto de una descastada, cuando no enferma, corrida de Jandilla le valió una oreja de verdad. El principio por alto emanó sabor, y la derecha ligada, uniendo cintura y pecho en compañía, desprendió lo mejor del toreo, vaciado en largo detrás de la cadera. El jandilla pronto, en dos series, empezó a querer quedarse cortito, sin terminar de humillar, con alguna paradiña que Morante aguantó respirando tranquilo. En una de éstas le sacó la muleta por detrás para ponerle la izquierda, los muslos ofrecidos, y tragó en un obligado de pecho que terminó en desarme rápidamente repuesto. La izquierda dibujó naturales contados e inmensos, eslabonados con una muñeca torera que cosió uno de pecho, aquel adorno, con el toro siempre a menos hasta el añejo abaniqueo. Hasta la media estocada tuvo su torería, como otra media verónica de cierre a un quite por chicuelinas aladas, como la vuelta al ruedo, con el capote plegado en el brazo izquierdo en vieja estampa.

También le sacó su jugo al más bruto y paradote segundo, de nula clase, entre las rayas. Morante de la Puebla traía plomo en los pies y tranquilidad en la mirada. Derechazos corriendo la mano, girados los talones para enlazar cada pase, echándole la tela como toda la tarde. Uno de la firma, una trincherilla, detalles sobre el fundamento de una estructura de faena ordenada y torera. Por el izquierdo, el domecq no tenía ni uno. La muerte fue pronta y el saludo desde el tercio, tan sentido como merecido.

La corrida de Borja Domecq —mejórese, ganadero— no le va a aportar mucho a su recuperación más que un disgusto, y los disgustos no ayudan, ya se sabe. Peor que su dueño estaban el primero, aculado en tablas y sin aliento, y por supuesto un tercero que se murió en mitad de obra de Sebastián Castella. Si hubiera sido cuestión de temple, Castella se lo había dado todo. No se trataba de eso. Que diagnostiquen los forenses del CSI veterinario.

Finito de Córdoba tuvo sus opciones con un cuarto lastrado de fuerza pero que se movió a derechas. A su altura Finito le pegó no pocos derechazos en línea colocado en su desahogado sitio. Por las afueras afrontó también el volapié.

Castella remató su nula suerte con el zambombo sexto —casi 600 kilos de chuletones—, rajado desde los inicios. El arranque por estatuarios, con un pase del desdén y una trincherilla de broche, fue lo más de una faena en lucha por taparle las fugas al manso, que se arrastró tras una limpia estocada.


ABC

Por Ignacio Sánchez Mejías. Morante en Valiente

Al morir el tercer Jandilla, de muerte súbita, después de la primera tanda de muletazos, la tarde iba para escándalo vergonzoso, también el primero se había echado durante la lidia, pero al menos el cuarto y el quinto toro sirvieron. Con el cuarto Finito hizo lo esperado, o sea, desperdiciarlo. Muletazos para afuera y toreando fuera de cacho. Hizo la faena entre pitos, cosa rara en Sevilla.

Pero en el quinto Morante volvió a ser Morante. Y digo volvió porque en su primero se mostró como un torero “normal”, que es lo peor que le puede pasar a un diestro de su corte, además, como últimamente le da por vestirse como los subalternos, pasó desapercibido. Dio muchos muletazos y todos insípidos porque el Jandilla no decía nada. En su último toro, sin embargo nos entusiasmó con una media inmensa en el quite. Con la muleta, además de estar en Morante, estuvo muy valiente, seguro y decidido. Aguantó los parones de un toro astifino y desarrolló el toreo de artista que lleva dentro. Una oreja de mucho peso.

Comentamos en el tendido que vemos a Sebastián Castella más asentado. Parece olvidada su etapa más cercana al parón tremendista y ahora intenta hacer, dentro de la quietud, un toreo más clásico. Lástima que el sexto toro se le rajara y el primero se le muriera.

La corrida de Jandilla no ha valido nada. No ha habido ni un solo quite del torero siguiente. Han desechado toros hasta acabar las seis filas que la cartelería tiene reservada para los toros que no se aprueban. Hemos visto desde el quinto de Morante con 501 kilos, que se tapaba porque era serio por delante, hasta el último con 590 kilos. Este hierro lidia en muchas plazas, entre ellas en Pamplona ¿Tan difícil es traer 6 toros dignos para Sevilla y no tener ese baile de corrales con el resultado tan pobre que hemos tenido?


Diario de Sevilla

Por Luis Nieto. Sólo Morante; mala corrida

La corrida de Jandilla estuvo a punto de apuntillar la tarde, la Feria de Abril completa y hasta la Fiesta. Dentro de un encierro de Jandilla mal presentado, con varios toros feos, y que dieron un pésimo juego en su conjunto, el tercero, con instintos suicidas se echó en mitad del trasteo para dejar el mundo de los toros vivos, entregado y sin el más mínimo brote de sangre brava. De los toreros, Morante, con disposición y momentos aislados espléndidos, descolló y consiguió el único trofeo de una tarde desangelada, en la que Finito hizo de las suyas ante su segundo y Castella no encontró oponentes para su toreo de aguante.

Morante cortó una oreja por media faena o lo que es lo mismo, lo que duró el quinto, un toro sin ritmo en el capote, sin bravura en varas y que embistió bien por el pitón derecho en los primeros compases de un medido e inteligente trasteo, que el diestro de La Puebla aderezó con sus alegrías. El sevillano dibujó una verónica de cartel y una media que cerró un desigual quite por chicuelinas. Muleta en mano, en los tercios, cuajó una tanda con la diestra y un profundo pase de pecho y la música se arrancó para levantar los ánimos del público, que andaba por los suelos, como los toros de Jandilla. El público se entregó de inmediato. Pero el toro no quiso dejar muy mal a sus hermanos y en señal de mansedumbre comenzó a escarbar como queriendo encontrar algún tesoro escondido bajo el albero de la Maestranza. Morante, con poso y temple, arrancó otra serie diestra, con muletazos de mano baja. Un desarme en un pase de pecho por un hachazo fue el punto y aparte para una labor que descendió de nivel. El torero se salió a las afueras y allí pudo robar algún natural de buen trazo a un astado muy rajado, que acabó acobardado y refugiándose en tablas. Hasta hizo algún amago de querer echarse. El de La Puebla cobró una media, suficiente para que el toro cayera y afloraran pañuelos para la concesión del trofeo.

Morante cumplió ante su primero, también con mejor pitón derecho. Por ese lado logró una buena tanda inicial, superada por otra con muletazos de mano baja y otra ya muy corta, con el toro a menos. Por el pitón izquierdo, el toro le soltó un terrible hachazo. El torero sacó otra tanda entonada con la derecha. Excelente cambio de mano. La faena, sin ligazón, tuvo el contrapunto de bellos remates, como algún pase del desprecio.

Finito estuvo a la altura de sus últimas actuaciones en la Maestranza. No justificó su inclusión. Ejerció de telonero que no quiere molestar a sus compañeros. No hizo ni pudo hacer nada con su primero, al que le dieron excesiva cera en el caballo y que, muy descastado, acabó echándose. Pero ante el cuarto, el mejor del encierro, Finito anduvo dubitativo y por debajo del manejable ejemplar. Ya en los lances de salida, perdió el capote y tomó el olivo. El espectáculo, hasta ese momento, había sido desastroso y el público sacó a flote su guasa. En medio de lo que era un funeral, en lugar de un festejo taurino, una voz gritó: “¡Música!”, al que se unió otra voz, resignada: “¡Que toquen Amargura!”. El personal andaba en ese momento inquieto y cuando Finito, tras sus dudas, gritó al toro: “¡Vamos, p'alante!”, escuchó una voz fulminante: ¡“P'alante, tú!”. Finito, desconfiado, únicamente sacó una tanda con la diestra, de muletazos largos y tersos. Eso fue todo. Luego, con dudas y perdiendo pasos, acabó su trasteo. El cordobés, en ambos toros, manejó muy mal los aceros.

Sebastián Castella no tuvo material propicio para el éxito. A su primero le zurraron de más en varas y el animalito, tan flojísimo como descastado, se echó a mitad de trasteo para morir en el albero maestrante. Absolución y apuntillamiento. Con el manso sexto, siempre suelto, el francés únicamente pudo apuntar su decisión. Lo más impactante llegó en el comienzo de la faena. Quieto como una estaca, el torero dio tres soberanos estatuarios, rematando la apertura con un pase del desprecio, coreado con un ole. Castella anduvo tras el animal, distraído, suelto, sin una gota de bravura. El diestro cambió de terrenos y en los medios tampoco pudo sujetarlo. Algún muletazo de calidad, como una preciosa trincherilla y poco más. De allí se fue el toro a tablas, escarbó, amagó con echarse. Estocada. Y punto final a una tarde que hubiera sido una auténtica pesadilla si no es por la guasa del respetable y esas alegrías que se marcó Morante, triunfador en lo que fue en su conjunto un espectáculo desangelado, con un debacle ganadero de Jandilla sin parangón.


El País

Por Antonio Lorca. ¡Toca 'Amargura'!

¡Toca Amargura!, dijo una voz popular dirigiéndose a la banda de música durante el aburrido tercio de banderillas del cuarto de la tarde. Amargura es una célebre marcha procesional que acompaña en Semana Santa a las vírgenes sevillanas. Ayer fue la expresión del desencanto, una chispa de humor sarcástico de quien está harto de tanto engaño; la tristeza dolorida ante una tarde malsana de toros podridos, enfermos o vaya usted a saber qué… Una expresión de infinito desconsuelo por la muerte de la fiesta; porque ayer este espectáculo secular murió un poco más, porque muertos estaban sus protagonistas, los toros. Sin fuerzas todos, descastados todos, lisiados casi todos, escandalosa la invalidez del primero, y aún más la del tercero, que, en plena faena, se arrodilló delante de Sebastián Castella y, segundos después, expiró.

Pero éste es el toro malo que quieren los toreros, a la espera desesperante de que salga el bueno; es decir, el tonto, el bobo, el que va y viene y permite posturas aflamencadas, y engañar al público triunfalista que abarrota -a veces, incomprensiblemente- las plazas. Ese público fácil y paciente que aguanta este fraude permanente. Porque son los toreros -entiéndase, las figuras- los que se han cargado el toro. Ellos son los principales responsables de esta decadencia galopante, porque le han robado la fiereza, la fuerza, la casta y la bravura, y lo han convertido en un becerrote enfermizo, manipulable y debilucho. Y lo han hecho y lo hacen porque en esta fiesta se ha perdido cualquier atisbo de exigencia.

De todos modos, hay que reconocer que algo extraño envuelve la ciencia esta de la tauromaquia, tan denostada y tan amada siempre, y que continúa viva -a menudo, contra toda lógica- a pesar del ruido de los antitaurinos, de la guerra abierta de distintos grupos políticos y de la actitud vergonzante de los dos grandes partidos; y, sobre todo, a pesar del maltrato diario que le infligen los taurinos. Es un enigma que forma parte del alma de mucha gente, una mezcla misteriosa de buscar la gloria en la muerte, y el sentimiento artista en la lucha abierta entre un ser humano y un animal salvaje. Lógico no parece, pero es verdad que te conmueve en lo más hondo el galope de un toro bravo y el poderío de un héroe artista que es capaz de dominar y de crear. Puede que muchos no lo comprendan, pero así es. Pero ayer todo fue amargura. Con esos toros tullidos, noqueados y descastados, Finito de Córdoba fue, una vez más, una caricatura. Su primero tenía una mirada enfermiza que daba pena, y planteaba seriamente la duda de si alguna mano humana habría podido modificar su comportamiento. Se justificó sin gracia ante el birrioso cuarto, al igual que Castella con el enfermo tercero que se murió en plena faena; quiso levantar el vuelo en el sexto, pero el toro sólo duró dos tandas.

Y a Morante le dieron una oreja por una faena irregular a un toro de escaso recorrido. Todo lo que hace tiene empaque, pero estamos en época de rebajas, y Sevilla está con Morante. Con orejas así, a ver quién convence a los toreros de que hay que buscar el toro de verdad. Por favor, que la banda toque Amargura…

Sevilla Temporada 2009

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