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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

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Domingo, 26 de septiembre de 2010

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Zalduendo y Hermanos Sampedro (1º y 3º)(de diferente presentación y juego desigual. 2º, 4º y 5º, devueltos por debilidad manifiesta; 2º-bis, de Gavira, 4º-bis, de Hermanos Sampedro y 5º-bis, de Gavira; justos de fuerza, descastados y mansos en general; pitados en el arrastre).

Diestros:

Morante de la Puebla. De verde botella y seda blanca. Media estocada, pitos (silencio); pinchazo, media estocada (silencio).

El Juli. De turquesa y oro. Pinchazo, estocada (silencio); pinchazo, estocada casi entera (silencio).

Oliva Soto. De azul y oro. Pinzhazo, estocada (saludos desde el tercio); tres pinchazos, descabello (saludos desde el tercio).

Saludaron: Javier Andana y Óscar Reyes, de la cuadrilla de Oliva Soto, en el 3º.

Presidente: Gabriel Fernández Rey.

Tiempo: Soleado.

Entrada: Hasta la bandera.

Crónicas de la prensa: La Razón, El Correo de Andalucía, El País, El Mundo, ABC.

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©Oliva Soto, Morante y El Juli/Empresa Pagés.

Puerta de Arrastre

Por Santiago Sánchez Traver

Vaya pestiñazo el de Zalduendo. Toros con nombre navarro y origen jerezano. Salieron nueve, pero podían haber salido más. No sé por qué la gente pedía la devolución, a no ser que fuera para ver a los cabestros. Morante de la Puebla se quedó inédito en el inválido primero y sólo dio unas pinceladas de las suyas en el cuarto, un sobrero que se llamaba “Precioso”, pero que no hacía honor a su nombre. A El Juli le dijeron que venía a matar dos Zalduendo, despúes que la corrida se había remendado con toros de Hermanos Sampedro. Y acabó matando dos sobreros de Gavira. Si lo sé, no vengo. El quinto, el tercer sobrero del que no sabemos el nombre pues no estaba previsto, tenía una embestida tan descompuesta que El Juli acabó descompuesto, perdiendo los papeles, que es bien difícil. Oliva Soto aprovechó lo mejorcito de los suyos y dejó destellos de calidad, aunque pinchó a los dos, al tercero que se dejó y al sexto que se rajó. Vaya tarde, difícil de olvidar. A no ser por aquel aficionado del sol, dicen que “Alcalareño”, que, cansado en el sexto, cantó las verdades del barquero.

Lo mejor, lo peor

Por Juan Carlos Gil.

Lo mejor: el aroma de la primavera torera

Camas es pueblo de toreros buenos, Paco Camino, Curro Romero y ahora está llamando a la puerta con mucha fuerza Oliva Soto. El torero, anunciado merecidamente en el mejor cartel de la temporada, dejó la sensación de atesorar un concepto artístico e imperecedero de toreo artístico. Le brota el arte, le chorrea el sentimiento y su duende innato pellizca en la sensibilidad de la afición nada más abrirse de capote. Con la capa estuvo muy decidido. Un quite de dos delantales al toro de El Juli y un ramillete de verónicas mecidas al primero de su lote. No tenía fuelle y le aprovechó las arrancadas rompiendo el toro hacia adelante y dejándole la muleta en la cara. Bien de verdad y con ganas de comerse el mundo. La dimensión de torero con valor se mostró en el sexto. Un cuatreño reparado de la vista que no consiguió alterarle el ánimo. Mantuvo la compostura como si llevase trenta festejos y aguntó los parenos en las taleguillas sin inmutarse. Hubo un par de naturales muy hondos, templados y largos… que no tuvieron continuidad por la escasez de fuerzas de la res. Además, para dejar constancias de que tiene largo recorrido se marcó tres bernardinas en las que los pitones rozaron el bordado de las taleguillas. Cuando arregle lo de la espada dará mucho que hablar.

Lo peor: que el mal fondo de los toros sea noticia

Corrida de expectación y corrida que no satisfizo las ansias de triunfo de los llenos tendidos maestrantes. Corrida de Zalduendo muy mala, sin fuerza, sin casta y sin las características mínimas necesarias para ser un buen toro. Lo de los Hermanos Sampedro son toros para plazas de menores exigencias. Tienen calidad en las embestidas, son noblones pero están justos de fuerzas. Y lo de Gavira no se parece a lo que fue. El tercer sobrero era la antítesis de un toro de lidia: alto, de pechos desproporcionados, basto y sin cuello… Así era un milagro que persiguiese los engaños. Sólo le faltó morder.

El Mundo

Por Carlos Crivell. Rabia, enfado y desesperación

No puede ser, es imposible que todo salga al revés, que la corrida del año se convierta en el mayor fracaso que recuerdan los más viejos del lugar, precisamente cuando la Fiesta está más necesitada de una tarde de gloria en una plaza como la Maestranza de Sevilla. Se llenó la plaza con esa ilusión que llena el espíritu cuando se espera algo único. Las brisas del viento jugaron con los papelillos, pero tampoco parecía que pudieran suponer mayor problema. Estaban todos en las plaza, pero todo fue una hecatombe que llenó de rabia a muchos, enfadó a una gran mayoría y llevó la desesperación a todos ante uno de los espectáculos más lamentables de muchos años.

Se anunció una de Zalduendo. La buena voluntad del equipo veterinario salvó cuatro, pero sólo se lidió uno, que fue el sexto, que fue una birria por presencia y juego. Es el primer detalle que marca el fracaso. Zalduendo no debió lidiarse. Igual que se caen de los carteles los toreros, la divisa de Fernando Domecq nunca debió presentar sus toros; se busca una ganadería con toros para Sevilla y se elimina lo que estaba más que cantado. Nunca la voz de la calle acertó con tanta exactitud en sus previsiones. Era el festejo del año; no fueron los toros del año. Ese detalle llenó de rabia al aficionado. Fue un petardo cantado de antemano. Todos los de Zalduendo estaban desfondados, carentes de casta y fuerzas, toros podridos. Los de Sampedro, primero, tercero y el sobrero cuarto no mejoraron a los anunciados. El segundo de Gavira, parado y descastado; el quinto, encima tenía peligro. Ocurrió lo que nunca se ha presenciado en una plaza de toros: El Juli no le pudo dar ni un muletazo digno de tal nombre a la prenda con el hierro de Gavira. Todo ello ocasionó el enfado en la plaza, aunque fue un enfado educado y comedido, muy propio de una plaza como la sevillana, capaz de tragarse los mayores sapos del mundo. Lo de ayer ocurre en otros cosos y tienen que intervenir las fuerzas de orden público para serenar los ánimos.

La corrida es un espectáculo imprevisible. El de ayer, con tres toros devueltos por manifiesta invalidez, llenó de desesperación a los espectadores. Se fueron tres a los corrales y toda la corrida podía haber seguido el mismo camino. Sólo la complacencia del palco permitió la lidia del primero, un inválido al que Morante no pudo torear. El torero de La Puebla tenía cara de no entender por qué mató al primero y el presidente devolvía al segundo al primer tropezón.

La desesperación era la consecuencia de la frustración de no poder ver el toreo de dos estrellas, Morante y El Juli, y el de un chaval con hambre y arte, Oliva Soto. El artista sevillano salió a por todas con el sobrero de Sampedro. Los lances fueron afanosos. Quiso torear de muleta a un animal sonámbulo y por allí dejó pases exquisitos. Poca cosa para un torero tan grande.

El Juli no tiene nada que hacer con toros sin fuelle, tal como el sobrero primero de Gavira. Mató dos sobreros del mismo hierro. El quinto, feo por su volumen, desarrolló peligro. Lo dicho, ni un sólo muletazo pudo darle el madrileño.

Lo único bueno de la corrida lo firmó Oliva Soto, que además de muchas ganas, se llevó los dos más potables y disfrutó del fervor entusiasta de la plaza. Se estiró en lances airosos, quitó por delantales con gracia y dejó tandas de toreo con la muleta plenas de buen estilo. Al tercero le enjaretó un precioso comienzo con pases por bajo y trincherillas. El toreo con la derecha tuvo sentimiento y expresividad. Faltó toreo al natural y un final más intenso. Y matar al toro.

De nuevo se lució en el comienzo de la faena al triste toro sexto de Zalduendo, único lidiado por Domecq. Excelentes los doblones, buenos los naturales de la primera tanda, y luego, casi nada, aunque en la misma Puerta del Príncipe se fajó con ganas. El público, para olvidar penas, se lo agradeció.

ABC

<img src="http://www.portaltaurino.com/images/criticos/andres_amoros_bn.jpg"/>Por Andrés Amorós. Desfile de inválidos

En el Congreso Taurino celebrado en la Maestranza escucho a algunos profesionales que el toro actual es el más bravo de la historia, que se ha superado el problema de las caídas. Hablan también de la «toreabilidad», de la escasa asistencia de público; desea alguien para su poderdante un toro «agradable»…

¿Superadas las caídas? A lo largo de toda la temporada, las expresiones que he tenido que repetir más veces en mis crónicas son éstas: «flojea», «cae», «se derrumba»… El camelo de la «toreabilidad». Nadie habla de la «jamoneidad» del jamón: se hace el jamón para comerlo, todos los jamones tienen «jamoneidad», con mejor o peor sabor. Todos los toros con casta (la palabra que sólo Cuadri ha mencionado en el Congreso) tienen su lidia, más o menos difícil. Preferir un toro «toreable» es buscar la comodidad del torero: es privarle a la Fiesta de la emoción. Así, desde luego, no esperen que se llenen las Plazas. El cartel, con Manzanares, era inmejorable: pero no con toros de Zalduendo, que ha pegado el petardo reiteradamente. Cinco han rechazado en el reconocimiento y, en la Plaza, han devuelto tres más. Las figuras siguen eligiendo lo «agradable»: en el pecado llevan la penitencia…

Flojea el castaño primero de Sampedro. Morante lo cuida con el capote, entre protestas. Al segundo muletazo, va al suelo: así, no hay arte que valga. Lo prueba el diestro y desiste: media habilidosa acaba con el claudicante. Bronca al Presidente, por mantenerlo. ¡Bien empezamos!

Con el cuarto, de salida, dibuja verónicas extraordinarias pero el toro da una vuelta de campana y queda resentido: bronca, devolución y un sobrero, de Sampedro, pegajoso, al que lancea valiente. (No es errata: valiente). En la segunda vara, mínima, se desinfla como un globo. Los pases de Morante tienen naturalidad, empaque… pero el toro se cae. Muletazos limpios, preciosos, sin afectación ninguna. ¡Qué bien torea Morante! No se pone bonito, torea. Pero hay muy poco toro… Y mata desde allá lejos.

También claudica el segundo, hay que devolverlo. Lidia eficaz El Juli al sobrero de Gavira, estrecho de sienes, alto de pitones. Apenas picado, se cae. Lo mima El Juli con delantales. Su técnica se va imponiendo a un toro que queda corto, puntea, se para. Le arranca buenos muletazos pero uno a uno, provocando con la voz.

Demasiado poco toro para un diestro tan poderoso.

En quinto lugar, otro Zalduendo devuelto y otro sobrero de Gavira, grandón, que vuelve al revés y no tiene un pase. Corta por lo sano El Juli y no se estrecha al matar. El error es haberse apuntado a estos toros.

Lancea Oliva Soto con estética arrebatada al tercero, que también se derrumba. Saludan sus banderilleros Andana y Óscar Reyes. Brindis al público, que está con el torero. Los muletazos tienen pinturería gitana, personalidad, plástica; pecan de componer la figura. La música contribuye a crear el clima … pero manda poco y el toro vuelve a caerse. Mata a la segunda.

Recibe al sexto con doblones rodilla en tierra, aguanta las embestidas. Dibuja muletazos desiguales pero con ese arte que tanto gusta en Sevilla y con valor. Faena estética y también emocionante, mal rematada. Merece más oportunidades. El desfile de inválidos ha sido un verdadero escándalo. En otra Plaza, se hubiera armado la gorda. Y con razón. Señores ganaderos: ¿están solucionadas las caídas de los toros? ¿Seguimos hablando de la «toreabilidad» y buscando toros «agradables»? Señores matadores: ¿continuarán apuntándose a estos toros? Así, no se arregla nada.

El Mundo

Por Zabala de la Serna. Podrida corrida de Zalduendo y Hermanos de remiendo

Convendría que ahora, cuando se reúnan los toreros para preparar el encuentro con Cultura, también hagan un ejercicio de autocrítica. Sin ir más lejos: “Compañeros del metal, dejemos de matar basura”. Zalduendo por ejemplo. O no imponer remiendos o sobreros de Sampedro, la ganadería, o una de ellas, más podrida de España. Es una estafa consentida.

Morante, que venía de recorrer Barcelona a hombros, se estrelló con un remiendo de Sampedro de cara lavada e inválido que la autoridad matuvo en el ruedo por sus pelés. Nada.

A los corrales volvió el cuarto de Zalcuento, que tras un volatin quedó listo de papeles. Antes tres lances a la verónica de Morante pero violentito. De ahí el pañuelo verde también. El sobrero de Sampedro no dio ni para un análisis. Se quedó corto de salida y de tal manera embistió siempre. Destellos de Morante y que le agradezca a su apoderado el mimo sampedril.

Ni uno tampoco el de Juli. Devuelto. Sobrero de Gavira. Un zapato. No le metieron apenas las cuerdas. Juli con la muleta retrasada quiso aprovechar lo que había de embestida. Nada. Imposible el esfuerzo.

Oliva Soto dejó cositas con el tercero, que era de Sampedro, que al final fue el de más fondo. El buen aire no se lo quita nadie al gitanito, y las prisas, tampoco. El ansia, digamos. Y dentro de esa escaso orden el sexto zalduendo también valió sin duración. Oliva le trazó naturales de un corte camero y faraónico pero muy por fuera. La promesa sigue en pie. Para que haya ilusión en Sevilla.

El País

Por Antonio Lorca. La fiesta de los toros, a Sanidad

Lo ocurrido ayer en la Maestranza no tiene nombre, pero se resume así: si no hay respeto por el toro, difícilmente puede haberlo para el torero. Una ganadería titular, la de Zalduendo, de la que solo se anuncian cuatro toros y se lidia uno. Y la corrida se remienda con dos de Hermanos Sampedro, que no son toros para plaza de primera porque sus hechuras son de novillos; y salen dos más de Gavira, feos, como toda la corrida, e inválidos todos, y descastados y mansos. En fin, imposible empeorar.

Y al frente de la tropa, dos primeras figuras del toreo, Morante y El Juli, que se ríen a mandíbula batiente de los que pasan por taquilla al aceptar semejante caricatura de toro bravo. Y pasa lo que pasa: que hay desmayos por aburrimiento, que hacen falta doctores contra el sufrimiento de un espectáculo al que están matando entre los que debieran tener más interés en conservarlo con vida.

A Sanidad… Los toros, a Sanidad. No puede estar en Cultura una farsa de algo que en su día se consideró un arte y hoy es una miseria. Ya se pueden celebrar pomposos seminarios y congresos de alto postín intelectual; ya pueden configurarse mesas del toro y airearse banderas, que mientras no se resucite al toro bravo, esta fiesta tiene un serio, muy serio riesgo de pronta desaparición.

Y los toreros, las figuras, quienes mantienen este engaño, no pueden irse de rositas. Lamentable el paso por San Miguel de los señores Morante y Juli. No vale que el toro no sirvió; no vale que no hubo suerte. Lo que vale es que son parte y arte de una corrida podrida, y alguien debería pedirles responsabilidades.

Ciertamente, no tuvo Morante mimbres para hacer el cesto. Su primero era la representación más cañí de la desvergüenza torista. Un borrego lisiado, amuermado, sin vida, casi tan inservible como el cuarto, de la misma camada y nulas condiciones.

El Juli no pudo reverdecer aquí los laureles que ha ganado por ahí. Se le ve suelto y seguro, como no podía ser de otra manera, pero no tuvo un solo momento de gloria. Mató dos toros de Gavira, desclasados y muy deslucidos; se empleó con el primero, que presumía de andares cochineros, y abrevió con el muy violento quinto.

Afortunadamente, estaba Oliva Soto, sustituto del lesionado Manzanares, un chaval con andares de torero, con empaque y gracia, ilusionado y apasionado, que firmó detalles de categoría. Tiene personalidad y su toreo habla. Demostró firmeza, seguridad y hambre de triunfo. No redondeó su tarde por culpa de sus toros y su pésimo manejo del estoque, pero exprimió a sus dos oponentes y dejó un buen sabor de boca.

La Razón

<img src="http://www.portaltaurino.com/images/criticos/alvaro_acevedo.jpg"/> Por Álvaro Acevedo. Espectáculo ruinoso y negocio rentable en La Maestranza

La tarde, el espectáculo, fue un absoluto, lamentable y vergonzoso desastre ganadero ante el que, por supuesto, nadie (empresa, autoridad o apoderados) ofrecerá explicaciones. Fue algo tan triste que ni siquiera sabemos si es pertinente entrar en una valoración artística de los toreros.

Pero qué remedio… Morante intentó muchos lances y casi todos le salieron enganchados. Normal: soplaba el viento y le sobraba capote; no lo pellizcaba lo suficiente. Nada pudo hacer con el inválido primero, una calamidad de los Hermanos Sampedro mantenido en el ruedo por obra y desgracia del presidente de turno. Al cuarto, peligroso y reservón, le sacó pases de mérito hasta comprobar que era absurdo seguir intentándolo para nada.

El Juli, a fuerza de ponerse muy cerca de su primer sobrero, un bonito pero flojo sobrero de Gavira, hizo una faena aseada. Al quinto, otro sobrero de Gavira esta vez de horripilantes hechuras, no le pudo pegar ni medio pase, con lo cual queda dicho todo sobre la mansedumbre y mal estilo del enemigo.

Mientras, a Oliva Soto le aplaudieron mucho porque el chaval era el único inocente de semejante caos. Llegó de rebote y no es una figura del toreo que tenga responsabilidad en la elección del ganado. Como tiene buenas maneras, cierto duende, dejó detalles de gusto y torería, y el sabor de su toreo fue casi lo único salvable de un naufragio en toda regla. A Eduardo Canorea le gritaron desde el tendido que compraba los toros más malos del campo bravo. Y los más baratos, suponemos. Eso sí: como la plaza estaba llena, la ruina salió rentable.

El Correo de Andalucía

Por Álvaro Rodríguez del Moral. Que se lo cuenten a la ministra

El cartel había despertado una gran expectación desde que fue presentado en el mes de febrero. Los resultados de la Feria de Abril lo revalorizaron aún más y la cotización había ido creciendo a la vez que Morante, El Juli y Manzanares se iban convirtiendo en los tres tenores de esta temporada que ya anda tocando retirada. El resto ya es historia: la inoportuna lesión de Manzanares privó al evento de uno de sus alicientes aunque regalaba a Alfonso Oliva Soto una valiosa oportunidad para reivindicarse.

Pero lo que se había anunciado, vendido, cobrado y publicitado como una auténtica cumbre del toreo se hundió en el fango más oscuro por culpa de los propios actores del invento. Y aquí no se libra nadie. Si ya se comentaba desde hace meses que la de Zalduendo -con una pésima temporada a la espaldas- no era la corrida más indicada para un espectáculo que se presumía de primer nivel, el mosqueo subió de tono cuando se supo que el encierro había sido remendado con dos toros de Hermanos Sampedro. A la postre, de los cuatro galafates que logró enchiquerar Fernando Domecq sólo se lidió un ejemplar en medio del increíble pasotismo del público que abarrotaba la plaza de Sevilla. Se tenía que haber armado la marimorena pero, al final, tenemos lo que nos merecemos. Los toreros son los primeros que, en el pecado, llevan la penitencia. Y ahora que se lo cuenten a la señora González Sinde si por fin se digna a recibir al senado de la torería andante.

Y la verdad es que no merece la pena extenderse demasiado en contar un espectáculo que no fue tal. La engañifa comenzó con un ejemplar inválido de Hermanos Sampedro que no logró despeinar más de la cuenta a Morante de la Puebla, que se fue a por la espada en cuanto se apercibió del panorama. Quiso mucho más con el cuarto de la tarde, un sobrero del mismo hierro, rebrincado y deslucido, que se acabó defendiendo. Con dos o tres apuntes, y viendo que el bicho andaba a la defensiva, le quitó las moscas y aquí paz y después gloria.

El Juli no tuvo enemigo enfrente, pero desde su condición de primerísima figura no debió consentir nunca este desaguisado. Al claudicante sobrero de Gavira que hizo segundo sólo pudo matarlo dignamente después de comprobar que se le había acabado la gasolina. Lo que sí causó estupor fue verlo sorteando el calamocheo del tercer sobrero, un auténtico morucho que salió en quinto lugar. Con aire y pelo de cruzado, resultó imposible para el toreo formal. El petardo ya estaba más que consumado.

Como suele ocurrir en estos casos, la suerte -relativa- fue para el que más la necesitaba. Oliva Soto sorteó los dos toros menos malos del batiburrillo ganadero que ayer saltó al ruedo de la Maestranza y pudo mostrar retazos de ritmo y pellizco, chispazos alislados de ese toreo con tanto poder de transmisión al que sólo le falta un mayor oficio para ser rentabilizado. Quizá le faltó administrar mejor la escasa duración del tercero, al que no se le podía dejar parar. Con el sexto, el único de Zalduendo, volvió a brillar en el inicio antes de que se aplomara.

Sevilla Temporada 2010

sevilla_260910.txt · Última modificación: 2012/02/08 18:58 (editor externo)

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