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Plaza de Toros de la Misericordia

Viernes, 13 de octubre de 2017

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de Nuñez del Cuvillo serio, astifinos y muy bien presentados

Diestros:

Sebastián Castella: de carmesí y oro. Oreja y ovación

Alejandro Talavante: de negro y azabache. Oreja y dos orejas, sale a hombros por la puerta grande.

Andrés Roca Rey: de gris plomo y plata. Oreja y oreja

Saludaron en banderillas:

Entrada: Lleno de No hay billetes.

Galería de imágenes:

Video: http://vdmedia_1.plus.es/topdigitalplus/multimedia/201710/13/20171013213254_1507923277_video_696.mp4

Crónicas de la prensa:

La Razón

Por Patricia Navarro. Talavante reconquista y el huracán Roca llega a Zaragoza

Talavante volvió a su plaza talismán. Y se notó. Lo que no quedaba resquicio es de aquella paliza que le propinó un toro en Sevilla por San Miguel y que le lesionó una vértebra. La parada le ha puesto en el sitio. En su sitio vital de torero. Al natural ocurrió todo con la nobleza y el franco viaje del Cuvillo que salió en segundo lugar. Exprimió el pozo con muletazos muy bellos, en esa búsqueda de Talavante que cuando se encuentra tiene una fuerza brutal, porque se rebosa. Hubo naturales y más naturales, otros aguantando el embroque y algunos mirando al tendido. Deliciosa fue su obra al quinto, buen toro también, de rodillas el prólogo y gozoso lo que vino después. Un canto a la parsimonia, a la armonía, a la sensación de que es torero de categoría mayor. No ha lugar a otra cosa. Se entretuvo con el toro, como quien se entretiene con algo bello para construir juntos, bueno el Cuvillo con su misterio a desvelar, otro más de un corridón del ganadero gaditano. Hablemos de creación, de lentitud, de temple en las muñecas, de suavidad en la yema de los dedos, de simplificar lo que en verdad es una ecuación ininteligible ante el miedo, y rodearlo, alimentarlo, colmarlo para llegar al camino de la emoción. Y ahí nos reunimos todos. Felices. Aún en tiempos difíciles. Talavante se llevó las dos. Pero antes había hecho el toreo. Vestido de negro y azabache. Torero él. Qué ritmo al natural, qué ganas de acabar el toreo más allá de la cadera, temple exquisito. Faena para el invierno.

Roca Rey hizo un ¡dejadme solo! para hacer el quite al tercero. Y se hartó. Los riñones metidos de veras. Comprometido. Convencido. Como estatua de sal por gaoneras y hasta el infinito y más allá. El público, entregado. Y él con el toro después. Viajaba largo el Cuvillo, punto por dentro y punteando el engaño. Asumió todo Roca con frialdad en la quietud, pero echando los vuelos y queriendo torear de verdad hasta que pudo con el toro. Le ganó la partida. Cabeceaba el sexto en la firme muleta de Roca, pero volaba detrás del trapo y lo quería hacer hasta el final descolgado. Tenía el defecto de puntear y la virtud de querer corregirlo. Tiró Rey de improvisación cuando la cosa se apagaba y la lió buena. Una vez más. Una y una se llevó el torero venido del Perú.

A “Nenito” no le hizo justicia el nombre. Fue un pedazo toro de encastado, bravo y con acometividad a la muleta de Sebastián Castella, que dibujó la faena y sólo por momentos tuvo la grandeza del toro, que abrió plaza. Hasta el final de sus días, hasta el último aliento le duró al Cuvillo el ímpetu, las ganas de ir y comerse el mundo. Paseó un trofeo el torero francés. Noble y con ritmo suave fue el cuarto. Anduvo templado el diestro en una faena medida. Después y durante hubo una revolución. Talavante se fue a hombros, el único que había cortado el doble trofeo a un toro, como dice la normativa de esta plaza, que se saltaron el día antes con la Puerta Grande de Paco Ureña. A pie se fue Roca. A pie y con la cabeza alta.

ABC

Por Andrés Amorós. Pasión y buen toreo con Talavante y Roca Rey en la Feria del Pilar

En lo que Valle-Inclán llamaría «los amenes» de la temporada, vivimos una gran tarde de toros, con el cartel de «No hay billetes». Talavante y Roca Rey ofrecen su mejor versión y entusiasman al público: Alejandro corta tres orejas y sale a hombros; Andrés, una y una, se queda al borde pero deja también una gran impresión. Castella corta un trofeo. Contribuyen al éxito los toros de Núñez del Cuvillo, abiertos de pitones, con casta y mucha movilidad. (Disfruta del festejo, en el callejón, Felipe de Marichalar, con el diestro Gonzalo Caballero, su amigo).

Sebastián Castella cambió de apoderado, a mitad de una temporada en la que ha logrado buenas faenas pero también le hemos visto encallar en un toreo algo mecánico. El primer toro mansea, en el caballo, pero repite, encastado, transmite emoción a los muletazos de Castella, que aguanta, firme; mata rápido, no bien: oreja. El cuarto flojea pero se mueve mucho, apenas lo pican. Se luce Chacón, con los palos. Comienza su última faena de la temporada Sebastián con los habituales pases cambiados, se queda muy quieto. En la faena hay más cantidad de muletazos que calidad. Esta vez, mata bien.

Talavante ha alternado tardes de gran estética con otras menos felices: es lo propio de los diestros encasillados como «artistas». Recuerdo que, en Zaragoza, ha logrado algunas de sus grandes faenas. Esta tarde, con el mejor lote, repite su triunfo. Aunque está lesionado en una costilla, banderillea con acierto Trujillo al noble segundo. (Un detalle curioso: ha lanceado el balear Valentín Luján con un capote que lleva el nombre de su paisano Rafael Nadal). Muletea con suavidad Alejandro, logra templados naturales. Menos me gustan los remates populistas, mirando al tendido, al estilo manoletista, que creíamos superados. Mata trasero y desprendido: oreja. El quinto tardea pero embiste con gran nobleza. Comienza de rodillas, exponiendo mucho, al borde del percance. Corre la mano en excelentes muletazos por los dos lados, con ritmo y temple. Concluye citando de frente, dando el pecho, con gallardía. Mata trasero pero a cámara lenta: dos orejas, en su penúltima corrida de la temporada.

Si no fuera por los percances, Roca Rey encabezaría el escalafón: eso, en su segunda temporada, indica el atractivo que posee, para los públicos. Ha sentido ya «el peso de la púrpura», la exigencia que se aplica a las primeras figuras. Tiempo al tiempo…

Desde el comienzo, se luce con el capote, en el tercero, apenas picado, que galopa con alegría. Quita por impávidas gaoneras, que entusiasman. En la muleta, el toro protesta y acaba rajándose a tablas. La faena no es redonda pero el peruano muestra cabeza clara, valor y mucho mando. Mata muy bien: oreja. El último es otro «Tortolito», como el anterior, pero colorado: muy armado, flaquea de atrás. Brinda a su picador Manuel Molina, que toreará por última vez este sábado, en Jaén. Sorprende al público con un inesperado cambio. Manda mucho en largos naturales, pasándoselo muy cerca; se la juega, cuando el toro protesta, no le deja que se vaya. Alterna los muletazos de mano baja con los cambiados y mata desprendido. Como tarda en caer, se queda en una oreja.

Un diestro con una singular personalidad artística, Talavante, y otro de enorme capacidad, Roca Rey, han hecho felices, esta tarde, a los zaragozanos. En la barrera, una gran bandera española, con un toro negro, símbolo de España: el fervor patriótico y taurino no decae. Los independentistas no imaginaban esta reacción.

Posdata. No sólo algunas jotas recientes se refieren a los tristes sucesos actuales. Ciertas jotas clásicas parecen escritas para hoy mismo. Por ejemplo, la que cantaba José Oto, «El ruiseñor del Ebro», baturro por antonomasia y espejo de joteros: «Quien oyendo un ‘Viva España’ / con un ‘Viva’ no responde, / si es hombre, no es español, / y, si es español, no es hombre». José Oto era un republicano y un patriota español: antes, esa unión era habitual. No en todo hemos mejorado.

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna. Puerta grande para un gigante llamado Talavante

La expectación congestionó la Misericordia de tal modo que ni con la carpa replegada el calor escapaba. El cartel más cuajado de la Feria del Pilar más veraniega del siglo había desatado el incendio: Castella, Talavante y Roca Rey. Y no defraudó.

La chispa del cuvillo prendida en su destartalada y astifinísima cara sorprendió. Su paso escupido y desencelado por el caballo había engañado a todos. Pero ahí estuvo la clave, en su escaso castigo. Creció a oleadas en banderillas. Apretando hacia los adentros. Castella se dobló con poderío en la vibrante obertura de faena. El toro se estiraba con encastado brío. Ante aquella velocidad temperamental, el francés se plantó con firmeza. Su derecha exigió a una embestida humillada que exigía mando y gobierno. Frondosas las series ligadas, de cinco y seis, y generosa la distancia. Largo y limpio el trazo. A izquierdas no se dio igual el toro, que punteaba con nervio. Aminorado el gas en el regreso diestro, Castella acortó metros en el planteamiento. Y tiró muleta y espada en un desplante de autoridad. La estocada caída y tendida que escupió no se interpuso en el camino de la oreja.

Talavante reeditó el idilio con Zaragoza que un día nació con un cuvillo llamado Esparraguero. No le fue a la zaga Miraflores. Un toro de bellas líneas y espectacular longitud de pitón. Su noble bravura pudo incluso con el lastre de una lesión de cadera. La versión de Alejandro que cautivó en la última cita de San Miguel en Sevilla maravilló. Como cautivó la expresión de su izquierda. La dimensión de los naturales que morían detrás de la cadera provocaron un rugido. El estruendo atronador de la despaciosidad. Como del tramo más que faltaba en el año. Un kikiriquí coronó el trío de series como cénit de una faena que había emergido sutil en su derecha. A ella volvió para apurar la buena clase. Mirando al tendido. El acero viajó trasero y bajo. Y quizá por ello el palco frenó la recompensa en un solo trofeo.

El vestido gris plomo y plata de Roca Rey le confería una presencia imponente. Como un géiser resplandeció su arrogante figura en un quite por gaoneras brutal. Impertérrita la planta, clavado como un ciprés. Explotaron los tendidos en pie como una ola contra el malecón de su quietud. El terciado cuvillo concentraba su trapío en la cara. Y en su genio mordido. El peruano estremeció con los péndulos de apertura de obra. La transmisión del toro apenas sangrado añadía una emoción mayor. Por abajo y a derechas, RR lo sometió con tensión. La tensión de la rabiosa embestida que, igual que se desplazaba lejos, se venía a veces por dentro. Un amago de desarme lo salvó el torero cambiando la mano con reflejos de lince. Y de nuevo tensó la cuerda en naturales poderosos. Iba el toro desprendiendo voltIos en un tembleque de cabeza que electrocutaba. No le gustó sentirse podido. Y se rajó llevándose por delante las telas hacia el refugio de tablas. Allí un descarado arrimón indicó quién era el amo. La gran estocada entregó la oreja cual medalla al valor.

La corrida de Cuvillo llevaba un ritmo frenético. Rescoldito derrochaba una calidad infinita desde sus divinas hechuras. Pero con el poder contado. El suficiente para que Sebastián Castella lo hubiera templado de otro modo. Después de mimarlo en el peto, nadie entendió el arranque pendular. El pulso se perdió en un serie zurda y nunca más se supo. Una estocada tapó el expediente.

Para volapié, el de Alejandro Talavante al quinto. La lenta ejecución de un espadazo supremo descerrajó la puerta grande con la potencia de lo auténtico. Talavante fue temple, torería, tempo e inteligencia. Un único arrebato en el principio de faena. De rodillas y con el cuvillo vencido. Desde entonces, potenció las virtudes del buen toro. Por una y otra mano. Ahora especialmente en redondo. Inmensos los pases de pecho; enorme el tacto; gigante Talavante.

El armadísimo sexto fue el que más soltó la cara. Roca Rey salió con el cuchillo entre los dientes.Desde los estatuarios y la arrucina, un ataque en tromba. A pelo la vida expuesta. Por encima de la limpieza, la exposición. No acometía el cuvillo siempre entregado en la muleta. Hasta tres espaldinas se contaron. O más. Cuando el toro echaba el freno. Manoletinas de despedida. Una estocada de efectos retardados. Otra oreja. Importante el tipo, que miró la salida a hombros de Talavante con el honor intacto de un duelo no perdido.

zaragoza_131017.txt · Última modificación: 2020/03/26 12:14 (editor externo)