Ignacio Sánchez Mejías, «una vida de novela de aventuras»

La Tertulia Taurina Universitaria de Sevilla recuerda el centenario de la alternativa del torero.

ABC, 5/04/2019. Por Lorena Muñoz. El recuerdo de Ignacio Sánchez Mejías sigue vivo en el centenario de su alternativa. La Tertulia Taurina Universitaria se ha unido a los actos que durante este año 2019 conmemoran la fecha de su doctorado en Barcelona el 16 de marzo de 1919. La nieta de Ignacio, Paloma Recasens, el sobrino nieto, José Sánchez Mejías y Manuel Grosso, junto con la periodista Sandra Carbonero, recordaron la figura de este polifacético y «provocador» personaje que fue, entre otras muchas cosas, un destacado torero.

Escritor, aviador, automovilista, presidente de la Cruz Roja y del Real Betis Balompié, forjó su afición a los toros en su infancia. «Nació en una familia acomodada. Su padre era médico y se crió cerca de la Alameda de Hércules donde Joselito y Rafael El Gallo jugaban al toro», apuntó Grosso quien destacó que «la primera hazaña de su vida fue dejar una carrera prometedora de médico en pos de una aventura, por vivir a toda costa».

Su nieta, Paloma Recasens, contó una anécdota que le contó su madre. «Se escapaba de pequeño para jugar al toro. Lo encerraron en el lavadero en ropa interior y se escapó hasta la parroquia de San Vicente donde le quitó la ropa a un amigo monaguillo para irse a torear con Joselito».

Pero Ignacio quería ir más allá. «No le bastaba solo con ser torero sino que tiene que llegar a ser parte de una dinastía de toreros y lo hace a través de una mujer, que es Lola, la hermana de Joselito El Gallo cuya muerte en Talavera de la Reina lo marcó de forma definitiva», argumentó Grosso.

Recordaron cuando se metió en un barco de polizón junto a su amigo El Cuco para ir a México. «Se fueron a Cádiz pero se equivocaron de barco y acabaron en Nueva York sin papeles. Sin duda, la vida de Ignacio es como leer una novela de aventuras», aseguró Paloma.

La cita se convirtió en una interesante charla salpicada de anécdotas que sirvió para conocer un poco mejor a un personaje irrepetible que fue «extremadamente inteligente». Su sobrino nieto, José Sánchez Mejías aseguró que «si Ignacio hubiera nacido hoy en día igual no habría sido torero sino astronauta o cualquier profesión de riesgo. Joselito, sin embargo, habría sido torero siempre».

Paloma recordó a su abuela, a la que llamaban«Mami», cómo era la vida en «El Pino», el cortijo de Pino Montano que fue residencia familiar, su adoración por Joselito, cómo escribía sus propias crónicas, su competencia con Gaona y su relación como mecenas de la Generación del 27.