Tomás y Rafael: de los toros y la radio

Cremades y Campuzano fueron los protagonistas en Sevilla del XLVI ‘Mano a mano’ de la Fundación Cajasol.

El Correo de Andalucía, 17/01/2018. Por Álvaro R. del Moral.  El evento tuvo aire de tiempo nuevo. En los comentarios de los aficionados y los fieles a estos encuentros entre la cultura y el toreo planeaba la cocción de los carteles de la Feria de Abril. Es la comidilla habitual de estos días fríos en los que se cuaja la temporada que vendrá. Y sobre el escenario del salón de actos de la Fundación Cajasol se encontraban dos personajes que no necesitaban presentación. Uno era el diestro sevillano Tomás Campuzano, un todoterreno ochentero que tenía enfrente a un comunicador cordobés, emparentado con otro matador sevillano, el entrañable Rafael Astola, por vía marital. Hablamos de Rafael Cremades, rostro reconocible de la pequeña pantalla que ha encontrado en la intimidad de la radio su medio natural.

En medio, una edición más y ya van 46, se encontraba el periodista José Enrique Moreno, que aludió a «una manera distinta» de hablar de toros como clave de estos encuentros que rebasan la década de vida y se han convertido en un clásico de la parafernalia taurina sevillana. Cremades confesó su taurinismo pero prefirió declararse como un aficionado que sabe «disfrutar, sentir y hablar poco». El periodista definió a los toreros como «auténticos caballeros de la vida» antes de dar paso a Campuzano, al que le unía el hilo invisible de los campos de Gerena en los que pastó aquel novillo de Albaserrada llamado Laborioso que indultó su suegro Rafael Astola en el lejano día del Pilar de 1965. Tomás viajó por la memoria de aquel tiempo, recordando las crónicas radiofónicas de Enrique Vila. «Es que nuestra conexión con el mundo del toro comienza gracias a la radio», comentó el veterano diestro. «Llegaban las diez y cinco de la noche y esperábamos que había pasado en cada plaza». Era la magia ¿perdida? de las ondas. Cremades recogió el guante y alabó la labor de «aquellos radiofonistas que ponían el alma en cada retransmisión». El locutor cordobés precisó que «el poder evocador de la radio no lo tiene la prensa escrita; te permite vivir, ver y recrear las faenas de los toreros…» La cosa se había lanzado mientras la radio seguía imponiendo su ley. Rafael Cremades se dibujó a sí mismo en su niñez, contemplando el paso de los alguacilillos por la cordobesa calle de Don Lope de Sosa camino de la plaza de toros de Los Califas. «Iba con mi padre a los toros y no tengo ningún trauma; declararse ahora amante de la Fiesta es complicado y cada vez que me manifiesto como aficionado en la radio recibo ataques de gente que además no da la cara».

El moderador interpeló a los invitados. ¿Cómo se puede revertir esta situación? ¿Cómo pueden volver los toros a la primera línea de actualidad? Tomás Campuzano apuntó la única clave: «tendría que surgir un fenómeno como El Cordobés». En ese punto, el recuerdo volvió a servir de hilo argumental. «Sus corridas televisadas paralizaban el país; el campo se quedaba solo y la gente volvía al pueblo en busca de una televisión», narró el torero, trazando un aguafuerte infantil. «Entonces andaba con las ovejas y me dividía con mi hermano para ver media corrida cada uno; la tele del cortijo de Enrique Vega parecía un cine».

El Cordobés, precisamente, puso en bandeja la famosa anécdota de aquella almohada que el Ciclón de Palma del Río dijo haber consultado para permanecer en los ruedos. «Había convocado a periodistas, empresarios…» recordó Cremades con especial mención a su tío, el locutor Rafael López Cansinos. «Todos firmaron la almohada y se sorteó a beneficio de San Juan de Dios. La compró el torero por veinte mil duros». Cosas de genios. ~