Joaquín y El Cid: toros, fútbol y un adiós en el Mano a mano de la Fundación Cajasol

56ª edición de los Mano a Mano
Esta nueva cita se había convocado como homenaje al veterano diestro de Salteras, que este año ha dicho adiós a la profesión a la que ha dedicado los mejores años de su vida. Las emocionantes despedidas del torero sevillano en las plazas de Sevilla y Madrid han servido de recuerdo de sus tardes más gloriosas en ambos escenarios, claves en su eclosión en la primera fila del toreo.

“Es un privilegio estar aquí con mi amigo, con mi hermano Manuel”, señaló Joaquín, repetidor en estos encuentros. Moreno desveló una curiosa anécdota del último compromiso profesional de El Cid en la plaza de Zaragoza. Al terminar la corrida, montado en la furgoneta, le preguntó a su banderillero Curro Robles: “Curro, ¿y ahora qué hacemos?”. Por lo pronto aún le quedan algunos contratos americanos hasta el mes de enero y después, señaló el propio matador, seguirá vinculado al toro, entrenando para actuar en festivales.

“Manuel ha sido una figura del toreo, su carrera así lo contempla”, señaló Joaquín. “Nadie es maestro por una sola tarde y él ha estado entre los mejores muchos años y eso es muy complicado”, sentenció el futbolista. “A veces te cuesta trabajo admitir que eres figura del toreo, pero quiero hablar de Joaquín, una persona extraordinaria que ayuda a la gente más de lo que se pueda pensar; se presta a todo tipo de causas; por eso es grande y lo quiere todo el mundo”. El carraspeo de Joaquín despertó las primeras sonrisas que, ya en serio, sentenció que “las personas son grandes por lo que hacen”. La relación entre ambos artistas trasciende a sus propias familias y, tal y como advirtió Moreno, hay varios nexos comunes entre sus trayectorias.

La conversación entró en terrenos más relajados. El Cid se vio como apoderado de Joaquín. Moreno, por su parte, tentó al futbolista con la idea de vestirse de corto para torear un festival en la plaza de la Maestranza. “Qué cosa más bonita… ¿por qué no?”, respondió Joaquín sin titubear y declarando que, más que el toro o la plaza, “me da mucho respeto lo que puedan pensar dentro del toro”, argumentó el jugador confesando definitivamente que sentía “mucho miedo” entre las risas de los presentes. “Es muy buen torero”, aseguró El Cid desvelando que habían toreado algunas becerras juntos. “Es que en su interior, antes que futbolista, tiene vocación de torero” reveló el torero destacando una cualidad: “torea muy despacio”.

Aún quedaba la sorpresa final: torero y futbolista se cambiaron los papeles. El del balón tomó el capote, ensayó algunos lances al aire y el de coleta tocó la bola. Un remate peculiar para un mano a mano de gran altura.