Tarde torista, final decepcionante a una Feria cargada de matices

Madrid 06/10/19

Ponía el punto final la sexta de marcada cariz torista a una Feria de Otoño cargada de matices. Última cuya guinda eran los toros de Adolfo Martín, cuyas claves fueron:

1) En primer lugar, la presencia torista de los Albaserrada, emparentados con los Victorino, habitualmente ligada a la presencia de la casta. Casta como sinónimo de combatividad, principio ineludible para que exista la bravura.

2) Pero, la casta apenas se hizo presente sobre el ruedo de Las Ventas. Lo más, la media casta, salvo en el cuarto. El cuarto exigía de poder y Curro Díaz así lo entendió, de forma tal, que todo se lo hizo por abajo, por donde se puede la parte indómita del toro de lidia que proporciona la casta, mantenida e incrementada a lo largo de los años por la vía de la selección.

3) Paró el jienense al primero de su lote, que hubo de aguantar las coladas que de forma artera le lanzaba el Adolfo. Voluntad y abnegación demostradas por Curro que dijeron mucho en su favor de su actuación en el primero.

4) La capacidad técnica, la muleta baja, poderosa en el arrastre sobre la arena, fue la gran virtud de quien supo que podía ser, si se hacía con cabeza. Cabeza de Curro Díaz que no concluía las serie por alto, sabiendo de las posibilidades que tenía por el pitón izquierdo. Series sin incurrir en el error que hubiera supuesto los obligados de pecho por alto. El pinchazo previo a la entera recetada le impidió recibir más allá de la Ovación con Saludos.

5) Queda dicho, pero habría que repetir que fue la falta de casta lo que deslució la tarde. Bondad en el segundo al que entendió López Chaves con el suave manejo de los engaños. Voluntad que empañó por el mal uso de los aceros.

6) Hasta en tres ocasiones salió el quinto, luego de volver a entrar dos veces. Probablemente fuera un toro corraleado (nacido en febrero de 2014, es decir, con cinco años) y por ello acostumbrado a entrar y salir por las puertas.

7) Con ese quinto, López Chaves destaca por la brega en los de recibo. El poderlo, mostrar el capote, enseñar al toro a embestir, el hacerle bueno al tomarlo es fundamental, forma parte de la lidia. Y hay que estar muy puesto, -López Chaves lo está-, para saber combinar movimientos de pies, manos y capote. La voluntad demostrada por el salmantino le mantiene en el puesto que nunca debió abandonar.

8) Si a cualquiera aficionado le dicen que lo peor de la tarde habrían de ser los toros de Adolfo Martín por su falta de casta, no se lo creería. Y si le dicen que Manuel Escribano pegaría un petardo con las banderillas, tampoco. Pues, fue justo lo que sucedió, luego de recibir a portagayola al tercero, que le metió un regate como consecuencia de los excesos en los toques.

9) Pero, no solo el comportamiento fue la clave, también la presencia. Paletón y veleto el primero, y terciado el segundo, no fue la corrida soñada por el aficionado, ni a buen seguro por el ganadero.

10) Concluía así una Feria de Otoño que ha tenido buenos momentos. La tarde del novillero Tomás Rufo; las faenas de Ureña y de Perera, aunque ésta última no fuera rematada con la espada; la emotiva despedida de “El Cid” con la presencia de aficionados de verdad en el ruedo para sacarle a hombros por la puerta de cuadrillas y el completo espectáculo de Antonio Ferrera en su reto de medirse con seis toros.

Termina una temporada cargada de matices, éxitos y también sinsabores que algún día contaremos.

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