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26_mayo_22_madrid [2022/05/27 10:28]
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 ==== Crónicas de la prensa==== ==== Crónicas de la prensa====
  
 +Por [[Patricia Navarro]]. //La Razón//. **Un bluf previsible e indefendible**
  
 +En Madrid volvían a medirse Morante, Juan Ortega y Pablo Aguado, que es lo mismo que exponer el arte y querer multiplicarlo y servirlo a los ojos de la Monumental de Las Ventas, con el toro de esta plaza, y lo tocapelotas que somos por el foro, lo llevamos en el ADN, y ver qué pasa. No es poco. La plaza a reventar, llena, en busca del «arte». Y quién tiene más arte, porque ¿quién torea mejor de capa? De eso, de mecer las embestidas de los toros, de acariciarlas saben estos tres del sur. Que conste, que tiramos de memoria, no de lo que vimos ayer, ya que transitamos la tarde huérfanos de toreo que llevarnos a los ojos, de emociones y momentos que recordar cuando San Isidro, que lo hará, también nos abandoné.
 +
 +Madrid es una cuesta escarpada, en la que además el viento sopla, el toro pesa y el público ruge o molesta. El término medio se digiere mal, como la indiferencia. Pero lo de ayer fue jugar otra partida. Una de perdedores. Una previsible y maldita. Una de esas que está envenenada por las reglas del juego. Se sabía. Qué malo es eso. Que se sepa y a pesar de ello nadie haga nada por evitarlo. La batuta hizo sonar los acordes previstos.
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 +Miraba hacia arriba Morante como si esperara respuesta del viento. Levantaba la muleta, esa que quería dominar la descompuesta embestida de un altón ejemplar de Juampedro que abrió plaza. Abrevió el de La Puebla ante la que creemos fue corta arrancada del animal y lo poco cómodo del asunto. No era su momento. Ni el nuestro.
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 +El cuarto apenas arrancó el viaje, pegado al suelo, remolón, asqueado de su bravura que la sentía tan lejana que no quería dar ni media embestida buena a la muleta de Morante. La gente pitó cuando el de La Puebla se perfiló para matarlo, pero había poco que hacer que no fuera perder el preciado tiempo. Entre medias, entre tanto, se lio en el Ocho. Un espectador tiró una almohadilla al ruedo, veníamos del bochornoso espectáculo del día de Paco Ureña bajo la lluvia y fue el propio tendido el que protestó hasta que lo echaron. El ruedo es terreno sagrado y así debe ser hasta el final. No lugar de protestas. Esto es otra cosa y se rige por código éticos. La plaza se encargó de defenderlos. Esos y otros que parecían perdidos, como el del propio toro bravo, también cuando acabó el festejo.
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 +Ortega arrancó tres verónicas al segundo toro detenidas. Qué tempo. Bestia. Fueron así dos delantales con toda la personalidad del mundo, que quedaron ahí a pesar de querer dar continuidad al ver que el Juampedro acudía con todo. A las cuadrillas no se lo llegó a poner fácil y la suavidad de la muleta de Juan se encontró con embestidas por dentro, con malas ideas y sin poder.
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 +Suavón y soso fue el quinto. Así la lidia de Ortega. Ni sí ni no. Ni frío ni calor.
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 +Iván García le sopló dos pares buenos de banderillas al tercero, que era un pedazo toro de grande. Tuvo un pitón derecho potable y Aguado lo enseñó. El problema es que la distancia a la que se pasó al toro hacía imposible cualquier atisbo de triunfo o emoción. Al natural el toro embestía más feo y los muletazos se le ensuciaron todos, sin excepción. No estaba en el sitio Aguado. Madrid es mucha tela que cortar. A menos fue el sexto, cuando el festejo ya se había alzado con todas las letras como un «petardo». La de Juan Pedro no está en buen momento, pero se la repite y elige una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez... Zzzzzz. Cómplices todos.
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 +Por [[Luis Carlos Peris]]. //Diario de Sevilla//. **Monumental catástrofe ganadera**
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 +Corrida de expectación que, como en tantas y tantas tardes, derivó a tarde de decepción por culpa de la catástrofe que resultó ser el envío de Juan Pedro Domecq. Una corrida magníficamente presentada, incluso digamos que desmesuradamente presentada para proceder de donde procede, pero que no mostró una sola gota de bravura a excepción del quinto, que era, curiosamente,​ el de peores hechuras y con el que Juan Ortega pudo mostrar algo de su indudable calidad.
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 +La historia está plagada de repeticiones y cuando vimos este cartel y en este día se nos vino a la sesera algo que ya ocurrió. Era 26 de mayo de 1967 y se anunciaba en Las Ventas un cartel absolutamente sevillano, justamente como el de ayer. Y la pregunta que nos hacíamos era si esto saldría con el brillo que salió aquello. Y es que aquello de hace la friolera de cincuenta y cinco años fue memorable. Se anunciaba una corrida de Benítez Cubero para Diego Puerta, Curro Romero y Paco Camino. Como adobo picante se daba que Curro, el día anterior, se había negado a matar un toro de Cortijoliva porque parecía estar toreado. Curro pasó la noche en el estaribé, pero se vistió de luces y formó un lío junto a Diego y a Paco. Los tres a hombros por la calle de Alcalá y la pregunta era si los toros de Juan Pedro posibilitarían que Morante, Ortega y Aguado rememorasen aquella apoteosis sevillana.
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 +Y la pregunta empezó a encontrar respuesta según iban saliendo toros, racheaba el viento y los rostros de los toreros iban desencajándose. Hay que ver cómo cambian las cosas y cómo una tarde tan ilusionante va de una decepción a otra sin solución de continuidad. Con decir que ese mago de la tauromaquia que es Morante no encontró opción en ningún momento. No sé si puede decirse dentro de un contexto tan claramente negativo como fueron los juampedros, pero de todo lo malo, fue el lote del orfebre cigarrero lo peor de cuanto apareció. Ni siquiera tuvo opción con el capote y ya es raro, pues este torero siempre encuentra toro con el percal. Desilusionándose paulatinamente,​ en ambos toros hubo de abreviar y el público se enfadó, pero no mucho, ya que las iras del iracundo público venteño ya tenía su diana, el ganadero.
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 +Juan Ortega anda en un bucle peligroso y esta corrida era uno de esos cartuchos que no se pueden desperdiciar. La temporada no le va boyante al trianero y tenía al lote de Juan Pedro entre ceja y ceja para cambiar el duro. Y él, que tiene el duro, estuvo a punto de cambiarlo en el único toro que medio pareció bravo. Fue en el quinto y el dicho viejo de que no hay quinto malo sobrevoló en la vertical de nuestros deseos. Y Juan, que había encandilado con unas verónicas soberbias a su primero creyó encontrar su asidero en Sabalero, su segundo toro. Brindó a Agustín Díaz Yanes y fue metiéndolo en el canasto con ese temple que guarda en su muleta. Quiso y hasta pudo en ocasiones para una labor de más pinceladas que redondeces y una serie al natural estuvo a punto de justificar toda una tarde, pero cuando el toro parecía servirle, dejó de transmitir sensación de nada, matándolo de una gran estocada.
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 +Pablo Aguado también se estrelló en esa especie de muro de las lamentaciones que fue el envío ganadero. Casi como su compañero Ortega, él tampoco lleva la temporada como todos los que creemos en él desearíamos. Saludó a su primero con verónicas marca de la casa, pero cuando se llega al último tercio, el toro deja ver su falta de clase. Pablo insiste, pero el pozo está seco, por el izquierdo también resulta imposible y a matar se ha dicho. En el que cierra plaza y con los tendidos hechos un clamor contra el ganadero está muy por encima de Loquillo, que así se llamaba el angelito. Y eso es todo lo que dio de sí uno de los carteles que más expectación habían levantado y que Sevilla esperaba deseando un revival de aquel 26 de mayo de 1967, pero no pudo ser, nuestro gozo fue a parar a un pozo sin fondo.
  
  
   * [[Madrid Temporada 2022]]   * [[Madrid Temporada 2022]]
26_mayo_22_madrid.txt · Última modificación: 2022/05/27 10:28 por Editor