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TOROS EN CÓRDOBA

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Viernes 25 de mayo de 2012

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: cinco toros de Juan Pedro Domecq y uno, tercero, de Parladé (desiguales de presencia y juego. Buenos, primero, cuarto y sexto).

Diestros:

José Luis Moreno: dos pinchazos y estocada atravesada (saludos). En el cuarto, cinco pinchazos y estocada (saludos).

Morante de la Puebla: pinchazo y estocada (silencio). En el quinto, estocada caída (saludos).

José María Manzanares: pinchazo y media estocada (silencio tras aviso). En el sexto, media defectuosa (una oreja).

Entrada: tres cuartos de entrada.

Crónica de la prensa: El Mundo, Sur, El Día de Córdoba, ABC.

El Mundo

Por Carlos Crivell. Oreja para Manzanares y toreo grande de capote de Morante de la Puebla

Era un cartel señalado por el arte de los espadas. También le llamaron el de las tres 'M', Moreno, Morante y Manzanares. Era el cartel de la feria de Córdoba y lo sabía la plaza. Al final, a la tarde le faltaron detalles para ser completa, pero no faltaron momentos de torería excepcional que conjuntaron una buena tarde de toros.

Faltó que la corrida de Juan Pedro tuviera un punto más de fuerzas o de casta. Salieron toros de gran calidad, como el primero, que embistió mucho a la muleta de Moreno; o el cuarto, más dulce pero de menos fondo; el mismo quinto, que le embistió al de La Puebla para que esculpiera el toreo más bello con el capote. Y el sexto, buen toro en la muleta. No todos fueron iguales; el segundo no tuvo fuerzas y el tercero desarrolló mala clase.

La corrida dejó recuerdos inolvidables, a pesar de que el balance de trofeos se antoja escaso. José Luis Moreno se dejó en la espada tres orejas. Se dejó la gloria de una tarde a hombros. Morante toreó de forma tan maravillosa con el capote que se le podía haber premiado. Alguna vez habrá que dar orejas por el capote. Manzanares se reivindicó en el sexto.

Para Moreno fue una tarde de toreo grande y de pésima espada. Es la constante de su carrera. Tuvo la suerte de sortear el mejor lote, sobre todo en primero, al que le faltó un punto de fuerzas para ser de escándalo. Moreno toreó a placer por ambos pitones. Templó y se gustó en tandas preciosas. Fue una labor completa con la que pudo cortar las orejas si no falla con la espada.

Con el cuarto dio un curso de buen toreo con el capote. Se gustó en la verónica, llevó al animal en un hermoso galleo y quitó por delantales. La plaza era un clamor. Se lo brindó a Chiquilín. Embistió con clase el de Juan Pedro pero tenía poca casta. El torero cordobés toreó mucho sobre la diestra con buen gusto y se echó la muleta a la izquierda muy tarde. A pesar de ello, buena faena que tampoco acertó a rematar con el estoque. Nunca olvidará esta tarde Moreno, cuando se le escapó un triunfo de clamor.

Morante se hizo presente en el quinto con el capote. El segundo, toro atacado y sin cara, no le permitió desplegar nada de su tauromaquia, sobre todo porque no tenía fuerzas. El capote en manos de Morante vuela como en ningunas otras, juega la cintura y las muñecas con una elegancia distinta. El coso de Los Califas se alborotó ante tanta belleza. Pero el gozo de la muleta duró sólo unos ayudados a media altura y una tanda. Ni el torero apretó ni el animal aguantó, de forma que todo quedó a mitad de camino.

El toro de menos clase de la corrida fue el tercero. Nunca embistió por derecho y rebañó al final de cada muletazo. Toro, por tanto, poco agradecido, pero toro para medir a una figura. El de Alicante anduvo por allí y llegó a ligar algunos pases buenos. Faltó continuidad. La faena no tuvo soporte. No estuvo bien ni con la espada.

El sexto, blandito, fue algo más toro. Manzanares lo cuidó en línea al comienzo y se explayó con la derecha llevando al toro hacia adentro, es decir, como el mejor Manzanares. Se quedó colocado, ligó, llevó templado al de Juan Pedro y le puso su incuestionable estética. El Manzanares bueno, ahora también inteligente para torear al natural con pausa entre tandas. Los derechazos finales fueron explosivos. La oreja alivió algo la tarde, pero el damnificado había sido Moreno, que se fue andando al hotel.

Sur

Por Barquerito. La capa de Morante, repertorio caro en Córdoba

Hasta el arrastre del quinto, contaba como mejor toro el primero de corrida. Las dos faenas de mejor solución fueron una de José Luis Moreno, con ese toro sumiso, escarbador y alegre, y, con el que cerró, otra de Manzanares, más despaciosa o bella que intensa por la mano derecha. La faena de Moreno estuvo mejor armada que la de Manzanares. Los pasajes mayores de la de Manzanares se atuvieron a su canon.

Hubo un intento bueno con la mano izquierda pero el toro sorprendió a Manzanares y, aunque aguantó impávido Manzanares un parón incómodo, hubo que dejar la apuesta. La banda sólo tocó en dos toros . Cuarto y sexto. Antes de cuadrar el toro, y con la música en secano todavía Manzanares se regaló con una tanda de propina. El toro había pedido la cuenta hacía un rato. En la suerte contraria, y citando a recibir, Manzanares cobró media defectuosa, de muerte lenta.

Con su estilo académico, un punto retórico pero de sensibilidad natural, José Luis Moreno se templó con el bondadoso primero, no escatimó, tandas largas y trenzadas.

Los grandes golpes de la fiesta, y los más celebrados, se vivieron en el quinto toro. A Morante se le antojó torearlo y lo hizo desde el mismo lance de saludo, a capote desplegado. Cuando el toro le vino de vuelta, Morante lo esperó ya posado, encajado y soñoliento. Los otros tres toros fueron menos propicios. El primero de Morante, gachito y brocho, punteó por flojo, no se empleó. El tercero se rebrincó y echó la cata arriba antes de aplomarse. Moreno brindó el cuarto a Chiquilín, retirado, torero que estuvo a punto de ser cuando estalló el primer Finito. La faena, habilidosa, de buen oficio.

El Día de Córdoba

Por Francisco Javier Domínguez. Dos muletas, un capote y un ganado para el olvido

“Si nuestro teatro tuviese el temblor de las fiestas de toros, sería magnífico. Si hubiese sabido transportar esa violencia estética, sería un teatro heroico como La Iliada. Una corrida de toros es algo muy hermoso”. Así hablaba Ramón María del Valle Inclán en un tiempo en el que salía el toro, en el que toreo era muy distinto al actual pero que tenía, como decía el artífice del Esperpento, esa violencia estética. Hoy se torea mejor que nunca pero es a merced de un toro que no molesta, que sale picado, que a poco que lo obliguen rueda por el suelo. El paradigma de este toro es el de Domecq, el encaste de un animal que adoran unas figuras que son conscientes de que a poco que el toro tenga dos docenas de embestidas potables ponen la plaza boca a abajo. El problema es que estos toros artistas se paren. Entonces llega la frustración y aquello se convierte en un conjunto que sólo pueden salvar, sólo en parte, artistas de la talla de los que ayer actuaron. Incapaces de más con un ganado impresentable, la terna se quedó a medias. Quizá les esté bien empleado por querer ir cómodos a costa de lo que sea, pero tienen que ser conscientes de que esta fiesta no se acerca, ni con mucho, a la de la violencia estética, sino más bien a la de birria manifiesta. Afortunadamente ayer hubo dos grandes muletas y un capote de época para salvar los muebles de una corrida sin trapío, chica, sin cara, sin fuerza. Hubo novillos la tarde anterior con más trapío, que daban más miedo. ¿Cómo es posible? Habría que pedirle cuentas en primer lugar a la autoridad, seguramente presionada para que pasara una corrida no apta a todas luces para una plaza de primera. Córdoba lo es; igual no tiene público de tal dignidad, igual no va la gente. Lo que quieran, pero mientras en el reglamento y en la documentación ponga plaza de primera así se la debe tratar. El sistema taurino lleva su presión a tal extremo que hace que salga de los chiqueros la citada birria. Los taurinos presionan y la autoridad cede mientras el aficionado paga el tendido. Ahora pensará el taurino de turno que nadie protestó los toros, pues no, porque lo que ya hay es resignación en el tendido. Es como las lentejas, si quieres a las figuras, a tragar birria, y punto. Es lo que hay. El toro chico para el billete grande. La misma historia de siempre.

Claro que las figuras, que van cómodas, con cuatro detalles y una poca fibra te salvan la tarde a medias y medio justifican la entrada. Pero no hay autenticidad porque todo se hace a toros sin fuerza. Toros sin nada dentro. Hubo, como reza el titular, dos muletas enormes. La de Moreno y la Manzanares. Y un capote, el de Morante, aunque Moreno también destacó con la capa toda la tarde.

Con el material juanpedril, Moreno anduvo centrado y metido en la corrida. Muy bien por momentos. Pero falló a espadas y lo que podrían haber sido dos orejas, una -la primera más justa- y una, quedó reducido a un par de ovaciones. El primero de su lote fue quizá el toro con más recorrido de la corrida, aunque como todos no aguantó en condiciones más allá de la tercera tanda. Y eso dificultó labor del de Dos Torres. Con su primero saludó bien a la verónica, pero ya el toro perdió las manos en varas. Con la muleta surgió una primera tanda por el derecho limpia y a media altura, cuidando al animal que aunque noble tenía muy poca fuerza. Citó de largo y el toro se fue presto. Luego se acopló en una segunda tanda de compás y profundidad, con buenos muletazos y uno de pecho marca de la casa. Aquello tomaba vuelos y la tercera fue aún mejor. A partir de ahí el toro se paró y por el pitón izquierdo bajó algo la intensidad de su labor. Destacó eso sí un pase de pecho mirando al tendido. Toreo a dos manos de calidad y luego otra vez por el izquierdo un par de naturales de categoría. Muy metido ya en la faena, el trasteo tomó vuelos de nuevo y hubo un circular suave y otro bueno de pecho. Se fue a por la espada y no acertó. Pinchazos y pérdida del trofeo que seguro hubiera caído con fuerza.

Con el segundo de su lote, un toro de menor recorrido, Moreno anduvo muy bien con el capote. Hubo verónicas bellísimas en el saludo y una gran media. Un galleo por chicuelinas muy torero llevó el toro al caballo. Otra media, de cartel. La faena de muleta no pudo sin embargo cobrar vuelos aunque hubo un par de tandas acopladas por el pitón derecho y trincherillas y detalles con gusto, pero el toro se apagó después de sacar los últimos muletazos con mucha torería. Volvió a pinchar y se repitió la historia. De todos modos, esta faena era de menos fuste que la anterior por culpa del toro.

Y Morante, ay Morante. Morante la formó en su segundo toro con el capote. Es lo que tienen estos toros, que parece que salen picados de flojos y templados que son. Por eso se les torea de capote como si uno estuviera en el tercio de quites en vez de en la salida. Lo dicho, Morante formó un alboroto a la verónica. Tela adelantada, compás abierto. Hasta los medios. Al menos tres verónicas de auténtica impresión, con remate de media abelmontada, liándose el capote.

En los quites, más disfrute. Chicuelinas al paso con remate torero. La gente en pie y para poner al toro una media citando de largo de impresión. El toro se arrancó y le pegaron un picotazo. Pero nada, ya estaba medio muerto. Morante lo intentó y salvó algún muletacito de su peculiar galería nada de nada. Tal era el cansancio del toro que a punto estuvo de echarse antes de que el diestro entrara a matar. En el anterior, Morante no pudo más que justificarse con una par de trincherillas de mucha categoría y poco más. Los toros no le ayudaron y se fue contrariado pese a haber realizado un toreo de capote de muchísima calidad.

A Manzanares le pasó igual que a Morante. Se estrelló con la falta de condiciones de sus oponentes. Salvo un par de tandas con fibra y estética, artísticas a su segundo, y algún muletazo suelto a su primero, poco más pudo hacer el torero más esperado por la afición. Porque su labor al último duró lo mismo que el toro, sin embargo hay que reconocerle dos grandes tandas con la derecha, a partir de ahí el toro se murió. Se llevó una oreja de este animal después de matar recibiendo. Quizá eso curara en parte su frustración. Porque con el primero de su lote sólo destacó algún muletazo suelto. Le molestó el viento y aun así se llevó el toro a los medios. Allí hubo tres o cuatro muletazos de cartel.

Al final, el espectáculo heroico, el más bello de cuantos existen, al que se refería Valle Inclán, es cada vez más un esperpento. Él sabría hoy a lo que me refiero.

ABC

Por Víctor Molino. El capote de Morante y la muleta de Manzanares en Córdoba

El capote de Morante levantó al público de Los Califas. Al sevillano, insípido con la muleta, le sirvió sólo la capa para acreditar su valía en una sesión donde Manzanares consiguió una oreja tras torear con profundidad al sexto.

José Luis Moreno dejó una faena templada ante su primero, con calidad aunque justito de fuerza. Destacó sobre la diestra, donde dejó un par de series ligadas. Moreno malogró una completa actuación con la espada en su segundo, con el que anduvo más profundo y variado de capa y muleta.

Morante, que no hizo nada en su primero, toreó como los ángeles con el capote al quinto. Recibió con chispa para dejar una serie de cuatro verónicas al ralentí que despertaron al público. Así, insistió con el trasto para poner en suerte a su enemigo con chicuelinas al paso y rematar con una serpentina. Tras un buen tercio de varas, el diestro retomó la capa para dejar otro quite a la verónica. La faena acabó ahí, aunque mereció la pena. Con la muleta, el torero y su antagonista se diluyeron.

Manzanares, con pocas opciones en el tercero, cuajó al sexto —el de más movilidad— con la muleta. Ligó en las series sobre la diestra alargando el brazo y toreando con hondura. Su antagonista metió la cara por obra y gracia del alicantino, que siempre se preocupó de su cuidado. Con la zurda, menos intensidad. Remató por bajo y preparó un cierre con una estocada en la suerte de recibir.


Imagen: José María Manzanares | El Día de Córdoba

Córdoba Temporada 2012.

cordoba_250512.txt · Última modificación: 2020/03/26 12:25 (editor externo)