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JOSE MIGUEL ARROYO "JOSELITO". NOTICIAS

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Joselito: «Será reaparición y despedida, no tengo valor ni para torear una cabra»

ABCTOROS, 31/01/14

«Ya no recordaba lo que es esto. Que te llamen, que te pregunten. ¡Me arde la oreja! El teléfono no para hoy». Son palabras de José Miguel Arroyo «Joselito» después del anuncio de su vuelta a los ruedos el próximo 15 de junio en Istres. «Será reaparición y despedida. No tengo valor ni para ponerme delante de una cabra», explica con el verbo natural de siempre. Joselito en estado puro. La figura madrileña cuenta los orígenes de este regreso exprés, que ha revolucionado e ilusionado a sus innúmeros partidarios en las redes sociales. «La idea surgió el año pasado en Istres, donde lidié una corrida. José Antonio Morante (de la Puebla) me dijo que le hacía mucha ilusión torear conmigo. Me llamó este año, “hombre, José, que sería la leche”. Y los gerentes de la plaza, que son amigos míos de desde chavalines, también me lo pidieron. Y aquí estoy», cuenta a ABC.

Joselito compartirá cartel con Morante de la Puebla y será el padrino de alternativa de Cayetano Ortiz, cuya carrera está dirigida por los gerentes del coso francés, Bernard Marsella y César Pérez. Los toros llevarán el hierro de Garcigrande, según adelantó mundotoro. Arroyo, recién estrenado director artístico de la Escuela Taurina de Madrid, abandonó los ruedos en 2003 y desde entonces ha toreado algún festival. Apenas en el campo: «He estado varios años hasta sin torear becerras, habré toreado siete u ocho. Y además no quiero torear muchas, que ando muy justito de valor y se me agota».

¿Y si resurge el veneno del toreo y este paseíllo le incita a querer más? «Ni pensarlo. No tengo capacidad para eso. Lo de Istres es un hecho anecdótico». Hablamos del año ganadero y nos explica que tiene cinco corridas, cuatro de cuatreños y una de cinqueño. «Una podría casi valer para Madrid, pero solo tengo seis peladitos y eso es muy arriesgado, por lo que no iré». ¿Y para Sevilla? «Valdría, pero no me han llamado».

Entrevista a Joselito, por JavierTorres, La Gaceta, 20 enero 2013

Era apenas un niño de 10 años cuando llegó a la Escuela Taurina de Madrid, toda una bendición, porque le salvó de los peores vicios de la calle y le formó como persona. Aunque no esté bien decirlo –asegura– también le ayudó la posterior muerte de su padre, gracias a lo cual pudo conocer las bondades de un hogar estructurado. Para entonces José Miguel Arroyo 'Joselito' ya había visto la droga en su casa y conocía a las putas del barrio.

-¿La suya fue una infancia robada?

-Mi madre nos abandonó cuando yo tenía tres años. Desde entonces viví con mi padre y con sus novias hasta que se hartaban de él, claro. Vengo de una buhardilla de ocho metros cuadrados en la que me lavaban en una pila de alabastro y compartíamos baño con otras tres casas.

-¿Cómo era su padre?

-El Bienve, mi padre biológico, era un tío cachondísimo, muy flamenco y juerguista. Trabajaba en lo que podía: reventa, transportista, taxista y, por último, traficante de drogas, lo que le llevó a la cárcel. Él me llevó por primera vez a los toros y me apuntó en la Escuela Taurina. Murió cuando yo tenía 12 años, lo que provocó que el director de la escuela, Enrique Martín Arranz, se convirtiera en mi padre.

-Explique eso

-Enrique vino al entierro y vio que ninguno de los hermanos de mi padre quería hacerse cargo de mí. Enrique les recriminó su actitud y luego me adoptó. Para mí, él es mi padre.

-¿Y la Escuela Taurina?

-Una escuela de vida. Por primera vez comenzaron a hablarme como a un adulto. La bienvenida fue: “Eres un sinvergüenza, tú vienes aquí porque no quieres estudiar”. Nos decían eso para ver si realmente queríamos ser torero. Qué chaval más extraño era yo que con 10 años ya lo tenía claro.

-Y usted le puso empeño

-Pero me costó mucho trabajo. El primer día me pusieron a dar vueltas al ruedo para enseñarme a andar como un torero. Yo era muy vacililla, un chulito de barrio que andaba de puntillas. Y el paso torero tiene que ser ligero, corto y sin menear mucho los brazos… con gracia, sutileza y mucha armonía.

-¿Cómo fue su llegada a la casa de sus nuevos padres, Enrique y Adela? -Al principio me chocaba que se mostraran cariño delante de mí. Yo pensaba: “qué pastelitos son estos”. Me resultaba extraño porque no estaba acostumbrado a una familia convencional. Enrique y Adela me dieron una educación que entonces no tenía definida. -¿Y si su padre le hubiera visto triunfar?

-A veces lo he pensado y digo ¡qué peligro!… Era un tío majísimo, pero era un viva la Virgen.

-La que sí le vio triunfar fue su madre

-No tengo muchos recuerdos de ella. Cuando ya era torero vino a verme en dos ocasiones. Yo tenía 18 años y llevaba 15 sin verla. Ya empezaba a ser un hombrecito y tenía opciones de salir adelante por mi cuenta. Cuando la necesité no estuvo conmigo, por eso le dije que me dejara en paz.

-Con la verdad por delante, también en los ruedos

-Una tarde, al principio de mi carrera, me tocó lidiar un toro muy complicado ante el que arriesgué mucho. Después de la corrida, José María Manzanares me dijo: “Con lo que tú has expuesto esta tarde yo vivo toda la temporada; y encima no has conseguido nada”. Yo le dije: “Vale, pero es que si no lo hago, me siento ridículo”. Mi padre y mi cuadrilla me decían que tenía que hacer el mínimo esfuerzo y sacar el máximo rendimiento. ‘Fíjate en Espartaco, que torea mucho.' Me calentaron tanto que acabé por explotar: “¿Sabéis lo que os digo? Que prefiero ser Curro Vázquez tieso, que es un torero de toreros, antes que Espartaco rico”.

-Siempre persiguió la pureza, el pellizco…

-Cuando era pequeño vi algo en Las Ventas que me cautivó. Salí de la plaza emocionado: vi sentimiento, transmisión y mucha belleza en el ruedo. Yo quiero hacer esto, me dije.

-¿Y qué tiene de pureza casarse en un McDonals? Ya hay que ser torero para ello…

-El caso es que yo me iba a casar y no quería que se enterase nadie. Antes de ir a firmar los papeles al Ayuntamiento de Pepino (Toledo) la alcaldesa me llamó y me dijo que la puerta del edificio estaba llena de periodistas. Por supuesto, me negué a ir. Entonces contacté con un amigo en el juzgado de Fuenlabrada, que me hizo el favor. Al final firmamos los papeles en el bar de abajo, un McDonalds. Tal cual.

-Luego se casó más veces

-Tres más, pero siempre con mi mujer. Lo mejor fue cuando mi hija pequeña hizo la Primera Comunión y nos pidió que comulgáramos con ella. Yo, que ni siquiera estaba bautizado, no podía engañar a mi hija y le conté al sacerdote mi situación. Entonces recibí tres sacramentos de un plumazo: bautizo, comunión y matrimonio.

-Tres también fueron sus rivales en los ruedos

-Espartaco, Enrique Ponce y Rivera Ordóñez. El primer duelo fue desigual porque él estaba en la cima y yo empezaba. Con Ponce alterné en muchos carteles, pero éramos tan distintos que era muy difícil engancharnos. El tercero, con Francisco Rivera, fue más fácil por la semejanza de nuestro carácter, ya que nos picábamos con facilidad. Una vez casi llegamos a las manos fuera de la plaza. Después de aquello nos hicimos bastante amigos.

-¿Y cómo fue su retirada definitiva?

-Me costó horrores. Pasas de tener mucha adrenalina y sensación de peligro a estar en casa sin hacer casi nada. Los toreros deberíamos ir al psicólogo antes de dejarlo. En mi caso me retiré convencido, me dije: “Tras 24 años haciendo lo mismo, por fin me quedo en el campo”. Pero después de tantos años junto a mi padre y apoderado, Enrique Martín, me aterraba la idea de separarme de él. Ya era José Miguel Arroyo solo por el mundo, y eso me generó una ansiedad tremenda.

-Casi acaba usted como Juan Belmonte, recurriendo al suicidio

-Lo tenía todo preparado, pero al final me faltaron huevos. Cuando después se lo conté a mi madre y a mi mujer no me comprendieron: “Pero si lo tienes todo”, me decían. Pero lo material me sobraba porque era tan grande la empanada mental que tenía que nada me consolaba. Me vi incapaz de hacer tantas cosas que llegué a la conclusión de que ya no pintaba nada.


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Joselito y Florito recogen sus Medallas del 2 de Mayo

COPE, 3/5/12

José Miguel Arroyo ‘Joselito’ ha sido condecorado la Gran Cruz de la Orden del 2 de mayo en su categoría de Oro mientras que Florito ha recogido la de Plata.

En el acto de distinciones y medallas con las que la Comunidad reconoce la labor de personas e instituciones, Aguirre ha recordado que en la Puerta del Sol “se inició la reivindicación de la libertad y de la soberanía nacional”. “Eso nos lleva a reconocer la deuda con los que dieron su vida por la libertad y por España y hacernos responsables de defenderlas siempre”, ha considerado.

Entre los premiados estaban el cantante Julio Iglesias, que recogerá la distinción en las próximas semanas, Cáritas Madrid, los ex alcaldes de Madrid, José María Álvarez del Manzano (PP) y Juan Barranco (PSOE), los actores Tony Leblanc y Santiago Segura o el actual director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, entre otros.

Imagen: Joselito recogiendo la Medalla del 2 de Mayo de manos de Esperanza Aguirre. | EFE


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Joselito: «Tenía todo a punto para cometer una locura y me faltó valor»

Patricia Navarro (La Razón), 03/04/12

Lo ha contado todo. O casi. En «Joselito, el verdadero», que va por la quinta edición, habla claro de la dureza de su niñez, sus miedos, sus éxitos, su fracaso… Joselito en estado puro.

–Dice que ahora es agricultor y ganadero. –Soy torero por encima de todo, claro. Pero ahora me paso el día en la gestión del toro bravo, los mansos, los cochinos, la siembra…

–¿Por qué ahora contar su historia? –Me daba mucho miedo y me ha costado mucho. Era desnudarse y dar un salto al vacío. Sentía que me iba a quedar indefenso. Pero ya está. Esto es lo que hay. El que piense que soy un sinvergüenza que lo piense y el que crea que soy un tipo estupendo, pues también.

–Es una historia que va mucho más allá de los toros. –Es lo que quería reflejar. Todo el mundo habla pero nadie sabe. Es una manera de conocer mi personalidad. Toda la vida se ha dicho de mí que si era borde, que si era no sé qué… Habían muchas cosas detrás.

–Esa amargura, ¿le ha ayudado a conseguir todo lo que ha sido en el toreo? –Sin duda. Por eso la dedicatoria: «A los que me quieren y a los que me odian». Gracias a los sufrimientos he sido capaz de ser sensible y afrontar muchas cosas. De la amargura sale la creatividad.

–En «Joselito, el verdadero» dice las cosas muy claras. –No he querido levantar polémica ni ampollas. Me he mostrado como soy a calzón quitado. Hay cosas que podría haber omitido, pero era lo que pensaba. Si no las sacas del contexto, la polémica es cero.

–Otra cosa es que se quiera sacar. –Claro, pero en lo de Francisco Rivera… es verdad que digo que es un soberbio y un «chulito», pero como yo, y así queda explicado. Si mañana él dice de mí que le he parecido como torero un cansino o un triste, pues lo aceptaré. No hay más.

–Muchos toreros se retiran pero no se les quita la idea de volver. –A mí no. No, porque no tengo valor. Soy sensato conmigo y para no estar al nivel que quiero, me quedo en mi casa.

–Pero en los festivales, uno en Madrid, ha sido el de siempre. –Sí, pero en momentos puntuales.

–Cuando estaba en activo, ¿le cambiaba el humor con la presión? –Sí, dependía mucho de las variables externas. De mi vida privada y luego, por ejemplo, los días plomizos me iban de maravilla o los días de mucho calor. Pero el viento, el frío me sentaba fatal. Y ya a mitad de septiembre me entraba una melancolía tremenda.

–Tras una infancia tan dura como queda contada en el libro, vino después del éxito una depresión en la retirada. –Sí, lo pasé fatal. Tuve que ir a un psicólogo y sacar todo lo que llevaba dentro. No podía dormir y era incapaz de tomar decisiones. Cualquier gestión me costaba un horror. Siempre se me ocurría una excusa para posponerlo.

–Y a punto estuvo de hacer una locura. –Lo tenía todo preparado, pero me faltó valor en el momento crítico. Llamé a mi madre llorando y vino también mi mujer. Llamaron a mi padre que estaba en México y al día siguiente estaba aquí. Eso me tranquilizó y fue ahí cuando empecé con un especialista.

–Y luego lo ha soltado todo en un libro maravilloso. –Ha sido mi mejor terapia. He pasado muchas horas hablando con Paco Aguado. Me he introducido de nuevo en mis océanos, el animal estaba dormido, se despertó y me ha sentado fenomenal. Tenía mucha inseguridad, porque me daba miedo mostrarme como soy.

–Habrá muchas cosas que no entienda de su infancia. –No entiendo a mi madre, por ejemplo. Me dejó con mi padre, abandonó a mi hermano y luego tuvo el don del mal momento.

–¿Como el día que apareció en el hospital tras la cornada en el cuello de Madrid? –Fue horrible. Iba con el hombre que vivía y ambos intentaban ser de pronto cariñosos conmigo, como si no hubiera pasado nada.

–Le ha visto tres o cuatro veces. –Otra vez fue en Alcalá, donde ella vivía. Y me revolvía tanto verla que decidí no torear allí jamás.

–¿Le seguiría alterando ahora? –Menos que antes, pero alteraría mi sistema nervioso seguro.

–No es que rozara el mundo de las drogas, sino que lo tuvo en casa. –Había kilos y kilos en casa de «chocolate». Cuando mi padre estuvo en la cárcel tuve que hacer yo algunos trabajillos. Tuve todas las papeletas para caer ahí pero por suerte el toro me fue llevando por otro camino.

–Había dos «Joselito»: el de la escuela de toros y el de casa. –Y radicalmente opuestos. Durante el día iba con los pelos largos, me gustaba el heavy, los pantalones apretados, las gafas de policía… Y en la escuela me metía los pelos por dentro, me quitaba un collar que llevaba y me ponía el chándal.

–Y por ser atípico, se casó cuatro veces, con la misma persona. –Sí, sólo me falta hacerlo ya por un rito de esos raros.

–¿Qué significan Adela y Enrique Martín Arranz? –Han sido mi tabla de salvación. Y con un mérito tremendo porque acogieron a un chaval insoportable, que se portaba fatal. Era un salvaje acostumbrado a no tener orden ni horarios, tenía unas movidas tremendas en casa, los malos tratos… No entendía la normalidad de una familia, nunca lo había vivido.

–¿Vuelve por el piso de Cartagena? –Voy poco. He llevado a mis hijas para que entiendan cómo fue la vida de su padre. Esos 34 metros de casa, me parecieron el palacio de Buckingham después de donde venía.

– ¿«Joselito, el verdadero» es un legado para sus hijas? –Para ellas es en gran parte.

–Ahora, José Miguel Arroyo, ¿un hombre feliz? –Soy un privilegiado. He tenido una estrella, una suerte apabullante y eso también se refleja en el libro. Por eso nunca compro lotería. He tenido tanta suerte que sería malo tenerla más. No tengo derecho.


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La Asociación Taurina Parlamentaria entrega sus premios

ABC, 30/03/12

La Asociación Taurina Parlamentaria (ATP) entregó en el Senado sus premios en una ceremonia de defensa de la Tauromaquia, una Fiesta que algunos definieron como «imprescindible» y un «símbolo de modernidad» y de la «identidad de España», para que no desaparezca con los nuevos tiempos.

En un acto celebrado en el Salón de Pasos Perdidos de la Cámara Alta y en el que estuvieron presentes el presidente del Senado, Pío García-Escudero, y la exministra de Cultura Carmen Calvo como miembros de la ATP, este año han sido premiados los maestros Diego Puerta -a título póstumo-, Paco Camino y Santiago Martín «El Viti», además de la Fundación Joselito, el pintor peruano Humberto Parra, el portal taurología.com y el Observatorio de las Culturas Taurinas de Francia.

Durante su intervención tras la entrega de los galardones, García-Escudero defendió que la tauromaquia es «algo muy serio porque el encuentro entre un hombre y un toro irradia pasión, arte, inspiración y ejemplo». A su juicio, la Fiesta de los toros «irradia modernidad» porque «sabe adaptarse a los avances de la humanidad», y se ha mostrado convencido de que algún día será considerada patrimonio de la humanidad por la Unesco.

La Tauromaquia va a seguir viva

Frente a los que acusan a la Tauromaquia de maltrato animal, el presidente del Senado respondió que «quien más quiere al toro bravo y le respeta es el torero», ya que es el que más se ha «dedicado a criar, mejorar y fomentar la cría de esta especie única». «La tauromaquia va a seguir viva. Mientras haya parlamentarios aficionados, un toro bravo y toreros, seguirá mucho tiempo», apuntó.

Para el presidente de la ATP, Miguel Cid, «la Fiesta debe unir esfuerzos para conseguir el nivel que se merece». «No puede decirse que la Fiesta esté sola, pero debemos extremar nuestra unión frente a los males que la atacan y la denigran», advirtió.

Por su parte, la exministra Carmen Calvo ha exhortado a apoyar la tauromaquia «todos a una porque no queda otra», al tiempo que elogió la labor de García-Escudero en su defensa de la Fiesta: «A pesar de las diferencias ideológicas, los dos salimos en el mismo cartel de defensa de la tauromaquia».

Todos los premiados se han unido a estos discursos y han reclamado la unión de fuerzas para que la tauromaquia no desaparezca. Santiago Martín «El Viti» manifestó que «todo lo que compone el mundo de los toros es imprescindible en los nuevos tiempos», mientras que Joselito subrayó que, además de buenas palabras y disposición, hay que trabajar en la defensa de la Fiesta con ilusión y que él lo seguirá haciendo «mientras pueda».

Por su parte, André Viard y François Zumbiehl, miembros del Observatorio de las Culturas Taurinas de Francia e impulsores de la declaración de los toros como Patrimonio Cultural Inmaterial en ese país, afirmaron que «los valores fundamentales de la Fiesta no se deben perder» y han animado a España a, después de Francia, «ocupar su plaza, que es el primer puesto, en el reconocimiento de la fiesta» porque ésta refleja la identidad de nuestro país.

Imagen: Paco Camino y El Viti, durante la entrega de premios en el Senado. | EFE


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Imagen: Ignacio Gil

Joselito: “No tengo valor para volver, se me acabó la gasolina”

R. Pérez (ABC), 20/03/12

«De no haber peleado por ser torero, a estas alturas estaría en la cárcel o habría muerto por sobredosis». Así de crudo, valiente y sin tapujos, esculpe José Miguel Arroyo sus vivencias en «Joselito, el verdadero» (Espasa), una biografía de sangre y arena, gloria y heroicidades. Antes de que hoy vea la luz, la figura madrileña desvela los pasajes más íntimos de una obra con visos de puerta grande (y polémica). Es Joselito en estado puro, ejemplo de superación, auténtico como su toreo, rico en experiencias y «con alma de pobre».

—Maestro, ¿por qué ha decidido contar ahora lo más humano de José?

—Me apetecía, sobre todo, por terapia. Quisiera ayudar a los demás.

—«Joselito, el verdadero». ¿A cuál conocíamos?

—Siempre he sido transparente, pero me pareció un título impactante.

—¿Echó la pata palante desde primera hora?

—Sí, aunque no es fácil desnudarse: da un poco de vértigo y miedo. Es mi primer libro, pero también el último.

—¿Es consciente de que podrá ser la comidilla de patios de cuadrillas rosas?

—No tengo intención de ir a ningún programa rosa ni de dar ninguna exclusiva.

—El guión (real) es propio del cine. ¿Se imagina dando el salto?

—¿A la gran pantalla? ¡No me atrevería!

—¿Cómo ha sido la lidia de una obra en la que confiesa sus aventuras con las drogas o esos robos de niño?

—No ha sido muy difícil porque hablo de sentimientos vividos. Aunque los aparque en una habitación de mi memoria, no los puedo obviar. Afortunadamente, ahora vivo de otra forma. Soy un privilegiado. Por todo.

—¿Qué ha significado el toro?

—La ilusión por el toreo me salvó de la droga y la delincuencia, de la inestabilidad emocional y social. Me juntaba con los manguis, traficábamos, robábamos radios de los coches, bicicletas y relojes a los chicos de los colegios de pago. Crecí en la calle.

Son la crudeza y la picaresca de un niño grande. Cuenta Joselito que su madre lo abandonó y que nunca ha podido «llegar a entender el porqué». Y menos ahora, que presume de dos niñas maravillosas, Alba y Claudia. El maestro esboza una amplia sonrisa cuando se refiere a sus pequeñas, «que han sacado mi casta y mi carácter». La voz se enronquece cuando vuelve al capítulo de sus «rememoranzas» más agrias. Quedó bajo la tutela de su padre, Bienvenido, que se adentró en terrenos peligrosos. «Mi casa era un hervidero de drogas. Me convertí en un camello precoz».

—¿Usted también consumía?

—No, solo traficaba. Jamás me fumé ni un porro. Solo tabaco.

Le aguardaba un nuevo varapalo: la cárcel. Allí visitaba a su progenitor: «Cuando iba a verlo a Carabanchel se me caía el alma a los pies. Lo peor no es que mi padre vendiera cocaína, sino que se la metiera», confiesa en el libro.

El barrio de la Guindalera fue la universidad de un torero que hoy, cruzada la barrera de los 40, es Medalla de las Bellas Artes. A los diez años comenzó a interesarse por el planeta de los toros. «Tanto empeño le puse que mi padre me apuntó a la Escuela Taurina». Allí conoció al que considera su padre en mayúsculas, Enrique Martín Arranz. «Enrique y su mujer, Adela, me cuidaron y “domaron”. Los respeto mucho». Este libro es en parte un homenaje a ellos.

De la mano de Martín Arranz se coronó máxima figura y con su mujer, Adela —sobrina de su madre adoptiva—, alcanzó la estabilidad. No habla de más féminas. Tampoco oculta su «rabia» cuando en televisión se «larga» de la Fiesta por «líos de faldas». Enlazamos el asunto con los derechos de imagen, batalla que un día lideró: «No estoy al tanto de la trama del G-10, pero siempre me preocupó la imagen del toreo. No es una cuestión solo económica. Lo importante es que los toreros sean noticia por ser parte de la sociedad española, y no por haberse acostado con fulanita o menganito. Somos noticia porque tenemos grandes valores, pero eso la gente lo desconoce».

—Apartado de los ruedos y capitán de una ganadería estrella, ¿han volado ya los temores?

—Lo que más miedo me da es no estar a la altura en la educación de mis hijas.

—¿Siente la llamarada del traje de luces?

—No tengo valor para volver. Es imposible. Se acabó la gasolina.


Joselito. Más información

jose_miguel_arroyo_joselito_._noticias.txt · Última modificación: 2020/03/26 12:21 (editor externo)