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Plaza de Toros de Las Ventas

Jueves, 31 de mayo de 2018

Corrida de toros Naciones

FICHA TÉCNICA DEL FESTEJO

Ganadería: Toros de El Pilar (de distinta presentación y juego desigual).

Diestros:

Juan Bautista: de carmín y oro. Estocada caída. Aviso (silencio).

Juan del Álamo: de blanco y plata. Dos pinchazos y estocada. Aviso (silencio).

Luis Bolívar: de azul marino y oro. Cuatro pinchazos, media y tres descabellos. Dos avisos (silencio).

Joaquín Galdós: de azul marino y oro. Cuatro pinchazos, media y tres descabellos. Dos avisos (silencio).

Luis David Adame: de canela y oro. Estocada (petición y vuelta).

Colombo: de teja y oro. Estocada trasera. Aviso (petición y vuelta al ruedo). Pasó a la enfermería con una contusión facial, con herida en la región mandibular derecha, de pronóstico leve.

Incidencias: PARTE MÉDICO DE BOLÍVAR.- “Puntazo con hematoma en el tercio superior de la cara interna de la pierna derecha y contusión torácica. Pendiente de estudio radiológico. El pronóstico es reservado y le impide continuar la lidia. Fdo: Dr. García Leirado”.

PARTE MÉDICO DE COLOMBO.- “Contusión facial con herida inciso contusa en región mandibular derecha. Pronóstico leve. Fdo: Dr. García Leirado”.

Entrada: 15.191 espectadores

Imágenes: https://www.facebook.com/pg/PlazaLasVentas/photos/?tab=album&album_id=1653969221365850

Video: http://vdmedia_1.plus.es/topdigitalplus/multimedia/20185/31/20180531223716_1527799123_video_2096.mp4

Crónicas de la prensa

Portal Taurino

Por Alberto Bautista. Las seis naciones o la pantomima de tarde

Una vuelta para Luis David Adame y otra para Colombo, fue lo que dejó el esperpento de la corrida de las seis naciones

En 34 tardes ininterrumpidas de toros, hay cabida para todos los festejos posibles: las figuras, las corridas toristas, los carteles de medio pelo y los bodrios. Este último, es lo que mejor define a la pantomima de tarde con el invento de la corrida de las seis naciones idea por el productor Simón Casas.

Un espectáculo decante, insufrible y pesadísimo que pone entre dicho una feria como San Isidro. Y es que, no hay necesidad de programar un festejo para ensalzar la Tauromaquia como Patrimonio Cultural inmaterial de semejante calado. Un cartel de cero atractivo y en pleno día del Corpus, que hizo que la plaza registrase una de las peores entradas de toda el serial: Apenas 15.000 personas. Enfrente una corrida del Pilar sosa y bobalicona, que se dejó pero que más de la mitad del cartel salieron a cumplir un trámite como si de un entrenamiento se tratara.

Como Juan Bautista que salió a especular, aunque no es nada nuevo puesto que suele ser lo habitual cada vez que trenza el paseíllo en Madrid. Ni siquiera justificó el trámite a la deriva, como su toreo despegado. Por el mismo camino anda Juan del Álamo, que ha pasado de cortar una oreja en Madrid cada tarde, a ser un suplicio y una prueba de fuego aguantar sus actuaciones ramplonas. Por debajo del tercero del Pilar estuvo en una labor sosa, que convirtió en sainete con los aceros.

El colombiano Luis Bolívar sufrió en sus carnes una de las cogidas más terroríficas que se recuerdan de este San Isidro, al ser brutalmente volteado por el segundo, del que se llevó una contusión torácica y un hematoma en la pierna derecha. Anduvo firme hasta que sufrió el percance que acusó, para interpretar una segunda parte plena de trapazos. Aún así, dio la cara.

Joaquín Galdos dejó un buen inicio por bajo, pero la actuación se fue diluyendo conforme avanzaba la faena, en una labor anecdótica. Y el toro no tuvo culpa.

Algo más pudo ver el aficionado con el quinto al que Luis David Adame saludó a la verónica, y dejó destellos de la clase que atesora. Pero tampoco dijo ni pío. Mató por arriba y le pidieron la oreja en una actuación de ovación. Cerró el bodrio de la feria el venezolano Colombo que al igual que el mediano de los Adame dio una vuelta al anillo tras una actuación sincera y entregada a la par que vacía. Una pantomima.

El País

Por Antonio Lorca. Crisis taurina internacional

Érase una vez un empresario taurino que tuvo la idea de celebrar una cumbre taurina internacional, y contrató a seis toreros de nacionalidades distintas (Francia, Colombia, España, Perú, México y Venezuela) para que cada cual explicara el misterio de su toreo. Al reclamo de la llamada ‘corrida de las seis naciones’ acudieron más de 15.000 personas, que es una barbaridad.

La sesión duró algo más de dos horas y el público salió desalentado porque los discursos de los distintos intervinientes no levantaron los ánimos. Todas eran piezas ya conocidas, con los argumentos de siempre, sin fundamento, carentes de ideas novedosas, sin pasajes ilusionantes. Toda la sesión transcurrió de modo muy lineal, sin gracia, sin propuestas atractivas. Los toreros dieron la impresión de que tenían poco que contar.

En fin, que la cumbre fue un tostón; ninguno de los participantes calentó el gélido ambiente y los seis se mostraron por debajo de las expectativas iniciales. Hubo pocas ovaciones, y solo dos vueltas al ruedo, que es un balance muy pobre, pues los toreros, a excepción del representante francés, son jóvenes aspirantes a la gloria y con ardientes deseos, se supone, de abrirse camino en España; pues ni el español dejó alto el pabellón.

Cómo sería el asunto que los toros, que eran todos oriundos de Salamanca, mal presentados y muy desiguales de juego, brillaron por encima de la doble terna de toreros de luces; es decir, que la mala dicción y el pobre misterio de los actuantes permitieron que lucieran toros con poca clase, algunos con genio y ásperos de comportamiento, pero exigentes con sus lidiadores, que, por lo general, no superaron la prueba.

Véase el caso de Juan Bautista, nacido más allá de los Pirineos. Es ya un hombre hecho y derecho, frío en su concepción taurina y poco ejercitado en su conexión con los tendidos. Le tocó un toro chico que, curiosamente, no fue protestado por nadie. Manseó en el caballo y se paró pronto en el tercio final. No hace falta insistir en que Bautista se mostró aburrido y nada lúcido. Dio muletazos olvidables, y compuso la figura, no más.

El colombiano Bolívar sufrió una voltereta espeluznante cuando trazaba ayudados por bajo en el inicio de la faena de muleta. Se le coló el toro por el pitón derecho, lo volteó con violencia y, ya en el suelo, le tiró hachazos sin puntería a la cabeza y el cuello. Salió felizmente con bien del apuro y los médicos han diagnosticado que sufre un puntazo con hematoma en la pierna derecha y contusión torácica; nada para lo que podía haber sido. Bolívar no estuvo bien. Correoso y con genio era el animal, y el torero hilvanó una labor intermitente, sin la suficiente decisión ni la confianza requerida.

El tercero en tomar la palabra fue el español Juan del Álamo, que necesitaba reverdecer laureles de la feria pasada para no perder los puestos de cabeza; pero, no. Brindó a la concurrencia, inició por bajo, con torería, la faena de muleta, pero se le vio despegado, a la defensiva y fuera cacho. Y de tal modo no es posible ilusionar a nadie. Al final, quedó la impresión cierta de que el toro estuvo por encima del torero.

Peruano es de nacimiento Joaquín Galdós, y no pudo dejar alto el pabellón de su país de origen. Le tocó un animal soso, pero no menos que él, que no pudo encontrar el modo y la manera de solventar el compromiso con cierta holgura. Además, mató mal y llegó a escuchar dos avisos, que dice muy poco a su favor.

Más animoso se le vio al mexicano Luis David, que se las vio con un noble toro que desarrolló movilidad y al que acompañó con holgura, pero sin fondo. Su labor fue de más a menos, pero unas bernardinas finales y una estocada obraron el milagro de que parte de los tendidos pidieran la oreja para él. Como no se la concedieron, se dio una vuelta al ruedo sin pedirle permiso a nadie.

Colombo recibió un puñetazo -con la pala del pitón- de su toro en el mentón y quedó conmocionado por unos momentos. Recuperado, lo intentó con más afán que lucimiento. Mucha decisión y poco toreo. Unas manoletinas y una estocada le permitieron dar la vuelta.

Lo dicho: crisis taurina mundial y desolación entre el público asistente. Lo normal en una cumbre…

El Mundo

Por Vicente Zabala de la Serna.

El invento, o la creación, de la Corrida de las Seis Naciones que ponía de manifiesto la vertebración internacional de la Tauromaquia no funcionó en taquilla como esperaba Simón Casas. Imagino. O a lo peor cumplía con las expectativas económicas y de eso se trataba: 15.000 personas no son pocas. Pero anunciada la cosa a bombo y platillo como uno de los grandes reclamos de San Isidro… No sé. Como que la gente no es tonta. Sonaba a corrida de la oportunidad -y luego el saldo en escalera de El Pilar no daba ni para eso- bajo el pomposo nombre que recordaba al codiciado Trofeo de Rugby. O porque ahora mismo los seis representantes de los diferentes países no cuentan con el tirón de Roca Rey. Aunque tuvieran otras tardes, venir a Madrid a un solo toro es una putada. Cada cual traga con lo que quiere.

Juan Bautista (Francia), Luis Bolívar (Colombia), Juan del Álamo (España), Joaquín Galdós (Perú), Luis David Adame (México) y Jesús Enrique Colombo (Venezuela) componían el desfile de la ONU. Seis toreros de luces en el paseíllo se hacía una manifestación nunca vista en Las Ventas. En festivales no más. El burladero de apoderados parecía un vagón de Metro, Línea 4, en hora punta. Banderas de todas las naciones representadas colgaban de los balconcillos y le daban a los tendidos aire de Circo Ringling pueblerino.

Los toros no piden el pasaporte. Y el primero de El Pilar ni el carnet. Ni a él le exigieron los papeles del trapío. Sin poder, ni celo, no había nada para Bautista. Salvo la opción de haberlo matado bien. Cuán larga no se le haría la tarde…

Sin embargo, el ensillado segundo reclamaba todo a la vez. Nunca fue de verdad en los engaños. A Luis Bolívar le pegó un volteretón de órdago en el principio de faena. Con ayudados por alto dibujaba un prólogo de sabor, cuando sintió el amargor de los pitones en el pecho. En el suelo, le escanearon el cuello. Un espeluznante milagro. Bolívar en pie e intacto pasó un trago que, para más inri, no trascendía arriba. Tan correosa y pegajosa la repetición de la embestida. El toro mentiroso nunca viajó entregado. Y el tipo le ofreció la izquierda con clásica composición y cabal colocación. La muleta siempre puesta así como para taparle las ideas perversas. Un esfuerzo sordo empañado por la colocación baja de la espada. Pasó a la enfermería con un puntazo y una “contusión torácica pendiente de estudio radiológico”. El pronóstico reservado le impidió volver.

ABC

Por Andrés Amorós. Corrida de las seis naciones: con Luis David, gana México

Un nuevo invento de Simón Casas: la corrida de «las seis naciones», con un diestro de cada una. No escasean las banderas nacionales, en los tendidos. Son seis toreros en distinta situación profesional: los tres primeros, Juan Bautista, Bolívar y Álamo, ya veteranos, sobre todo, los dos primeros; los otros tres, Galdós, Luis David y Colombo, recién llegados al escalafón de matadores. Recuerdo los versos de Cervantes: «Dicen que la variedad/ hace a la naturaleza;/ colma de gusto y belleza…» Desde hace 37 años no se celebra una corrida con seis toreros, en Las Ventas. Por desgracia, las reses de El Pilar-Moisés Fraile dan mal juego; además, varios diestros pinchan, escuchamos cinco avisos. Sólo Luis David y Colombo rozan el triunfo: se quedan en petición y vuelta.

El francés Juan Bautista ha pasado ya sin relieve dos tardes por la Feria. El primero hace pobre pelea en varas, aprieta a tablas, es muy deslucido. El diestro resuelve el problema con profesionalidad, sin brillo, y mata mal, yéndose.

El colombiano Luis Bolívar, ya veterano, dejó buena impresión en la Feria de Abril. Lidia bien y se luce en verónicas en el segundo, que galopa alegre hacia el caballo pero se cierne. Luis brinda a su país. En la primera serie, lo empala por la pierna y sufre una paliza, le arranca el corbatín. Sin amilanarse, logra naturales templados y derechazos con emoción pero el toro va a peor y mata caído.

El salmantino Juan del Álamo no ha repetido, en sus dos corridas, el éxito del año anterior. Al tercero, incierto, lo mete bien en la muleta, logra algunos derechazos lucidos pero el toro va a menos y la faena no cuaja.

El peruano Joaquín Galdós, que viene de triunfar en Granada, intenta acercarse al puesto de privilegio que ocupa su compatriota Roca Rey y que tan bueno ha sido para la Fiesta, en su país. El cuarto cumple mejor en varas. Galdós tiene una estética personal atractiva pero no logra imponer su mando, en un trasteo intermitente.

El mexicano Luis David cortó una oreja y dejó gran impresión con los toros de Juan Pedro. En el quinto, veleto, está muy firme y entregado, logra buenos muletazos mientras duran las embestidas, que es poco. Se vuelca en la estocada: petición.

Pitonazo en la cara Colombo salió algo tocado de su confirmación de alternativa, la tarde anterior. Recibe al sexto con dos largas de rodillas; quita por chicuelinas de compás abierto (la absurda moda que trajo José Tomás). Banderillea espectacular, con facultades; cierra al quiebro, caído, y pone un cuarto par. El toro pega arreones, le da un pitonazo en la cara, como el gancho de un boxeador, Se sobrepone, y se entrega, con la espada: petición. Ha de madurar pero logra remontar, con mucha casta torera.

Un vecino, aragonés, me pasa esta nota: «Los toros del Pilar dicen/ que no quieren ser franceses,/ que ellos no son colombianos,/ ni siquiera salmantinos;/ no son toros peruanos;/ sólo, en parte, mexicanos/ y algo, venezolanos./ ¿Cuál es la nación taurina/ que eligen esos astados?/ No llegarán, yo me temo,/ a la de los toros bravos».

Postdata. El Club Taurino de Londres acaba de premiar a Enrique Ponce. En el boletín del Club Taurino de Italia, se recogen las obras taurinas de un singular artista de Toscana, el escultor Silvano. En Las Ventas admiro una exposición de un pintor de auténtica categoría, el colombiano Diego Ramos… Podría seguir con más ejemplos. Como todo arte, la Tauromaquia es universal. A la vez, es seña de identidad española, en el mundo entero. Por eso luchan contra ella los mismos que quieren romper España: ya lo estamos comprobando.

A Juan del Álamo le correspondió un tercero de notables hechuras y la expresión algo lavada pese a sus cinco años. Como el remate. De noble pitón derecho. Algo desentendido su empleo en los finales de muletazo. Un matiz que afectaba al ritmo. Del Álamo lo toreó sin alma ni ajuste. A destajo hasta que se encasquilló con el acero.

El alto y hondo cuarto confirmaba que la corrida de El Pilar respondía por su diversidad de tipo al concepto de los cascos azules. Que además nunca arreglan nada. Joaquín Galdós compuso un bello principio genuflexo y otros momentos con el comportamiento del boyancón. Que a veces amagó sin dar, pero que se dejó en otra faena al por mayor. Los estoques parecían los rifles de los soldados de la paz: Galdós repitió cinco veces la suerte y oyó dos avisos.

Fuera de la coña de los cascos azules, los toros salmantinos componían una escalera. Un saldo de gache. El cinqueño quinto concentraba su descarada seriedad por delante. Recortado y bajo, no se parecía a ninguno. Jamás descolgó. Sin atisbo de bravura. Luis David anduvo deseoso y digno. Se apretó por manoletinas y, como cobró una estocada delantera, el personal creyó ver a Manolete resucitado. Una petición alucinógena desembocó en la vuelta al ruedo. Que no salvaba el bodrio internacional.

Colombo arreó con dos largas cambiadas y con las banderillas ante el último. Estrecho de sienes y levantado del piso. El par al quiebro lo clavó en la paletilla. Así que pidió perdón con otro más de poderosa ejecución. Encajado y por abajo sobre la derecha, sufrió un derrote como un gancho al mentón. Quedó grogui. Con un corte en la barbilla. Volvió a la pelea con aquella movilidad de cara tan suelta y ayuna de todo lo demás. Su actitud acabó con una contundente estocada. También se pidió sorprendentemente el trofeo. Tan huérfano de emociones el público. Otra vuelta al anillo. Punto final al invento.

La Razón

Por Patricia Navarro. Los Mundiales hay que ganarlos

El contraste era un puñetazo en la barriga, por no caer en algo soez nada más empezar. El contraste con lo que había hecho Castella el día anterior incluso Ponce con un toro difícil. Nos enfrentábamos al invento francés de Simón Casas de la corrida de las Seis Naciones, con seis toreros a una sola carta, a un solo toro, sobre la que sustentaba la creatividad de la Feria de San Isidro. A falta de… Compramos lo que haya. Lo que nos dejen, mientras nos dejen. El Mundial del toreo. Su universalidad. A pesar de que la feria ya salió con un punto de partida pobre donde los haya. Las figuras cuestan. Son caras, dicen. Y ronda en los mentideros taurinos que ahí está el quid de la cuestión. Ya lo insinuó El Juli el otro día cuando debió abrir la Puerta Grande por méritos propios en su única tarde. No era su única tarde por decisión propia. Huele a podrido. También Madrid. Talavante abrió la Puerta Grande de la Monumental a la tercera por la vía de la sustitución. Y en un acto de generosidad tremendo, además, donó los honorarios. Dónde se habrá visto algo así después de jugarse la vida. Y si Tala se amarró a esa sustitución de Ureña como un yonqui fue porque no se pudo anunciar antes a más tardes, dicen, cuentan, las malas lenguas que acaban por convertirse en buenas vistos los hechos. San Isidro, que sí que es espejo de la tauromaquia mundial, más allá de la vendedora de humo, no puede, ni debe permitirse mediocridades. Madrid no llama a las empresas. Las empresas van a Madrid. Se entiende la infinidad de dificultades, pero es también una responsabilidad de calado profundo con la Tauromaquia la gestión de una plaza como esta. El experimento de los seis quedó anodino y desdibujado. El francés Juan Bautista lidió el primer toro de El Pilar del invento y vino a pasar el rato. Poco hizo a favor del toro, que no lo sacó de las rayas ni una vez ni se comprometió con él. El camino contrario tomó a la hora de matar. Desganada imagen. Al toro de El Pilar no le sobraban los bríos, pero también hay que leerles entre líneas. Eso es el toreo.

El colombiano Luis Bolívar no dejó secos como el toro le dejó a él de un trallazo tremendo. El pitón le pasó por la cara una y otra vez. Lo peor pasaba por la cabeza hasta que le vimos ponerse en pie. Y entero. Volvió a la cara del toro del segundo no tenemos muy claro en qué condiciones. El toro tenía miga, repetía y quería muleta; ahora otra cosa era la entrega. Había muchas complicaciones implícitas dentro de esa embestida y a la faena le costó levantar el vuelo que Madrid necesita. La espada se fue abajo donde estaban los ánimos.

Por España Juan del Álamo tiró líneas rectas y separadas con el tercero, que fue toro manejable y con buen pitón diestro. No era de bandera, sí para estar más reunido. Comprometido en las distancias, en el embroque, en el lugar por donde pasa el toro. Daba la sensación de que la tarde era un precalentamiento que no llevaba a ninguna parte. El peruano Galdós se fue largo con un cuarto, que se dejó hacer con duración aunque con escasa transmisión. Ni uno ni otro.

Luis David Adame anduvo firme y sólido con un quinto que iba y venía pero no se entregaba, no humillaba ni loco el toro. Poco tardó en venirse abajo. Solventó el mexicano con oficio y valor y se tiró a matar de veras. Se le pidió le trofeo y él por consecuencia se dio la vuelta, por su cuenta. Despedíamos con el venezolano Jesús Enrique Colombo, que sufrió un aparatoso golpe en la cara. El mansito arreaba hasta que se vino abajo y el torero con el temor del público metido en el cuerpo, mató pronto, y dio una vuelta al ruedo. Sí, pero no. Los Mundiales hay que ganarlos

Madrid Temporada 2018.

madrid_310518.txt · Última modificación: 2020/03/26 12:26 (editor externo)