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Vicente Hong

Sunwuy (Cantón), 1893

Este artículo ha sido originalmente publicado en el número 27 de la revista anual «Encuentros en Catay», única publicación periódica de Oriente en la que se pueden encontrar textos taurinos, editada por la Casa de España en Taiwan dirigida por los profesores José Ramón Álvarez (Universidad Providence, Taichung) y José Campos Cañizares (Universidad Wenzao, Kaohsiung). Nosotros lo extraemos del blog “Festivales de España”.

Vicente Hong, torero cantonés. Por José Ramón Márquez.

A Juan Galacho, aficionado malagueño que me puso tras la pista.

En el año 1930 se presenta en España y hace esa temporada en nuestro país el torero chino Hong Chickeen, Vicente Hong en los carteles. «Desde Venezuela, en cuya capital dirigía un periódico chino, ostentando a la vez la representación del Gobierno de su país como delegado de la inmigración» viene a España a probar fortuna. No es ningún advenedizo, pues tenemos noticias de su labor como torero en México y otros lugares de América. Su principal baza publicitaria, el exotismo de su origen, es quizás también el principal motivo de que no acabe de ser tomado totalmente en serio por la crítica y la afición; hacia ese terreno, digamos poco serio, es hacia donde apunta la columna que le dedicó Corinto y Oro, titulada «Tenemos un torero chino».

Procedente de Venezuela, como se dijo, y acompañado de su apoderado José Romero Frascuelillo, tiene problemas para pasar la aduana, pese a llevar en regla toda su documentación, por su condición de súbdito chino. Frascuelillo remite un telegrama a los periódicos:

«Torero chino Hong detenido autoridades españolas frontera Port-Bou alegando no pueden pasar chinos, a pesar de tener visación pasaporte y permiso especial ministerio Estado.- Saludo. Apoderado»

Tras pasar un día retenido en la frontera, llega Vicente Hong a Barcelona en el mes de mayo de 1930.

Cossío soluciona la biografía del chino en tres imprecisas líneas que rezan así:

HONG (Vicente). Matador de toros chino. Residiendo en Méjico se aficionó a los toros, pasando a profesional, y toreando, el 7 de enero de 1912 en Guadalajara de Méjico, alternando con Mellaíto de Málaga, que lidiaron reses del país. Toreó mucho más, principalmente por lo singular en el toreo de su nacionalidad; pero no me es posible seguir la pista de sus andanzas.

Para tratar de obtener algunos datos de la biografía y de las andanzas de Vicente Hong hay que remitirse a la entrevista que le hizo José M. Benavides en la revista «Estampa» en junio de 1930 y a los reportajes de «Mundo Gráfico» y «La fiesta brava», en los que el torero explica algunas circunstancias de su vida, aunque con unos saltos en el tiempo más propios de una película de Alain Resnais que de la biografía de un torero.

En la entrevista de «Estampa» declara que nació en la localidad de Sunwuy, cerca de Cantón, que tiene treinta y siete años de edad[2], que sus padres eran comerciantes, que a la edad de ocho años se fugó de casa para formar parte de una compañía de opereta china y que después de la aventura y para evitar nuevas hazañas le hicieron ingresar interno en un colegio de Cantón donde aprendió los oficios de impresor y de tipógrafo. En un reportaje de carácter bastante publicitario editado a doble página en «La fiesta brava» en el mes de mayo se asegura que Hong procede «de familia acomodada» y que «recibió esmeradísima educación».

En la época en que nace Hong, China vivía los años precedentes al establecimiento de la República. Entre octubre de 1911 y febrero de 1912, el emperador Xuangtong, último de los de la dinastía Quing, Señor de los Diez Mil Años, asistió al derrumbamiento del milenario poder imperial. En esa época los revolucionarios se cortaban la tradicional coleta manchú como símbolo de rebeldía, y tal confiesa haber hecho también Vicente Hong[3].

A la edad de catorce años, es decir en 1907, la familia de Vicente se traslada a California, Estados Unidos de América, según lo confesado a «Estampa», dando como razón para esa emigración el que Hong no se avenía a contraer matrimonio a esa edad, tal y como la ley obligaba; aunque en «La fiesta brava» se asegura que el futuro torero, ávido de ver un mundo desconocido para él, no paró hasta convencer a su padre de que emigrasen a México en cuya capital establecieron un hotel.

Hong de corto

Siguiendo el hilo de la entrevista de «Estampa», el siguiente paso de la vida del torero asiático le llevaría a trasladarse junto con su familia a México, donde muere su padre. Su hermano se hace cargo del negocio familiar, acaso del hotel, pero surgen desavenencias entre ellos y entonces Vicente decide volver a Estados Unidos para buscar trabajo en una mina de oro. Recuerda que debían recorrer siete kilómetros bajo tierra en una vagoneta para llegar a la veta que explotaban. Una noche unos bandoleros roban todos los lingotes de oro y Vicente, lleno de terror por el asalto, decide retornar a México.

Sobre su iniciación al mundo taurino, dice Vicente que al volver a México de su trabajo en la mina de oro norteamericana, encontrose en la Estación Central con una multitud de gente, muchos obispos y sacerdotes, dice, llorando y mesándose los cabellos mientras esperaban la llegada del féretro que contenía el cadáver de Antonio Montes, escena que le impresionó grandemente… Podría ser, aunque el traslado del cadáver de Antonio Montes, muerto de septicemia a causa de la cornada que le infirió el toro Matajacas de Tepeyahualco, desde el Panteón Español a la estación de ferrocarril en la Ciudad de México se verificó en la tarde del día 25 de enero de 1907, el mismo año en que Vicente declaraba estar en Estados Unidos. A cambio, en «La fiesta brava» se explica que fue el trato con las gentes del toro que se alojaban en el hotel de su familia lo que le puso en el camino de probar fortuna con la seda y el percal. Ambas versiones se concilian en una graciosa pirueta, rizando el rizo de la inexactitud, en el «Mundo Gráfico» de julio de 1930 cuando explica que su padre:

«tenía en Méjico un hotel en el que paraban casi todos los toreros españoles. Allí, al contemplar el cadáver de Antonio Montes, fue tanta la impresión que le causó el entierro que le hicieron hasta dejarlo depositado en el barco, que ya no quiso otra cosa que ser torero»

Hay una cuarta versión sobre el nacimiento de la afición taurina en Vicente. En unas breves notas biográficas firmadas por R. Solís, que aparecen en el diario «El Heraldo de Madrid», previas a la reseña de la corrida que Hong estoqueó en Carabanchel, se explica que:

«Con unos pesos que logró ganar, instaló un restaurante económico en un barrio popular de la capital mejicana y al frente del servicio se puso Vicente, logrando pronto numerosa clientela en la que predominaba el elemento taurino. Y este elemento taurino, integrado en su mayoría por novilleros y aficionados españoles, fue el que despertó poco a poco en el chino su afición a los toros»

El caso es que Vicente va por vez primera a los toros y queda fascinado con el espectáculo. A partir de entonces comienza a frecuentar la compañía de toreros, viendo en ellos a «seres extraordinarios llenos de heroísmo y valor». Se declara admirador de Gaona y en seguida comienza el aprendizaje a base de porrazos, recibiendo las enseñanzas de su futuro apoderado Frascuelillo en la Escuela Taurina que este dirigía, mediante el abono de la suma de 50 pesos. Será por entonces, antes del inicio de la revolución mexicana cuando Vicente –anunciado como Vicenty- se presentó en la mexicana plaza de El Toreo de la Condesa, participando en alguna de las corridas de novillos que se celebraron entre el 17 de abril y 16 de septiembre de 1910, pues así lo recoge Dulzuras en su «Toros y toreros en 1911».

Vicente Hong en 1912 (señalado con una X

Entre tanto, la azarosa vida de Vicente le lleva de nuevo a ejercer el oficio de minero de oro, en este caso en la mina de San Juancito[4], en Honduras, próxima a Tegucigalpa, donde en un año de trabajo es capaz de reunir la suma de 40.000 pesos. A la vuelta a México y hallándose en Manzanillo, Colima, explica Vicente que se declaró la revolución contra Porfirio Díaz, que le obligó a enterrar el baúl en que guardaba todos sus capitales en el patio de la casa en que se alojaba. Estaríamos hablando entonces de entre noviembre de 1910 y mayo de 1912, años de la revolución maderista que acabó llevando al exilio a Porfirio Díaz, cuando el torero debía andar alrededor de los diecisiete años de edad.

Propaganda de Vicente Hong: «Pocos profesionales en el toreo pueden compararse al torero oriental, es único en el mundo.Ha estado viajando por México, por Centroamérica y Sudamérica. En todos los lugares que ha toreado ha tenido reconocimiento social.En nuestra tierra ofrecerá una actuación torera incomparable e imprescindible»

Declara Hong al periodista que su primer gran éxito como torero lo tuvo en Guadalajara, Jalisco, de cuya plaza fue sacado a hombros. De esa corrida, verificada el día 7 de enero de 1912 en la que Vicente Hong alternó con Antonio López, Mellaíto de Málaga, en la muerte de novillos de la hacienda de Rivera, tenemos la crónica, firmada por López, que se publicó en El Toreo. Acaso por méritos propios o acaso por la total incompetencia de Mellaíto[6], que fue incapaz de matar a su primero y vio como también se iba al corral su segundo, la tarde fue por completo de Vicenty Hong:

«Demostrando que no es, ni mucho menos, un lego en el manejo del capote, toreó a su primero maravillosamente. ¡Así, como suena! Con todo el vastísimo repertorio de la alegría y la sandunga toreril, por verónicas, faroles, navarras y largas, y oyó aplausos sin cuento, mejor dicho cerradas ovaciones. Toreó también admirablemente de muleta, marcando de un modo soberano la salida en unos de sus pases de pecho, y entrando con ferocidad y sin acordarse de que para evitar las formales caricias de los toros, hay que marcarles la salida por el lado derecho, valiéndose de la habilidad de la mano izquierda, entró derecho y fue cogido, después de atizar media estocada delantera, a la que añadió una entera, caída, y un pinchazo bajo. Muchas palmas. En su segundo se estrechó todavía más, jugándose la piel en los cuernos, y concluyó con media estocada, siendo sacado en triunfo por los incondicionales de la fiesta, y organizándose a la salida de la plaza una manifestación que vitoreaban sin cesar al héroe amarillento, embriagado por su éxito, parodiando con Vicente lo que en Madrid se hace con Vicente.»

En febrero repetirá Hong en Guadalajara con toros mansurrones de La Colonia junto al madrileño Enrique Fernández y Méndez, Carbonero, que estuvo bien. De nuevo vuelven a sacarle a hombros tras estar superior en su segundo, tanto toreando como matando.

En el reportaje de «Mundo Gráfico» afirma que en 1912 actúa de nuevo en México, esta vez alternando con el temerario torero sevillano José Álvarez Tello.

A España llegan las primeras noticias de la existencia del torero chino en 1913. En el primer número de Palmas y Pitos, 24 de marzo de 1913, se puede leer: «Dícese que este año nos visitará el valiente matador chino Vicenty Hong El Chale. A ver a su lado quién de nuestros lidiadores presume de coleta». Es la única vez que se le relaciona con ese apodo, sin embargo el chiste de la coleta será recurrente.

Vicente Hong en 1913, presumiendo de coleta postiza

Continúa Vicente Hong el relato de sus aventuras a «Estampa» explicando cómo el general Jesús Agustín Castro le encargó reclutar un ejército de dos mil chinos, entre los cien mil que entonces habitaban en México, para incorporarse a sus tropas en Veracruz. Con esa fuerza, le fue encomendada la misión de custodiar un tren cargado con nueve furgones de lingotes de oro y doce de campanas de iglesia destinadas a «acuñar monedas de cobre». Esto debió ocurrir hacia el año de 1918, cuando el general Castro realizó las campañas contra rebeldes como Pancho Villa o Félix Díaz que le valieron el ascenso a general de División, puesto que nuestro torero militar declara haber entrado en combate contra un numeroso destacamento de caballería que Villa había enviado para detener el tren y recuperar a ochenta prisioneros que iban detenidos en el convoy. Se formó la batalla antes de entrar a la estación de San Marcos, durando la lucha desde las seis de la tarde hasta las cuatro de la mañana. Doscientos prisioneros y más de trescientos muertos fue el resultado general de la escaramuza, de la que Vicente, particularmente, sacó en claro un balazo en una pierna y un nombramiento de comandante. El periodista Benavides anota que Vicente Hong le muestra un escrito con su nombramiento. Luego, cuando llegó a Veracruz entregó el ejército y lo que se le había ordenado custodiar, abandonando definitivamente el mundo bélico y revolucionario para volver a las lides taurómacas.

En «Toros y toreros en 1922: detalles y apreciación de la última temporada taurina», por Don Luis, aparece la siguiente nota:

«Ha vuelto a los toros el chinito. Esta vez hizo de reír a la gente de de San Luis de Potosí y Tampico.»

En el «Consultor indicador taurino universal» de 1923 figura José Romero Frascuelillo como su apoderado. En el verano de 1926 sabemos que actúa en Caracas.

A su llegada a España confiesa que lleva toreadas más de cuatrocientas corridas, que de todas ellas la que más dinero le dio a ganar fue una en Lima por la que le abonaron la suma de diez mil dólares y que sólo ha tenido tres cogidas de gravedad, de las que una fue en Navalcalientes, México, y otra en Perú.

Se declara admirador de Juan Belmonte:

-Belmonte ¡oh, qué gran torero! Le vi en el Perú. No se me ha borrado de la retina aquel portentoso toreo suyo. Con ese bagaje es con el que se dispone a darse a conocer en España.

La temporada española de Vicente Hong se verifica entre los meses de junio y octubre de 1930 y se compone de once novilladas. Su primera actuación como torero se produce el día 1 de junio, en Gerona, con novillos de Ribas. Alterna con Miguel Cirujeda, que recibe una tremenda cornada (un puntazo para las crónicas). Vicente hace el paseíllo vistiendo un «lujosísimo traje al estilo de su país».

«Esta tarde se ha celebrado la novillada anunciada, en la cual había de actuar, como debutante, el diestro Vicente Hong, de nacionalidad china. Este despachó sus toros con gran valentía, siendo orejeado en uno de ellos. En su segundo fue cogido aparatosamente [al torear con el capote], aunque providencialmente sin consecuencias» «La presentación del chino ha sido un verdadero éxito, pues nadie esperaba que con enemigos de tanto cuidado pudiera salir airoso» (La fiesta brava, 6/6/1930)

El día 18 de mayo acude como espectador a la Monumental de Barcelona a ver una corrida «para hombres» de Pablo Romero con Diego Mazquiarán Fortuna, Luis Fuentes Bejarano y Manolo Martínez. El público le descubre en el tendido y le tributa una cariñosa ovación que le obliga a saltar al ruedo a saludar.

El 19 de junio de 1930 se anuncia en la Monumental de Barcelona con novillos de Villarroel, pequeños y bien puestos, compartiendo cartel con Rafael Saco Cantimplas y con el vigitano José Españó, Niño de la Brocha. Hace el paseo de nuevo con «el traje típico de su país» y el escaso público asistente le recibe con silbidos por llevar tal atuendo. El resultado de su actuación, tal y como se recoge en el diario La Voz es el siguiente:

«Tercero. Vicente Hong intenta unos lances y Cantimplas torea muy quieto y es ovacionado. Después de mal banderilleado el bicho, entra en funciones el chino, el cual realiza una faena divertida en el curso de la cual sufre una voltereta. Mata de media estocada que se clava el toro. Sexto. El chino torea vulgarmente. Con la muleta da cuatro mantazos y con el estoque pincha tres veces. Clava media tendida, otra media barrenando, otra media sin clasificación, muchos pinchazos. El público llena el ruedo de almohadillas y el toro es devuelto al corral. Bronca imponente»

Vicente Hong de rodillas

El día 22 de junio tenemos a Vicente Hong en Segovia, para despachar novillos de Juanito Carreros, bravos, finos y de buena lámina, mano a mano con Vicente Pérez Soto. El Adelantado de Segovia titula así su información de la novillada «Cuatro novillos de Carreros para Pérez Soto y Vicente Hong (chino)»:

«El segundo se apoda “Lagartijo” Es jabonero sucio y de igual tipo que el anterior. Vicente Hong intenta unos capotazos, sin arte y abarulladamente (pitos), Se aplaude una media verónica ceñidísima del sobresaliente José Calvo. Un picador castiga al toro atrozmente y el público protesta. Sin nada que anotar en el segundo tercio, el chino coge los trastos y se dirige al novillo, haciendo una faena de muleta sosa y deslucida, que el público, benévolamente, toma a broma. Acaba con su enemigo de media delantera y un descabello. (Pitos al espada y aplausos al toro al ser arrastrado)»

Y en su segundo:

«La actuación de Vicente Hong en el último toro, un jabonero claro, fue muy desgraciada. En el primer tercio no pudo acercarse al toro, evitando la bronca del “respetable” el sobresaliente Calvo, que estuvo toda la tarde oportunísimo y demostrando hallarse enterado de lo que trae entre manos. Cuando este toro era banderilleado se arrojó al ruedo el popular “Tormenta”, que estuvo a punto de darnos un susto. El chino en la suerte de muleta toreó desconfiado y se tiró a matar varias veces, echándose fuera. En uno de los intentos salió perseguido por el novillo, que le alcanzó. Pasó a la enfermería, encargándose el sobresaliente Calvo de acabar con él de una media en buen sitio. Vicente Hong fue curado en la enfermería de un fuerte varetazo en la región glútea. Sufría, además, intensa alteración nerviosa»

En Palma de Mallorca, el día 29 de junio, se repone un poco Vicente de todos los anteriores sinsabores, cosechando su primer éxito y, también, su primer percance. En ese día figura en los carteles, con ganado de Llorente junto al novillero Daniel García. El diario La Libertad informa así del resultado de la tarde:

«El torero chino Vicente Hong estuvo superiorisimo en el primero, del que cortó la oreja. En el segundo fue cogido al entrar a matar, sufriendo heridas de pronóstico reservado. Se le apreció la rotura de tres costillas, existiendo el peligro de que se declare una pulmonía traumática»

Vicente Hong junto al pintor Martín Durbán, el banderillero Curro Prieto y el redactor de la revista Estampa José D. Benavides paseando por las calles de Barcelona

Acaso por tener que guardar reposo del percance, no vuelve a vestirse de luces hasta el día 20 de julio, que se anuncia en Vista Alegre, coincidiendo su presentación con la del mexicano Chucho Solórzano, con albaserradas, en la plaza vieja de Madrid. Dos días antes de la corrida ya estaba todo el papel vendido a causa de la novedad que representaba la presencia del chino en Carabanchel. En El Heraldo de Madrid, la crónica de la corrida la firma R. Solis. Junto a Vicente Hong alternaron esa tarde el toledano Pérez Carretero y Levita, del Puente de Vallecas, con novillos de Fernando Ardura, que resultaron bravos para los caballos y superiores para los de a pie, aplaudidos en el arrastre.

«Vicente Hong que hizo el paseo con el traje típico de su país, fue saludado con una ovación. Esta ovación se reprodujo en su primer toro, al lancearlo de capa, quieta la planta, derecha la figura y jugando bien los brazos. No fueron nada más que tres verónicas, pero el público sacó del torero una grata impresión. Con la muleta no pudo hacer nada. Resentido de la última cogida, se vio que el hombre se ahogaba y que no podía casi con los trastos. Varios pases sin perder la cara del novillo, dos estocadas y un pinchazo de efecto fulminante[2]. El público simpatizó con el torero, le ovacionó largamente y le obligó a dar la vuelta al ruedo. Inmediatamente Vicente Hong ingresaba en la enfermería, de donde no volvió a salir por impedirlo el estado de fatiga en que se hallaba, a causa de la herida que aún tiene abierta por la cogida de Palma» Y remata la crónica con estos versillos: «El hijo del Sol Naciente venció en la fiesta taurina; por hoy… no está mal Vicente y puede rodar la «china»

El día 27 de julio se anuncia en El Escorial de nuevo con ganado de Fernando Ardura. La breve reseña de «La Libertad» dice así:

«Vaquerito superiorísimo toreando y banderilleando. Hizo una gran faena de muleta y matando estuvo superior. Cortó oreja. El torero chino Vicente Hong estuvo bien y valiente y estuvo decidido matando. También fue orejeado»

La antigua Plaza de Toros de Burgos en la Avenida del Cid

La reseña más «literaria» de las que recogen las andanzas de Vicente Hong en España es la que se publica en La Fiesta Brava del 22 de agosto, con la firma de José Flores. Corresponde a la corrida que se celebró en la vieja plaza de toros de la Avenida del Cid de Burgos en el día 10 de agosto.

«Para la lidia y muerte de cuatro cornudas fieras procedentes de la muy renombrada ganadería… carretil que el vecino de Madrid don Manuel Santos posee en las inmediaciones del Escorial, anunció el no menos afamadísimo empresario don Raimundo Serrano (padre y mecenas, nada menos ¡pobre iluso! que del “verdadero sucesor de Juan Belmonte” –así se hacía constar en los carteles) a la alhaja de su hijo Raimundo, figura, ciertamente, descollante (por lo mala) de la actual grey toreril, que debía de alternar con el destacado matador (a tal señor, tal honor) Vicente Hong, popularísimo paisano de Confucio»

Ni la presencia del autoproclamado sucesor de Belmonte ni la del chino animaron al público a llenar los tendidos, más bien al contrario. La corrida debió ser de aúpa. En el primero «se fue amasando, poco a poco, una bronca épica que culminó de forma realmente imponente al darse por vencido el matador y dejarse volver vivito a los corrales a su indómito adversario»

Luego, sale Hong:

«Nada bien rodaba tampoco la cosa durante la capea (no se puede llamar lidia) del segundo novillejo, y el que más y el que menos presagiaba otro escándalo mayúsculo para cuando los clarines diesen la orden de matar, ya que el chinito tampoco parecía convencer a la parroquia con sus habilidades. Mas, por fortuna, no llegó a estallar la tempestad que se cernía: el moreno en un rasgo de ¿destreza? ¿habilidad? (¡quién lo sabe!) logró dar caza al cornúpeta y nada sucedió, salvo una pita más que regular con que fue obsequiado el asiático por empeñarse a dar la vuelta al ruedo, pues he de advertir que en cuanto a tranquilidad y a frescura se refiere, da ciento y raya el pollo al más cachazudo y más glacial»

El tercero tenía «un aspecto de buey que más no cabe». El bicho se espantaba de su sombra, «no teniendo más anhelo que ir devorando los trozos de sandía que algunos espectadores exaltados habían arrojado al redondel» Al no contar la empresa con sobrero, el tiempo reglamentario pasó en medio de un tremendo motín hasta que el rumiante se fue a hacer compañía a su hermano en los corrales. Mientras tanto el público exigía la devolución del importe de las localidades agitando estas de manera airada. En esas circunstancias salió el cuarto. La presencia del animal no aplacó las iras del público sino que más bien las inflamó y, en un momento, se llenó el ruedo de gente, «unos tratando de torear al morlaco y otros clamando venganza contra el empresario timador»; entonces

«las fuerzas de Seguridad y Policía se lanzaron al anillo y acometiendo aquéllas con los sables desnudos y éstas con los bastones, a todos cuantos en la pista había, crearon unos momentos de enorme sensación, pues no se sabía, desde arriba, a qué atender, si al toro, que hostigado, de improviso, por tan gran número de decididos lidiadores tiraba, incesantemente hachazos por un lado y por otro, a los perseguidos por la autoridad. Se despejó, al cabo, la arena y tras innúmeros esfuerzos fue trocado a los corrales otro toro más»

Con tres de los cuatro toros en los corrales al final de la corrida, el público se dirigió en masa al Gobierno civil de la provincia, surgiendo nuevos incidentes. No se apaciguaron los ánimos hasta que una comisión formada por unas cuantas víctimas de la nefasta novillada fueron recibidos por el Gobernador, que les prometió tomar parte activa en el asunto, depurar responsabilidades y reembolsarles parte del importe de las localidades.

Después de la difícil experiencia burgalesa, el jueves 21 de agosto Hong comparece en San Sebastián. Como complemento al desencajonamiento de los toros de la corrida-concurso a celebrar el domingo 24 y con unos precios realmente económicos se programa una novillada, mano a mano entre Fidel de la Cruz y Vicente Hong. La hora señalada para el inicio del festejo era a las cuatro y media de la tarde, pero como se demoraron las labores de enchiqueramiento de los toros, la novillada fue casi, casi, una nocturna, al decir de «El tío Cañitas», cronista que se ocupó de la reseña de la misma en las páginas del diario donostiarra El Día:

«Los novillos no dieron juego, eran poco bravos, y el de Hong-Kong demostró que ha andado entre los novillos, pero no ha adelantado mucho pues da la impresión de un novillero, sin vislumbrarse al menos por ahora, que pueda llegar a pasar la gran muralla china, que cierra el paso a la gente de coleta para llegar a la cumbre deseada. Tuvo suerte con el estoque y acabó pronto con sus bichos, pidiendo el público para él la oreja de su segundo toro.»

La corrida finalizó a las siete de la tarde, encendiéndose parte del alumbrado de la plaza en la lidia del último toro.

El 24 de agosto, lleno completo en la plaza de Zaragoza. En el cartel, novillos de Gallegos, grandes y poderosos para Hong, Joselito de la Cal y José Moreno Andaluz, Morenito de Zaragoza.

«Vicente Hong toreó de capa a su primero sin fijarle, lanceando muy movido. Estuvo discreto con la muleta, pero sin dominar la suerte, siendo alcanzado varias veces por el bicho al que despachó de un pinchazo y una estocada algo desprendida (algunas palmas) Tampoco se lució con la capa en su segundo, que le derribó varias veces sin consecuencias. Al dar un pase se le coló el novillo, que le enganchó y campaneó, cayendo sin conocimiento sobre la arena. Fue retirado a la enfermería donde quedó bajo una ligera conmoción que le impidió continuar la lidia»

Hasta el día 12 de septiembre no vuelve a ajustarse para torear de nuevo. Para la feria mayor de Zamora se programan dos festejos: una corrida de toros y una novillada en la que se anuncia Vicente junto con Pedro Padilla, Negro de Caracas, y Antonio Noguera, Yerberito, con novillos de Ananías Escribano. Para aquilatar un poco el concepto de «novillo» de la época baste recoger la noticia de que a Yerberito le tocó en suerte un toro de cinco años, enorme, de veinticinco arrobas. La crónica de El Heraldo de Zamora la firma «Un cojo sin muleta». La entrada es floja, a pesar de la baratura de los precios; las reses «bravas, suaves, peritas en dulce, muy nobles»; el tal Cojo juzga con dureza al «chino, ese desgraciado hijo del Imperio del Sol Naciente, que precisamente por su figura su sosera y falta de facultades excita la curiosidad». En La Libertad también se reseña la novillada:

«En Zamora Vicente Hong, Negro de Caracas, Vicente García (Algabeño)[3] y Yerberito. Novillos de Escribano. Con buena entrada se celebró la novillada. El torero chino Vicente Hong lanceó regularmente a su primer toro. Con la muleta demostró absoluta ignorancia. Mató de tres pinchazos y media estocada. En su segundo simuló unas verónicas, que el público aplaudió en chunga. Dio varios mantazos entre un griterío general, y mató de una estocada en la paletilla. (Bronca enorme.)»

Vicente Hong lanceando en Zamora

El 5 de octubre, en Cuenca, Vicente Hong finaliza su temporada en la que no ha habido un solo éxito realmente digno de tal nombre. Con novillos de Pedro Hernández, mansos, flacos y pequeños, Hong vuelve a estar por los aires y a merced de los bichos:

«El torero chino, Vicente Hong, hizo el paseo luciendo un rico traje a la usanza de su país. Fue saludado con una gran ovación. Su primer novillo le cogió al dar una verónica y fue llevado a la enfermería, donde le apreciaron los facultativos fuertes varetazos, pero salió de nuevo a la plaza e hizo una faena valerosa y ceñida que coronó con una buena estocada. (Ovación y petición de oreja). A su segundo, luego de una faena breve, lo mató de un pinchazo y media desprendida. Pepe Hillo, de Bilbao, superior. Cortó las orejas y el rabo. La entrada, floja.» (El Heraldo)

Con esta corrida, sin pena ni gloria, finaliza la temporada española de Vicente Hong de la que sacó en claro más porrazos y revolcones que ovaciones. En fecha desconocida retorna a América.

* En la edición del día 30 de septiembre de 1931 del diario melillense El Telegrama del Rif, se informa, con fecha del día 29, que «Procedente de América ha llegado esta mañana [a Cádiz] el torero chino Hong. El próximo domingo actuará en esta plaza de toros en compañía de dos novilleros punteros». No hay noticias de que tal corrida llegase a celebrarse. Para embrollar un poco más la cosa, tenemos en los diarios La Libertad y El Imparcial de los días 16 y 18 de agosto de 1931 la reseña de una novillada económica, celebrada en Jerez de la Frontera, con bravos novillos de Juan Belmonte con los que Vicente Hong «miedoso, fracasó. Se arrojaron nueve espontáneos que torearon hasta cansarse» *

No hay más referencias de Vicente Hong. A partir de 1931 es como si se lo hubiese tragado la tierra. El ABC de Sevilla publicó en 1967 una entrevista con Gonzalito, antiguo sastre de toreros y a la sazón fabricante de monteras y postizos casi octogenario, en la que declaraba que le hizo una montera: «Y como dato curioso le diré que también hice una para un torero chino que se llamaba Vicente Hong Chickeen»; en un artículo sobre el «afeitado» de los toros firmado por Enrique Guarner y Pepe Mata y publicado en el mexicano diario Novedades en 1998, se nos da una novedosa información sobre Vicente, cuando se afirma que «existen muy pocos toreros zurdos. Uno de ellos era el “chino” Vicente Hong»

En realidad, nada más sabemos de las andanzas de Vicente Hong ni de los avatares de su vida a partir de 1931. Habrá que esperar hasta la década de 1960 para que aparezca un continuador de su estela, con la irrupción del estadounidense Bong Wai Wong, también oriundo de ese vivero de afición taurina en oriente que es Cantón, también admirador de Juan Belmonte. Pero esa es ya otra historia.

vicente_hong.txt · Última modificación: 2021/04/28 14:25 por paco