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José Muñoz Falcón "Lebrija"

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Búcaro para Lebrija. Por Antonio Burgos

ABC, 21/04/2014. Morirse en Semana Santa es una forma de alcanzar la inmortalidad en Sevilla: nadie se entera y creemos que el difunto aún está vivo. Hasta que un día alguien te saca de la vida su recuerdo: “¿Ah, pero no te enteraste que se murió? Sí, hombre, el año pasado, por Semana Santa…” Así se ha muerto, en el doble olvido de los días del gozo, el que durante cincuenta temporadas, hasta 2002, fue el puntillero de la Plaza de Toros de Sevilla. La esquela venía uno de esos días en que leemos el ABC muy de prisa y le arrancamos corriendo la hoja del cuadrante con el Programa de las Cofradías para echarla al bolsillo y consultarla por la tarde. Supe que era el puntillero de tantos años porque debajo de su nombre, José Muñoz Falcón, ponía su glorioso apodo artístico, el de una dinastía de cacheteros: “Lebrija”.

Lebrija era un personaje muy representativo del ser sevillano. De la verdad de una Sevilla nada jacarandosa, que es la honda Sevilla de las jacarandas que pronto empezarán a florecer. Lebrija era la antítesis del sevillano simpático profesional con módulos aprobados. Tomo prestado del gran Manuel Ramírez el retrato de palabras que le hizo en sus años de plenitud, cuando Canorea aún no lo había puesto de patitas en la calle Adriano sin la menor explicación y sin contemplaciones: «Es seco en el carácter, recio, de pocas pero muy directas palabras, sin el mínimo adorno, al grano, sin importarle tampoco qué se pueda pensar o decir de él; se viste de luces, sale a la plaza, ocupa su lugar, tan sólo se le ve cuando ha doblado el bicho y él pega el cachetazo mientras el tendido asiente y confía en su ¿habilidad?, ¿seguridad?, ¿oficio?, ¿arte? De todo, quizás, un poco tiene José Muñoz Falcón “Lebrija”».

Quizá por ser así y por haberlo despedido una cuña de su misma madera, guassssa, ayer no se escucharon en la plaza del Arenal esos cascabeles de las mulas que suenan, funerales y solemnes, cuando la banda para de tocar “Plaza de la Maestranza”, el paseíllo de los toreros se detiene en la segunda raya ante el Palco del Príncipe, se desmonteran, la gente se pone de pie y se guarda un minuto de silencio por la muerte de un matador, de un banderillero, de un ganadero, de un trozo de Sevilla o de España. Minuto de silencio como de salida del Baratillo por la estrecha puerta, sólo roto por el emocionante cascabeleo de los dos tiros de mulas y el sonoro vuelo de los vencejos que debutan con caballos. Y como, además, en el toreo de Sevilla se está perdiendo el paladar, no he leído ni un mal padrenuestro en forma de obituario periodístico por este torero. Sí, Lebrija era torero del cachete, en esta Fiesta a la que los mismos de dentro le están dando la puntilla. Hasta el rabo todo es toro y hasta el puntillazo todo es lidia. Lebrija era un torero anónimo, goyesco quizá, solanesco, que se vestía en la misma plaza y que estaba allí, con las dos manos atrás cogiendo la puntilla, esperando el momento en que el toro doblara. Veo una vieja foto de Lebrija en esa postura y me recuerda otra de Belmonte así. Tenía tanto oficio que era capaz de asomarse a la boca de un burladero y descordar de un golpe certero a un toro de pañuelo verde que no había forma de devolver con los cabestros. Así apuntilló un toro que se dejó ir vivo Rafael de Paula. Con tanto arte, que hasta tuvo que dar la vuelta al ruedo. Claro que aquella tarde el presidente era el muy currista don Tomás León y había entonces sensibilidad para valorar estos pequeños grandes detalles del toreo.

Yo que de niño vi apuntillar toros a aquel Lebrija Padre que no vestía de luces, sino con una larga blusa blanca y un manguito de hule en la derecha para la sangre de los morrillos. Yo que supe que un novillo de Diego Garrido mató en la plaza de Alcalá de los Panaderos a Manuel, un hermano de José que continuaba la dinastía, me voy ahora a la memoria de la plaza y de junto a un esportón de capotes de su admirado Pepe Luis, de su venerado Antonio Ordóñez, tomo un búcaro de cuadrilla y sobre su blanquecino barro escribo estas palabras en memoria de Lebrija, el más humilde de los toreros de Sevilla. Divino barro de creación de un búcaro de Lebrija para Lebrija.

jose_munoz_falcon_lebrija.txt · Última modificación: 2014/04/25 12:09 por paco

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